Entre prótesis que sustituyen órganos y algoritmos que imitan la mente, la identidad humana se vuelve un territorio inestable. El caso de Mr. Smith no es solo ciencia ficción, sino un espejo inquietante de nuestra era tecnológica, donde cuerpo, conciencia y propiedad se entrelazan. Si todo en nosotros puede ser reemplazado, ¿qué queda del yo? Y si lo humano es reconstruible, ¿dónde comienza su desaparición?
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La Ciborgización del Sujeto: Identidad, Corporalidad y Límites de lo Humano en «¿Existe Verdaderamente Mr. Smith?» de Stanisław Lem
Introducción: El Dilema Ontológico de la Era Tecnológica
La literatura de ciencia ficción ha servido históricamente como laboratorio filosófico para explorar las fronteras de la condición humana. En este contexto, el relato «¿Existe verdaderamente Mr. Smith?» (1957) del escritor polaco Stanisław Lem constituye un hito insoslayable en la reflexión sobre la ciborgización y los límites de la identidad personal. Publicado originalmente en polaco como Czy pan istnieje, Mr. Johns? y posteriormente traducido a múltiples idiomas, este texto breve condensa una interrogante que hoy resulta particularmente premonitoria: ¿hasta qué punto puede un organismo ser reemplazado por prótesis artificiales sin dejar de ser considerado humano?
La narrativa de Lem trasciende el mero ejercicio especulativo para adentrarse en territorios propios de la filosofía de la mente, la teoría de la identidad personal y la ética de la tecnología. El juicio judicial que enfrenta a la Cybernetics Company contra Harry Smith, piloto de carreras transformado progresivamente en entidad cibernética, no es únicamente un conflicto legal sobre la propiedad de los componentes implantados, sino una disputa ontológica fundamental sobre la naturaleza del ser humano en la era de la poshumanidad. La pregunta que articula el título no busca una respuesta biográfica simple, sino que interroga los cimientos mismos de nuestra comprensión de la persona, la conciencia y la autenticidad existencial.
Este ensayo propone una lectura crítica del relato lemiano que articule tres dimensiones fundamentales: en primer lugar, el análisis del cuerpo como locus de identidad en la tradición filosófica occidental; en segundo lugar, la problematización de la continuidad psicológica frente a la discontinuidad corporal; y finalmente, la exploración de las implicaciones éticas y jurídicas de la ciborgización radical. A través de este recorrido, se busca demostrar que el texto de Lem no anticipa únicamente los debates contemporáneos sobre transhumanismo e inteligencia artificial, sino que revela contradicciones estructurales inherentes a nuestra concepción moderna de la subjetividad.
Marco Teórico: Cuerpo, Mente y Continuidad en la Filosofía de la Identidad
La Tradición Cartesiana y el Dualismo Ontológico
Para comprender plenamente la radicalidad del experimento mental que propone Lem, resulta imperativo situarlo dentro del marco teórico que domina la filosofía occidental de la identidad personal. Desde Descartes, la tradición moderna ha operado bajo una premisa dualista que establece una distinción ontológica radical entre res cogitans y res extensa, entre la sustancia pensante y la corporalidad material. Esta separación ha generado lo que Maurice Merleau-Ponty denominaría posteriormente el “cuerpo objetivo”, aquel concebido como mero vehículo o prisión de la conciencia auténtica.
Sin embargo, la narrativa de Lem pone en cuestión precisamente esta dicotomía. Cuando Harry Smith ha perdido progresivamente sus extremidades, sus órganos internos, y finalmente incluso su cerebro biológico, la pregunta sobre su continuidad identitaria no puede resolverse mediante la mera apelación a la persistencia de un “alma” o “mente” abstracta. La solución cartesiana resulta insuficiente porque el propio relato sugiere que la conciencia de Smith ha sido transferida, duplicada o simulada mediante procesos cibernéticos. La continuidad psicológica, ese hilo conductor de memorias y experiencias que según John Locke constituiría la base de la identidad personal, se ve radicalmente desafiada cuando el sustrato material que la sostiene ha sido completamente reemplazado.
Teorías Contemporáneas de la Identidad Personal
El debate filosófico sobre la identidad personal ha evolucionado significativamente desde los planteamientos clásicos. Derek Parfit, en su influyente obra Razones y personas (1984), propuso una reformulación radical del problema al distinguir entre identidad numérica (ser el mismo individuo en sentido estricto) y continuidad psicológica (estar relacionado con un individuo pasado mediante conexiones causales apropiadas). Esta distinción resulta particularmente pertinente para el caso de Mr. Smith, pues su transformación cibernética puede interpretarse como una ruptura de la identidad numérica manteniendo, sin embargo, una continuidad psicológica funcional.
Por su parte, la teoría del “cuerpo vivido” desarrollada por fenomenólogos como Edmund Husserl y posteriormente Merleau-Ponty ofrece otra perspectiva crucial. Según esta tradición, la corporalidad no es un mero contenedor externo de la subjetividad, sino el medio a través del cual el mundo se manifiesta y constituye significado. El “cuerpo propio” (Leib) se distingue del cuerpo físico (Körper) por su capacidad de ser vivido desde dentro, de constituir el punto cero de toda orientación espacial y temporal. La pregunta que emerge entonces es si un cuerpo completamente artificial puede funcionar como Leib, si puede ser vivido con la misma inmediatez pre-reflexiva que caracteriza la experiencia corporal humana ordinaria.
Análisis del Relato: La Progresiva Deshumanización de Harry Smith
La Lógica del Reemplazo y el Umbral Ontológico
La estructura narrativa de «¿Existe verdaderamente Mr. Smith?» opera mediante una escalada gradual que permite al lector acompañar el proceso de transformación del protagonista sin que este resulte inicialmente traumático. Los accidentes sucesivos que sufren los pilotos de carreras en el universo del relato justifican racionalmente cada intervención quirúrgica, cada reemplazo de órgano dañado por su equivalente mecánico superior. Esta progresividad es fundamental desde el punto de vista argumentativo, pues evita la objeción intuitiva que surgiría ante una transformación instantánea y total.
Lem utiliza esta estructura para forzar al lector a confrontar la arbitrariedad de los criterios que habitualmente empleamos para adjudicar humanidad. Si aceptamos que un paciente con un corazón artificial sigue siendo plenamente humano, ¿por qué dudar cuando se trata de un cerebro artificial que replica perfectamente las funciones cognitivas del original? El relato despliega lo que los filósofos de la tecnología denominan el “argumento de la ladera resbaladiza” en sentido inverso: no para advertir sobre consecuencias negativas, sino para revelar que no existe un punto natural donde trazar la línea entre humano y no-humano, entre auténtico y artificial.
El juicio que centra la trama constituye el dispositivo narrativo perfecto para exponer estas tensiones. La Cybernetics Company argumenta que, dado que cada componente de Smith es propiedad de la corporación, el conjunto resultante también les pertenece. La defensa, por su parte, apela a la continuidad de la conciencia, a la persistencia de la persona moral y jurídica más allá de la substitución material. El tribunal se ve forzado a legislar sobre una ontología que la tradición jurídica occidental, fundada en la premisa del cuerpo propio inalienable, no está preparada para procesar.
La Simulación de la Conciencia y el Problema de la Qualia
Un aspecto particularmente sofisticado del relato es su tratamiento de la conciencia como fenómeno potencialmente replicable. Cuando el cerebro biológico de Smith es finalmente reemplazado por su equivalente electrónico, la pregunta ya no concierne únicamente a la continuidad física o funcional, sino a la autenticidad de la experiencia subjetiva. Los filósofos de la mente distinguen entre los aspectos funcionales de la cognición (procesamiento de información, toma de decisiones, memoria) y la dimensión cualitativa de la experiencia consciente, los denominados “qualia”: la sensación particular del rojo, el dolor, la alegría.
El texto de Lem anticipa lo que David Chalmers identificaría décadas después como el “problema difícil de la conciencia”: la explicación de por qué y cóco los procesos físicos dan lugar a experiencias subjetivas. Si el cerebro artificial de Smith replica perfectamente las funciones del cerebro biológico, ¿genera también experiencias consciente genuinas o se trata de una sofisticada simulación sin “interioridad”? La pregunta es especialmente inquietante porque, desde la perspectoria de tercera persona (la del observador externo), no existe criterio empírico para distinguir ambos casos. Smith declara tener experiencias, memorias, emociones, pero ¿cómo verificar la autenticidad de tales declaraciones cuando el sustrato que las produce es artificial?
Esta problemática conecta directamente con los debates contemporáneos sobre inteligencia artificial fuerte y la posibilidad de máquinas conscientes. El “test de Turing” propuesto por Alan Turing en 1950, apenas siete años antes de la publicación del relato de Lem, establecía que si una máquina es indistinguible de un humano en conversación, debe considerarse pensante. Sin embargo, el relato polaco va más allá al sugerir que incluso superando el test de Turing, incluso siendo indistinguible para sí mismo, la cuestión de la “existencia verdadera” permanece abierta. La pregunta del título no es epistemológica (¿podemos saber que Smith existe?) sino ontológica (¿existe realmente como sujeto?).
Contextualización Histórica: La Ciberética de Posguerra y el Humanismo en Crisis
El Entorno Intelectual de la Europa Oriental
La fecha de publicación del relato, 1957, no es casual ni irrelevante para su interpretación. Situado en el contexto de la Guerra Fría, en la Polonia comunista de la posguerra, el texto de Lem emerge en un momento de intensa reflexión sobre los límites del racionalismo científico y las utopías tecnológicas. A diferencia de la ciencia ficción occidental de la época, frecuentemente optimista respecto al progreso tecnológico, la obra de Lem está imbuida de un escepticismo profundo sobre las promesas de la modernidad.
El ciberética, disciplina fundada por Norbert Wiener en la década de 1940, había popularizado la idea de que los organismos vivos y las máquinas podían analizarse mediante principios unificados de control y comunicación. Esta perspectiva, revolucionaria en su momento, implicaba una cierta “desacralización” del cuerpo humano, su reducción a un sistema de procesamiento de información susceptible de mejora técnica. Lem, formado en medicina y profundamente versado en filosofía, asumía estas premisas científicas pero las llevaba a sus últimas consecuencias lógicas, revelando los abismos conceptuales que abrían.
El contexto político específico de la Europa del Este añade otra capa de significación. En un régimen que proclamaba la posibilidad de reconfigurar radicalmente la naturaleza humana mediante la transformación de las estructuras sociales, la pregunta por los límites inalterables de la condición humana adquiría resonancias particularmente incómodas. La ciborgización de Smith puede leerse metafóricamente como la experiencia del sujeto soviético, progresivamente desposeído de su individualidad, reemplazado por componentes ideológicos externos, manteniendo sin embargo la apariencia de autonomía personal.
La Tradición del Gótico Tecnológico
Desde una perspectiva literaria, el relato de Lem participa de lo que posteriormente se denominaría el “gótico tecnológico”, subgénero que transfiere las ansiedades tradicionales del horror romántico (la monstruosidad, la pérdida de identidad, la transgresión de límites naturales) al registro de la tecnología moderna. Sin embargo, a diferencia de narrativas como Frankenstein de Mary Shelley, donde la criatura artificial permanece claramente diferenciada de su creador, en el texto de Lem la alteridad tecnológica coloniza el interior mismo del sujeto.
Esta diferencia es crucial: mientras el monstruo de Shelley representa la amenaza externa, el Otro radical que confronta la humanidad, Smith representa la disolución de la frontera entre self y other. La tecnología no es un aditamento externo sino una sustitución interna, no una prótesis que extiende las capacidades humanas sino un reemplazo que pone en cuestión la naturaleza de esas capacidades. En este sentido, el relato anticipa las reflexiones de Bernard Stiegler sobre la “tecnología como pharmakon”, simultáneamente remedio y veneno, condición de posibilidad y amenaza a la autenticidad humana.
Problematización Analítica: Los Límites de los Criterios Tradicionales
La Insuficiencia del Criterio Biológico
Frente al dilema planteado por Lem, la primera respuesta intuitiva suele apelar al criterio biológico de humanidad: un ser es humano en la medida en que pertenece a la especie Homo sapiens, comparte nuestra herencia genética y nuestra constitución orgánica. Sin embargo, este criterio resulta problemático por múltiples razones. En primer lugar, es esencialista y circular: define lo humano por sus características biológicas sin poder justificar por qué esas características específicas son constitutivas de la dignidad moral y la personaridad jurídica.
Además, el criterio biológico excluiría no solo a Smith sino a futuras formas de inteligencia artificial que pudieran desarrollar capacidades morales y cognitivas equivalentes o superiores a las humanas. Si concedemos que la pertenencia a una especie particular no es en sí misma garantía de derechos morales (pues no concedemos tales derechos a otras especies biológicas), entonces debemos buscar criterios funcionales o capacitativos. Pero una vez que adoptamos criterios funcionales, el sustrato biológico pierde su relevancia ontológica fundamental, abriendo la puerta precisamente a la inclusión de entidades artificiales como Smith.
El relato de Lem fuerza esta tensión al presentar un caso límite donde la funcionalidad está preservada (Smith sigue pilotando, conversando, recordando, sintiendo aparentemente) pero el sustrato ha cambiado radicalmente. La respuesta biológica pura resulta insatisfactoria porque no puede explicar por qué un corazón artificial no compromete la humanidad del paciente mientras que un cerebro artificial sí lo haría, salvo recurriendo a una vaguedad sobre la “esencia” de los diferentes órganos.
El Criterio Psicológico y el Problema de la Autenticidad
La alternativa natural es el criterio psicológico: un ser es persona en la medida en que posee ciertas capacidades mentales (autoconciencia, racionalidad, capacidad de sufrir, memoria autobiográfica). Este enfoque, defendido por filósofos como Peter Singer o Martha Nussbaum, tiene la ventaja de ser inclusivo respecto a entidades no biológicas que cumplan los requisitos funcionales. Sin embargo, enfrenta dificultades específicas en el caso de Smith.
La primera dificultad es epistemológica: ¿cómo sabemos que los estados mentales atribuidos a Smith son genuinos y no simulados? En la tradición filosófica, este problema se conoce como el de la “zombie filosófica”, el ser físicamente idéntico a un humano pero carente de experiencia subjetiva interna. Si el cerebro de Smith es un sofisticado simulador de procesos neuronales, podría reproducir todo el comportamiento sin acompañamiento consciente. Desde fuera, la distinción es imposible; desde dentro, solo Smith podría atestiguarla, pero su testimonio es precisamente lo que está en cuestión.
La segunda dificultad es más profunda y concierne a la noción de autenticidad. Incluso concediendo que Smith tiene experiencias conscientes genuinas, ¿son sus experiencias en el sentido relevante para la identidad personal? Cuando la Cybernetics Company argumenta que ha “construido” la conciencia actual de Smith mediante sus componentes, sugiere que se trata de una creación ex novo más que de una continuación de la persona original. Aquí emerge el problema de la “memoria quase”: si implantamos memorias artificiales indistinguibles de las reales, ¿constituyen genuinamente la identidad del sujeto o son simulacros que engañan tanto al observador como al propio sujeto?
Implicaciones Éticas y Jurídicas: Hacia una Ontología Posthumana
La Desconstrucción de la Propiedad Corporal
El conflicto legal que articula el relato revela la inadecuación de las categorías jurídicas modernas para procesar la ciborgización radical. El derecho occidental se fundamenta en la distinción entre persona y cosa, entre sujeto de derechos y objeto de propiedad. El cuerpo humano, aunque material, nunca ha sido considerado propiamente propiedad en el sentido de bien alienable; constituye la condición de posibilidad misma de la personaridad.
Sin embargo, el caso de Smith desestabiliza esta fundación. Si cada órgano reemplazado es propiedad de la Cybernetics Company, y si finalmente el conjunto integrado sigue siendo propiedad de la corporación, entonces Smith ha sido convertido en cosa sin que mediara un momento claramente identificable de transformación. La lógica contractual y propietaria, aplicada consistentemente, disuelve la personaridad misma. Lem anticipa aquí los debates contemporáneos sobre la “proprietarización” del cuerpo en la era de la biotecnología, donde patentes genéticas y derechos sobre datos biométricos cuestionan la autonomía del sujeto sobre su propia corporalidad.
La solución que insinúa el relato, sin explicitarla completamente, apunta hacia una reconceptualización de la propiedad y la personaridad. Si aceptamos que la identidad no reside en la materia sino en la organización, en los patrones de información y procesamiento que persisten más allá del cambio material, entonces la propiedad sobre los componentes no implica necesariamente la propiedad sobre la persona integrada. Esta perspectiva, cercana a la teoría de la “mente extendida” propuesta por Andy Clark y David Chalmers, sugiere que la persona es un sistema híbrido que trasciende la dicotomía natural/artificial.
Hacia una Ética de la Hibridación
Más allá de las implicaciones jurídicas específicas, el relato de Lem invita a desarrollar una ética capaz de orientar la transformación tecnológica del ser humano. El transhumanismo contemporáneo, representado por pensadores como Nick Bostrom o David Pearce, aboga activamente por el uso de la tecnología para superar las limitaciones biológicas de la condición humana. Desde esta perspectiva, Smith no es una víctima sino un pionero, el primer ejemplar de una humanidad mejorada y liberada de sus ataduras orgánicas.
Sin embargo, el texto de Lem introduce una nota de cautela esencial. La transformación de Smith no es fruto de una elección autónoma y reflexiva, sino el resultado acumulativo de circunstancias (accidentes, necesidades médicas, presiones económicas). La “mejora” se presenta como solución a problemas, no como proyecto existencial deliberado. Esta distinción es crucial: la ética de la mejora humana debe distinguir entre la restauración de funciones, la curación de dolencias, y la alteración radical de la naturaleza humana. El relato sugiere que cuando la segunda se convierte en medio de la primera, perdemos la capacidad de trazar límites coherentes.
La cuestión final no es técnica sino valorativa: ¿qué aspectos de la condición humana son dignos de preservación incluso ante la posibilidad de su mejora técnica? La finitud, la vulnerabilidad, la corporalidad compartida con otros animales, la historia individual escrita en el cuerpo que envejece y se deteriora: todo ello constituye el horizonte de significado dentro del cual la existencia humana adquiere sentido. La ciborgización radical, al eliminar estos rasgos, podría representar no una superación sino una pérdida, no una evolución sino una extinción disfrazada de progreso.
Conclusión: La Pregunta que Permanece
«¿Existe verdaderamente Mr. Smith?» no ofrece respuestas definitivas porque su objetivo no es resolver el enigma sino revelar la profundidad de nuestra ignorancia respecto a la naturaleza de la identidad personal. El relato de Lem funciona como espejo cóncavo que concentra las tensiones inherentes a la modernidad tecnológica: la promesa de control absoluto sobre la naturaleza humana coexiste con la amenaza de disolución de la autonomía del sujeto; la ampliación de capacidades mediante la tecnología coincide con la alienación respecto a la propia corporalidad.
La lectura propuesta en este ensayo ha intentado demostrar que la fuerza del texto lemiano reside precisamente en su capacidad para mantener abierta la interrogante fundamental sin recurrir a soluciones simplificadoras. Ni la reivindicación ingenua de la “humanidad” como esencia inmutable ni el entusiasmo transhumanista por la fusión hombre-máquina logran agotar la complejidad del problema. Smith existe y no existe simultáneamente: existe como entidad funcional, como nodo en redes sociales y legales, como sujeto de experiencias aparentemente genuinas; pero deja de existir como instancia de autonomía radical, como cuerpo propio inalienable, como expresión de una naturaleza humana compartida.
La relevancia contemporánea del relato resulta innegable en un momento histórico donde los avances en neurotecnología, interfaces cerebro-computadora e inteligencia artificial hacen plausible lo que en 1957 era pura especulación. Los “neurorights” propuestos por la UNESCO, los debates sobre la identidad digital, las implicaciones éticas de los implantes cerebrales de empresas como Neuralink: todo ello son variaciones sobre el tema central que Lem articuló con lucidez profética. La pregunta por Mr. Smith es finalmente la pregunta por nosotros mismos, por el tipo de seres que queremos ser en una era donde la tecnología promete transformar radicalmente las condiciones de la existencia humana.
La contribución específica de la literatura de Lem, y de la ciencia ficción filosófica en general, consiste en permitirnos experimentar mentalmente estas transformaciones antes de que se produzcan materialmente. Al habitar imaginativamente el caso límite, podemos clarificar nuestras intuiciones, identificar nuestros compromisos valorativos fundamentales y prepararnos para los dilemas que nos aguardan. El ensayo filosófico y el relato literario convergen en esta función esencial: no proporcionar certezas donde no las hay, sino desarrollar la sensibilidad conceptual necesaria para navegar la incertidumbre con rigor y lucidez.
Finalmente, la lectura del relato sugiere que la autenticidad de la existencia humana no puede fundarse ni en la pureza biológica ni en la funcionalidad abstracta, sino en una relación dialéctica entre ambas dimensiones. Somos seres corporales cuya corporalidad está siempre ya mediada por tecnologías, lenguajes e instituciones; pero somos también seres capaces de reflexionar sobre estas mediaciones, de resistir a su totalización, de reclamar un espacio de autonomía frente a la instrumentalización completa. Smith, en su condición de ciborg judicializado, representa la figura del hombre moderno llevada al extremo: completamente construido por fuerzas ajenas y, sin embargo, insistente en su demanda de reconocimiento como sujeto. Que exista o no “verdaderamente” depende finalmente no de sus componentes s de nuestra capacidad colectiva para mantener viva la pregunta, para no dejar que la respuesta sea determinada unilateralmente por la lógica tecnológica o mercantil.
En última instancia, la existencia de Mr. Smith es nuestra responsabilidad. Su humanidad será tal como la definamos, y esta definición, inevitablemente provisional y negociada, constituirá el horizonte dentro del cual se jugará el sentido de nuestra propia humanidad en los siglos venideros. La obra de Lem permanece como advertencia y como invitación: advertencia contra la complacencia tecnológica que asume que más capacidad equivale a mejor existencia; invitación a mantener abierto el espacio de la pregunta filosófica frente a las respuestas apresuradas de la ingeniería y el mercado. En ese espacio de interrogación reside, quizás, lo único verdaderamente humano que nos queda.
Referencias
Clark, A., & Chalmers, D. (1998). The extended mind. Analysis, 58(1), 7-19.
Hayles, N. K. (1999). How we became posthuman: Virtual bodies in cybernetics, literature, and informatics. University of Chicago Press.
Lem, S. (1957). Czy pan istnieje, Mr. Johns? [¿Existe verdaderamente Mr. Smith?]. En Bajki robotów [Fábulas de robots]. Iskry.
Parfit, D. (1984). Reasons and persons. Oxford University Press.
Wiener, N. (1948). Cybernetics: Or control and communication in the animal and the machine. MIT Press.
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