Entre la certeza de la pérdida y la urgencia de comprenderla, el modelo de duelo de Kübler-Ross marcó un antes y un después en la psicología contemporánea; sin embargo, hoy enfrenta revisiones que cuestionan su validez y abren nuevas formas de interpretar el sufrimiento humano. ¿Es el duelo realmente un proceso lineal de etapas universales? ¿O se trata de una experiencia más compleja, diversa y profundamente individual?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

El modelo de duelo de Kübler-Ross y sus revisiones científicas en las últimas dos décadas


Introducción: Un paradigma que trasciende su origen

El modelo de las cinco etapas del duelo, propuesto por la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross en 1969, constituye uno de los marcos teóricos más influyentes en la historia de la psicología del duelo y la tanatología. Su obra On Death and Dying revolucionó la manera en que las sociedades occidentales comprendían la muerte, transformando un tema tabú en objeto de estudio científico y diálogo clínico. Sin embargo, más de cinco décadas después de su publicación, la investigación empírica contemporánea ha sometido este modelo a un escrutinio riguroso que revela tanto sus limitaciones metodológicas como las consecuencias potencialmente perjudiciales de su aplicación acrítica.

La presente revisión examina la evolución del modelo de Kübler-Ross durante las últimas dos décadas, analizando las críticas científicas fundamentadas, los modelos alternativos con mayor sustento empírico y las implicaciones prácticas para la intervención clínica en procesos de duelo. Comprender estas revisiones resulta esencial para profesionales de la salud mental, trabajadores sociales y cuidadores paliativos que buscan ofrecer acompañamiento basado en evidencia científica actualizada.

El modelo original: contexto histórico y propósito inicial

Kübler-Ross desarrolló su propuesta a partir de entrevistas cualitativas realizadas a pacientes terminales en cuidados paliativos, no a personas en duelo por la pérdida de un ser querido. Este matiz contextual resulta crucial: el modelo describía reacciones ante la propia muerte inminente, no el proceso de elaboración del luto en sobrevivientes. Las cinco etapas —negación, ira, negociación, depresión y aceptación— surgieron como descripciones observacionales de patrones emocionales frecuentes, no como prescripciones secuenciales obligatorias.

La propia autora aclaró posteriormente que sus etapas nunca fueron concebidas como un proceso rígido o universal. En palabras de Kübler-Ross y Kessler (2005), “las etapas han sido malentendidas durante las últimas tres décadas” . Esta confusión entre descripción y prescripción ha generado décadas de aplicaciones inadecuadas en contextos clínicos, organizacionales e incluso populares que distorsionaron el alcance original de la teoría.

Críticas empíricas: la ausencia de evidencia científica sólida

La investigación empírica sistemática ha revelado múltiples deficiencias metodológicas en el modelo de etapas. Stroebe y colaboradores (2017), investigadores prominentes en el campo del duelo, identifican cuatro problemas fundamentales: escasa profundidad teórica, confusión conceptual, falta de evidencia empírica y obsolescencia frente a modelos contemporáneos más robustos .

El estudio longitudinal de Maciejewski y colaboradores de la Universidad de Yale (2007) proporcionó resultados mixtos que solo ofrecen apoyo parcial al modelo. Si bien encontraron que la negación alcanza su punto máximo al inicio del proceso y la aceptación al final, también descubrieron que la aceptación constituye la respuesta más común en todos los periodos temporales analizados, contradiciendo la secuencialidad propuesta . Además, el anhelo —no incluido originalmente por Kübler-Ross— emergió como la segunda respuesta más frecuente, sugiriendo que el modelo original omitía componentes emocionales centrales del duelo.

George Bonanno, profesor de psicología clínica en la Universidad de Columbia, ha liderado investigaciones que demuestran la resiliencia como respuesta predominante ante la pérdida, contrario a la presunción de sufrimiento prolongado que subyace al modelo de etapas. Su trabajo identificó cinco trayectorias distintas de duelo —duelo común, duelo crónico, depresión crónica, mejora durante el duelo y resiliencia— que desafían la noción de un camino universal .

Consecuencias nocivas de la aplicación rígida

La utilización acrítica del modelo de Kübler-Ross puede generar efectos iatrogénicos significativos en personas en duelo. Silver y Wortman (2007) advirtieron que “una creencia errónea en el modelo de etapas puede tener consecuencias devastadoras”, llevando a los dolientes a sentir que no están afrontando adecuadamente su pérdida cuando no siguen la secuencia esperada . Esta prescripción implícita crea expectativas normativas que patologizan respuestas naturales y diversas al luto.

Los consejeros de duelo Friedman y James (2008) documentaron “historias de horror” de personas que fueron dañadas por intentos de forzar su experiencia dentro del marco de las cinco etapas . La aplicación mecanicista del modelo puede invalidar emociones legítimas, generar culpa innecesaria y distraer de intervenciones basadas en evidencia que realmente podrían beneficiar a los dolientes en riesgo de complicaciones.

El estigma asociado a no experimentar las etapas “correctamente” constituye una problemática adicional. Como señala Ruth Davis Konigsberg en La verdad sobre el duelo, este enfoque puede marginalizar a quienes procesan la pérdida de manera diferente, haciéndoles creer que no están sufriendo “de la manera adecuada” .


Modelos alternativos con mayor sustento empírico


El modelo de proceso dual de Stroebe y Schut

Desarrollado en 1999, el modelo de proceso dual (Dual Process Model) representa el avance más significativo en la teoría del duelo contemporáneo. Propone que los dolientes oscilan dinámicamente entre dos orientaciones de afrontamiento: la orientación a la pérdida, centrada en el procesamiento emocional, el recuerdo del fallecido y la expresión del dolor; y la orientación a la restauración, enfocada en la adaptación práctica a la vida sin el ser querido, el desarrollo de nuevas rutinas y la reconstrucción de la identidad .

El concepto de oscilación resulta fundamental: los individuos no permanecen estáticos en una etapa, sino que navegan fluidamente entre ambas orientaciones según sus necesidades y recursos. Esta oscilación adaptativa permite “dosis” de duelo manejables, alternando periodos de confrontación emocional con momentos de respiro y reenganche con la vida cotidiana . Investigaciones recientes han validado la eficacia de este modelo para predecir ajuste al duelo y diseñar intervenciones terapéuticas personalizadas.

La teoría de vínculos continuos

Klass, Silverman y Nickman (1996) propusieron una perspectiva que desafía la noción tradicional de “dejar ir” al fallecido. La teoría de vínculos continuos sostiene que mantener una conexión transformada con el ser querido —mediante recuerdos, rituales o diálogo interno— constituye una respuesta adaptativa saludable, no un indicador de duelo no resuelto . Este modelo ha transformado la práctica clínica, legitimando prácticas de rememoración que anteriormente se consideraban patológicas.

La reconstrucción de significado

Robert Neimeyer ha desarrollado un enfoque constructivista que centra el duelo en el proceso de reconstrucción narrativa y de significado. Desde esta perspectiva, la pérdida desestructura el sistema de significados del sobreviviente, y el duelo saludable implica la creación de nuevas narrativas que integren la experiencia de la muerte en la identidad continua del doliente . Este modelo ha demostrado especial utilidad en duelos traumáticos y complicados, donde la búsqueda de sentido constituye una tarea central.

Perspectivas neurocientíficas contemporáneas

Las investigaciones en neurociencia cognitiva han aportado comprensiones adicionales que trascienden los modelos psicológicos tradicionales. O’Connor y Seeley (2022) describen el duelo como un proceso de aprendizaje mediado por retroalimentación experiencial, donde el cerebro debe adaptarse a la ausencia permanente de un estímulo significativo —la persona fallecida— mediante la reconfiguración de circuitos neuronales establecidos .

Esta perspectiva neurobiológica explica fenómenos como la activación de redes de dolor físico ante recuerdos del fallecido, la dificultad para actualizar representaciones mentales de la realidad y la persistencia de respuestas de búsqueda conductuales. Comprender el duelo como un proceso de neuroplasticidad ofrece objetivos claros para intervenciones farmacológicas y psicoterapéuticas.

Implicaciones para la práctica clínica y la educación

La revisión científica del modelo de Kübler-Ross impone una reflexión ética sobre su uso en contextos educativos y clínicos. Stroebe y colaboradores (2017) recomiendan limitar su aplicación al valor histórico y descriptivo, evitando su utilización como guía explicativa o prescriptiva del duelo . Los programas de formación en psicología, medicina y trabajo social deberían priorizar modelos con sustento empírico robusto, como el proceso dual y los enfoques de reconstrucción de significado.

Para los profesionales de la salud, resulta fundamental adoptar una postura de humildad epistémica ante la diversidad de respuestas al duelo. Reconocer que no existe una forma “correcta” de afrontar la pérdida permite intervenciones más flexibles, centradas en las necesidades individuales del doliente más que en la adherencia a un modelo preconcebido.


Conclusión: Más allá de las etapas hacia una comprensión integral


El modelo de Kübler-Ross permanece como un hito histórico que legitimó el estudio científico del duelo y la muerte en sociedades occidentales. Sin embargo, la acumulación de evidencia empírica durante las últimas dos décadas revela sus limitaciones conceptuales y prácticas. La ausencia de sustento científico sólido, combinada con el potencial de daño de su aplicación rígida, aconseja su sustitución por modelos contemporáneos que reconozcan la complejidad, diversidad y naturaleza no lineal del duelo humano.

El modelo de proceso dual, la teoría de vínculos continuos y los enfoques de reconstrucción de significado ofrecen alternativas más flexibles, empíricamente fundamentadas y clínicamente útiles. Estos marcos teóricos respetan la individualidad del proceso de duelo, evitan la patologización de respuestas naturales y proporcionan herramientas efectivas para la intervención en casos complejos.

La evolución del conocimiento científico sobre el duelo ilustra un principio fundamental de la psicología: los modelos simplificados pueden servir como puntos de partida, pero deben ceder ante comprensiones más matizadas que honren la complejidad de la experiencia humana. En el campo del duelo, esta evolución no solo mejora la calidad de la investigación académica, sino que tiene consecuencias directas y significativas para el bienestar de millones de personas que enfrentan la pérdida de seres queridos.


Referencias

  1. Kübler-Ross, E. (1969). On Death and Dying. Macmillan.
  2. Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement: Rationale and description. Death Studies, 23(3), 197-224.
  3. Stroebe, M., Schut, H., & Boerner, K. (2017). Cautioning health-care professionals: Bereaved persons are misguided through the stages of grief. Omega: Journal of Death and Dying, 74(4), 455-473.
  4. Maciejewski, P. K., Zhang, B., Block, S. D., & Prigerson, H. G. (2007). An empirical examination of the stage theory of grief. JAMA, 297(7), 716-723.
  5. Bonanno, G. A. (2009). The Other Side of Sadness: What the New Science of Bereavement Tells Us About Life After Loss. Basic Books.

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