En el vasto tapiz de la mitología nórdica, donde los dioses caminan entre mortales y las leyendas se entrelazan con la realidad, surge la imponente figura de Thor, el poderoso Dios del Trueno. Hijo de Odín y Jörd, Thor es conocido no solo por su fuerza descomunal y su martillo Mjolnir, capaz de invocar tormentas y rayos, sino también por sus viajes épicos a través de los nueve mundos. A diferencia de otros dioses que cruzan el Bifrost, el puente arcoíris que conecta Asgard con la Tierra, Thor elige un medio más terrenal y sorprendente para sus desplazamientos: un carro mágico tirado por Tanngnjóstr y Tanngrisnir, dos cabras majestuosas cuyos nombres evocan el trueno y el relámpago. Este relato comienza en una de esas travesías, un viaje que trasciende la mera locomoción y se adentra en el corazón de la lealtad, la traición y el poder divino.



Thor y la Prueba de Fidelidad: Un Cuento Nórdico”


Thor, el hijo de Odín y Jörd, no podía viajar por Bifrost (el arco iris) pues su peso y retumbar de su presencia destruiría este arco de unión de Asgard con otros mundos.

Es por eso que este As siempre viajaba en un carro tirado por dos cabras llamadas Tanngnjóstr y Tanngrisnir (Rompedientes y Rechinadientes) y con este carro viajaba por los nueve mundos.

Esta manera de trasladarse le llevaba más tiempo que al resto de los dioses, por supuesto, pero Okuthor tomaba esto como parte de su deber e, incluso, disfrutaba también del echo del viaje mismo y ver y conocer tierras, ríos y lugares nuevos.

Tanngnjóstr y Tanngrisnir le podían servir también de comida. En una historia de este poderoso Dios, acompañado por Loki, llegó en sus viajes a una granja muy pobre.

La familia, formada por un matrimonio y dos hijos, les dijo que podían ofrecerles cobijo y un lugar junto al fuego, pero que apenas tenían comida para ellos mismos. Ni corto ni perezoso, el señor de Bliskirmir mato a sus dos cabras y las preparó para que todos cenaran.

Antes de comenzar a degustar el maravilloso manjar que Thor había preparado y ante la glotona mirada de toda la familia, Thor les puso una condición. “Podéis comer la carne que deseéis, mas no se os ocurra comer del tuétano de estas cabras.” La familia entera dijo que de acuerdo y cuando todos atacaban con ganas el plato que tenían enfrente Loki se acercó a Þjálfi, el hijo de la familia, exhortándole a comer del jugoso y delicioso tuétano que el codicioso Thor guardaba sólo para él.

Esa era la única razón de que tan sabroso manjar les fuera negado a él y su familia. ¿Qué otro motivo podía tener? Y haciendo oídos a las palabras de Loki, Þjálfi partió el hueso con su cuchillo y sorbió, glotón, el tuétano de dentro.

A la mañana siguiente, cuando todos despertaron, Thor preparó los arreos para partir, juntó todos los huesos de las cabras dentro de un ato formado por las pieles de las mismas, y haciendo una bendición con el Mjolnir por encima de estos todos observaron como los atos se retorcían, los huesos en su interior se re colocaban con fuertes chasquidos, cada ato tomaba la forma de una cabra, sólo piel y huesos, y mientras estas cabras se ponían poco a poco sobre sus cuatro patas la carne y los músculos volvían cada uno a su lugar y quedaban ante ellos Tanngnjóstr y Tanngrisnir con el mismo esplendor que tenían ayer al llegar a la granja.

Mas cuando Tanngnjóstr intentó comenzar a andar, esta cojeaba claramente de una de sus patas. Cuando Thor vio eso abrió sus ojos enormemente y, ante Loki que intentaba ocultar su risa, se desató en él una fuerte ira como la que solía darle a este as.

Sabía que habían incumplido el único requisito que él había puesto, dijo mientras desenfundaba el poderoso Mjolnir. Alguien, algún goloso, había roto el hueso de la cabra para tomar el tuétano y ahora él no tenía cómo continuar su viaje, pues sólo una cabra no podía tirar del carro.

Su ira era terrible y la única manera de calmarla fue que los padres propusieron quedarse con ambas cabras y cuidarlas hasta que Tanngnjóstr se recuperará y, a cambio, sus dos hijos, Þjálfi y su hermana Röskva, se convertirían en sus sirvientes.

Con Þjálfi y Röskva ahora como sus sirvientes, Thor continuó sus viajes por los nueve mundos. Los dos hermanos, aunque inicialmente temerosos del poderoso dios, pronto aprendieron mucho de él. Thor les enseñó sobre la fuerza, la valentía y la importancia de la responsabilidad. A cambio, los hermanos ofrecían su ayuda en las tareas diarias y a veces actuaban como mensajeros o asistentes en las numerosas aventuras de Thor.

En una de sus aventuras, Thor, acompañado por Loki, Þjálfi y Röskva, se encontraron con el gigante Útgarða-Loki, un ser de astucia y engaño. En su castillo, Útgarða-Loki desafió a Thor y a sus acompañantes a una serie de pruebas que parecían simples, pero estaban llenas de magia y trucos. Þjálfi compitió en una carrera, pero descubrió que estaba corriendo contra el pensamiento, imposible de superar. Thor mismo participó en varias pruebas de fuerza y habilidad, pero los engaños del gigante hicieron que pareciera que fallaba en cada una.

A pesar de los desafíos y las aparentes derrotas, Thor y sus acompañantes continuaron sus viajes, enfrentando monstruos, gigantes y otros peligros. Los hermanos crecieron en valentía y sabiduría, convirtiéndose en valiosos aliados de Thor.

La historia de Þjálfi y Röskva con Thor es una de muchas, demostrando las ricas y complejas narrativas de la mitología nórdica, donde los dioses, a pesar de su poder, a menudo interactúan y aprenden de los humanos, y viceversa.


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