En el tranquilo resplandor de la vida cotidiana, entre las travesuras en el parque y las tardes perezosas bajo el sol, se teje una conexión inquebrantable entre un humano y su mascota. Hoy, deseo abrir las páginas de mi corazón para compartir una oda a un alma de cuatro patas que dejó huellas imborrables en mi vida. Este poema es más que palabras en tinta; es un viaje emocional a través de la lealtad, el amor y los recuerdos vividos al lado de mi perrito, un ser que con su nobleza y alegría, transformó mi existencia de formas que solo el lenguaje del amor incondicional puede expresar.



Un poema para mi perrito
No temas que me hayas acariciado poco,
pues cada caricia tuya la guardo en mi memoria.
No te culpes por haberme reñido alguna vez,
pues nunca te guardé rencor ni te perdí el respeto.
No te sientas mal por haberme dejado solo a veces,
pues siempre supe que volverías a buscarme.
No te lamentes por haberme dedicado poco tiempo,
pues cada momento contigo fue una fiesta para mí.
No te reproches por haber jugado poco conmigo,
pues cada vez que me lanzabas la pelota era una aventura.
No creas que me he olvidado de tu perfume,
pues lo llevo en mi nariz y lo huelo en el aire.
No dudes que si pudiera elegir otra vida,
quisiera ser tu perrito otra vez.
No pienses que tienes defectos que te hacen menos,
pues para mí eres la persona más maravillosa del mundo.
No imagines que el amor puede acabarse,
pues en mi corazón hay un espacio infinito para ti.
No te arrepientas de nada de lo que hiciste por mí,
pues no cambiaría ni un instante de la vida que viví contigo.
No pienses que ya no oigo tu voz cuando me llamas,
pues la escucho en el viento y en el silencio.
No supongas que puedo olvidar tu rostro,
pues lo tengo grabado en mis ojos y lo veo en mis sueños.
No te preguntes si podría haber amado a alguien más que a ti,
pues te he amado más que a nadie y más que a mí mismo.
No te preocupes por el lugar donde duermo,
pues contigo estaría cómodo hasta en el suelo.
No te compares con otros que me dieron más,
pues siempre me sentí el perrito más feliz del mundo.
No te sientas sola sin mí a tu lado,
pues nunca me he ido de tu corazón ni de tu alma.
No te entristezcas por mi vida corta,
pues no querría vivir ni un segundo más sin ti.
No temas que ya no esté cerca de ti,
pues cada vez que cierras los ojos estoy a tu lado.
No dudes que tomaste la decisión correcta,
pues siempre confié en ti y en tu sabiduría.
No dejes de soñar con volver a verme,
pues yo te estaré esperando con mi cola y mi sonrisa.
Como siempre he hecho.
Reflexión Final
En el crepúsculo de los días compartidos, cuando los ecos de ladridos alegres se desvanecen en el silencio, queda claro que no se mide la vida por los momentos que respiramos, sino por aquellos que nos quitan el aliento. Mi perrito, en su existencia efímera, me enseñó sobre el amor incondicional y la presencia que trasciende el palpitar del tiempo. A través de este poema, se revela una verdad simple pero profunda: que en el refugio de nuestras memorias, aquellos que amamos nunca nos abandonan; se convierten en parte de nosotros, guiando nuestros pasos con la ligereza de una huella eterna en la arena de nuestra alma.
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