Entre accidentes, enfermedades, tragedias domésticas y milagros inesperados, los exvotos mexicanos transformaron la fe popular en una de las expresiones visuales más poderosas de América Latina. Lo que comenzó como pequeñas ofrendas religiosas terminó cautivando a artistas como Diego Rivera y Frida Kahlo, hasta ingresar en museos y universidades de todo el mundo. ¿Cómo unas humildes láminas devocionales conquistaron la historia del arte? ¿Por qué siguen fascinando al arte contemporáneo?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Los exvotos mexicanos: de ofrenda popular a género artístico mayor


Los exvotos mexicanos constituyen uno de los fenómenos más singulares y fascinantes del arte popular latinoamericano. Pequeñas pinturas sobre lámina —conocidas también como retablos o retablitos— que documentan milagros y favores divinos, estas obras transitaron durante el siglo XX desde los rincones de las iglesias hasta las salas de los museos más prestigiosos del mundo. Su legitimación como expresión artística de primer orden debe mucho al rescate emprendido por Diego Rivera y Frida Kahlo, quienes no solo las coleccionaron con pasión, sino que integraron su estética en la renovación del arte mexicano. En la actualidad, los exvotos mexicanos se estudian en universidades, se exhiben en exposiciones internacionales y son reconocidos como un género artístico mayor que documenta la historia, la fe y la identidad de un pueblo.


Definición, origen y características de los exvotos pintados


La palabra exvoto proviene del latín ex voto, que significa “proveniente de un voto” o “por promesa”. Se trata de una ofrenda que el creyente entrega a una divinidad como agradecimiento por un favor recibido o como cumplimiento de una promesa realizada en un momento de necesidad. Los exvotos han existido en prácticamente todas las culturas y pueden adoptar formas muy diversas: danzas, rituales, donaciones, oraciones u objetos materiales. En el contexto del catolicismo mexicano, sin embargo, adquirieron una fisonomía muy particular.

La tradición de los exvotos pintados llegó a México en el siglo XVI con los colonizadores españoles, quienes introdujeron la práctica devocional europea de encargar imágenes religiosas como acción de gracias. Durante los siglos XVII y XVIII, estas pinturas eran costosas: se realizaban sobre lienzos importados por pintores agremiados y solo las personas acaudaladas podían costearlas. Con la Independencia de México y la desaparición de los gremios de pintores a principios del siglo XIX, el exvoto se convirtió en un arte libre. Cualquier pintor aficionado podía realizarlos sobre materiales de desecho como madera o lámina de cobre, lo que los hizo asequibles para toda la población. Fue en este siglo cuando estas piezas se volvieron netamente populares.

Formalmente, el retablo popular mexicano sigue una estructura tripartita característica: una escena que ilustra la tragedia o la enfermedad que aflige al creyente; la presencia del santo, la Virgen o Cristo que intercede; y una cartela en la parte inferior donde se describe por escrito el milagro concedido. La mayoría de los exvotos pictóricos están pintados al óleo sobre lámina de metal, un soporte barato y accesible que contribuyó decisivamente a la difusión del género. Sus dimensiones son reducidas, generalmente de unos 30 por 20 centímetros, y su factura es deliberadamente ingenua, con perspectivas torcidas, proporciones imposibles y colores vibrantes que acentúan el dramatismo de la escena.

Los exvotos representan un intercambio entre lo terrenal y lo sagrado: no solo expresan gratitud por un hecho único y singular; también buscan fortalecer la relación y comunicación entre lo humano y lo divino. —Clara Bargellini, investigadora de la UNAM


Diego Rivera, Frida Kahlo y el rescate del exvoto como expresión artística


El reconocimiento de los exvotos mexicanos como arte legítimo no habría sido posible sin la intervención de la Escuela Mexicana de Pintura y, muy especialmente, de Diego Rivera y Frida Kahlo. A principios del siglo XX, estas pequeñas láminas eran consideradas por las élites culturales como meras curiosidades etnográficas o manifestaciones de una religiosidad popular menospreciada. La mirada de los artistas cambió radicalmente esta percepción.

Diego Rivera fue pionero en la valoración estética de los exvotos. En 1922 publicó en la revista Azulejos un ensayo titulado “Los retablos. Verdadera, actual y única expresión pictórica del pueblo mexicano”, donde analizaba con entusiasmo el manejo intuitivo de la composición, el color y el dramatismo que los retableros anónimos lograban en sus pequeñas pinturas. Para Rivera, estas obras no eran arte menor: en ellas reconocía la maestría compositiva de las grandes obras murales concentrada en unos pocos centímetros cuadrados. Su juicio fue tajante: las pinturas del pueblo estaban “más allá de las obras maestras”. Su respaldo público y su actividad como coleccionista sentaron las bases para la revalorización del género.

Frida Kahlo llevó esta reivindicación aún más lejos. Junto con Rivera, reunió una colección de más de mil exvotos que hoy puede admirarse en la Casa Azul de Coyoacán, actual Museo Frida Kahlo. Pero su relación con los retablos no se limitó al coleccionismo: la estética del exvoto permeó de manera profunda su producción pictórica. Kahlo no solo pintó exvotos propiamente dichos, como el que dedicó a sus padres titulado El accidente, sino que utilizó sistemáticamente los recursos formales del género —la cartela narrativa, la representación simultánea del drama y la intervención divina, la crudeza expresiva— en obras como Unos cuantos piquetitos (1935), Mi nacimiento (1932) o El suicidio de Dorothy Hale (1939). Incluso adquirió un retablo que representaba un accidente de autobús similar al que ella sufrió en 1925 y pintó su propio rostro sobre la figura original, fusionando su biografía con la tradición devocional.


La Escuela Mexicana de Pintura y la reapropiación estética del exvoto


El rescate del exvoto no fue una empresa aislada de Rivera y Kahlo, sino que formó parte de un movimiento cultural más amplio. Diversos artistas de la Escuela Mexicana de Pintura —como Gerardo Murillo (Dr. Atl), Roberto Montenegro, Gabriel Fernández Ledesma y Manuel Rodríguez Lozano— estudiaron, coleccionaron y se apropiaron estéticamente de estas piezas. El Dr. Atl dedicó un apartado a los exvotos en su influyente libro Las artes populares de México (1921), mientras que Montenegro publicó en 1950 la monografía Retablos de México. Rodríguez Lozano, por su parte, llegó a proponer los exvotos como canon de enseñanza para aprender a pintar. La preocupación por la relación entre vanguardia y nacionalismo, constante en el México posrevolucionario, encontró en los retablos un modelo de autenticidad popular sobre el cual cimentar la renovación estética del arte mexicano.


Los exvotos en los museos: del santuario al canon académico


Como consecuencia directa del interés artístico despertado por Rivera, Kahlo y sus contemporáneos, los exvotos mexicanos comenzaron a transitar desde las iglesias y santuarios hacia colecciones públicas y privadas. Hoy en día, importantes museos de México y el extranjero albergan colecciones permanentes de retablos populares. El Museo Amparo de Puebla posee una destacada colección de exvotos que forma parte de su exposición permanente. El Museo Frida Kahlo en la Casa Azul exhibe la colección que perteneció a la pareja, compuesta por cientos de láminas que cubren desde el siglo XIX hasta el XX. En Estados Unidos, el Museo de Arte de la Universidad Estatal de Nuevo México (NMSU) resguarda la mayor colección de retablos mexicanos en ese país, con piezas que abarcan desde el periodo colonial hasta el siglo XX.

Las exposiciones internacionales han consolidado el estatus académico de los exvotos mexicanos. En 2019, el Museo Nacional de las Culturas del Mundo en Ciudad de México presentó la muestra Memoria de milagros. Más recientemente, la exposición itinerante Contemporary Ex-Votos: Devotion Beyond Medium —curada por el Dr. Emmanuel Ortega de la Universidad de Illinois en Chicago— ha llevado los retablos históricos y sus reinterpretaciones contemporáneas a museos de Estados Unidos, poniendo de relieve los aspectos iconográficos e ideológicos de este género a menudo subestimado. Artistas contemporáneos como Alfredo Vilchis —conocido como el “Pintor del Barrio”— han expuesto sus exvotos en recintos como el Museo del Louvre, evidenciando la vigencia del género más allá de su función devocional original.


Exvotos contemporáneos: continuidad, reapropiación y nuevos significados


El siglo XXI ha presenciado un fenómeno fascinante: la reapropiación de la tradición del exvoto por parte de artistas contemporáneos que, si bien mantienen el formato y la estética de las láminas populares, incorporan temáticas alejadas de la ortodoxia católica. El investigador Raúl Cano Monroy ha documentado este proceso en su libro Por un favor recibido. Exvotos mexicanos, siglos XIX al XXI, destacando que la popularidad global de Frida Kahlo proyectó su colección de exvotos en el interés popular y detonó un renacimiento del género.

Los exvotos contemporáneos transitan por dos vertientes principales: por un lado, la continuación de la tradición devocional católica en su forma clásica; por otro, la incorporación de temáticas seculares como la diversidad sexual, los ídolos populares (cantantes, luchadores, deportistas), las redes sociales o la crítica social mediante el pastiche y la sátira. En México, más de treinta retableros activos —como Enrique Ávila, Rogelio Peña, Graciela Galindo o los hermanos Hernández— mantienen viva esta tradición, demostrando que el exvoto mexicano es un género en constante evolución.


Conclusión


Los exvotos mexicanos representan un caso paradigmático de cómo una manifestación de arte popular y religiosidad puede ser rescatada, reivindicada y elevada al rango de género artístico mayor. El papel de Diego Rivera y Frida Kahlo fue determinante en este proceso: su mirada, su coleccionismo y su apropiación estética transformaron la percepción de unas pequeñas láminas que hasta entonces habían permanecido en los márgenes del canon artístico. La Escuela Mexicana de Pintura, en su conjunto, contribuyó a consolidar esta revalorización, integrando los recursos formales del exvoto en el proyecto de un arte nacional moderno y auténtico.

Hoy, los exvotos mexicanos se estudian en universidades de todo el mundo, se exhiben en museos de México, Estados Unidos y Europa, e inspiran a nuevas generaciones de artistas que reinventan el género desde perspectivas contemporáneas. Su valor trasciende lo devocional para convertirse en testimonio histórico, documento iconográfico y expresión genuina de la identidad cultural mexicana. El camino que va de los muros de los santuarios a las salas de los museos es también el trayecto que va del menosprecio al reconocimiento: la historia del exvoto mexicano es, en última instancia, la historia de cómo el arte del pueblo conquistó su lugar en la historia del arte.


Referencias

  1. Wikipedia contributors. “Votive paintings of Mexico.” Wikipedia, The Free Encyclopedia.
  2. Herrera Cruz, Araceli. “Exvotos mexicanos: Análisis iconográfico e importancia de su preservación en la memoria cultural.” Revista de Investigación y Diseño, FES Cuautitlán, UNAM, 2025.
  3. Secretaría de Cultura de México. “Exvotos; la materialización de la fe en la cultura popular.” gob.mx, 27 de agosto de 2019.
  4. Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). “Presentará el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo el libro Por un favor recibido. Exvotos mexicanos, siglos XIX al XXI.” Boletín No. 980, 21 de julio de 2023. https://inba.gob.mx/prensa/18311/
  5. Archivo Exvotos / Revista Sans Soleil. “Importancia del Exvoto en distintos artistas mexicanos.”

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