Un artículo perdido en una enciclopedia, un país inexistente, un planeta donde la realidad es solo una ilusión mental. “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” no es solo un cuento de Borges, sino una conspiración literaria que desdibuja los límites entre lo real y lo imaginario. En este relato, la ficción no es un simple juego intelectual: es un arma que transforma el mundo. ¿Y si la realidad que conocemos no es más que otra invención compartida, como Tlön?
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Tlön, Uqbar, Orbis Tertius: La infiltración de lo imaginario en la realidad borgeana
En la vasta constelación de la literatura fantástica latinoamericana, «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» emerge como uno de los relatos más deslumbrantes y conceptualmente complejos de Jorge Luis Borges. Publicado inicialmente en la revista Sur en mayo de 1940, e incluido posteriormente en la colección «El Jardín de senderos que se bifurcan» (1941), este cuento magistral establece un paradigma narrativo donde la ficción no se limita a representar la realidad, sino que amenaza con suplantarla. La estructura del relato, aparentemente sencilla pero profundamente laberíntica, comienza con el descubrimiento fortuito de un artículo sobre Uqbar, un país inexistente, en un volumen adulterado de la «Anglo-American Cyclopaedia», desencadenando así una investigación que conducirá al narrador hacia el imaginario planeta de Tlön.
La brillantez del relato reside en su construcción meticulosa de una conspiración intelectual que se revela gradualmente al lector. El hallazgo inicial del artículo sobre Uqbar por parte del narrador y su amigo Bioy Casares —personaje inspirado en el escritor argentino Adolfo Bioy Casares, colaborador frecuente de Borges— funciona como portal hacia un mundo de sistemas filosóficos imposibles y lenguajes que desafían las categorías ontológicas occidentales. La interpolación de elementos reales y ficcionales configura un entramado narrativo donde el lector, al igual que el protagonista, se ve obligado a cuestionar constantemente los límites entre lo verdadero y lo inventado. Esta técnica, característica de la poética borgeana, alcanza en este relato uno de sus momentos más refinados.
El descubrimiento posterior de la «First Encyclopaedia of Tlön» expande dramáticamente el universo narrativo, presentando un mundo donde la metafísica se ha convertido en rama de la literatura fantástica, donde el idealismo filosófico ha sido llevado a sus últimas consecuencias lógicas. Los habitantes de Tlön conciben el universo como una serie de procesos mentales que no se desarrollan en el espacio sino sucesivamente en el tiempo. En este sistema ontológico insólito, un objeto perdido puede duplicarse: los duplicados se denominan hrönir y tienden a ser ligeramente distintos del original, evidenciando cómo la expectativa y la esperanza pueden materializar objetos en este universo idealista. Esta concepción refleja la fascinación borgeana por las doctrinas idealistas de Berkeley y Schopenhauer, pero llevadas a un extremo narrativo donde el mundo físico es mera proyección mental.
Los idiomas de Tlön representan otra dimensión fascinante del relato. En el hemisferio austral de este planeta imaginario, las lenguas no poseen sustantivos sino verbos impersonales modificados por sufijos monosilábicos. Borges ejemplifica: “no hay palabra que corresponda a la palabra ‘luna’, pero hay un verbo que sería en español ‘lunecer’ o ‘lunar'”. Esta construcción lingüística evoca las reflexiones borgeanas sobre la inadecuación del lenguaje para capturar la realidad, tema recurrente en su obra. En el hemisferio boreal, mientras tanto, la unidad primordial no es el verbo sino el adjetivo monosilábico, creando una realidad donde no existen sustancias sino solo cualidades. Esta radical alteridad lingüística sugiere formas de pensamiento completamente ajenas a la tradición occidental, constituyendo uno de los ejercicios más audaces de especulación lingüística en la literatura.
La revelación final del relato intensifica su complejidad: Tlön es producto de una conspiración iniciada en el siglo XVII, cuando una sociedad secreta liderada por un “oscuro hombre de genio” se propuso inventar un país. En el siglo XIX, un millonario estadounidense llamado Ezra Buckley amplía el proyecto hacia la creación de un planeta entero, estipulando que la obra permaneciese secreta hasta completarse la enciclopedia. Este elemento narrativo introduce una reflexión sobre la capacidad de las construcciones intelectuales para transformar la realidad material. El desenlace del relato, situado en una suerte de postscriptum fechado en 1947, describe cómo el mundo ficticio de Tlön comienza a infiltrarse en la realidad: objetos procedentes de ese universo imaginario aparecen en el mundo empírico, mientras las ciencias y filosofías terrestres empiezan a tlönizarse.
La estructura circular y laberíntica del relato borgeano constituye un perfecto ejemplo de lo que la crítica ha denominado ficción especulativa. Partiendo de premisas aparentemente arbitrarias, el autor desarrolla sus consecuencias con implacable rigor lógico, creando un universo coherente en sus propios términos. Sin embargo, la perfección formal del texto no debe hacernos olvidar su dimensión histórica y política. Publicado en 1940, cuando los totalitarismos europeos amenazaban con reconfigurar violentamente la realidad, el relato puede leerse como una advertencia sobre el poder transformador de las ideologías y su capacidad para suplantar lo real. La frase final —”El mundo será Tlön”— adquiere así resonancias proféticas y perturbadoras sobre la manipulación de la realidad mediante construcciones discursivas.
La fascinación de Borges por los sistemas filosóficos y cosmogonías imaginarias se manifiesta a través de la detallada descripción de las escuelas de pensamiento tlönianas. Particularmente significativa resulta la mención del monismo idealista que domina la filosofía del planeta: “El mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie heterogénea de actos independientes”. Esta concepción, que niega la existencia de un universo objetivo y lo reduce a procesos mentales, establece un diálogo complejo con tradiciones filosóficas como el idealismo berkeleyano y ciertas corrientes del pensamiento oriental, especialmente el budismo, que Borges estudió con interés durante toda su vida.
La cuidadosa elaboración de los sistemas epistemológicos de Tlön revela la erudición característica del autor argentino. En este mundo imaginario, una de las escuelas filosóficas declara que “mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres”. Otra sostiene que “todo estado mental es irreductible: el mero hecho de nombrarlo implica un falseo”. Estas proposiciones no son meros juegos intelectuales sino exploraciones de las consecuencias de llevar ciertos postulados filosóficos a sus últimas consecuencias lógicas. El propio Borges confesó en numerosas entrevistas su inclinación hacia el idealismo filosófico, aunque siempre matizada por una profunda ironía escéptica, elementos que se conjugan magistralmente en este relato fundamental de la literatura hispanoamericana.
La dimensión intertextual de «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» merece especial atención dentro del corpus borgeano. Numerosos elementos del relato aparecen recurrentemente en su obra: la enciclopedia como símbolo de la pretensión humana de ordenar el caos del conocimiento, las sociedades secretas como metáfora de las élites intelectuales, el laberinto como estructura narrativa y ontológica. Estos motivos conforman lo que podríamos denominar la mitología personal del autor, un conjunto de símbolos y temas que articulan su peculiar visión del universo como biblioteca infinita o laberinto insondable. Esta red de referencias internas contribuye a la sensación de que los relatos borgeanos, pese a su aparente diversidad, constituyen variaciones de una única historia sobre los límites del conocimiento humano.
El impacto de este relato trasciende ampliamente los límites de la literatura argentina para proyectarse como una de las expresiones más perfectas de la narrativa fantástica del siglo XX. Su influencia puede rastrearse en autores tan diversos como Italo Calvino, Stanisław Lem o Philip K. Dick, quienes exploraron igualmente los límites difusos entre la realidad y la ficción. La capacidad del texto para anticipar reflexiones contemporáneas sobre la hiperrealidad y los simulacros lo convierte en un precursor de teorías posmodernas desarrolladas posteriormente por pensadores como Jean Baudrillard. El relato ilustra perfectamente la naturaleza profética de la gran literatura: bajo su aparente condición de juego intelectual, anticipa dilemas filosóficos y culturales que se volverían cruciales décadas después de su publicación.
La obra maestra de Borges constituye, en última instancia, una profunda meditación sobre la naturaleza misma de la realidad y su relación con los sistemas conceptuales humanos. En un mundo donde las redes sociales y la realidad virtual difuminan crecientemente los límites entre lo real y lo ficticio, la advertencia borgeana sobre la capacidad de las construcciones intelectuales para infiltrarse en la realidad y transformarla adquiere dimensiones casi proféticas. El relato nos invita a reflexionar sobre cómo las ficciones compartidas —ya sean religiosas, científicas, políticas o tecnológicas— configuran nuestra percepción de lo real, recordándonos que quizás, como los habitantes de Tlön, vivimos en un universo fundamentalmente idealista, donde la materialidad del mundo es inseparable de nuestras conceptualizaciones del mismo.
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