Entre la abstracción del pensamiento y la concreción de la realidad se oculta una confusión que ha marcado siglos de filosofía: la del ser conceptual frente al ser existencial. Georg Simmel, con aguda claridad, revela cómo esta ambigüedad ha llevado a idealismos que intentan derivar la existencia del mero concepto. ¿Hasta qué punto nuestros conceptos reflejan la realidad? ¿O solo construyen ilusiones de certeza?
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"Existe, pues, a mi parecer, tan sólo un único concepto que, con una cierta plausibilidad, reúne en sí todas las determinaciones de la “substancia”: precisamente el concepto del ser. Este concepto puede ante todo tentar a deducir desde él, como mero concepto, la realidad como objeto: el ser sólo parece ser aquel cuyo no-ser fuere un lógico opuesto, lo cual no puede ser pensado como no-siendo. En esto reside el eje de todo este tipo de las filosofías del Ser: la confusión del ser como concepto abstracto con el ser como unidad de las cosas existentes. Es ya exacto que el Ser no pueda ser el no-ser, o que lo siente cuando él es; cuando está sujeto al concepto del ser no puede simultáneamente no-ser -exactamente como cuando una cosa es negra no puede simultáneamente ser no-negra. No existe, empero, contradicción lógica en que la cosa negra sea absolutamente eliminada por el pensamiento, y tampoco, por consiguiente, en que las cosas existentes sean absolutamente eliminadas por el pensamiento. […] Lo engañoso de la conclusión que pretende desarrollar la “necesidad” lógica de la substancia por medio de la frase: las cosas existentes son, descansa precisamente en que el ser, en la primera parte de la proposición, una determinación de las cosas, pero en la posterior enuncia la existencia de las cosas así determinadas".
Simmel, Georg, Problemas fundamentales de la filosofía.
La Crítica de Georg Simmel al Concepto de Substancia: Una Reflexión sobre la Confusión entre Ser Conceptual y Ser Existencial
La filosofía occidental ha enfrentado durante siglos el desafío de comprender la naturaleza fundamental de la realidad, particularmente en lo que respecta al concepto de substancia. Georg Simmel, el influyente sociólogo y filósofo alemán cuya muerte se conmemora el 26 de septiembre de 1918, ofreció una perspectiva crítica profundamente penetrante sobre esta cuestión en sus “Problemas fundamentales de la filosofía”. Su análisis revela una confusión categorial fundamental que ha permeado el pensamiento occidental desde los griegos antiguos hasta la modernidad: la identificación errónea entre el ser como concepto abstracto y el ser como unidad de las cosas existentes.
La crítica simmeliana se centra en el concepto de substancia, esa noción que ha sido considerada tradicionalmente como el fundamento último de la realidad. Según Simmel, existe únicamente un concepto que puede reunir plausiblemente todas las determinaciones de la substancia: el concepto del ser. Sin embargo, esta aparente simplicidad esconde una trampa conceptual de enormes proporciones. El problema radica en que este concepto del ser tienta a los filósofos a deducir, desde su mera condición conceptual, la realidad como objeto concreto y existente en el mundo.
El núcleo de la argumentación simmeliana reside en identificar lo que él considera el eje central de las filosofías del ser: la confusión sistemática entre dos acepciones fundamentalmente distintas del término “ser”. Por un lado, tenemos el ser como concepto abstracto, una categoría lógica que utilizamos para pensar y clasificar. Por otro lado, existe el ser como unidad de las cosas existentes, es decir, la realidad concreta y tangible que encontramos en el mundo empírico. Esta distinción, aparentemente sutil, tiene consecuencias filosóficas de alcance extraordinario para la comprensión de la realidad y la naturaleza del conocimiento humano.
La lógica interna de las filosofías del ser, según Simmel, procede de la siguiente manera: puesto que el ser, por definición, no puede ser el no-ser, y dado que cuando algo “es” no puede simultáneamente “no ser”, entonces el ser debe poseer una necesidad lógica que garantice su existencia. Este razonamiento aparenta ser impecable desde una perspectiva puramente formal. Efectivamente, cuando aplicamos el concepto del ser a algo, ese algo, mientras esté sujeto a dicho concepto, no puede simultáneamente no-ser. Esta relación es tan evidente como afirmar que cuando una cosa es negra, no puede simultáneamente ser no-negra.
Sin embargo, Simmel detecta el error fundamental en este razonamiento mediante una analogía esclarecedora. Si bien es cierto que una cosa negra no puede ser simultáneamente no-negra mientras mantiene la propiedad de la negrura, no existe contradicción lógica alguna en que esa cosa negra sea completamente eliminada del pensamiento. La ausencia de contradicción lógica en la eliminación mental del objeto negro se extiende, por analogía, a las cosas existentes en general. No hay impedimento lógico para que las cosas existentes sean absolutamente eliminadas por el pensamiento, lo cual revela la falacia en el argumento de la necesidad lógica del ser.
El engaño de la conclusión que pretende desarrollar la necesidad lógica de la substancia se manifiesta claramente en el análisis de proposiciones como “las cosas existentes son”. Simmel demuestra que en la primera parte de esta proposición, el “ser” funciona como una determinación o predicado de las cosas, es decir, como una propiedad que les atribuimos. Sin embargo, en la parte posterior de la misma proposición, el “ser” enuncia la existencia de las cosas así determinadas, funcionando como un operador existencial. Esta dualidad funcional del concepto de ser genera una ambigüedad sistemática que ha confundido a generaciones de filósofos.
La importancia de esta distinción simmeliana trasciende el ámbito puramente académico y se proyecta hacia cuestiones fundamentales de epistemología y metafísica. Cuando los filósofos han intentado demostrar la necesidad de la substancia o del ser absoluto mediante argumentos puramente conceptuales, han incurrido en lo que podríamos denominar una “falacia de reificación”: han tratado como realidades concretas lo que son meramente construcciones conceptuales. Esta confusión ha llevado a sistemas filosóficos que pretenden derivar la existencia efectiva del mundo a partir de la mera coherencia lógica de los conceptos.
La perspectiva simmeliana anticipa, en cierto sentido, desarrollos posteriores en la filosofía analítica, particularmente las críticas de filósofos como Bertrand Russell y el primer Wittgenstein a las confusiones categoriales en el lenguaje filosófico. La distinción entre diferentes usos del verbo “ser” —como cópula, como predicado de existencia, y como identidad— se convierte en una herramienta fundamental para disolver problemas filosóficos que surgen precisamente de la ambigüedad lingüística y conceptual.
Además, la crítica de Simmel ilumina la problemática relación entre pensamiento y realidad que ha ocupado a los filósofos desde Parménides hasta nuestros días. Al mostrar que la coherencia lógica interna de un concepto no garantiza su correspondencia con la realidad empírica, Simmel establece una línea de demarcación clara entre el dominio de la lógica y el dominio de la existencia. Esta separación es crucial para evitar los excesos del idealismo absoluto, que tiende a disolver la realidad empírica en construcciones puramente conceptuales.
La relevancia contemporánea de esta crítica se extiende también al campo de la filosofía de la ciencia y la epistemología. En una época en la que los modelos teóricos y las construcciones matemáticas adquieren una complejidad creciente, la advertencia simmeliana sobre la confusión entre ser conceptual y ser existencial mantiene su vigencia. Los científicos y filósofos de la ciencia deben permanecer vigilantes ante la tentación de reificar sus modelos teóricos, tratándolos como descripciones literales de la realidad en lugar de herramientas conceptuales para la comprensión y predicción de fenómenos empíricos.
La posición de Simmel también ofrece una perspectiva valiosa para comprender las limitaciones del conocimiento humano. Al reconocer que nuestros conceptos más fundamentales, incluido el concepto de ser, son construcciones que utilizamos para organizar y dar sentido a la experiencia, Simmel nos invita a adoptar una actitud más modesta y reflexiva hacia nuestras pretensiones de conocimiento absoluto. Esta humildad epistemológica no implica escepticismo radical, sino más bien un reconocimiento realista de los límites inherentes a la condición humana de conocimiento.
En el contexto más amplio de la obra simmeliana, esta crítica al concepto de substancia se conecta con su interés general por las formas sociales y culturales como construcciones humanas que median nuestra relación con la realidad. Así como las formas sociales son creaciones humanas que nos permiten organizar la experiencia colectiva sin por ello convertirse en entidades metafísicas absolutas, los conceptos filosóficos fundamentales deben entenderse como herramientas cognitivas cuya validez reside en su utilidad práctica y teórica, no en su supuesta correspondencia con estructuras ontológicas últimas.
La crítica simmeliana al concepto de substancia representa, en definitiva, una contribución significativa al desarrollo de una filosofía más reflexiva y metodológicamente consciente. Al desenmascarar la confusión entre ser conceptual y ser existencial, Simmel no solo ofrece una herramienta valiosa para la crítica de sistemas filosóficos problemáticos, sino que también abre el camino hacia una comprensión más matizada y sofisticada de la relación compleja entre pensamiento, lenguaje y realidad.
Su legado intelectual continúa inspirando a filósofos contemporáneos que buscan navegar con precisión las aguas profundas de la metafísica y la epistemología, evitando los escollos conceptuales que han desviado tantas empresas filosóficas ambiciosas hacia callejones sin salida especulativos.
Reseña breve de Georg Simmel

Georg Simmel (1858-1918) fue un filósofo y sociólogo alemán cuya obra revolucionó la comprensión de la sociedad moderna. Su enfoque interdisciplinario combinó filosofía, sociología y teoría cultural, destacando la importancia de las formas sociales y las interacciones humanas en la construcción de la experiencia individual y colectiva. Simmel exploró cómo la modernidad y la urbanización transforman la percepción y el comportamiento del individuo, introduciendo conceptos innovadores que aún influyen en la sociología contemporánea.
Más allá de su análisis social, Simmel abordó cuestiones filosóficas fundamentales, como la naturaleza del ser, la substancia y la relación entre pensamiento y realidad. Su crítica a la confusión entre ser conceptual y ser existencial revela un interés profundo por los límites del conocimiento humano y la necesidad de distinguir entre construcciones mentales y realidad empírica. Esta perspectiva lo sitúa como un puente entre la filosofía clásica y las corrientes modernas de pensamiento crítico.
Simmel también investigó la cultura, el arte y la economía desde una perspectiva filosófica, reconociendo que los valores y símbolos sociales median nuestra comprensión del mundo. Su obra influyó en generaciones de sociólogos y filósofos, anticipando desarrollos de la filosofía analítica y de la teoría social moderna. Hoy, su legado continúa inspirando estudios sobre la interacción entre individuo y sociedad, lógica y experiencia, y los desafíos epistemológicos de interpretar la realidad contemporánea.
Referencias
Simmel, G. (1910). Hauptprobleme der Philosophie. Leipzig: Göschen.
Frisby, D. (1984). Georg Simmel. London: Tavistock Publications.
Levine, D. N. (1985). The Flight from Ambiguity: Essays in Social and Cultural Theory. Chicago: University of Chicago Press.
Watier, P. (2003). Georg Simmel sociologue. Paris: Circé.
Rammstedt, O. (Ed.). (1989). Georg Simmel und die Moderne: Neue Interpretationen und Materialien. Frankfurt am Main: Suhrkamp.
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