Entre los múltiples caminos de la filosofía, pocos resultan tan reveladores como aquel que indaga en la risa. Este gesto humano, tan cotidiano y a la vez tan complejo, expone la capacidad de la conciencia para revelar tensiones, valores y horizontes culturales. No es mero entretenimiento: en la risa se esconde una clave para comprender lo humano y lo social. ¿Qué nos revela nuestra risa acerca de quiénes somos? ¿Hasta qué punto el relajo redefine nuestra manera de habitar el mundo?


El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES 
📸 Imagen generada por ChatGPT IA — El Candelabro © DR
“La risa no es, pues, reacción automática ni efecto causal de lo cómico. No puede serlo porque la risa es una forma particular de conciencia, exactamente como una emoción o como una intelección, y no puede escapar a la ley universal de la conciencia, que es la intencionalidad. Decir que la risa es efecto de lo cómico es tan absurdo como decir que el estudio es un efecto de la ciencia o que la cólera es un efecto del mal o de alguna otra causa. La risa, como cualquier emoción o como los actos de intelección, es una forma de estar dirigida la conciencia hacia un objeto. Parecería, más bien, que la risa es una manera de designar lo cómico. Más que designar, debiera tal vez decirse “intencionar”, “apuntar” o “aludir”, ya que la forma peculiar de intencionalidad que es la risa no se agota en una mera función designativa. Digamos pues que la risa es la manera peculiar de estar dirigida la conciencia hacia lo cómico.” 

Portilla, Jorge, Fenomenología del relajo.

La risa como forma de conciencia en Jorge Portilla


La obra de Jorge Portilla, filósofo mexicano cuya vida se extinguió prematuramente en 1963, constituye una de las reflexiones más singulares sobre la cultura, la conciencia y los modos de interacción social en Latinoamérica. En su Fenomenología del relajo, Portilla despliega una mirada penetrante sobre el fenómeno de la risa, situándola no como mero reflejo mecánico de lo cómico, sino como una forma de conciencia intencional. Esta concepción abre un horizonte de análisis que trasciende la psicología superficial de la risa y permite comprenderla como un acto que revela tanto la condición humana como las estructuras culturales en las que se inscribe.

La primera tesis fundamental de Portilla es que la risa no puede reducirse a una causalidad simple. No se trata de un mero “efecto” de lo cómico, como si lo cómico fuese un estímulo que provoca una respuesta inevitable. La risa, para Portilla, debe comprenderse como un fenómeno intencional, es decir, como una manera de estar dirigida la conciencia hacia un objeto. Así, el acto de reír no se explica por una reacción fisiológica, sino por una relación significativa entre el sujeto y lo cómico. La risa implica una dirección de la conciencia, y en ese sentido se coloca en el mismo plano que la emoción o la intelección.

Este carácter intencional de la risa se articula con la tradición fenomenológica que influyó en Portilla, particularmente con la obra de Husserl. Si toda conciencia es conciencia de algo, la risa es entonces conciencia dirigida hacia lo cómico. Sin embargo, Portilla enfatiza que esta dirección no se agota en una función meramente designativa. La risa no nombra lo cómico, sino que lo intenciona, lo apunta, lo alude. Su estructura intencional es peculiar, porque se manifiesta como un acto que, al mismo tiempo, constituye lo cómico y lo revela. En este sentido, la risa es productora de sentido: aquello que se experimenta como cómico existe como tal en la medida en que es intencionado por la risa.

Desde esta perspectiva, se puede comprender que la risa no sea universal ni automática. Lo que resulta cómico para una cultura puede no serlo para otra, lo que significa que lo cómico no es un dato natural, sino un fenómeno que emerge en un entramado cultural y social. La risa, en tanto forma de conciencia, se convierte en una ventana privilegiada para explorar la historicidad de los valores, las normas y las costumbres. Reírse de algo equivale a situarlo en un horizonte de sentido compartido, donde lo ridículo, lo absurdo o lo desproporcionado aparecen como dignos de risa.

Portilla, al ubicar la risa en este terreno, problematiza la reducción de lo cómico a un simple desajuste o a un mecanismo de defensa. Si bien teorías como las de Freud subrayaron la dimensión psíquica de lo cómico y de la risa como liberación de tensiones, la fenomenología portillana la presenta como un acto consciente y culturalmente mediado. Así, la risa se convierte en un acto interpretativo, que requiere del trasfondo de una comunidad lingüística y simbólica. No reímos en abstracto, sino desde la pertenencia a un mundo de significados que compartimos con otros.

Un ejemplo ilustrativo puede encontrarse en la sátira política. La risa que suscita una caricatura no es producto de líneas dibujadas sobre un papel, sino del modo en que esas líneas, insertas en un contexto cultural y político, intencionan lo cómico de una situación. La risa de quien comprende la caricatura revela tanto la comprensión del trasfondo político como la capacidad de distanciarse de él a través del humor. La risa, entonces, no solo designa lo cómico: constituye una forma de juicio implícito sobre la realidad.

En este punto, conviene señalar que para Portilla la risa no es neutra ni inocente. Puede ser liberadora, al abrir un resquicio frente a lo solemne, lo rígido o lo dogmático, pero también puede ser cruel, excluyente y humillante. La risa tiene la capacidad de consolidar vínculos comunitarios, pero también de marcar distancias y jerarquías. En este sentido, la risa puede actuar como un mecanismo de cohesión o de segregación social. La fenomenología de Portilla permite comprender que, más allá de la superficie placentera de la risa, se encuentran implicadas tensiones profundas que afectan a la convivencia.

Asimismo, su análisis invita a pensar la relación entre lo cómico y lo serio. Si la seriedad parece apuntar a la estabilidad de los significados y a la fijación de valores, lo cómico introduce la inestabilidad, la oscilación y la relativización. La risa es un recordatorio de que ninguna construcción simbólica es definitiva, de que todo discurso solemne puede ser invertido o subvertido. De ahí que, para Portilla, el relajo —como modalidad mexicana de lo cómico— constituya una crítica viviente a las pretensiones de absolutismo que puedan instalarse en el ámbito social.

La fenomenología portillana de la risa, al centrarse en el carácter intencional del fenómeno, se distancia de concepciones meramente fisiológicas o psicológicas, pero también de las visiones utilitarias que la interpretan solo como alivio o catarsis. En cambio, propone que la risa es una experiencia de sentido, un modo de abrir el mundo en una clave particular. Reír es, en definitiva, una manera de habitar la realidad. Y ese habitar no es accidental: configura las formas en que se establece el diálogo entre los individuos y las comunidades.

Cabe subrayar que la propuesta de Portilla no solo ilumina el fenómeno de la risa, sino que también ofrece una herramienta crítica para comprender los fenómenos sociales de Latinoamérica. El relajo, entendido como práctica colectiva en la que la risa juega un papel central, pone en evidencia la ambigüedad de las actitudes sociales frente a la autoridad, la norma y la tradición. En la oscilación entre lo serio y lo cómico se revela una actitud existencial profundamente marcada por la historia y la cultura de México.

La aportación de Jorge Portilla al pensar la risa como forma de conciencia intencional abre un campo fecundo de reflexión sobre la condición humana y la vida comunitaria. Su análisis supera la idea de la risa como mero efecto de lo cómico, proponiendo verla como un acto consciente que designa, intenciona y constituye lo cómico mismo. Así, la risa se nos presenta no como un simple entretenimiento, sino como una dimensión fundamental de la experiencia humana, capaz de revelar las tensiones, las contradicciones y las posibilidades de libertad en nuestra vida social.

Portilla nos deja la enseñanza de que al reír, no solo nos distendemos: también interpretamos, juzgamos y recreamos el mundo.


Referencias

  1. Portilla, J. (1966). Fenomenología del relajo. UNAM.
  2. Husserl, E. (1985). Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. Fondo de Cultura Económica.
  3. Freud, S. (1905). El chiste y su relación con lo inconsciente. Obras Completas. Amorrortu.
  4. Morreal, J. (2009). Comic Relief: A Comprehensive Philosophy of Humor. Wiley-Blackwell.
  5. Eagleton, T. (2019). Humour. Yale University Press.

EL CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES

#Filosofía
#Conciencia
#Fenomenología
#Relajo
#Risa
#Cultura
#Intencionalidad
#Humor
#México
#JorgePortilla
#Humanidades
#PensamientoCrítico


Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.