Entre una puerta cerrada, dos diminutos agujeros y el cuerpo inmóvil de una mujer desnuda, Marcel Duchamp construyó una de las experiencias más inquietantes de la historia del arte moderno. Durante veinte años ocultó en secreto una obra destinada a desafiar la mirada, el deseo y el papel del espectador dentro del museo. ¿Es Étant donnés una instalación artística o una trampa filosófica diseñada para observarnos a nosotros mismos? ¿Qué revela realmente esa escena prohibida?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Étant Donnés: El Testamento Oculto de Marcel Duchamp y la Subversión del Espectador en el Arte del Siglo XX


El Mito del Retiro y la Genésis de una Obra Secreta

Durante dos décadas, entre 1946 y 1966, Marcel Duchamp trabajó en estricto secreto en una de las instalaciones artísticas más perturbadoras del siglo XX. Mientras el mundo artístico lo consideraba retirado, dedicado exclusivamente al ajedrez, el artista francés construía meticulosamente Étant donnés: 1. La chute d’eau, 2. Le gaz d’éclairage en su estudio de Greenwich Village. Esta obra póstuma, revelada tras su muerte en 1968, desafió todas las expectativas sobre su legado conceptual y consolidó su estatus como figura central del arte moderno.

La genésis de esta instalación enigmática responde a una lógica propia del pensamiento duchampiano: la contradicción como método creativo. Duchamp proyectaba una imagen pública de intelectual desinteresado en la producción material, recibiendo visitantes en una sala frontal vacía donde solo existían un tablero de ajedrez y sillas. Detrás de una puerta cerrada, sin embargo, se ocultaba lo que un crítico describió como el “taller de Santa Claus” lleno de maniquíes, moldes corporales y materiales orgánicos. Esta dualidad entre apariencia y realidad constituye el núcleo hermenéutico de toda su obra posterior.

El artista concibió Étant donnés como una “aproximación desmontable”, término que incluyó en el manual de instrucciones que redactó para su ensamblaje. Este documento, fechado en 1966, contenía esquemas fotográficos, coordenadas espaciales y especificaciones técnicas que permitirían desmontar y reconstruir la pieza. La precisión obsesiva de estas instrucciones contrasta deliberadamente con la aparente fragilidad de los materiales empleados: una puerta de madera vieja, ladrillos, clavos, latón, ramas, hojas y un motor eléctrico escondido dentro de una lata de galletas.


Arquitectura de la Mirada: El Cuerpo, la Puerta y el Agujero

La experiencia de Étant donnés comienza con una arquitectura espacial deliberadamente frustrante. El espectador accede a una sala anexa contigua a la galería principal del Philadelphia Museum of Art, donde se exhibe El Gran Vidrio. En esta sala secundaria, que no conduce a ningún otro espacio, se encuentra una pared de estuco con un arco de ladrillos que enmarca una puerta de madera española deteriorada. La puerta no puede abrirse, pero en su centro, a la altura de los ojos, existen dos pequeños orificios que invitan a la curiosa transgresión de la mirada.

A través de estos agujeros, el visitante descubre un diorama tridimensional que representa una escena imposible. En el centro del paisaje, una figura femenina desnuda yacía sobre un lecho de hojas y ramas, sosteniendo en su mano izquierda una lámpara de gas que ilumina el entorno. La postura de la figura, con las piernas extendidas y separadas, genera una confrontación directa con la corporeidad que el arte occidental había idealizado durante siglos. Jasper Johns, artista contemporáneo de Duchamp, definió esta obra como “la pieza más extraña en cualquier museo del mundo”.

La construcción del cuerpo femenino implicó un proceso de colaboración íntima y técnicamente complejo. La escultora brasileña Maria Martins, compañera sentimental de Duchamp entre 1942 y 1949, sirvió como modelo para el cuerpo principal de la figura. Posteriormente, tras su ruptura con Martins y su matrimonio con Alexina “Teeny” Duchamp en 1954, el artista moldeó el brazo que sostiene la lámpara a partir del brazo de su nueva esposa. Esta superposición de cuerpos y temporalidades introduce una dimensión autobiográfica que trasciende la mera representación anatómica.

El paisaje que envuelve a la figura combina elementos pintados a mano con fotografías coloreadas de una cascada real ubicada cerca del lago Lemán en Suiza. Duchamp inicialmente intentó pintar directamente sobre collages fotográficos en blanco y negro, pero al fracasar en este intento, solicitó la colaboración de Salvador Dalí durante un encuentro en España. Dalí produjo una serie de impresiones en colotipia que permitieron la integración pictórica del fondo paisajístico. Esta red de colaboraciones artísticas subraya que Étant donnés no fue una empresa solitaria, sino un proyecto dialogante con las vanguardias europeas.


El Ajedrez como Código Oculto: Estructura y Simbolismo

Uno de los aspectos más reveladores de esta instalación conceptual reside en su relación con la pasión duchampiana por el ajedrez. La base sobre la cual se asienta toda la construcción es una loseta de linóleo con patrón de tablero de ajedrez, un detalle que conecta visualmente la obra con las décadas que el artista dedicó aparentemente solo al juego-ciencia. La investigadora Astrid Honold ha señalado explícitamente que esta base escaqueada funciona como estructura invisible pero determinante del espacio escénico.

El ajedrez representaba para Duchamp una forma de belleza abstracta que trascendía la competición. Sus propias palabras lo confirman: “Las piezas de ajedrez son un alfabeto en bloque que da forma a los pensamientos”. Esta concepción lingüística del juego permite comprender Étant donnés como una partida visual donde cada elemento ocupa una posición estratégica en un tablero tridimensional. El espectador, al asomarse por los orificios, se convierte en jugador forzado de una partida cuyas reglas ignora pero cuyo impacto sensorial resulta inmediato.

La elección del linóleo ajedrezado como base estructural no es meramente anecdótica. Durante veinte años, Duchamp mantuvo en secreto esta obra mientras cultivaba públicamente su imagen de ajedrecista retirado del arte. El tablero oculto bajo la escena paisajística funciona como firma criptográfica: el artista nunca abandonó del todo la práctica artística, sino que la trasladó a un plano de clandestinidad creativa. El ajedrez, lejos de ser un refugio antiartístico, se revela como el dispositivo epistemológico que sostiene su última gran construcción.


Instituciones, Legado y la Inmortalización Museística

La relación de Duchamp con las instituciones museísticas siempre fue ambivalente y críticamente sofisticada. A pesar de su famoso escepticismo hacia los museos como espacios de consagración burguesa, el artista diseñó Étant donnés específicamente como una instalación permanente para una institución. Esta paradoja resuelve una tensión central en su pensamiento: la necesidad de la posteridad para completar el acto creativo. Según académicos de Yale University Press, la obra “montó un desafío idiosincrático y agresivo a las premisas básicas de la experiencia del espectador en el museo”.

La adquisición formal de la pieza por parte de la Cassandra Foundation y su posterior donación al Philadelphia Museum of Art en 1969 respondieron exactamente a los deseos testamentarios del artista. Anne d’Harnoncourt, entonces una asistente curatorial de veinticinco años, fue designada para supervisar la compleja tarea de desmontaje en Nueva York, traslado y reinstalación en Filadelfia. El proceso requirió un año completo de trabajo y la colaboración de Alexina Duchamp y su hijastro Paul Matisse, quienes habían participado activamente en el desarrollo conceptual de la obra.

D’Harnoncourt, quien posteriormente se convertiría en directora del museo, dedicó su carrera a investigar y divulgar esta obra enigmática. En 1973 coorganizó la retrospectiva de Duchamp que viajó desde Filadelfia hasta el Museum of Modern Art de Nueva York y el Art Institute of Chicago. Su labor institucional resultó fundamental para situar Étant donnés no como una anomalía tardía, sino como la culminación lógica de toda la trayectoria duchampiana, desde los readymades hasta El Gran Vidrio.


El Cuerpo, el Deseo y la Crítica de la Mirada Masculina

Desde una perspectiva crítica contemporánea, Étant donnés plantea interrogantes ineludibles sobre la representación del cuerpo femenino en el arte occidental. La figura desnuda, accesible únicamente a través de un orificio que simula el voyeurismo, ha sido interpretada como una radicalización de la tradición del desnudo académico. Sin embargo, a diferencia de la contemplación distanciada propia de la pintura clásica, esta instalación forzada obliga al espectador a una complicidad física e inmediata con la escena.

El crítico Michael Taylor, curador de la exposición del cuadragésimo aniversario de la obra en el Philadelphia Museum of Art, ha señalado que Étant donnés constituye “la primera obra de arte site-specific para un museo”. Esta condición espacial particular transforma la institución en un dispositivo de mediación erótica, donde la arquitectura misma del museo se convierte en parte del significante artístico. El espectador no contempla pasivamente una imagen, sino que debe incorporar su cuerpo a una coreografía institucional diseñada para provocar incomodidad y fascinación simultáneas.

La naturaleza híbrida del cuerpo representado —con genitales deliberadamente ambiguos y un brazo desproporcionado proveniente de otra modelo— introduce una dimensión de indeterminación de género coherente con el interés duchampiano por Rrose Sélavy y las identidades fluctuantes. Esta ambigüedad anatómica impide una lectura meramente pornográfica o objectificante, abriendo el campo interpretativo hacia cuestiones de identidad, deseo frustrado y corporalidad fragmentada. Étant donnés funciona así como el equivalente tridimensional de El Gran Vidrio, donde la mecánica del deseo nunca alcanza resolución.


La Herencia Contemporánea y la Reconfiguración del Arte Conceptual

El impacto de esta instalación postuma trasciende el ámbito histórico para proyectarse sobre prácticas artísticas contemporáneas. Artistas como Robert Gober, Hannah Wilke, Jeff Wall y Marcel Dzama han reconocido explícitamente la deuda conceptual con el último trabajo de Duchamp. La exposición conmemorativa de 2009 en el Philadelphia Museum of Art reunió por primera vez más de veinte esculturas y estudios previamente desconocidos, junto con setenta fotografías Polaroid tomadas por el propio Duchamp que documentan la evolución del proyecto en su estudio.

Estos materiales inéditos revelan que Étant donnés no fue una improvisación tardía, sino el resultado de dos décadas de experimentación sistemática con materiales orgánicos, moldes corporales y dispositivos lumínicos. Los denominados “objetos eróticos” de pequeña escala, producidos durante los años cuarenta y cincuenta, funcionaron como estudios preparatorios para la figura central. Esta continuidad entre obras aparentemente menores y la instalación final desmonta la narrativa de un Duchamp ocioso, revelando una práctica artística sostenida y metódicamente oculta.

Desde la óptica del arte conceptual contemporáneo, Étant donnés anticipa estrategias que hoy son fundamentales: el site-specificity, la participación corporal del espectador, la combinación de medios analógicos y tecnológicos, y la crítica institucional desde dentro de la propia institución. La obra funciona como un manual de instrucciones no solo físico, sino también conceptual, para comprender cómo el arte del siglo XX transitó de la objetualidad hacia la experiencia inmersiva y la instalación como formato hegemónico.


Conclusión: El Enigma como Forma de Conocimiento

Marcel Duchamp falleció en París el 2 de octubre de 1968, sin haber revelado públicamente la existencia de Étant donnés. La sorpresa que generó su descubrimiento postumo constituye quizás el último y más perfecto readymade del artista: una obra que, al no ser nombrada ni exhibida en vida, escapó completamente al circuito de valoración contemporánea. Su revelación tras la muerte del autor transformó la comprensión del arte conceptual, demostrando que el retiro público puede coexistir con una productividad creativa intensa y secreta.

La instalación permanece hoy en el Philadelphia Museum of Art como un testimonio irreducible a la interpretación unívoca. Cada espectador que se asoma a los orificios de la puerta repite el gesto fundacional de la obra: la mirada como acto de transgresión, el cuerpo como condición de posibilidad del arte, y el museo como escenario de una epifanía privada en el espacio público. En este sentido, Étant donnés no es solo una obra maestra del siglo XX, sino una máquina de pensar que sigue produciendo sentido más de medio siglo después de su revelación.


Referencias Bibliográficas

  1. Duchamp, M. (1966). Manual of Instructions for the Assembly of Étant donnés. Philadelphia Museum of Art Archives. Documento original del artista con instrucciones técnicas y esquemas fotográficos para el montaje de la instalación.
  2. Taylor, M. R. (2009). Marcel Duchamp: Étant Donnés. Philadelphia Museum of Art / Yale University Press. Catálogo de la exposición conmemorativa del cuadragésimo aniversario que incluye estudios inéditos y fotografías Polaroid del proceso creativo.
  3. d’Harnoncourt, A. y McShine, K. (1973). Marcel Duchamp. Philadelphia Museum of Art / Museum of Modern Art, New York. Catálogo de la retrospectiva itinerante que consolidó la recepción académica de la obra postuma.
  4. Honold, A. (s.f.). Investigaciones sobre la influencia del ajedrez en Étant donnés. Citado en estudios especializados sobre la simbiosis entre el juego-ciencia y la práctica artística duchampiana.
  5. Yale University Press (2018). Marcel Duchamp and the Museum. Ensayo académico sobre la relación del artista con las instituciones museísticas y el diseño site-specific de su última obra maestra.

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