Entre elecciones periódicas, parlamentos activos y constituciones aparentemente intactas, las democracias contemporáneas experimentan un desgaste silencioso que rara vez adopta la forma clásica de la dictadura. Wendy Brown sostiene que la amenaza más profunda no proviene de un enemigo externo, sino de la expansión del neoliberalismo dentro de las propias instituciones democráticas. ¿Cómo puede una democracia vaciarse sin dejar de parecer democrática? ¿Qué ocurre cuando el mercado reemplaza al ciudadano como centro de la vida política?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

La desdemocratización según Wendy Brown: erosión silenciosa de la democracia desde dentro


Ante la pregunta sobre el futuro de las democracias contemporáneas, la imaginación política suele conjurar escenarios de ruptura abrupta: golpes de Estado, invasiones militares o líderes autoritarios que suspenden las garantías constitucionales. Sin embargo, la filósofa política estadounidense Wendy Brown propone un diagnóstico radicalmente distinto que ha transformado el debate sobre la crisis democrática actual. La democracia, advierte, no necesita ser derrocada desde fuera: puede deshacerse sigilosamente desde dentro mediante procesos que no requieren suspender el orden formal ni vulnerar la apariencia de normalidad institucional. Este fenómeno, que Brown denomina desdemocratización, constituye quizás la amenaza más profunda para las democracias liberales contemporáneas, precisamente porque opera sin estridencias ni responsables fácilmente identificables. En las páginas que siguen, se examina en profundidad el concepto de desdemocratización en el pensamiento de Wendy Brown, sus mecanismos fundamentales y las implicaciones que este diagnóstico tiene para comprender la actual crisis de la democracia liberal y el auge del neoliberalismo y democracia en conflicto.


La desdemocratización como proceso silencioso


El concepto de desdemocratización en Wendy Brown alude a los procesos de pérdida de democracia que se gestan dentro de la propia democracia, sin alterar necesariamente el orden formal. Brown desplaza el foco de atención desde las amenazas externas –golpes de Estado, invasiones extranjeras– hacia los peligros que conviven en el interior de las instituciones democráticas. Esta operación teórica supone un cambio fundamental: la democracia nunca está definitivamente consolidada y sus propias instituciones –el libre mercado, el parlamento, el sistema jurídico– pueden experimentar derivas antidemocráticas sin que se modifique la fachada del régimen. Detectar estos procesos de desdemocratización interna requiere una mirada atenta a las transformaciones graduales que, acumulativamente, vacían de contenido las prácticas democráticas mientras preservan sus formas.


La racionalidad neoliberal como motor de la desdemocratización


En el centro de la desdemocratización neoliberal se encuentra lo que Brown, siguiendo a Foucault pero ampliando su alcance, denomina «racionalidad neoliberal». A diferencia de quienes conciben el neoliberalismo como un mero conjunto de políticas económicas o una ideología de mercado, Brown lo entiende como un orden normativo de razón que coloniza todas las esferas de la vida. Esta lógica del coste y el beneficio, de la competitividad y del empresario de sí mismo –coordenadas que antes regían exclusivamente los flujos monetarios del mercado– ahora gobiernan también los afectos, las formas de vida y la reproducción social.

Cuando la racionalidad neoliberal transpone los elementos constitutivos de la democracia a un registro económico, el demos –el pueblo soberano– se desintegra en fragmentos de capital humano. La justicia cede ante los mandatos del crecimiento económico, las calificaciones crediticias y el clima de inversión; la libertad se somete al imperativo de la revalorización del capital humano; la igualdad se disuelve en la competencia de mercado; y la soberanía popular se vuelve incoherente porque el neoliberalismo no deja espacio para que las personas se gobiernen a sí mismas. Estamos ante la racionalidad neoliberal y muerte del demos, un proceso de vaciamiento del sujeto colectivo de la soberanía popular.


La transformación del sujeto político: del homo politicus al homo oeconomicus


Una dimensión crucial de la desdemocratización browniana reside en la transformación del sujeto político. La racionalidad neoliberal produce un tipo específico de subjetividad: el homo oeconomicus neoliberal, que se concibe a sí mismo como empresa de sí y como capital humano. Este sujeto, constantemente preocupado por la inversión y el incremento de su propio valor de mercado, se desliga progresivamente de la realización de la soberanía individual y popular características de toda racionalidad democrática. Donde antes habitaba el homo politicus –el ciudadano que delibera sobre los asuntos comunes– ahora prolifera un individuo que se relaciona consigo mismo y con los demás en términos de competencia, cálculo y gestión empresarial de la propia existencia. La desdemocratización y el ciudadano neoliberal se consolidan cuando la ciudadanía se reduce a la participación en mercados y los derechos políticos se subordinan a las libertades económicas.


La despolitización mediante la tolerancia liberal


Brown ha dedicado también una parte significativa de su obra a desenmascarar los mecanismos de despolitización que operan bajo el manto de valores aparentemente progresistas. En su análisis, el discurso de la tolerancia –hegemónico en el pensamiento liberal contemporáneo– produce despolitización en los sujetos al privatizar sus diferencias conflictivas y, en ocasiones, esencializarlas. Lejos de ser un principio emancipador, la tolerancia funciona, en la lectura crítica de Brown, como una herramienta de gobernabilidad que opera a modo de biopoder, regulando las aversiones sin eliminarlas y legitimando determinadas acciones del poder institucional. La despolitización por la tolerancia contribuye así al proceso más amplio de desdemocratización al neutralizar la conflictividad política y transformar las diferencias estructurales en particularidades culturales gestionables. Este análisis se conecta directamente con su estudio de la desdemocratización y los movimientos sociales, donde la tramitación jurídica de las demandas puede neutralizar su potencia transformadora.


La paradoja de los derechos y la política del agravio


El análisis de Brown sobre los derechos resulta particularmente revelador para comprender la complejidad de la desdemocratización. La filósofa no censura los derechos en general, sino que cuestiona cómo ciertos movimientos sociales los han empleado dentro del horizonte liberal. Su posición frente a los derechos es deliberadamente paradójica: les reconoce una incapacidad para producir una innovación política de mayor calado, pero admite simultáneamente que son instrumentos indispensables en el contexto político actual. Brown se pregunta si las batallas jurídicas son suficientes para transformar las fronteras simbólicas que estructuran las relaciones sociales o si, por el contrario, contribuyen a la reproducción del sistema vigente, inclinándose por esta segunda opción. Esta paradoja revela una de las tensiones fundamentales que atraviesan la desdemocratización y la política de la identidad: la tramitación jurídica de las demandas puede neutralizar su potencial transformador.

En Estados del agravio, Brown profundiza en la relación entre la herida, la identidad y la acción política, preguntándose por qué las heridas están en la base del sentimiento de identidad. Su tesis es que la política del agravio y desdemocratización están íntimamente vinculadas: los esfuerzos por prohibir legalmente la pornografía o la incitación al odio, por ejemplo, terminan paradójicamente legitimando al Estado y presentando a las víctimas como figuras indefensas que necesitan protección gubernamental. La verdadera democracia, insiste Brown, exige compartir el poder, no simplemente regularlo para protegerse de él; exige libertad, no mera protección institucional.


El neoliberalismo y el auge de las fuerzas antidemocráticas


En sus trabajos más recientes, Brown ha analizado la alianza entre neoliberalismo y conservadurismo como una fuerza profundamente antidemocrática. La actual dinámica del neoliberalismo global, en su afán por mantenerse como sistema hegemónico, tiende a reconciliarse con algunos de sus contradictores, particularmente el conservadurismo. Esta coalición produce una crisis interna dentro de las democracias actuales y se articula a través de conceptos como el resentimiento, el nihilismo y la exaltación de la nación-familia. Brown muestra así cómo el proyecto neoliberal, concebido originalmente para blindar el capitalismo frente al peligro del poder popular y la intervención estatal, ha gestado lo que ella denomina su «hijo bastardo»: una política autoritaria, proteccionista y nacionalista que amenaza directamente los fundamentos democráticos.

El lazo entre nihilismo y neoliberalismo constituye, para Brown, tanto el diagnóstico de la política global contemporánea como la explicación del surgimiento de líderes populistas que cabalgan sobre el resentimiento de masas. La alianza entre conservadurismo, neoliberalismo y nihilismo representa el gran desafío para cualquier perspectiva democrática que pretenda reconstruir los puentes entre individuo y sociedad, así como proponer políticas constructivas. Esta es la manifestación más visible del auge antidemocrático en Occidente que Brown teoriza como culminación del proceso de desdemocratización.


Conclusión: resistir a la desdemocratización


El diagnóstico de Wendy Brown sobre la desdemocratización resulta incómodo porque señala hacia el interior, no hacia el exterior. La democracia, sostiene, puede morir de sus propias contradicciones. Recuperar la democracia exige, en primer lugar, reconocer que no está garantizada por la mera persistencia de sus formas institucionales. Requiere resistir la colonización de todas las esferas de la vida por la razón neoliberal; rehabilitar al homo politicus frente al homo oeconomicus; y construir alternativas radicalmente democráticas capaces de devolver al demos la capacidad efectiva de gobernarse a sí mismo.

Teorizar estas alternativas constituye, en palabras de la propia Brown, el gran desafío de nuestro presente. La crisis de la democracia contemporánea exige una doble tarea: desenmascarar los procesos silenciosos que la erosionan desde dentro y articular colectivamente formas de vida política que devuelvan el poder al pueblo. El primer paso de esta tarea es comprender que la desdemocratización no es un accidente ni una conspiración, sino el resultado previsible de haber permitido que la lógica del mercado colonizara todos los ámbitos de la existencia compartida. El segundo, y más urgente, es imaginar y practicar alternativas a la altura de este diagnóstico.


Referencias

Brown, W. (2015). Undoing the Demos: Neoliberalism’s Stealth Revolution. Princeton University Press.

Brown, W. (2016). El pueblo sin atributos: La secreta revolución del neoliberalismo. Malpaso.

Brown, W. (2019). Estados del agravio: Poder y libertad en la modernidad tardía. Lengua de Trapo.

Brown, W. (2020). En las ruinas del neoliberalismo: El ascenso de las políticas antidemocráticas en Occidente. Tinta Limón.

Botero Bernal, A., Aguirre, J. O., & Almeyda Sarmiento, J. D. (2024). Neoliberalismo y conservadurismo en alianza contra la democracia: Consideraciones desde la filosofía política de Wendy Brown. Etica & Politica / Ethics & Politics, XXVI(1), 253-282.


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