Entre habitaciones miserables, hambre estudiantil y tensiones familiares en el París del siglo XIX, Julio Verne escribió una de las cartas más insólitas de la literatura europea: una descripción grotesca y humorística de sus problemas intestinales. Lo que hoy circula como curiosidad viral revela en realidad la fragilidad humana, la pobreza intelectual y el uso del humor escatológico como resistencia emocional. ¿Qué escondía realmente aquella carta privada? ¿Por qué sigue fascinando más de un siglo después?
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"Es probable que estés enterada, mi querida madre, de que existe un hiato que separa a ambas posaderas y no es sino el remate del intestino. (...) Ahora bien, en mi caso el recto, presa de una impaciencia muy natural, tiene tendencia a salirse y, por consiguiente, a no retener tan herméticamente como sería deseable su gratísimo contenido. (...) graves inconvenientes para un joven cuya intención es alternar en sociedad y no en suciedad. Porque por decirlo de una vez, el culo no me cierra bien".
Julio Verne
La diarrea de Julio Verne: pobreza, humor escatológico y corporalidad en la correspondencia literaria del siglo XIX
La figura de Jules Verne suele asociarse con la imaginación científica, la aventura tecnológica y el optimismo industrial característico del siglo XIX. Sin embargo, detrás del autor de Viaje al centro de la Tierra y Veinte mil leguas de viaje submarino existió un joven marcado por la precariedad económica, las tensiones familiares y diversos problemas de salud. Entre los documentos más llamativos de esa etapa destaca una carta dirigida a su madre donde describe, mediante humor escatológico, severos trastornos intestinales.
La célebre carta de Julio Verne sobre su diarrea ha circulado durante años como una curiosidad literaria aparentemente trivial. No obstante, el documento posee un valor cultural mucho más profundo del que suele suponerse. El episodio revela aspectos esenciales de la juventud de Julio Verne en París, de las condiciones materiales de los estudiantes decimonónicos y de la función psicológica del humor corporal dentro de la correspondencia privada europea del siglo XIX.
Durante su estancia parisina, Verne atravesó una situación económica delicada debido al conflicto con su padre, Pierre Verne, quien deseaba que su hijo estudiara abogacía y abandonara sus aspiraciones literarias. La negativa del joven escritor produjo una reducción considerable del apoyo financiero familiar. Diversos estudios biográficos coinciden en que el futuro novelista experimentó hambre, ansiedad y deterioro físico durante esos años de formación intelectual en la capital francesa.
La pobreza estudiantil en el París del siglo XIX constituía un fenómeno frecuente dentro de los ambientes universitarios y artísticos. Muchos jóvenes escritores, músicos y pintores sobrevivían en habitaciones pequeñas, con alimentación insuficiente y constantes dificultades para pagar alquileres o materiales de trabajo. En ese contexto histórico, la enfermedad intestinal no representaba únicamente un problema médico, sino también una consecuencia directa de las malas condiciones higiénicas y nutricionales de la época.
La carta de Jules Verne adquiere relevancia precisamente porque transforma una situación humillante en una escena literaria grotesca y cómica. El escritor describe anatómicamente el recto y el esfínter mediante expresiones exageradas que oscilan entre la ironía y la autoparodia. Lejos de adoptar un tono solemne o trágico, Verne construye un discurso deliberadamente absurdo donde el cuerpo aparece degradado, desobediente y ridículo, pero también profundamente humano.
El humor escatológico francés posee una tradición cultural extensa que antecede ampliamente a Julio Verne. Desde François Rabelais en el Renacimiento hasta ciertos autores naturalistas del siglo XIX, la literatura francesa utilizó frecuentemente el cuerpo como espacio de sátira, crítica social y desacralización. La escatología verbal permitía romper convenciones morales y desafiar la rigidez cultural de determinadas instituciones burguesas y académicas.
En la correspondencia privada del siglo XIX, los escritores solían expresarse con una libertad mucho mayor que en sus obras publicadas. Las cartas constituían territorios íntimos donde podían manifestar frustraciones físicas, problemas económicos, deseos personales o pensamientos políticamente incorrectos. La carta de Julio Verne sobre su enfermedad intestinal pertenece precisamente a esa tradición epistolar donde el humor funcionaba como mecanismo de confianza afectiva y descarga emocional.
La descripción de la diarrea en la correspondencia de Julio Verne también permite reflexionar sobre la relación entre cuerpo y creación intelectual. La historia de la literatura demuestra que numerosos autores produjeron obras fundamentales mientras atravesaban enfermedades crónicas, depresiones nerviosas o situaciones extremas de pobreza. El cuerpo enfermo no aparece únicamente como obstáculo para la creación, sino también como fuente de sensibilidad y percepción crítica sobre la realidad social.
En el caso específico de Verne, la tensión entre miseria material e imaginación resulta particularmente significativa. Mientras padecía hambre y problemas intestinales en París, el joven escritor comenzaba a desarrollar la extraordinaria capacidad imaginativa que posteriormente revolucionaría la literatura de aventuras y la ciencia ficción moderna. La precariedad coexistía paradójicamente con la expansión intelectual de uno de los autores más influyentes de la modernidad europea.
La famosa frase “el culo no me cierra bien”, frecuentemente citada en traducciones españolas de la carta, ha contribuido a viralizar el episodio dentro de internet y las redes sociales contemporáneas. Sin embargo, muchas publicaciones digitales extraen la frase de su contexto histórico y literario para convertirla únicamente en una anécdota humorística. Esta reducción simplifica excesivamente un documento que posee dimensiones culturales y biográficas considerablemente más complejas.
El interés contemporáneo por la carta de Julio Verne revela además una transformación en la manera de estudiar a los escritores clásicos. Durante gran parte del siglo XX predominó una visión casi monumental de ciertos autores europeos, presentados como figuras intelectuales distantes y solemnes. Actualmente existe mayor interés por explorar sus contradicciones humanas, vulnerabilidades físicas y aspectos cotidianos menos idealizados.
La corporalidad en la literatura del siglo XIX constituye un campo de estudio especialmente relevante para comprender las tensiones culturales de la modernidad industrial. La expansión urbana, el desarrollo científico y las transformaciones higiénicas modificaron profundamente la percepción del cuerpo humano. Enfermedades digestivas, trastornos nerviosos y agotamiento físico aparecieron recurrentemente asociados al ritmo acelerado de la vida urbana y al estrés intelectual contemporáneo.
La juventud de Julio Verne en París refleja precisamente muchas de esas tensiones modernas. El escritor vivía entre el entusiasmo cultural de la capital francesa y las limitaciones económicas que amenazaban constantemente su estabilidad emocional. Sus cartas muestran a un joven ambicioso, culto y creativo, pero también vulnerable ante el hambre, la enfermedad y el temor al fracaso profesional dentro de una ciudad extremadamente competitiva.
La utilización de humor corporal en la correspondencia literaria cumplía además una función psicológica importante. Transformar el sufrimiento físico en comedia permitía reducir simbólicamente la angustia personal y recuperar cierta sensación de control sobre situaciones degradantes. En este sentido, la carta de Verne puede interpretarse como un ejercicio de resistencia emocional frente a la humillación provocada por la pobreza y la enfermedad.
Resulta significativo que el autor recurriera a una descripción anatómica deliberadamente exagerada y teatral. La comicidad emerge precisamente del contraste entre el lenguaje pseudoerudito y la vulgaridad fisiológica del problema descrito. Ese mecanismo humorístico revela una inteligencia verbal notable y anticipa parcialmente ciertos rasgos estilísticos que posteriormente aparecerían en sus novelas, especialmente la tendencia a combinar precisión técnica con imaginación extravagante.
La relación conflictiva entre Julio Verne y su padre constituye otro elemento central para comprender el contexto emocional de la carta. Pierre Verne concebía la literatura como una actividad inestable y poco adecuada para garantizar seguridad económica. La decisión de retirar apoyo financiero representaba una forma de presión destinada a reconducir a su hijo hacia la carrera jurídica. El hambre y las enfermedades intestinales poseían así una dimensión indirectamente familiar y psicológica.
El episodio también ilustra las dificultades estructurales que enfrentaban muchos jóvenes intelectuales antes de alcanzar reconocimiento público. La imagen posterior de Verne como autor exitoso y universalmente admirado contrasta radicalmente con aquel estudiante pobre que describía sus problemas digestivos mediante ironías grotescas. La historia literaria suele olvidar esas etapas de incertidumbre material que preceden al prestigio cultural de numerosos escritores canónicos.
Desde la perspectiva de la historia cultural, la carta permite analizar cómo las sociedades modernas han gestionado discursivamente los temas relacionados con excrementos, enfermedad y funciones corporales. Aunque la cultura burguesa decimonónica promovía normas estrictas de decoro y autocontrol, la literatura privada frecuentemente desafiaba esos límites mediante expresiones escatológicas cargadas de humor, irreverencia y crítica implícita a las convenciones sociales dominantes.
La diarrea de Julio Verne, lejos de constituir únicamente una curiosidad grotesca, representa un testimonio singular sobre la fragilidad humana detrás del genio literario. El documento recuerda que incluso los grandes escritores europeos enfrentaron hambre, enfermedad y humillaciones cotidianas durante su juventud. La carta revela además cómo el humor puede convertirse en una estrategia intelectual para soportar la precariedad material y preservar la dignidad personal.
En última instancia, el episodio contribuye a humanizar la figura de Jules Verne sin disminuir su relevancia cultural. Por el contrario, comprender sus dificultades económicas, sus problemas físicos y su capacidad para transformar la incomodidad corporal en ironía literaria permite apreciar con mayor profundidad la complejidad humana del autor.
La correspondencia privada verniana demuestra que detrás del visionario científico existía también un joven vulnerable que aprendió a resistir mediante la imaginación y la risa.
Referencias bibliográficas
- Butcher, William. Jules Verne: The Definitive Biography. Thunder’s Mouth Press, 2006.
- Compère, Daniel. Jules Verne écrivain. Droz, 1991.
- Martin-Fugier, Anne. La vida elegante o la formación del mundo moderno. Taurus, 1992.
- Rabelais, François. Gargantúa y Pantagruel. Alianza Editorial, diversas ediciones.
- Vierne, Simone. Jules Verne et le roman initiatique. Sirac, 1973.
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