El fútbol, más que un deporte, es un espejo que refleja las tensiones y aspiraciones de la sociedad. Desde las críticas de intelectuales como Kipling y Borges, hasta las reflexiones profundas de Eduardo Galeano, el balompié ha sido visto como un escenario de batallas ideológicas y culturales. Este ensayo se adentra en las dualidades que encierra el fútbol: la pasión versus el fanatismo, el derecho al esparcimiento frente a la manipulación mediática, y cómo, a pesar de todo, sigue siendo una celebración universal de la alegría humana, capaz de unir corazones en un solo latido.


El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES 
Imágenes Ideogram Al 

La Dualidad del Fútbol: Entre la Distracción y el Derecho al Esparcimiento”



El fútbol es el opio de los pueblos?

En 1880, en Londres, Rudyard Kipling se burló del fútbol y de «las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan». Un siglo después, en Buenos Aires, Jorge Luis Borges fue más que sutil: dictó unas conferencias sobre el tema de la inmortalidad el mismo día, y a la misma hora, en que la selección argentina estaba disputando su primer partido en Mundial del 78.

El desprecio de muchos intelectuales conservadores se funda en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece. Poseída por el fútbol, la plebe piensa con os pies, que es lo suyo, y en ese goce subalterno se realiza. El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta a la cultura, y así la chusma tiene lo que quiere.

En cambio, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria. Pan y circo, circo sin pan: hipnotizados por la pelota, que ejerce una perversa fascinación, los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar como un rebaño por sus enemigos de clase.

Por: Eduardo Galeano



El Fútbol y la Cultura Popular: Un Análisis desde la Perspectiva de Eduardo Galeano


El fútbol, ese deporte que despierta pasiones y une multitudes, ha sido objeto de numerosas críticas a lo largo de la historia. Eduardo Galeano, en su análisis del fenómeno futbolístico, destaca las posturas de intelectuales conservadores y de izquierda, quienes ven en el deporte rey una forma de distracción que adormece a las masas y desvía su atención de asuntos más trascendentales. Sin embargo, es crucial realizar una salvedad: las personas tienen derecho a disfrutar del deporte que prefieran, ya sea fútbol, baloncesto, automovilismo o ajedrez, sin ser descalificadas por ello.

En 1880, Rudyard Kipling despreciaba el fútbol, considerando que solo las “almas pequeñas” podían encontrar satisfacción en un deporte jugado por “idiotas embarrados”. Décadas más tarde, Jorge Luis Borges optó por ignorar el fervor futbolístico de su tiempo, dictando conferencias sobre inmortalidad durante los partidos de la selección argentina en el Mundial de 1978. Esta actitud de menosprecio refleja una visión elitista, donde la cultura popular y sus expresiones son vistas como inferiores.

Desde la perspectiva conservadora, el fútbol es una superstición que mantiene a las masas en su lugar, perpetuando su ignorancia y subordinación. Para muchos intelectuales de izquierda, en cambio, el fútbol es una herramienta de dominación que castra la energía revolucionaria de los obreros, desviando su conciencia de clase hacia una fascinación perversa por el balón.

No obstante, es fundamental defender el derecho de las personas a disfrutar del deporte. El fútbol, al igual que otros deportes, ofrece un espacio de esparcimiento y desahogo, donde los individuos pueden liberar tensiones acumuladas y encontrar momentos de alegría y comunión. Los aficionados al deporte no son estúpidos; disfrutan de una actividad que les proporciona placer y entretenimiento. El verdadero problema radica en el fanatismo, esa devoción ciega que puede llevar a comportamientos irracionales y violentos.

El fanatismo no es exclusivo del fútbol. Se manifiesta en el automovilismo, el baloncesto, el ajedrez, el golf, el tenis y cualquier otra disciplina donde la pasión desbordada se convierte en obsesión. Es esta actitud extrema la que debe ser criticada, no la afición en sí misma. Atacar el deporte o a quienes lo disfrutan es injusto y elitista. En lugar de ello, debemos promover una cultura deportiva sana, donde la competencia y el entretenimiento no degeneren en fanatismo.

El análisis de Galeano nos invita a reflexionar sobre el lugar del deporte en nuestra sociedad y cómo se percibe desde diferentes ópticas. Es crucial reconocer y respetar el derecho de cada individuo a elegir su forma de esparcimiento, sin menospreciar sus preferencias ni imponer visiones elitistas. Al final del día, el deporte es una celebración de la vida y de las capacidades humanas, y cada persona tiene el derecho de ser parte de esa celebración a su manera.


El CANDELABRO. ILUMINANDO MENTES


Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.