“Los intocables” de Brian De Palma, estrenada en 1987, se erige como un hito en el cine criminal, destacando tanto por su impresionante estilo visual como por su profunda narrativa. Ambientada en el Chicago de la Prohibición, la película sigue la lucha del agente federal Eliot Ness contra el poderoso gángster Al Capone. Con un guion incisivo de David Mamet, la película no solo aborda la clásica batalla entre el bien y el mal, sino que también explora las complejidades morales y los sacrificios personales necesarios para enfrentar la corrupción. Con actuaciones memorables y una dirección magistral, “Los intocables” sigue siendo una obra relevante y cautivadora.
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Imágenes DALL-E de OpenAI
“Eliot Ness y Al Capone: Héroes y villanos en ‘Los intocables'”
“Los intocables” (The Untouchables), dirigida por Brian De Palma en 1987, es una obra maestra del cine criminal que se ha convertido en un clásico moderno, fusionando elementos del género policiaco con un estilo visual deslumbrante y una narrativa poderosa. Ambientada en el Chicago de la era de la Prohibición, la película narra la cruzada del agente federal Eliot Ness contra el infame gángster Al Capone, explorando temas de corrupción, lealtad y el costo moral de hacer justicia en un mundo dominado por el crimen organizado.
De Palma, conocido por su virtuosismo técnico y su capacidad para crear secuencias de tensión insoportable, despliega en “Los intocables” todo su arsenal cinematográfico. El director utiliza ángulos de cámara dramáticos, movimientos fluidos y una iluminación expresiva para sumergir al espectador en el turbulento Chicago de los años 20. La famosa escena de la escalera de la estación de tren, inspirada en “El acorazado Potemkin” de Eisenstein, es un tour de force de montaje y coreografía que se ha convertido en uno de los momentos más icónicos del cine americano moderno.
El guion de David Mamet, dramaturgo aclamado por su oído para el diálogo afilado y su comprensión de las dinámicas de poder, proporciona una base sólida para la narrativa. Mamet construye un relato que va más allá de la simple confrontación entre el bien y el mal, explorando las zonas grises de la moralidad y el precio personal que conlleva mantenerse incorruptible en un sistema fundamentalmente corrompido. El arco de Eliot Ness, desde un idealista ingenuo hasta un hombre endurecido dispuesto a jugar sucio para lograr sus objetivos, es un estudio fascinante sobre cómo la lucha contra el mal puede transformar incluso a los más nobles.
El elenco de la película es excepcional, encabezado por Kevin Costner como Eliot Ness, quien aporta una mezcla convincente de determinación y vulnerabilidad al papel. Sean Connery, en su papel ganador del Oscar como el policía veterano Jim Malone, ofrece una actuación carismática y conmovedora que ancla emocionalmente la película. Robert De Niro, aunque con un tiempo en pantalla relativamente limitado, crea un Al Capone inolvidable, capturando tanto el carisma como la brutalidad del infame gángster.
La banda sonora de Ennio Morricone merece una mención especial. El compositor italiano, conocido por sus icónicas partituras para westerns, crea para “Los intocables” una música que combina elementos de jazz de la época con arreglos orquestales grandiosos, reflejando perfectamente la tensión entre la sofisticación superficial y la violencia subyacente de la era.
Desde una perspectiva histórica, “Los intocables” toma libertades significativas con los hechos reales de la lucha contra Al Capone. Sin embargo, la película captura con precisión el espíritu de la época: la atmósfera de corrupción generalizada, la fascinación pública con los gángsters y la lucha del gobierno federal por hacer cumplir la impopular ley de la Prohibición. La película también explora temas relevantes para la América de los 80, como la guerra contra las drogas y los debates sobre los límites del poder policial.
En un nivel más profundo, “Los intocables” puede ser vista como una meditación sobre el mito americano del individualismo y la justicia. El equipo de Ness, compuesto por marginados y outsiders, representa una versión idealizada del crisol americano unido contra un enemigo común. Sin embargo, la película también sugiere que la victoria sobre el crimen organizado requiere comprometer los ideales de justicia y debido proceso que supuestamente defienden los “intocables”.
La influencia de “Los intocables” en el cine posterior es considerable. Su estilización de la era de la Prohibición ha informado numerosas representaciones posteriores de ese período, mientras que su enfoque en la formación de un equipo de élite para combatir el crimen ha sido emulado en incontables películas de acción y series de televisión.
En conclusión, “Los intocables” de Brian De Palma se mantiene como una obra maestra del cine criminal, una fusión magistral de estilo visual deslumbrante, actuaciones poderosas y una narrativa que trasciende el simple enfrentamiento entre policías y ladrones para explorar cuestiones más amplias de moralidad, justicia y el costo personal de defender la ley en un mundo corrupto.
Su continua relevancia y poder para cautivar a las audiencias, más de tres décadas después de su estreno, son testimonio de su estatus como un clásico moderno del cine americano.
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