Entre el ruido de un mundo que exige claridad inmediata y la opacidad fértil del lenguaje, la poesía de Mario Montalbetti se instala como una grieta crítica que desarma el sentido y lo empuja hacia el sinsentido. Lejos de comunicar, el poema interroga, desestabiliza y resiste la lógica mercantil que todo lo traduce en valor. ¿Puede el lenguaje aún pensar fuera del significado? ¿Es la poesía el último territorio de resistencia?
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«Hay poetas que todavía confían mucho en que el lenguaje sirve para comunicarnos. Tal vez lo haga o tal vez no. A mí no me interesa la poesía que alude a la transmisión de ciertos contenidos puramente semánticos, sino la que examina realmente las posibilidades y bordes del lenguaje, la que se vuelve peligrosa»,
«El poema piensa y produce pensamientos. Es cierto que no son los pensamientos de la ciencia, ni pensamientos que pretenden encontrar sentido a un mundo que no lo tiene.
Se trata de encontrarle el sinsentido al sentido».
«La poesía se rompe si se aleja mucho de la música. Si el poeta debe tener algo es oído. Si no tienes oído, entonces no puedes escribir poemas
[Sobre lo «performático», con poesía leída sobre un escenario, con música, luces y «toda esa serie de suertes»]:
«Muchas veces se abusa demasiado de todos esos elementos extrapoéticos, de la misma manera que se abusa demasiado del significado, de encontrar una relación semántica».
«Poema es, ante todo, resistencia, porque es de las pocas cosas que todavía no se rinde a convertir todo en mercancía. Las cosas se pueden comprar o vender. Inclusive Gaza, que no es solo una crisis humanitaria, sino que para el gran capital es una oportunidad de inversión»
Mario Montalbetti
Poeta peruano
El lenguaje en vilo: Mario Montalbetti y la poética del sinsentido frente a la mercantilización del mundo
Introducción: La poesía como acto de resistencia lingüística
La poesía contemporánea enfrenta una encrucijada fundamental que el poeta y lingüista peruano Mario Montalbetti ha sabido diagnosticar con precisión quirúrgica: ¿debe el poema servir como vehículo de comunicación semántica o constituirse como un espacio de interrogación radical sobre los límites y posibilidades del lenguaje? Esta pregunta, lejos de ser meramente retórica, define el campo de batalla donde se dirime la función del arte poético en un mundo regido por la lógica del intercambio mercantil y la transparencia comunicativa. Para Montalbetti, la poesía contemporánea se sitúa precisamente en ese borde peligroso donde el lenguaje deja de ser herramienta y se convierte en objeto de examen.
La obra teórica y poética de Montalbetti, desarrollada a lo largo de más de cuatro décadas, constituye uno de los esfuerzos más sistemáticos por repensar la naturaleza del lenguaje poético desde una perspectiva que integra la lingüística, el psicoanálisis y la filosofía. Formado en el Massachusetts Institute of Technology bajo la dirección de Noam Chomsky, Montalbetti ha construido un pensamiento singular que rechaza la comprensión instrumental del lenguaje para proponer una visión donde el poema opera como un artefacto que desestabiliza nuestras certezas semánticas y abre espacios para un pensamiento que no busca el sentido sino el sinsentido del sentido .
Este ensayo se propone analizar las coordenadas fundamentales del pensamiento montalbettiano sobre la poesía, organizando la exposición en cuatro ejes: la distinción crucial entre lengua y lenguaje, la relación entre poema y pensamiento, la dimensión musical como condición de posibilidad del hecho poético, y finalmente, la comprensión del poema como acto de resistencia frente a la mercantilización generalizada de la experiencia humana. A través de este recorrido, se iluminará una de las propuestas teóricas más originales sobre el significado en la poesía que se han formulado en el ámbito hispanoamericano reciente.
Lengua y lenguaje: Una distinción fundante
Para comprender cabalmente la propuesta de Montalbetti sobre la teoría del lenguaje poético, resulta indispensable atender a una distinción conceptual que recorre toda su obra: la diferencia entre lengua y lenguaje. Esta diferenciación, que el autor peruano ha desarrollado tanto en sus ensayos como en entrevistas, constituye el fundamento sobre el cual se edifica su comprensión del fenómeno poético y su crítica a las concepciones comunicativas de la poesía .
La lengua, en la formulación montalbettiana, es un objeto histórico creado por seres humanos a partir de hábitos, usos, convenciones y autoridades normativas como academias y diccionarios. Se trata de una construcción que evoluciona con el tiempo, que cambia sus formas y registros, que está sujeta a regulaciones gramaticales y a determinaciones culturales. El castellano, el aimara o el francés son ejemplos de lenguas: sistemas históricos que los hablantes utilizan para comunicarse, para transmitir contenidos semánticos, para establecer intercambios sociales .
El lenguaje, en cambio, pertenece a un orden radicalmente distinto. Montalbetti lo define como un objeto biológico: aquellas condiciones abstractas, formales y universales que posibilitan que las lenguas históricas se constituyan como tales. El lenguaje no ha mutado desde la aparición del Homo sapiens hace aproximadamente doscientos mil años; constituye una capacidad biológica de la especie que impone sobre las lenguas ciertas determinaciones estructurales que son independientes de las variaciones históricas y culturales .
Esta distinción tiene consecuencias decisivas para pensar la función del poema en la lingüística moderna. Cuando Montalbetti afirma que los poetas arremeten contra los límites del lenguaje, es preciso entender que en realidad lo hacen contra los límites de la lengua como objeto histórico, lo cual es relativamente sencillo e incluso lo practican los niños en su habla cotidiana. Sin embargo, alcanzar los límites del lenguaje en sentido estricto —es decir, del lenguaje como objeto biológico— constituye una tarea considerablemente más ardua, reservada quizás solo a algunos poetas excepcionales .
El poema opera, desde esta perspectiva, como un artefacto que señala los bordes de la lengua, que suspende su funcionamiento habitual y que expone la fragilidad de las convenciones que sostienen nuestra confianza en la comunicación transparente. Como ha señalado Montalbetti en múltiples ocasiones, “el poema siempre habla sobre el lenguaje”, incluso cuando aborda temas políticos, amorosos o religiosos . Esta reflexividad constitutiva del hecho poético implica que el poema no representa la realidad ni dice algo sobre el mundo exterior, sino que examina las condiciones mismas de la significación.
La reflexividad del lenguaje poético se manifiesta precisamente en ese desfase que el poema introduce entre el significante y el significado, entre el sonido y el concepto, entre lo que las palabras prometen y lo que efectivamente entregan. Frente a la ficción del signo saussureano —esa imagen de un significante que calza perfectamente con un significado como dos mitades de una cáscara de huevo—, Montalbetti sostiene que en el poema esa correspondencia se quiebra, se vuelve problemática, se revela como lo que siempre ha sido: una construcción contingente y no una necesidad natural .
El poema piensa: Más allá de la comunicación semántica
Una de las tesis más provocadoras del pensamiento montalbettiano sostiene que el poema no comunica contenidos semánticos sino que produce un tipo específico de pensamiento. Esta afirmación, que podría parecer paradójica si se asume que todo uso del lenguaje implica comunicación, adquiere su sentido pleno cuando se la sitúa en el marco de la distinción entre lengua y lenguaje previamente establecida. El pensamiento poético no es el pensamiento de la ciencia ni aquel que busca encontrar sentido a un mundo que carece de él; se trata, en la formulación precisa del autor, de “encontrarle el sinsentido al sentido” .
En su libro Cajas (2012), Montalbetti desarrolla una teoría del sentido que resulta fundamental para comprender esta propuesta. A partir de la metáfora del lenguaje como una caja, distingue tres dimensiones: la caja tridimensional (3D), cerrada y opaca, que promete guardar en su interior un objeto que no está a la vista —lo que denomina “objeto de la promesa”—; la caja bidimensional (2D), desplegada, donde el objeto de la promesa está afuera; y finalmente la caja unidimensional (1D), que ilustra mediante la imagen de una flecha y que corresponde al sentido propiamente dicho .
El sentido, en esta concepción, no es el significado sino la dirección. La caja 1D no tiene adentro ni afuera, no tiene significado ni referencia: es ella misma el objeto de la promesa. La promesa del sentido no es una promesa de significado sino de “significable”, es decir, de la expansión que se desarrolla en una dirección determinada . El poema, como obra de arte verbal, se sitúa precisamente en esta dimensión del sentido: no clausura la cadena significante en un significado fijo sino que mantiene abierta la posibilidad de desplazamiento, de deriva, de fuga.
La producción de pensamiento en el poema ocurre allí donde la significación se suspende o, más exactamente, donde el pensamiento desborda la significación. Montalbetti lo formula con claridad meridiana: “El poema piensa allí donde no significa o, donde aún significando, su pensamiento desborda su significación” . Esta idea implica que el pensamiento poético no es reductible al contenido semántico del poema, a lo que el poema “dice”, sino que emerge en el trabajo de distancia entre significante y significado, en ese intervalo donde el sentido se prolonga sin precipitarse en significación cerrada.
Esta concepción tiene consecuencias importantes para la lectura e interpretación de poesía. Si el poema no comunica significados sino que produce pensamiento a través del desfase entre significante y significado, entonces la lectura no puede consistir en la extracción de un contenido semántico previo sino en la activación de ese movimiento del sentido. Como advierte Montalbetti, el pensamiento “existe solamente en la lectura, es decir, en el trabajo de distancia entre significante y significado” . Leer un poema es, desde esta perspectiva, participar en la producción de ese pensamiento que el poema hace posible.
Frente a quienes buscan en la poesía la expresión de identidades, la denuncia política o la efusión sentimental, Montalbetti sostiene que el poema no habla sobre la realidad ni la representa. Su interés no reside en la poesía “que alude a la transmisión de ciertos contenidos puramente semánticos, sino la que examina realmente las posibilidades y bordes del lenguaje, la que se vuelve peligrosa” . Esta poesía del lenguaje —para emplear una designación que, aunque insuficiente, orienta la comprensión— se caracteriza por su capacidad para desestabilizar nuestras certezas lingüísticas y abrir espacios de interrogación radical.
Oído y musicalidad: La dimensión sonora del poema
La reflexión de Montalbetti sobre la poesía concede un lugar central a la dimensión musical del poema. En una afirmación que ha repetido en diversas ocasiones, el poeta peruano sostiene que “la poesía se rompe si se aleja mucho de la música” y añade una consecuencia taxativa: “Si el poeta debe tener algo es oído. Si no tienes oído, entonces no puedes escribir poemas” . Esta insistencia en la musicalidad en la poesía no responde a un mero formalismo esteticista sino que se vincula estrechamente con su concepción del lenguaje poético.
La dimensión sonora del poema —su prosodia, su ritmo, su respiración— constituye para Montalbetti uno de los elementos que introducen el desfase entre el sonido y el significado. Es en el corte del verso, en la cesura que interrumpe el flujo esperado del discurso, donde se produce esa tensión que caracteriza al lenguaje poético. Como ha señalado en su lectura de Giorgio Agamben, el verso introduce un desajuste entre la unidad sonora y la unidad semántica, haciendo que el sentido se prolongue más allá de lo que la clausura semántica permitiría .
Esta concepción tiene implicaciones para pensar la relación entre verso y poema. Montalbetti sostiene que, a partir de Mallarmé y la irrupción del verso libre, el poema deja de ser un objeto cuyas reglas son conocidas de antemano tanto por el poeta como por el lector. Ya no hay estructuras predeterminadas —soneto, décima, letrilla— que permitan identificar inequívocamente un objeto verbal como poema. Esta situación obliga al lector a reconstruir mentalmente las reglas que el poeta empleó para construir ese artefacto específico, admitiendo en principio que se trata de un poema antes de poder juzgarlo .
En este contexto, el verso adquiere una nueva función: ya no es simplemente una unidad métrica sujeta a patrones preestablecidos, sino que se convierte en una unidad inestable donde la tensión entre sonido y significado se hace patente. El poema se mueve, en la formulación montalbettiana, porque suena de alguna manera. Esa energía prosódica, ese impulso rítmico, constituye una fuerza que no puede ser reducida a la dimensión semántica y que, sin embargo, resulta indispensable para que el poema sea tal .
La crítica de Montalbetti al abuso de elementos “extrapoéticos” en las prácticas performáticas de la poesía contemporánea —música, luces, puesta en escena— debe entenderse en este marco. Cuando se recurre a estos recursos externos, se corre el riesgo de suplir artificialmente lo que el poema mismo debería proveer a través de su propia musicalidad inmanente. “Muchas veces se abusa demasiado de todos esos elementos extrapoéticos”, advierte, “de la misma manera que se abusa demasiado del significado, de encontrar una relación semántica” . Tanto el énfasis excesivo en el contenido semántico como la espectacularización performática constituyen formas de eludir lo que verdaderamente está en juego en el poema: esa tensión entre sonido y sentido que ocurre en el lenguaje mismo.
El poema como resistencia: Contra la mercantilización del mundo
Quizás la dimensión más explícitamente política del pensamiento montalbettiano sobre la poesía se expresa en su caracterización del poema como acto de resistencia. En una formulación que ha alcanzado notable difusión, Montalbetti afirma: “Poema es, ante todo, resistencia, porque es de las pocas cosas que todavía no se rinde a convertir todo en mercancía” . Esta declaración, que podría parecer meramente declamatoria si se la aísla de su contexto teórico, adquiere su sentido pleno cuando se la pone en relación con su concepción del lenguaje poético.
La poesía como resistencia cultural se funda, para Montalbetti, en la naturaleza misma del poema como objeto verbal que suspende la lógica del intercambio. En un mundo donde “las cosas se pueden comprar o vender”, donde incluso Gaza —señala con crudeza— “no es solo una crisis humanitaria, sino que para el gran capital es una oportunidad de inversión”, el poema se sustrae a esa lógica mercantil precisamente porque no entrega un significado que pueda ser consumido, apropiado, capitalizado .
Esta resistencia no es, sin embargo, de orden temático. No se trata de que el poema hable sobre la injusticia o sobre la mercantilización, denunciándolas desde un contenido semántico explícito. La resistencia del poema es, más bien, de orden estructural: reside en su capacidad para interrumpir el flujo de significaciones establecidas, para desautomatizar los mecanismos lingüísticos que naturalizan el orden existente, para abrir espacios donde el sentido no se clausura en significado consumible.
Montalbetti advierte sobre el peligro que corre el pensamiento ante la falta de tiempo o espacio para la elaboración de la cadena significante . En las sociedades contemporáneas, regidas por la velocidad del intercambio comunicativo y la reducción del lenguaje a su función instrumental, el poema introduce una temporalidad otra: la de la lectura como trabajo de distancia, como demora, como resistencia a la clausura inmediata del sentido en significado fijo. Hay discursos, señala el autor, que buscan soldar los canjes entre significante y significado y dejarlos fijos —el fascista, el de la propaganda—, mientras que el poema mantiene abierta la brecha, prolonga el trayecto, difiere el momento de la significación .
Esta crítica a la mercantilización en poesía se conecta con la distinción entre lengua y lenguaje anteriormente establecida. Si la lengua, como objeto histórico, está atravesada por determinaciones ideológicas, por usos y convenciones que reflejan relaciones de poder, el lenguaje como objeto biológico carece de ideología. El poema, al señalar hacia el lenguaje —al intentar hacer visible sus condiciones formales y abstractas—, se sitúa en un espacio que no ha sido colonizado por la lógica mercantil, que resiste a la reducción de todo a valor de cambio.
Como obra de arte verbal, el poema es resultado de “un proceso de emergencia, de creación de la nada hacia el mundo” . Su singularidad consiste en que, a diferencia de otros objetos, no se agota en su ser esto o aquello, sino que se desdobla, se diferencia de sí mismo, “parece decir más de lo que es”. Es en ese plus, en ese exceso, donde el poema se constituye como objeto no mercantilizable, como resistencia a la lógica que todo lo convierte en mercancía.
Conclusión: La vigencia de una poética del sinsentido
El pensamiento de Mario Montalbetti sobre la poesía representa una de las contribuciones más significativas a la teoría poética contemporánea en el ámbito hispanoamericano. Su insistencia en la necesidad de distinguir entre poesía que comunica contenidos semánticos y poesía que examina los límites del lenguaje, su elaboración de una teoría del sentido que no se reduce al significado, su reivindicación de la dimensión musical como condición indispensable del hecho poético, y su caracterización del poema como acto de resistencia frente a la mercantilización generalizada, configuran una propuesta de notable coherencia y profundidad.
La obra de Montalbetti —tanto su producción poética como su reflexión ensayística— se sitúa en una zona de intersección entre lingüística y poesía que resulta particularmente fecunda para pensar los desafíos del arte verbal en el siglo XXI. Su formación como lingüista, lejos de constituir un lastre academicista, le ha proporcionado herramientas conceptuales para abordar problemas que la crítica literaria tradicional suele eludir: ¿qué es el significado?, ¿cómo funciona el sentido?, ¿qué relación hay entre el sonido y el concepto en el poema?
Frente a las concepciones que reducen la poesía a expresión de identidades, a vehículo de denuncia o a efusión sentimental, Montalbetti propone una comprensión del poema como artefacto de pensamiento que interroga las condiciones mismas de la significación. Su afirmación de que el poema siempre habla sobre el lenguaje, incluso cuando aborda temas aparentemente alejados de esta preocupación, no implica un formalismo vacío ni una renuncia a la dimensión política del arte, sino una comprensión más radical de dónde reside verdaderamente la potencia crítica de la poesía.
En un mundo saturado de discursos que pretenden clausurar el sentido, que buscan fijar los significados, que reducen el lenguaje a mero instrumento de comunicación y persuasión, la poesía que Montalbetti defiende y practica abre espacios para una experiencia otra del lenguaje. Una experiencia donde el sentido no se precipita en significado, donde el sonido desborda al concepto, donde el poema piensa allí donde no significa. Esta poética del sinsentido —que es, paradójicamente, una poética del sentido como dirección y no como clausura— constituye quizás una de las respuestas más lúcidas a la pregunta por la función del arte poético en nuestro tiempo.
La invitación de Montalbetti es, en última instancia, una invitación a leer de otro modo: a no buscar en el poema la confirmación de lo que ya sabemos, la expresión de lo que ya sentimos, la representación de lo que ya vemos, sino a exponernos a ese movimiento del sentido que el poema hace posible. Una lectura que no pretende extraer significados sino participar en la producción de ese pensamiento que solo el poema, en su singularidad irreductible, puede generar.
Referencias
- Chomsky, N. (2005). Language and Other Cognitive Systems: What Is Special About Language? MIT Press.
- Derrida, J. (1972). La diseminación. Editorial Seix Barral.
- Meschonnic, H. (2010). Crítica del ritmo: Poética y traducción. Ediciones Universidad de Salamanca.
- Adorno, T. W. (1970). Teoría estética. Editorial Akal.
- Ortega, J. (2008). Poéticas del cambio en la narrativa y poesía latinoamericanas. Editorial Iberoamericana.
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