Clitómaco de Cartago, el gran sistematizador del escepticismo académico, marcó un antes y un después en la filosofía helenística. Discípulo de Carnéades y maestro de Filón de Larisa, su legado influyó en Cicerón y en la tradición escéptica posterior. Su pensamiento, basado en la epoché y el probabilismo, desafió el dogmatismo estoico y sentó las bases de la epistemología moderna. Descubre cómo su visión filosófica sigue impactando los debates sobre certeza y conocimiento.


El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES 
Imágenes Canva AI

Clitómaco de Cartago: Sistematizador del Escepticismo Académico y su Legado Filosófico


Clitómaco de Cartago, nacido como Hasdrúbal en el año 187 a.C., representa una figura central aunque frecuentemente subestimada dentro del desarrollo del escepticismo académico. Su labor como sucesor de Carnéades en la dirección de la Academia platónica durante el período helenístico constituye un eslabón fundamental en la transmisión del pensamiento escéptico hacia la cultura romana y, posteriormente, hacia la filosofía moderna. La contribución de Clitómaco trasciende la mera preservación de las ideas de su maestro; su sistematización y expansión del método escéptico estableció un modelo de indagación filosófica que sigue resonando en los debates epistemológicos contemporáneos sobre la naturaleza del conocimiento y la certeza.

La formación intelectual de Clitómaco comenzó en su Cartago natal, donde recibió una educación tradicional púnica antes de su traslado a Atenas aproximadamente en el año 163 a.C. Este desplazamiento geográfico vino acompañado de una transformación cultural y lingüística simbolizada por la helenización de su nombre púnico Hasdrúbal a Clitómaco. En Atenas, se convirtió en discípulo directo de Carnéades, absorbiendo durante casi tres décadas los principios de la llamada Nueva Academia, caracterizada por su postura escéptica frente a las afirmaciones dogmáticas de las escuelas filosóficas rivales, particularmente el estoicismo. Tras la muerte de Carnéades en 129 a.C., Clitómaco asumió la dirección de la Academia, posición que mantuvo hasta su fallecimiento en 110 a.C.

La prolífica obra de Clitómaco, que según testimonios antiguos comprendía más de 400 tratados filosóficos, se ha perdido casi en su totalidad. Sin embargo, a través de referencias en autores posteriores, especialmente Cicerón y Sexto Empírico, podemos reconstruir los elementos esenciales de su pensamiento. Su principal mérito consistió en la sistematización del método escéptico de Carnéades, transformando lo que en ocasiones aparecía como una serie de argumentaciones dialécticas dispersas en un sistema coherente de investigación filosófica. Clitómaco distinguió cuidadosamente entre la suspensión del juicio (epoché) como principio metodológico y la necesidad práctica de actuar conforme a criterios de probabilidad (pithanon) en la vida cotidiana.

Para comprender adecuadamente la posición filosófica de Clitómaco, es necesario situarla en el contexto de las disputas entre las principales escuelas helenísticas. Frente al dogmatismo estoico, que afirmaba la posibilidad de alcanzar conocimientos absolutamente ciertos a través de la denominada representación cataléptica, Clitómaco desarrolló una serie de argumentos destinados a demostrar la imposibilidad de establecer un criterio infalible de verdad. Estos argumentos se estructuraban en torno al análisis de las limitaciones inherentes a la percepción sensorial y al razonamiento, mostrando cómo incluso las creencias aparentemente más firmes podían ser cuestionadas mediante contraejemplos y situaciones hipotéticas.

La epistemología de Clitómaco no debe confundirse, sin embargo, con un rechazo nihilista del conocimiento. Más bien, propone una reformulación del objetivo de la indagación filosófica: ante la imposibilidad de alcanzar certezas absolutas, el filósofo debe conformarse con una aproximación gradual a la verdad mediante la evaluación de grados de probabilidad. Esta posición, denominada probabilismo, constituye una de las contribuciones más originales de la escuela académica al pensamiento occidental, anticipando en ciertos aspectos desarrollos modernos en teoría del conocimiento y metodología científica. Según Clitómaco, existen tres niveles de asentimiento: la impresión persuasiva, la impresión persuasiva no contradicha, y la impresión persuasiva no contradicha y exhaustivamente examinada.

La dimensión ética del pensamiento de Clitómaco se deriva directamente de sus presupuestos epistemológicos. Si el conocimiento absoluto resulta inalcanzable, la ataraxia (tranquilidad mental) no puede lograrse mediante la adhesión dogmática a doctrinas pretendidamente infalibles. Por el contrario, la serenidad surge precisamente de la aceptación de la incertidumbre como condición inherente a la existencia humana. Esta postura representa una vía media entre el dogmatismo de estoicos y epicúreos y el relativismo radical que se atribuía a ciertos sofistas. La ética clitomaquiana propone así un modelo de sabio caracterizado no por la posesión de verdades definitivas, sino por su capacidad para navegar prudentemente en un mundo de probabilidades y apariencias.

El impacto histórico de Clitómaco se manifestó principalmente a través de su influencia en los círculos intelectuales romanos. Su discípulo Filón de Larisa continuó la tradición académica, introduciendo ciertas modificaciones que anticiparon el eclecticismo filosófico característico del pensamiento romano. Pero fue principalmente a través de Cicerón, quien conoció las obras de Clitómaco y las citó extensamente en tratados como “Academica” y “De Natura Deorum“, como las ideas del filósofo cartaginés penetraron en la cultura latina. La metodología escéptica, entendida como un procedimiento para examinar todas las posiciones antes de emitir un juicio, se convirtió en un componente esencial de la educación retórica romana, estableciendo un vínculo entre escepticismo filosófico y práctica jurídica que tendría profundas consecuencias para el desarrollo del derecho occidental.

En el ámbito religioso, las ideas de Clitómaco también tuvieron repercusiones significativas. Su crítica a la teología natural estoica, basada en la imposibilidad de derivar conclusiones ciertas sobre la naturaleza divina a partir de la observación del mundo, anticipó debates posteriores sobre los límites del conocimiento religioso. Aunque Clitómaco no negaba explícitamente la existencia de los dioses, sostenía que cualquier afirmación positiva acerca de su naturaleza o atributos excedía las capacidades del entendimiento humano. Esta postura, denominada agnosticismo teológico, sería recuperada en momentos posteriores de la historia del pensamiento, particularmente durante la Ilustración.

La recuperación del legado de Clitómaco en tiempos modernos ha sido parcial y fragmentaria. Durante el Renacimiento, el redescubrimiento de los textos ciceronianos permitió un primer acercamiento a sus ideas, que influyeron en figuras como Michel de Montaigne y Pierre Bayle. En la epistemología contemporánea, ciertos aspectos de su pensamiento resuenan en corrientes como el falsacionismo popperiano y el falibilismo. Las recientes investigaciones filológicas e históricas han contribuido a una mejor comprensión de la originalidad de su aportación, distinguiéndola más claramente de la de su maestro Carnéades. El interés actual por las tradiciones filosóficas no occidentales ha llevado también a reconsiderar a Clitómaco como un ejemplo temprano de hibridación cultural entre los mundos púnico y helénico.

El método dialéctico de Clitómaco, consistente en la exposición imparcial de argumentos contrarios sobre cualquier cuestión disputada, representa no solo una herramienta pedagógica sino un compromiso ético con la honestidad intelectual. En un mundo cada vez más polarizado por posturas dogmáticas, su legado nos recuerda el valor de la duda metódica y la tolerancia epistémica como fundamentos de una convivencia racional. El escepticismo académico que sistematizó no constituye una invitación al relativismo irresponsable, sino una exhortación a la humildad cognoscitiva y al reconocimiento de los límites inherentes a la condición humana. Al contemplar los debates contemporáneos sobre posverdad y certeza científica, las reflexiones de Clitómaco sobre la naturaleza provisional del conocimiento adquieren una renovada relevancia.


El CANDELERO. ILUMINANDO MENTES

#Filosofía
#Escepticismo
#Clitómaco
#AcademiaPlatónica
#Carnéades
#Epistemología
#FilosofíaHelenística
#Probabilismo
#Cicerón
#HistoriaDelPensamiento
#FilosofíaAntigua
#Conocimiento


Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.