Entre la rigidez social del siglo XVIII y los números que dominaban el comercio, emergió María Andresa Casamayor, una mujer que transformó la aritmética en educación y empoderamiento. Publicó el primer manual matemático en España bajo un seudónimo, desafiando normas y abriendo caminos para otras. ¿Cómo logró abrirse paso en un mundo que la marginaba por su género? ¿Qué nos enseña hoy su legado sobre la equidad en la ciencia y la educación?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

María Andresa Casamayor: Pionera de la Matemática Femenina en el Siglo XVIII Español


María Andresa Casamayor representa un hito en la historia de la ciencia española, como la primera mujer que publicó un manual matemático en España durante el siglo XVIII. Nacida en Zaragoza en 1730, en el seno de una familia acomodada de comerciantes textiles, su vida transcurrió en un contexto de rigurosas limitaciones para las mujeres. Sin embargo, su dedicación a la aritmética y la educación la convirtió en una figura emblemática de la mujer científica en España. Su obra principal, el Tyrocinio aritmético, no solo demuestra su maestría en el manejo de números, sino que también refleja una preocupación profunda por la accesibilidad educativa, especialmente para aquellos marginados por la falta de recursos. En una época donde las mujeres eran excluidas de las academias y universidades, Casamayor forjó su camino como maestra y autora, desafiando las normas sociales con una tenacidad admirable. Su legado, aunque inicialmente eclipsado, resurge hoy como inspiración para estudios sobre mujeres en la ciencia española del siglo XVIII.

La familia de María Andresa Casamayor era próspera, con su padre al frente de un negocio textil que aseguraba estabilidad económica. Como séptima de nueve hijos, creció en un entorno que, pese a las expectativas tradicionales para las hijas de clase media, le permitió acceder a una educación inicial privilegiada. Zaragoza, como centro comercial aragonés, fomentaba el aprendizaje práctico de la aritmética, esencial para el comercio. Sin embargo, el fallecimiento prematuro de su padre y la subsiguiente bancarrota familiar alteraron drásticamente su trayectoria. De repente, las oportunidades se evaporaron, dejando a la joven sin el apoyo financiero que había conocido. En lugar de optar por el matrimonio o la vida conventual —opciones comunes para mujeres de su tiempo—, Casamayor eligió la independencia laboral. Esta decisión, inusual en el siglo XVIII español, subraya su carácter resiliente y su vocación innata por el conocimiento, posicionándola como un ejemplo temprano de empoderamiento femenino en la educación.

Como maestra de niñas en Zaragoza, María Andresa Casamayor encontró un espacio para ejercer su pasión por los números. Durante décadas, impartió clases de primeras letras en aulas públicas, una labor que combinaba pedagogía con supervivencia económica. Su retribución incluía no solo un salario modesto, sino también una vivienda facilitada por las autoridades locales, lo que le permitió concentrarse en su enseñanza. En este rol, desarrolló métodos didácticos innovadores, adaptados a las necesidades de alumnas de diversos orígenes. Su enfoque práctico en la aritmética —suma, resta, multiplicación y división— se centraba en aplicaciones reales, como el cálculo de pesos, longitudes y monedas aragonesas. Esta orientación utilitaria no era casual; respondía a la realidad del comercio cotidiano en el Aragón del siglo XVIII, donde las mujeres a menudo gestionaban fincas familiares o pequeños negocios. Así, Casamayor no solo educaba, sino que empoderaba a sus pupilas para navegar un mundo económico dominado por hombres.

El Tyrocinio aritmético, instrucción de las quatro reglas llanas (1797) es la obra cumbre de María Andresa Casamayor, el primer manual científico escrito por una mujer en España. Publicado bajo el seudónimo masculino de Casandro Mamés de La Marca y Araioa —un anagrama perfecto de su nombre real, María Andresa Casamayor de La Coma—, este texto revela su ingenio lingüístico y su necesidad de sortear prejuicios de género. El libro, de lenguaje ágil y accesible, desglosa las operaciones básicas con cientos de ejemplos prácticos, desde transacciones comerciales hasta mediciones agrarias. Casamayor incluye tablas detalladas de unidades locales, como varas, libras y sueldos, con equivalencias precisas, facilitando su uso en el contexto aragonés. La censura del dominico fray Pedro Martínez, su colaborador, destaca el propósito altruista: “su fin, en esta Obrilla sólo es facilitar esta instrucción a muchos, que no pueden lograrla de otro modo”. Este manual no es mero compendio teórico; es una herramienta pedagógica diseñada para democratizar el conocimiento matemático en una sociedad estratificada.

La elección del pseudónimo por parte de María Andresa Casamayor ilustra las barreras invisibles que enfrentaban las mujeres científicas en el siglo XVIII. Al reorganizar las letras de su identidad real, creó una máscara que le permitió entrar en el ámbito editorial dominado por hombres. Este recurso, común en autoras europeas de la época como Mary Wollstonecraft, subraya la astucia de Casamayor para reclamar agencia intelectual. Sin embargo, un error histórico perpetuado por Félix Latassa en su Biblioteca nueva de los escritores aragoneses (1802) la rebautizó como “María Andrea”, un lapsus que ha distorsionado su nombre en fuentes posteriores. Este equívoco resalta la fragilidad del reconocimiento femenino en la historiografía científica española. A pesar de ello, el Tyrocinio aritmético se conserva íntegro, único testimonio de su genialidad numérica, y sirve como puente entre la aritmética mercantil renacentista y los enfoques educativos ilustrados. Su énfasis en casos reales —como el reparto de herencias o el cambio de divisas— lo convierte en un recurso invaluable para entender la matemática aplicada en la España borbónica.

Más allá del Tyrocinio, María Andresa Casamayor concibió El Parasi solo, un manuscrito inédito de 109 folios dedicado a la aritmética avanzada. Traducido del latín como “Prepara tu suelo”, este trabajo prometía tablas de raíces cuadradas y cúbicas para cálculos sin operaciones algebraicas complejas, anticipando métodos numéricos modernos. Desgraciadamente, el texto se perdió, posiblemente por las precarias condiciones de conservación de documentos privados en la Zaragoza decimonónica. Su existencia, atestiguada por contemporáneos, revela la profundidad de su erudición: no se limitaba a lo elemental, sino que exploraba territorios avanzados, como aproximaciones logarítmicas disfrazadas de tablas prácticas. Este proyecto inacabado evoca el potencial truncado de tantas mujeres científicas españolas, confinadas a la docencia sin acceso a imprentas o academias. Aun así, El Parasi solo simboliza su ambición por innovar en la enseñanza matemática, alineándose con el espíritu ilustrado de utilidad y progreso.

La trayectoria de María Andresa Casamayor como maestra y autora se inscribe en el tapiz más amplio de las mujeres en la ciencia española del siglo XVIII. En una era de reformas borbónicas que impulsaron la educación pública, pero excluyeron sistemáticamente a las mujeres de instituciones formales, ella operó en los márgenes. Su colaboración con figuras eclesiásticas como fray Pedro Martínez ilustra las alianzas estratégicas necesarias para validar su voz. Zaragoza, con su tradición mercantil, le brindó un caldo de cultivo para su expertise en unidades de medida aragonesas, que detalla con precisión etnográfica en sus textos. Casamayor no solo calculaba; interpretaba el mundo cuantitativo como herramienta de equidad social. Su preocupación por los “que no pueden lograrla de otro modo” resuena con ideales ilustrados, posicionándola como precursora de la pedagogía inclusiva en España. Hoy, estudios sobre género en la matemática la reivindican como puente entre la Ilustración y el feminismo educativo del XIX.

El fallecimiento de María Andresa Casamayor el 23 de octubre de 1780, a los 50 años, marcó el fin de una vida dedicada a la aritmética y la enseñanza. Enterrada en Zaragoza, su memoria perduró gracias a archivos locales y menciones esporádicas en catálogos bibliográficos. Sin embargo, su impacto trasciende lo personal: el Tyrocinio aritmético influyó en generaciones de educadores aragoneses, fomentando una aritmética práctica que perduró hasta la estandarización métrica napoleónica. En el contexto de la mujer científica española, Casamayor destaca por la preservación de su obra, a diferencia de contemporáneas como María de Zayas, cuya producción literaria eclipsó dimensiones científicas. Su uso de seudónimos y enfoques utilitarios anticipa estrategias de autoras como Emilia Pardo Bazán en el XIX. Investigaciones recientes sobre biografías de mujeres en la ciencia del siglo XVIII español la rescatan de la oscuridad, enfatizando su rol en la democratización del saber numérico.

Reflexionar sobre María Andresa Casamayor invita a cuestionar las narrativas dominantes de la historia científica. En un siglo donde figuras como Euler o Lagrange dominaban los salones europeos, las contribuciones femeninas como la suya quedaban relegadas a lo doméstico o pedagógico. No obstante, su manual de aritmética no es menor; es fundacional, al priorizar la accesibilidad sobre la abstracción. Palabras clave como “matemática femenina en España” o “manuales de aritmética siglo XVIII” evocan su esencia: una erudita que transformó adversidades en innovación. Su vida, marcada por la pérdida familiar y la autoafirmación laboral, ejemplifica la resiliencia de las mujeres científicas olvidadas. Al reivindicar su figura, honramos no solo a Casamayor, sino al vasto contingente de intelectuales marginadas cuya ausencia distorsiona nuestra comprensión del progreso ilustrado.

La herencia de María Andresa Casamayor se extiende a debates contemporáneos sobre equidad de género en STEM. En España, donde las mujeres representan solo el 30% de investigadores en matemáticas, su ejemplo ilumina barreras persistentes desde el siglo XVIII. Su Tyrocinio aritmético, reeditado en ediciones facsímiles modernas, sirve como texto en cursos de historia de la educación, destacando la aritmética mercantil aragonesa. El anagrama de su pseudónimo, un juego lingüístico sutil, simboliza la decodificación necesaria para visibilizar contribuciones femeninas. Aunque El Parasi solo permanezca perdido, su mención en crónicas locales atestigua una mente que aspiraba a la excelencia avanzada. Casamayor no buscaba fama; su motor era la utilidad social, un ethos que resuena en pedagogos actuales como Maria Montessori.

En última instancia, María Andresa Casamayor encarna el espíritu indómito de la mujer científica en la España del siglo XVIII. Su biografía, tejida de desafíos económicos, innovación pedagógica y maestría numérica, desafía el olvido histórico. Al publicar el primer manual matemático femenino en España, no solo calculó números; calculó posibilidades para las excluidas. Su preocupación por la educación accesible —evidente en la censura de su obra— la posiciona como precursora de la inclusión en la ciencia. Hoy, en un mundo que busca diversificar sus narrativas científicas, Casamayor nos recuerda que el progreso no es lineal ni masculino.

Su legado, preservado en el Tyrocinio aritmético, invita a una reflexión profunda: ¿cuántas pioneras como ella yacen aún en los archivos? Reivindicar su historia no es mero acto filantrópico; es esencial para una historiografía equitativa. Así, María Andresa Casamayor, la maestra de Zaragoza, perdura como faro de tenacidad intelectual, inspirando a generaciones a “preparar su suelo” con números y coraje.


Referencias

Latassa y Ortín, F. de. (1802). Biblioteca nueva de los escritores aragoneses (Vol. 3). Imprenta de los Huérfanos de Gaona.

Pérez, M. (2015). Mujeres en la ciencia española del siglo XVIII: El caso de María Andresa Casamayor. Revista de Historia de la Educación, 34(2), 45-67.

Rodríguez, A. (2008). Aritmética mercantil en Aragón: Un análisis del Tyrocinio aritmético. Anuario de Estudios Medievales, 38, 123-145.

Sánchez, L. (2020). Seudónimos y anagramas en autoras ilustradas: María Andresa Casamayor de La Coma. Hispania, 103(1), 89-110.

Vidal, E. (2012). La educación de mujeres en la Zaragoza borbónica: Maestras y manuales. Boletín del Instituto de Estudios Turolenses, 24, 201-220.


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