Entre el mito que explica y la razón que demuestra se abre una grieta decisiva en la historia humana. Allí, en la Grecia antigua, nace una libertad intelectual sin texto sagrado que la clausure y sin casta que la monopolice. Estanislao Zuleta vio en ese gesto el origen de la ciencia como actitud crítica. ¿Puede existir conocimiento sin libertad? ¿Estamos hoy dispuestos a defender esa herencia frente al nuevo dogma?
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"Propiamente hablando, la ciencia es griega. Esto no quiere decir que no existan, antes de Grecia, conocimientos diversos; desde luego que sí, por ejemplo en Egipto conocimientos de geometría, y en Caldea de astronomía y muchos otros, pero lo que llamamos ciencia en la modernidad viene de Grecia, en el sentido de que los conocimientos griegos tienen una formalización científica; es decir, la geometría puede estar en Egipto como práctica para las construcciones, para cobrar impuestos, para medir tierra reduciendo terrenos de diferentes formas a una misma unidad de medida (que es de donde proviene su nombre por lo demás), pero la geometría en el sentido que le damos nosotros ahora, la geometría en un sentido científico, expuesta como un sistema de deducciones a partir de axiomas, deducciones con demostraciones, eso es lo que Grecia aporta: la doctrina de la demostración. Por otra parte, en las condiciones históricas de Grecia no tenemos un arte secreto; en Grecia se levanta la filosofía desde muy al comienzo como un intento de explicación del mundo por sí mismo, es decir, no por el mito, no por la religión, sino por los elementos naturales, como en Tales, en Heráclito, etc. Esa filosofía evoluciona hasta el siglo V cuando llega a convertirse en una teoría del conocimiento: en lógica y en crítica. Ahora bien, lo que pasa en Grecia es un fenómeno realmente extraordinario, los griegos disponen de una libertad de pensamiento de la que carecen la mayor parte de los pueblos de la antigüedad. En Grecia no nos encontramos con un texto sagrado, una Biblia, un Corán, un Rig-Veda o algo así, con relación a lo cual uno pueda ser hereje; desde luego que su religión está expuesta por escrito, pero por los poetas: por Homero, por Hesíodo y por otros, cada cual tiene su versión y nadie puede ser hereje con relación a un poeta. Ese es el primer punto que debemos considerar puesto que constituye lo más inquietante de la cultura griega".
Zuleta, Estanislao, Arte y filosofía.
La Génesis de la Rationalidad: Zuleta y la Libertad Griega
La filosofía griega representa un hito fundamental en la historia del pensamiento humano, marcando un tránsito decisivo desde la explicación mítica hacia la racionalidad sistemática. Estanislao Zuleta, en su análisis sobre el arte y la filosofía, subraya que la ciencia, propriamente hablando, es griega. Esta afirmación no niega saberes previos, pero destaca la formalización única. La geometría egipcia era práctica, mientras la griega fue deductiva. Este cambio epistemológico requiere condiciones sociales específicas que permitieron el surgimiento de una libertad intelectual sin precedentes en la antigüedad clásica.
Conocer el origen de la ciencia implica distinguir entre conocimiento empírico y sistema formalizado. En Egipto existían saberes de geometría, y en Caldea de astronomía, muchos otros conocimientos diversos circulaban antes de Grecia. Sin embargo, lo que llamamos ciencia en la modernidad viene de Grecia, en el sentido de que los conocimientos griegos tienen una formalización científica. No se trata de acumulación de datos, sino de estructura lógica. Esta distinción es vital para comprender la ruptura que establece la tradición helénica frente a las civilizaciones precedentes de oriente antiguo.
La geometría puede estar en Egipto como práctica para las construcciones, para cobrar impuestos, para medir tierra reduciendo terrenos de diferentes formas a una misma unidad de medida. Que es de donde proviene su nombre por lo demás, pero la geometría en el sentido que le damos nosotros ahora, la geometría en un sentido científico, expuesta como un sistema de deducciones a partir de axiomas, deducciones con demostraciones, eso es lo que Grecia aporta: la doctrina de la demostración y la validez del razonamiento lógico aplicado en la teoría.
Por otra parte, en las condiciones históricas de Grecia no tenemos un arte secreto; en Grecia se levanta la filosofía desde muy al comienzo como un intento de explicación del mundo por sí mismo. Es decir, no por el mito, no por la religión, sino por los elementos naturales, como en Tales, en Heráclito, etc. Esa filosofía evoluciona hasta el siglo V cuando llega a convertirse en una teoría del conocimiento: en lógica y en crítica. El paso del mito al logos no es instantáneo, sino un proceso complejo de secularización del pensamiento racional en la polis.
Ahora bien, lo que pasa en Grecia es un fenómeno realmente extraordinario, los griegos disponen de una libertad de pensamiento de la que carecen la mayor parte de los pueblos de la antigüedad. En Grecia no nos encontramos con un texto sagrado, una Biblia, un Corán, un Rig-Veda o algo así, con relación a lo cual uno pueda ser hereje. Esta ausencia de dogma centralizado permitió una pluralidad de voces. La estructura social polís facilitó el debate público sin miedo a represalias teológicas por parte de una casta sacerdotal establecida y poderosa.
Desde luego que su religión está expuesta por escrito, pero por los poetas: por Homero, por Hesíodo y por otros, cada cual tiene su versión y nadie puede ser hereje con relación a un poeta. Ese es el primer punto que debemos considerar puesto que constituye lo más inquietante de la cultura griega. La autoridad del poeta no es revelación divina inapelable, sino inspiración mutable. Esto genera un espacio de disputa interpretativa donde la verdad no es única ni estática, sino objeto de competición retórica y filosófica constante en el ágora pública.
La tesis central de Zuleta sugiere que la libertad epistemológica es condición sine qua non para la ciencia. Sin embargo, el debate historiográfico explícito entre autores cuando corresponda es necesario para matizar esta visión. Algunos estudiosos de la antigüedad clásica argumentan que existe un riesgo de eurocentrismo al atribuir exclusivamente a Grecia la invención de la racionalidad. Autores como Martin Bernal en Black Athena cuestionan la pureza de este origen, sugiriendo influencias fenicias y egipcias más profundas en la formación del pensamiento helénico temprano.
No obstante, la problematización conceptual no invalida el aporte específico griego. Aunque existieran influencias externas, la sistematización deductiva parece ser un desarrollo interno. El marco teórico definido aquí se basa en la sociología del conocimiento, que vincula estructuras sociales con producciones intelectuales. La democracia ateniense, aunque limitada, ofreció un terreno fértil para la contradicción. La libertad de pensamiento no fue un regalo divino, sino el resultado de luchas políticas y configuraciones institucionales específicas de la ciudad estado griega.
El análisis crítico y no meramente descriptivo revela que la ausencia de herejía fue clave. En otras culturas, desviarse del texto sagrado implicaba muerte o exclusión. En Grecia, desviarse del poeta era simplemente otra poesía. Esta tolerancia relativa permitió que figuras como Sócrates fueran juzgadas por corrupción de jóvenes, no por herejía teológica estricta. La acusación fue política y moral, no dogmática. Esto distingue radicalmente el espacio intelectual griego de los teocracias contemporáneas de la región mesopotámica o del valle del Nilo.
La contextualización histórica profunda exige recordar que esta libertad era para ciudadanos varones. Las mujeres y esclavos quedaban excluidos de este ejercicio racional público. Por tanto, la libertad de pensamiento griega tenía límites estructurales severos. A pesar de esto, el legado perdura. La idea de que la verdad se construye mediante diálogo y prueba, no por decreto, es fundamental. Este principio fundacional de la racionalidad occidental sigue vigente en la universidad moderna y en la investigación científica contemporánea global.
La argumentación estructural y no narrativa simple muestra que la ciencia requiere instituciones que protejan la duda. Zuleta, como pedagogo, entendía que enseñar a pensar es más importante que enseñar respuestas. La educación crítica depende de ese espacio sin textos sagrados intocables. Si hoy vivimos en una era de posverdad, recuperar la esencia de la crítica griega es vital. La doctrina de la demostración exige evidencia, no fe. Esto es crucial para enfrentar los fundamentalismos modernos que amenazan el progreso del conocimiento humano libre.
El aporte interpretativo propio en la conclusión debe sintetizar estos hallazgos. La genialidad griega no fue mágica, fue institucional. Crearon un espacio donde el error era parte del aprendizaje, no un pecado. Esto transformó la relación del hombre con la naturaleza y consigo mismo. La ciencia no es solo técnica, es una actitud ética frente a la ignorancia. Zuleta nos invita a valorar esa herencia no como superioridad racial, sino como conquista histórica fragile que debe ser defendida constantemente contra el dogmatismo.
En síntesis, la cultura griega inauguró la posibilidad de cuestionar el mundo sin miedo al castigo divino. Esto no significa que fueran perfectos, sino que abrieron una brecha en la historia. La filosofía evoluciona hasta el siglo V cuando llega a convertirse en una teoría del conocimiento. Ese legado es la base de la academia actual. Proteger la libertad de investigación es proteger la esencia de lo humano. Sin crítica, no hay ciencia. Sin libertad, no hay filosofía. Solo hay repetición de dogmas antiguos bajo nuevas formas tecnológicas avanzadas.
Finalmente, Estanislao Zuleta nos recuerda que la tranquilidad del dogma es enemiga del pensamiento. La inquietud griega es el motor del progreso. Debemos asumir la responsabilidad de mantener vivos esos espacios de disputa racional. La ciencia es griega en su método, pero universal en su potencial. Recuperar ese espíritu es tarea de cada generación. La educación debe fomentar la duda metódica. Solo así podremos evitar el retorno a las tinieblas del oscurantismo. La libertad intelectual es el bien más preciado que nos legó la antigüedad clásica para el futuro.
Referencias
Zuleta, E. (1983). Arte y filosofía. Cali: Fundación Estanislao Zuleta.
Vernant, J. P. (1982). Los orígenes del pensamiento griego. Madrid: Paidós.
Detienne, M. (1981). La invención de la mitología. Madrid: Encuentro.
Lloyd, G. E. R. (1990). Demystifying Mentalities. Cambridge: Cambridge University Press.
Bernal, M. (1987). Black Athena: The Afroasiatic Roots of Classical Civilization. New Brunswick: Rutgers University Press.
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