En cada época de la historia, la humanidad ha oscilado entre la razón y la irracionalidad, como si ambas fuerzas se disputaran el alma colectiva. Carl Gustav Jung advirtió que reprimir lo irracional no lo elimina, sino que lo fortalece en las sombras del inconsciente. Cuando lo reprimido estalla, lo hace con una intensidad devastadora. ¿Cómo se manifiesta esta tensión en nuestra sociedad? Explorar este conflicto nos permite entender el pasado y prever los desafíos del futuro.


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"... El período de la Ilustración se cerró, como es sabido, con los horrores de la Revolución Francesa, Actualmente volvemos a experimentar está rebelión de las fuerzas inconscientes, destructoras, de la psique colectiva. El efecto fue una matanza en masa. Esto era, precisamente, lo que lo inconsciente buscaba. Su posición se había reforzado antes desmesuradamente por el racionalismo de la vida moderna, que desprecia todo lo irracional; con lo cual la función de lo irracional se hundió en lo inconsciente. Pero una vez que la función se encuentra en lo inconsciente, obra desde allí devastadora e irresistiblemente, como una enfermedad incurable, cuyo foco no puede ser extirpado porque es invisible, Tanto el individuo como el pueblo tiene entonces que vivir, a la fuerza, lo irracional y no tiene más remedio que aplicar su más alto ideal y su mejor Ingenio a dar la forma más perfecta posible a la extravagancia de lo irracional..."

C. G. Jung, Lo inconsciente.
Cito la edición de Loaada, sexta edición, 1976.

La rebelión de lo irracional en la psique colectiva: una reflexión desde Carl Gustav Jung


El texto de Carl Gustav Jung que aborda el período de la Ilustración y su cierre con los horrores de la Revolución Francesa, así como la actual rebelión de las fuerzas inconscientes y destructoras de la psique colectiva, nos invita a profundizar en una de las problemáticas más complejas y recurrentes de la historia humana: la tensión entre lo racional y lo irracional. Jung, desde su perspectiva psicológica y filosófica, nos ofrece una visión profunda de cómo el desprecio de lo irracional por parte del racionalismo moderno no solo no lo elimina, sino que lo fortalece en el inconsciente, desde donde actúa de manera devastadora. Este fenómeno, que se manifiesta tanto a nivel individual como colectivo, ha sido una constante en la historia de la humanidad, y su comprensión es esencial para entender no solo los eventos pasados, sino también los desafíos actuales y futuros.

La Ilustración, como movimiento intelectual y cultural, se caracterizó por su énfasis en la razón, la ciencia y el progreso. Fue un período en el que se buscó liberar al ser humano de las cadenas de la superstición, la ignorancia y el dogma religioso. Sin embargo, como bien señala Jung, este período culminó con los horrores de la Revolución Francesa, un evento que, paradójicamente, estuvo marcado por la irracionalidad y la violencia extrema. Este aparente contrasentido nos lleva a preguntarnos: ¿cómo es posible que un movimiento basado en la razón y la búsqueda de la libertad haya desembocado en un baño de sangre? La respuesta, según Jung, se encuentra en la dinámica de lo inconsciente.

El racionalismo de la Ilustración, al despreciar todo lo irracional, no lo eliminó, sino que lo relegó al inconsciente. Lo irracional, entendido como aquello que escapa a la lógica y la razón, no desaparece simplemente porque lo ignoremos o lo neguemos. Por el contrario, al ser reprimido, adquiere una fuerza aún mayor, ya que opera desde las profundidades de la psique, donde no puede ser controlado ni comprendido. Este proceso no es exclusivo de la Ilustración, sino que se repite a lo largo de la historia cada vez que una sociedad o una cultura intenta erradicar lo irracional en nombre de la razón.

En el contexto de la Revolución Francesa, esta dinámica se manifestó de manera clara y dramática. La búsqueda de la libertad, la igualdad y la fraternidad, ideales racionales y loables en sí mismos, se vio socavada por la irrupción de fuerzas inconscientes que llevaron a la violencia desmedida y la destrucción. El Terror, con sus ejecuciones en masa y su clima de paranoia, fue la expresión de estas fuerzas irracionales que, al haber sido reprimidas, emergieron con una intensidad devastadora. Lo mismo puede observarse en otros eventos históricos, como las guerras mundiales del siglo XX, donde el avance tecnológico y científico, frutos del racionalismo, se pusieron al servicio de la destrucción y la muerte.

Jung nos advierte que este fenómeno no es algo del pasado, sino que sigue siendo relevante en la actualidad. Vivimos en una época en la que el racionalismo y la tecnocracia dominan muchos aspectos de la vida, desde la economía hasta la política y la cultura. Sin embargo, esta aparente racionalidad no ha eliminado lo irracional, sino que lo ha empujado aún más hacia el inconsciente. Las fuerzas destructoras de la psique colectiva, lejos de desaparecer, se han fortalecido y están listas para emerger en cualquier momento. Ejemplos de esto pueden encontrarse en el auge de los populismos, los conflictos étnicos y religiosos, y la creciente polarización política en muchas partes del mundo.

La pandemia de COVID-19, por ejemplo, ha sido un evento que ha puesto de manifiesto esta tensión entre lo racional y lo irracional. Por un lado, la ciencia y la tecnología han jugado un papel crucial en el desarrollo de vacunas y tratamientos, demostrando el poder de la razón y la colaboración internacional. Por otro lado, la pandemia también ha dado lugar a teorías conspirativas, negacionismo y comportamientos irracionales que han dificultado la respuesta global. Estas manifestaciones de irracionalidad no son simples anomalías, sino que reflejan la presencia de fuerzas inconscientes que operan en la psique colectiva.

Jung sostiene que, una vez que la función de lo irracional se hunde en el inconsciente, actúa desde allí de manera devastadora e irresistible, como una enfermedad incurable. Esta metáfora es particularmente pertinente en un mundo donde, a pesar de los avances médicos y científicos, seguimos enfrentándonos a enfermedades que no podemos controlar completamente. Del mismo modo, las fuerzas irracionales de la psique colectiva, aunque no sean visibles, tienen un impacto profundo en la sociedad y en los individuos. La tarea, entonces, no es intentar erradicar lo irracional, sino reconocer su existencia y aprender a integrarlo de manera constructiva.

En este sentido, Jung propone que tanto el individuo como la sociedad deben enfrentarse a lo irracional y darle una forma que permita su expresión sin que esta sea destructiva. Esto implica un proceso de individuación, en el que el ser humano reconoce y acepta las diferentes facetas de su psique, incluyendo aquellas que son irracionales o inconscientes. A nivel colectivo, este proceso se traduce en la necesidad de crear estructuras y sistemas que permitan la expresión de lo irracional sin que este desemboque en violencia o caos.

La cultura y el arte, por ejemplo, han sido tradicionalmente espacios donde lo irracional puede expresarse de manera simbólica y creativa. A través de la literatura, la música, la pintura y otras formas de expresión artística, las sociedades han podido canalizar sus miedos, deseos y conflictos de manera que no resulten destructivos. Sin embargo, en un mundo cada vez más dominado por la racionalidad instrumental y el consumo masivo, estos espacios se han visto reducidos o trivializados. Es necesario, por tanto, recuperar el valor de lo simbólico y lo imaginativo como herramientas para integrar lo irracional en la vida colectiva.

Jung también destaca la importancia de los mitos y los arquetipos en la comprensión de lo inconsciente. Los mitos, como narrativas simbólicas que expresan las verdades profundas de la psique humana, han sido a lo largo de la historia una forma de dar sentido a lo irracional y lo desconocido. En la actualidad, sin embargo, muchos de estos mitos han perdido su fuerza y su capacidad para guiar a los individuos y las sociedades. La tarea, entonces, es revitalizar estos mitos o crear nuevos que sean capaces de responder a los desafíos del mundo contemporáneo.

En última instancia, lo que Jung nos propone es un cambio de paradigma en nuestra relación con lo irracional. En lugar de verlo como un enemigo que debe ser eliminado, debemos reconocerlo como una parte inherente de la psique humana y de la vida en general. Solo así podremos evitar que las fuerzas inconscientes actúen de manera destructiva y encontrar formas más saludables y constructivas de integrarlas en nuestra existencia. Este proceso no es fácil, ni rápido, pero es esencial si queremos construir una sociedad más equilibrada y consciente de sus propias dinámicas internas.


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