Entre murallas de piedra y catapultas cargadas de cadáveres, se gestaba una de las pandemias más devastadoras de la historia. La Peste Negra, que arrasaría Europa, tuvo su primer contacto con el continente durante el asedio de Caffa, cuando la guerra y la enfermedad se entrelazaron de manera mortal. ¿Cómo un conflicto medieval desencadenó la muerte de millones? ¿Fue la propagación de la plaga un acto intencional o una tragedia inevitable?
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📷 Imagen generada por DOLA AI para El Candelabro. © DR
El Asedio de Caffa y el Presunto Inicio de la Peste Negra en Europa
En el siglo XIV, las rutas comerciales que conectaban Asia con Europa facilitaban no solo el intercambio de bienes como seda y especias, sino también la propagación inadvertida de enfermedades devastadoras. La Peste Negra, una de las pandemias más letales de la historia, azotó Europa entre 1347 y 1351, causando la muerte de entre el 30% y el 50% de su población. Entre las narrativas históricas sobre su origen en el continente europeo destaca el asedio de Caffa, una colonia genovesa en Crimea, donde fuerzas de la Horda de Oro, sucesora del imperio mongol, supuestamente emplearon tácticas de guerra biológica al lanzar cadáveres infectados por las murallas. Esta historia, frecuentemente citada como el primer caso documentado de guerra biológica en la historia, ilustra los horrores de la guerra medieval y el impacto de las epidemias en los conflictos armados.
El contexto del asedio de Caffa se remonta a las tensiones comerciales y territoriales en el mar Negro. Los genoveses habían establecido en Caffa (actual Feodosia, en Crimea) un próspero enclave comercial desde el siglo XIII, gracias a acuerdos con los kanes mongoles. Esta ciudad fortificada servía como nodo clave en la Ruta de la Seda, conectando el Mediterráneo con Asia Central. Sin embargo, en la década de 1340, las relaciones se deterioraron debido a disputas comerciales y religiosas. En 1343, un conflicto entre mercaderes italianos y musulmanes locales escaló, llevando al kan Janibeg de la Horda de Oro a sitiar la ciudad. Aunque el primer asedio se levantó temporalmente, en 1345 las fuerzas mongolas regresaron con mayor determinación, bloqueando el acceso terrestre y sometiendo a los defensores a un prolongado cerco.
Durante este segundo asedio, una enfermedad misteriosa comenzó a diezmar al ejército atacante. Los síntomas descritos —hinchazón de ganglios, fiebre alta y manchas negras en la piel— coinciden con los de la peste bubónica, causada por la bacteria Yersinia pestis. Transmitida principalmente por pulgas infestadas en roedores, la plaga había estado circulando en Asia Central desde décadas anteriores, posiblemente originada en reservorios naturales en las estepas. El campamento mongol, con condiciones insalubres y alta densidad de tropas, se convirtió en un foco ideal para su propagación rápida. Miles de soldados perecieron, debilitando gravemente la capacidad ofensiva de Janibeg y forzándolo a considerar la retirada.
Aquí entra la narración más controvertida del episodio. Según el relato del notario italiano Gabriele de’ Mussi, escrito en 1348 en Piacenza, los mongoles, al verse afectados por la epidemia, decidieron utilizar los cadáveres de sus compañeros fallecidos como arma. Ordenaron cargarlos en catapultas y lanzarlos sobre las murallas de Caffa, con la intención de infectar a los defensores mediante el hedor intolerable y la corrupción de los cuerpos. De’ Mussi describe cómo los genoveses intentaron deshacerse de los cadáveres arrojándolos al mar, pero el mal ya se había introducido en la ciudad, causando muertes entre la población. Esta táctica, si ocurrió, representaría un intento deliberado de guerra biológica medieval, precursor de estrategias modernas en conflictos armados.
Los sobrevivientes genoveses, al ver levantado el asedio en 1347, huyeron en barcos hacia el Mediterráneo. Según la misma crónica, estas naves llegaron a puertos italianos como Messina en Sicilia, Génova y Venecia, llevando consigo la enfermedad. Desde allí, la Peste Negra se extendió rápidamente por Europa occidental, alcanzando Francia, Inglaterra y el norte del continente en los años siguientes. La pandemia no solo causó una mortalidad masiva, sino que transformó la sociedad europea: alteró estructuras económicas, debilitó el feudalismo, impulsó cambios laborales y generó persecuciones contra minorías acusadas de envenenar pozos. La conexión entre el asedio de Caffa y la llegada de la plaga a Italia ha sido popularizada como el momento en que la Peste Negra cruzó al continente europeo.
No obstante, la fiabilidad de esta narrativa requiere un examen crítico. El relato de Gabriele de’ Mussi es la fuente principal y prácticamente única para el episodio de los cadáveres catapultados. De’ Mussi no fue testigo presencial; su texto, titulado Historia de morbo, se basa en rumores y testimonios de segunda mano recogidos en Italia. Escrito en un contexto de pánico generalizado por la pandemia, incluye elementos dramáticos y teológicos, atribuyendo la plaga a la ira divina. Historiadores modernos señalan inconsistencias cronológicas: los barcos de Caffa habrían tardado meses en llegar a Italia, mientras que la plaga apareció simultáneamente en múltiples puertos mediterráneos, sugiriendo vectores múltiples independientes.
Además, estudios recientes sobre la transmisión de la Yersinia pestis cuestionan la efectividad de lanzar cadáveres como método de contagio masivo. La forma bubónica de la peste se propaga principalmente a través de pulgas vivas en roedores o mercancías, no directamente de cuerpos en descomposición, donde las pulgas mueren rápidamente. Aunque una variante neumónica podría transmitirse por vía aérea, no hay evidencia clara de su predominancia en Caffa. Investigaciones genéticas han trazado el origen de la cepa pandémica a reservorios en Asia Central, difundida a través de rutas comerciales terrestres y marítimas, especialmente el transporte de grano infestado de ratas desde el mar Negro. Así, aunque la plaga afectó tanto a sitiadores como sitiados, es probable que ya estuviera presente en Caffa antes del supuesto ataque biológico.
El concepto de guerra biológica en la Edad Media no era desconocido; ejemplos antiguos incluyen envenenar pozos o lanzar animales muertos. Sin embargo, el caso de Caffa destaca por su asociación con una pandemia global. Algunos eruditos aceptan la plausibilidad del acto, argumentando que los mongoles, expertos en guerra de asedio, podrían haber intentado explotar la epidemia por desesperación. Otros lo consideran una exageración o invención posterior, amplificada para explicar el origen divino o extranjero de la catástrofe.
Análisis arqueológicos y paleogenómicos confirman brotes previos en Europa y Asia, indicando que la Peste Negra fue parte de una segunda pandemia global, tras la Plaga de Justiniano en el siglo VI. A pesar de las dudas, la historia del asedio de Caffa perdura como símbolo de los peligros de las enfermedades en la guerra. Ilustra cómo los conflictos humanos pueden acelerar la difusión de patógenos, un tema relevante en discusiones contemporáneas sobre bioseguridad. La narrativa tradicional enfatiza el ingenio destructivo mongol y el rol de los mercaderes genoveses en la diseminación inadvertida. No obstante, la evidencia apunta a un proceso más complejo: la globalización medieval de rutas comerciales facilitó el salto de la plaga desde ecosistemas asiáticos a europeos, con Caffa como uno de varios puntos de entrada posibles.
Así pues, aunque el relato del lanzamiento de cadáveres infectados durante el asedio de Caffa en 1346 ofrece una explicación dramática para el inicio de la Peste Negra en Europa, el consenso académico actual lo considera legendario o secundario. La pandemia fue el resultado de interconexiones comerciales largas y la ecología de la Yersinia pestis, no de un único acto de guerra biológica. Esta perspectiva matizada enriquece nuestra comprensión de la historia medieval, recordándonos la importancia de fuentes críticas y evidencia científica.
La Peste Negra no solo diezmó poblaciones, sino que catalizó transformaciones profundas en Europa, desde avances médicos hasta cambios sociales, demostrando cómo las crisis sanitarias moldean el curso de la civilización.
Es importante hacer una salvedad final: aunque el relato del lanzamiento de cadáveres infectados durante el asedio de Caffa ha sido ampliamente difundido, no existe evidencia histórica concluyente que confirme de manera definitiva que este acto ocurriera tal como fue descrito. La principal fuente disponible es indirecta y fue escrita en un contexto de crisis y miedo generalizado. Por ello, este episodio debe entenderse con cautela, como una posibilidad histórica debatida y no como un hecho probado de forma irrefutable.
Referencias
Benedictow, O. J. (2004). The Black Death 1346-1353: The complete history. Boydell Press.
Green, M. H. (Ed.). (2014). Pandemic disease in the medieval world: Rethinking the Black Death. The Medieval Globe, 1(1).
Horrox, R. (Trans. & Ed.). (1994). The Black Death. Manchester University Press.
Wheelis, M. (2002). Biological warfare at the 1346 siege of Caffa. Emerging Infectious Diseases, 8(9), 971-974.
Barker, H. (2021). Laying the dead to rest: Plague, trade, and the problem of sources in late medieval Mediterranean history. Past & Present, 252(1), 3-42.
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