Entre nieblas montañosas y verdes paisajes boscosos, los primeros europeos se abrían paso siguiendo el suave balar de unas manadas. Pero esas criaturas no eran del todo salvajes, pues en ellas ya empezaba a gestarse un cambio que transformaría el rumbo de la historia. Eran los albores de la domesticación animal en el continente, donde humanos cazadores comenzaban a comprender secretos del comportamiento de especies como las que seguían aquel día. Sin saberlo, esos hombres y mujeres de las primeras auroras del Holoceno ponían las bases de un modo de vida completamente nuevo: el de las sociedades agropastoriles que harían florecer los campos y pueblarían Europa para siempre.



El origen del ganado doméstico en Europa: nuevas piezas para un rompecabezas antiguo


La domesticación de especies animales fue un proceso transformador en la historia humana, permitiendo el surgimiento de la agricultura, la ganadería y las primeras sociedades sedentarias. Sin embargo, los detalles sobre cómo y dónde tuvieron lugar este tipo de transiciones permanecen poco claros, especialmente en lo referente al ganado bovino europeo. Un nuevo estudio paleogenético de muestras de los Balcanes arroja luz sobre este debate, aportando datos sugerentes sobre los probables orígenes múltiples de la ganadería en el continente.


Los Uros y el primer ganado doméstico


El antecesor salvaje más cercano al ganado doméstico europeo fue el uro (Bos primigenius), una subespecie del bisonte que habitaba amplias zonas de Europa y Asia Central hasta su extinción en el siglo XVII. La identificación e investigación de restos de uros ha ayudado a rastrear la prehistoria de la ganadería.

Un hito importante fue el descubrimiento en el noroeste de España, en 1989, de los esqueletos de una mujer y cuatro uros datados en 9300 años AP. El análisis reciente de su ADN mitocondrial reveló similitudes con antiguos uros europeos, pero no con el ganado actual gallego, lo cual sugiere que la domesticación en esta región se remonta a fechas muy tempranas, antes de 4.000 años AP.


Los Balcanes: encrucijada de culturas y ganados


Por su posición geográfica, los Balcanes fueron una zona de contactos culturales claves entre grupos de cazadores-recolectores mesolíticos y las primeras comunidades neolíticas que llegaron desde Anatolia y el Cercano Oriente hace unos 8.500 años. Un estudio publicado en 2017 analizó el ADN mitocondrial de restos esqueléticos de uros y ganado neolítico provenientes de varios yacimientos balcánicos.

Sus hallazgos indicaron que las primeras muestras de ganado doméstico de esta región presentaban linajes genéticos propios del Noroeste de Anatolia pero diferenciados de los de Oriente Medio. Esto sugiere que la ganadería en los Balcanes se originó a partir de varios procesos de domesticación independientes, seguidos de una diseminación posterior hacia Europa.


Implicaciones sobre el origen multipolar de la ganadería europea


Los nuevos datos genéticos de los Balcanes refuerzan la hipótesis de que la domesticación del ganado en Europa no tuvo un origen único en el Creciente Fértil, sino que más bien ocurrió de manera concomitante en distintas áreas a través de la adaptación local de uros silvestres.

Las investigaciones recientes también demuestran focos tempranos de domesticación bovina en el noroeste de la Península Ibérica y el sur de Italia. Es probable que estas zonas funcionasen como puntos de dispersión inicial hacia otras regiones.

El modelo que va tomando forma sugiere que la ganadería en Europa emergió como resultado de la interacción entre poblaciones humanas cazadoras-recolectoras locales con las primeras comunidades neolíticas, a través de procesos adaptativos y de hibridación genética que dieron lugar a la conformación gradual del ganado doméstico reconocible hoy en día. Este escenario brinda una perspectiva más matizada sobre la transformación humana de especies silvestres en parte fundamental de sus medios de subsistencia.


El origen multipolar de la ganadería plantea nuevos interrogantes


Si bien los recientes hallazgos genéticos apuntalan la visión de múltiples focos de domesticación bovina, también generan nuevas preguntas sobre la dinámica precisa de estos procesos a lo largo y ancho de Europa. Algunos temas que resulta clave seguir indagando incluyen:

  • Las interrelaciones entre los distintos eventos de domesticación. ¿Hubo influencias reciprocas o se desarrollaron de manera completamente independiente?
  • Los roles relativos de las poblaciones neolíticas migratorias y las comunidades mesolíticas locales. ¿Coexistieron modelos de caza/recolección con prácticas incipientes de manejo de manadas?
  • La escala temporal de estas transiciones. Los datos actuales ubican los primeros procesos en el 7o milenio a.C., pero ¿duraron siglos o miles de años alcanzar la domesticación plena?
  • Los factores ecológicos y culturales que propiciaron la domesticación en cada región. Por ejemplo, en los Balcanes mediaron montes boscosos aptos para la caza e incipiente sedentarismo agrícola.
  • Los patrones de movilidad de las primeras poblaciones ganaderas. Los Balcanes pudieron funcionar como dispersores secundarios hacia zonas vecinas.

En ese sentido, futuras investigaciones integrando genética, arqueozoología y datos ambientales tendrán un rol crucial para reconstruir con mayor detalle este fascinante proceso seminal que marcó el inicio de la economía productiva en Europa.

Aspectos como la jerarquización social y la aparición de desigualdades también se vincularían estrechamente a la adopción de un estilo de vida más sedentario propiciado por la ganadería, generando un cambio radical en la historia humana.


Reflexión Final


El estudio del origen de la ganadería nos permite entrever parte de nuestros orígenes como especie. Al descubrir que la domesticación animal en Europa surgió a través de múltiples focos adaptativos locales, en vez de un único centro difusor, adquiere mayor relevancia el papel activo que desempeñaron las poblaciones humanas autóctonas en este proceso.

Lejos de tratarse de meros receptores pasivos de influencias foráneas, fueron capaces de integrar conocimientos y técnicas provenientes del exterior a su propio modo de vida cazador-recolector, dando inicio a un cambio revolucionario mediante la selección paulatina y el aprovechamiento de especies silvestres. Esto enfatiza la creatividad y capacidad de innovación de las sociedades humanas, aún en las etapas más remotas de su historia. Al mismo tiempo, plantea desafíos metodológicos apasionantes para los investigadores de resolver el intrincado rompecabezas del pasado a través de un diálogo interdisciplinar entre distintas evidencias. Solo comprendiendo mejor nuestros orígenes podremos forjar un futuro más consciente y sustentable como especie.


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