En un mundo saturado de técnicas de meditación estructuradas y rigurosas directrices espirituales, las palabras de Jiddu Krishnamurti resuenan como un llamado a regresar a lo esencial: la observación pura y la comprensión de nuestra propia mente. Esta visión desafía las prácticas convencionales y nos invita a experimentar la meditación no como un método, sino como un estado de ser.
Krishnamurti nos enseña que la verdadera disciplina en la meditación no surge de la represión o el ajuste, sino de una observación sin esfuerzo de nuestros pensamientos. A través de esta observación desapegada, se revela un silencio profundo, un espacio donde la mente se encuentra completamente y se comprende a sí misma, liberando un potencial de paz y claridad interior.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES


Imágenes DALL-E de OpenAI
Silencio Mental y Disciplina Sutil: Un Viaje con Krishnamurti
La meditación exige la más grande de las disciplinas, no la disciplina de la represión y el ajuste, sino esa disciplina que está presente cuando uno observa su pensar, cuando hay observación del pensamiento. Esa observación misma tiene su propia disciplina, una disciplina extraordinaria, sutil, que es absolutamente necesaria. la mente que medita, es una mente que está en silencio y ese silencio llega cuando la mente se ha comprendido por completo a si mesma, por consiguiente no tiene movimiento alguno. Si uno lo observa, es algo extraordinario, esa es la verdadera meditación, no toda esta falsa aceptación de autoridad ni la repetición de palabras , ni todo ese negocio que es un completo desatino.
( J. Krishnamurti)
La meditación, como la describe J. Krishnamurti, se aleja significativamente de las prácticas comunes y estructuradas que a menudo se enseñan en el mundo moderno. Su enfoque es profundamente introspectivo y destaca un proceso de autoconocimiento y comprensión que requiere una disciplina distinta de la que podríamos asociar con la conformidad o el control externo. La meditación, en este contexto, es un acto de libertad pura y observación sin juicio, más que un ejercicio de concentración dirigida o repetición de mantras.
Krishnamurti sugiere que la verdadera disciplina en la meditación no se impone desde fuera, sino que emerge naturalmente cuando uno aprende a observar sus propios pensamientos de manera desapegada. Este tipo de observación requiere que uno se convierta en un testigo de sus propios procesos mentales, reconociendo cada pensamiento, sentimiento y emoción sin tratar de modificarlos. Aquí, la disciplina no es coerción; es la habilidad de mantener la atención plena y la conciencia sin ser arrastrado por el torbellino de la actividad mental.
Esta práctica de observación conduce a lo que Krishnamurti llama “silencio”. Este silencio no es simplemente la ausencia de sonido, sino una quietud profunda de la mente que emerge cuando se ha comprendido totalmente a sí misma. Este entendimiento no implica un análisis intelectual, sino una percepción directa y total de lo que es la mente en su totalidad —con todas sus contradicciones, conflictos y bellezas. Cuando la mente se ve a sí misma claramente, sin el filtro de las interpretaciones o los prejuicios, alcanza un estado de silencio.
En este silencio, según Krishnamurti, se encuentra la verdadera meditación. No es el resultado de seguir una técnica o adherirse a las enseñanzas de una autoridad espiritual, sino el producto natural de una mente que ha cesado en su constante búsqueda y movimiento. La mente en meditación no está tratando de llegar a ser algo, ni está en un proceso de auto-mejora. Está simplemente siendo, observando, existiendo en un estado de conciencia pura donde el observador y lo observado se funden en uno.
El desafío aquí es considerable. La mente humana está acostumbrada a estar constantemente en movimiento, pensando, planeando, recordando y anticipando. Detener este flujo constante de pensamientos sin caer en el esfuerzo o la represión requiere una forma de disciplina que es, como dice Krishnamurti, “extraordinaria y sutil”. Es una disciplina que no se enseña, sino que se descubre a través de la práctica persistente y la apertura a la experiencia directa de la vida tal como es.
Así pues, la meditación según Krishnamurti no es una práctica estructurada, sino un estado de ser, alcanzado a través de una profunda y libre observación de la mente. Este enfoque desafía muchas concepciones populares de la meditación y ofrece un camino que es tanto más exigente como potencialmente más transformador, pues no busca modificar la mente, sino comprenderla plenamente, permitiendo que su naturaleza verdadera se revele en un silencio que es a la vez pacífico y profundamente revelador.
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