Las películas del Oeste, con sus icónicas imágenes de vaqueros, indios, sheriffs y forajidos, han hecho más que simplemente entretener. Han fungido como vehículos para la exploración de la identidad americana, el conflicto, la leyenda y la realidad del sueño americano. Esta odisea cinematográfica nos ha dejado legados invaluables, plasmados en celuloide, que reflejan tanto la crudeza como el romance de una era definida por su implacable marcha hacia el ocaso. Así, el western se erige no solo como un género fílmico, sino como un espejo de la ambición, la adversidad y el anhelo de libertad que caracterizó al siglo XIX americano.
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Imágenes DALL-E de OpenAI
“Vaqueros y Leyendas: Un Viaje por el Western Clásico”
La traducción literal de la palabra WESTERN es “occidental”, y refleja la dirección que siguió Estados Unidos en su expansión y crecimiento territorial a lo largo del siglo XIX. Por esta razón, también conocemos a las películas “de indios y de vaqueros” como “del Oeste”.
En rigor, la Conquista del Oeste fue un proyecto de expansión imperialista paralelo al que grandes potencias europeas realizaron durante el siglo XIX en África y Asia. El Gobierno puso en marcha todos sus mecanismos propagandísticos para dotar de contenido ideológico y humano el poblamiento de las tierras a conquistar. Quien mejor lo explicitó fue, en 1823, el presidente James Monroe, con su eslogan “América para los americanos”. El Oeste se convirtió en tierra de oportunidades para todo tipo de gente, quienes compitieron duramente, incluso al margen de la ley, por el control social, político y económico de ese vasto territorio conocido en el cine como el Far-West (Lejano Oeste). Y en ese contexto aparecieron los indios y vaqueros, el sheriff (que, por cierto, fue una figura que nació en Inglaterra en el siglo XI al servicio de la realeza), los forajidos de leyenda, el árbol del ahorcado, la pipa de la paz, el caballo de hierro (el ferrocarril) y los horizontes de grandeza…
En 1903 se filmó el primer western, bajo el título de “Asalto y robo de un tren” (The Great Train Robbery, Edwin S. Poter, 1903), un corte de 10 minutos. Sin embargo, este género del séptimo arte no cumple siempre que ficción cinematográfica y realidad histórica vayan de la mano. Pero si podemos recordar 10 PELÍCULAS CON HISTORIA, una historia aproximada sobre esta época del Far-West:
- “Unión Pacífico” (Union Pacific, Cecil B. de Mille, 1939). Ficción en torno a la épica construcción del ferrocarril que debía conectar las costas Oeste y Este de los Estados Unidos, la primera línea de ferrocarril transcontinental que enlace el Atlántico con el Pacífico. Al tiempo narra los amores entre la hija de uno de los ingenieros, Mollie Monahan (Barbara Stanwyck), el agente del gobierno encargado de la seguridad Jeff Butler (Joel McCrea) y el principal saboteador Dick Allen (Robert Preston). En su momento fue nominada al Óscar a los mejores efectos especiales.
- “El forastero” (The Westerner, William Wyler, 1940). A partir de la lucha de ganaderos y granjeros nos traslada a aquella América pionera y se expone, con muchas licencias históricas, la vida del juez Roy Bean (Walter Brenan), conocido por su afición a los linchamientos, y las relaciones que se establecen entre Cole Harden (Gary Cooper), un vaquero honesto. Notable duelo interpretativo que le valió el Óscar a mejor actor de reparto al gran Walter Brennan. Y que contó con la fotografía de Gregg Toland y la música de Dimitri Tiomkin.
- “Murieron con las botas puestas” (They Died with their Boots On, Raoul Walsh, 1941). La vida del famoso General George Armstrong Custer (Errol Flyn) desde sus años de la academia militar de West Point y su boda con Beth (Olivia de Havilland) hasta su final trágico en la batalla contra los indios de Little Big Horn en el año 1876, al enfrentarse a los indios de Caballo Loco (Anthony Quinn). La música de Max Steiner acoge la B.S.O.
- “Pasión de los fuertes” (My Darling Clementine, John Ford, 1946). El mítico duelo de las familias Earp y Clanton en el OK Corral, con un toque sentimental, y luego recreado en otras muchas películas. A Wyatt Earp (Henry Fonda), antiguo sheriff de Dodge City, le ofrecen el puesto de comisario de la ciudad de Tombstone, donde contará también con la amistad y la colaboración de un jugador y pistolero llamado Doc Holliday (Victor Mature).
- “Duelo de titanes” (Gunfight at the OK Corral, John Sturges, 1957). Visión más trágica que la anterior, y sin ningún sentido del humor, del duelo de OK Corral de Tombstone. Aquí los papeles de Wyatt Earp y Doc Holliday recaen en Burt Lancaster y Kirk Douglas, y Billy Clanton pasa a ser interpretado por Dennis Hopper. Fue nominada al Óscar a mejor montaje y sonido, contando también con Dimitri Tiomkin en la banda sonora.
- “La conquista del Oeste” (How the West Was Won, John Ford, Henry Hathaway, George Marshall, 1962). Película épica que explicita, a través de la vida de una familia de colonos, todo el proceso de conquista y civilización del Oeste y que incluye episodios como la anexión de Texas (1845) y la incorporación de Arizona, Nuevo México y California, tras una guerra con México que se salda con la victoria de los Estados Unidos (Tratado De Guadalupe-Hidalgo en 1848) y que suponen un avance espectacular de la frontera norteamericana hacia el Pacífico. La película consta de cuatro episodios sobre la colonización del Oeste que tienen lugar entre 1830 y 1890: los dos primeros y el último, fueron dirigidos por Hathaway, y el tercero, por Marshall, pero incluye también un interludio, dirigido por John Ford, ambientado en la guerra de Secesión (1861-1865). Primera película rodada en Cinerama, que contó con un gran elenco actoral (James Stewart, Richard Widmark, Henry Fonda, Gregory Peck, John Wayne, Karl Malden, Lee J. Cob,…) y donde el narrador es Spencer Tracy y la música de Alfred Newman. Una película épica de 164 minutos de metraje, que consiguió tres Óscar (guion original, montaje y sonido) para un total de ocho nominaciones.
- “Grupo salvaje” (The Wild Bunch, Sam Peckinpah, 1969). Narración dura y violenta sobre el fin de una banda de atracadores de trenes que acaban implicados en un asunto de tráfico de armas en plena Revolución Mexicana. Un buen elenco actoral (William Holden, Ernest Borgnine, Robert Ryan, Edmond O´Brien,…) y dos nominaciones a Óscar (guion original y banda sonora de Jerry Fielding).
- “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy and the Sundance Kid, George Roy Hill, 1969). Tragicomedia, a ratos simpática, sobre la vida de dos bandidos originarios del Este de Estados Unidos que acabaron sus fechorías y sus vidas en Bolivia. Ellos son el carismático jefe de la banda, Butch Cassidy (Paul Newman) y Sundance Kid (Robert Redford). Se alzó con cuatro premios Óscar (guion original, fotografía, canción y banda sonora de Burt Bacharach) de un total de siete nominaciones.
- “Pequeño gran hombre” (Little Big Man, Arthur Penn, 1970). Una visión distinta de los temas clave del Lejano Oeste, incluida la batalla de Little Big Horn, y basado en la novela de Thomas Berger. En una residencia de ancianos, un historiador conoce a Jack Crabb (Dustin Hoffman), un anciano centenario, un verdadero indio, quien, a través de un largo flash-back narrará los conflictos que le han surgido a lo largo de su vida, como su relación con los indígenas y el “hombre blanco”.
- “Forajidos de leyenda” (The Long Riders, Walter Hill, 1980). Forja y destrucción de la banda de los hermanos James, que no supieron adaptarse a la derrota del Sur en la Guerra Civil y acabaron víctimas de los pistoleros de la agencia Pinkerton. Y que entre el elenco actoral se contó con los hermanos Carradine (David, Keith y Robert) y con los hermanos Keach (Stacy y James), junto a otros como Dennis Quaid.
No es fácil contestar si la Conquista del Oeste fue tan salvaje como lo filmaron, pero algo aprendemos del cine después de más de un siglo de western. Y que hoy recordaremos que España llegó a reinar en este género, princialmente en la década de los 60 y 70, con su rodaje del denominado “spaguetti western” en localizaciones como Madrid, Esplugas de Llobregat (Barcelona) y, sobre todo, el desierto de Tabernas (Almería)… a donde hoy cabalgamos.
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