Entre cavernas simbólicas, puñales rituales y juramentos pronunciados bajo la penumbra, el Noveno Grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado confronta al iniciado con una pregunta esencial: ¿puede existir justicia cuando la ira domina el corazón humano? La tragedia de Joabert transforma la persecución del crimen en una reflexión universal sobre el fanatismo, la ley y la fragilidad moral de la civilización. ¿Dónde termina el deber y comienza la venganza? ¿Qué ocurre cuando el justiciero se convierte en verdugo?


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El Maestro Elegido de los Nueve: Justicia, Venganza y el Imperio de la Ley en el Noveno Grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado


El Noveno Grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, conocido como Maestro Elegido de los Nueve, constituye uno de los momentos más dramáticos dentro de la estructura iniciática de la masonería escocesa. Situado en el corazón de la Logia de Perfección, este grado masónico representa una inflexión narrativa que trasciende el ceremonial para adentrarse en las complejas relaciones entre justicia, venganza y ejercicio legítimo del poder.

Su leyenda, anclada en la tragedia de Hiram Abiff, ofrece al iniciado una meditación profunda sobre los límites éticos de la acción humana cuando ésta es movida por la pasión desbordada. Comprender el significado del noveno grado en la masonería implica reconocer su función como espejo moral donde se proyectan las sombras más oscuras del comportamiento humano. Dentro del sistema de grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, la Logia de Perfección abarca desde el cuarto hasta el decimocuarto grado.

Sirviendo como puente entre los grados simbólicos y los altos grados del sistema, el grado 9 REAA se erige como el eje central de esta secuencia iniciática. Con cinco grados anteriores que preparan al iniciado y cinco posteriores que continúan su iluminación, esta posición central no responde al azar. Obedece a una arquitectura simbólica donde el Maestro Elegido de los Nueve representa el momento de confrontación directa con las fuerzas opuestas a la perfección humana.

El candidato ha transitado ya por grados que le enseñaron el deber, la reflexión y la búsqueda de la perfección moral. Ahora se encuentra ante una prueba que cuestiona la rectitud de sus propios impulsos ante la adversidad. La historia del maestro elegido de los nueve retoma el relato universal del asesinato del Gran Maestro Hiram Abiff, figura arquetípica que encarna la Sabiduría y la Libertad en el imaginario masónico.

Según la tradición ritual, tras los funerales de Hiram, el Rey Salomón organiza una expedición para dar caza a los tres asesinos. La leyenda narra que un desconocido, identificado como guardián de rebaños o guía celestial, revela a la corte el paradero de los criminales ocultos en una caverna. Este escenario inicial establece el tono de oscuridad que caracteriza todo el grado, pues la caverna simboliza el reino de la ignorancia donde se refugian los enemigos de la razón.

Para llevar a cabo la captura, Salomón reúne a los quince maestros más ancianos, seleccionando finalmente a nueve mediante un sorteo solemne que deposita sus nombres en una urna. El primero en ser elegido recibe el nombre de Johaben o Joabert, según las distintas versiones rituales, y es designado jefe de la expedición. Los otros ocho compañeros completan el grupo de los nueve elegidos, cuyo número posee una carga simbólica profunda.

El nueve, como múltiplo del tres, representa la perfección alcanzada a través de la multiplicación de los principios fundamentales. Esta elección por sorteo subraya además la idea de que la misión no responde a ambiciones personales, sino a un designio superior que trasciende la voluntad individual. Guiados por el misterioso pastor, los nueve maestros emprenden su marcha durante la noche, buscando pasar inadvertidos hasta llegar a la caverna donde yacen los asesinos.

El ambiente de tensión se acentúa cuando dos de los criminales, al percatarse de la presencia de los elegidos, huyen desesperadamente a través de las rocas hasta encontrarse frente a un abismo. Ante la imposibilidad de escape, prefieren lanzarse al vacío antes que enfrentar la justicia. Sin embargo, el tercer asesino permanece en la caverna, dormido e indefenso, y es aquí donde se produce el momento culminante del grado.

Joabert, movido por un celo desmedido y una ira que nubla su juicio, se adelanta a sus compañeros y penetra en la oscuridad del refugio. Allí descubre al asesino dormido y, en lugar de proceder con la cautela que el mandato real exigía, toma la justicia por su propia mano. Empuñando su puñal, apuñala al criminal y le corta la cabeza, presentándola ante Salomón como trofeo de su supuesta lealtad.

Este acto de violencia unilateral constituye la transgresión fundamental que el grado condena: el paso del justiciero al verdugo, la confusión entre el deber de perseguir el crimen y el derecho a ejecutar la pena. La escena ritualiza el peligro eterno de que la pasión, incluso cuando surge de causas aparentemente nobles, corrompa la virtud más firme del carácter humano. La reacción del Rey Salomón ante el gesto de Joabert resulta paradigmática para la comprensión filosófica del noveno grado.

Lejos de celebrar la muerte del asesino, el monarca se enfurece profundamente, reprochando a su elegido que haya usurpado la función de la ley institucional. Salomón reconoce que el crimen del asesino no justifica la comisión de otro crimen por parte de quien se había juramentado como defensor de la justicia divina. Esta lección constituye el núcleo ético del grado: la verdadera justicia debe ser impersonada y desprovista de odio personal.

El linchamiento, la venganza privada y el fanatismo son repudiados con la misma energía con la que se condena el crimen original. El grado establece así una frontera moral infranqueable entre la defensa del orden y la destrucción del mismo desde la irracionalidad. El simbolismo del puñal en el grado 9 adquiere dimensiones múltiples que trascienden su apariencia de arma.

En la iconografía del grado, el puñal presenta empuñadura de oro y hoja de plata, combinación metálica que representa la unión de la luz solar y lunar, es decir, el equilibrio de principios complementarios. No se trata de un instrumento de agresión irracional, sino del arma legítima de la guerra contra la ignorancia, el error y la intolerancia. Albert Pike, en su obra fundamental sobre el Rito Escocés, señala que esta daga es el equivalente ritual de la espada de doble filo de la verdad.

Con ella todo masón debe estar armado permanentemente, pues su función simbólica es la de iluminar y discernir, no la de destruir caprichosamente. Las insignias y el decorado del Capítulo Electoral refuerzan la dualidad de luces y sombras que atraviesa todo el grado. El mandil es de color blanco, orillado y forrado de negro, con un brazo armado de puñal bordado en seda negra sobre la solapa.

El cordón, una banda negra de aguas cruzada del hombro izquierdo a la cadera derecha, porta nueve rosetas rojas que simbolizan la sangre derramada por la Verdad. Las lágrimas plateadas sobre los tapices negros evocan el luto por Hiram, pero también la compasión por la persistencia del mal en el mundo. Cada elemento visual constituye un recordatorio tangible de que la lucha contra las tinieblas debe librarse desde la luz interior.

Los tres asesinos de Hiram Abiff, que reaparecen en la leyenda con los nombres de Jubela, Jubelo y Jubelum, encarnan alegóricamente a los tres grandes enemigos de la humanidad: la Ignorancia, la Tiranía y el Fanatismo. Cada uno de ellos ataca una facultad esencial del ser humano. Jubela golpea la garganta para silenciar la palabra libre, Jubelo el pecho para someter los sentimientos, y Jubelum la frente para aniquilar el pensamiento independiente.

Esta triple agresión simboliza la guerra permanente que la razón debe sostener contra aquellas fuerzas que buscan reducir la dignidad humana. El grado 9 REAA enseña que estos enemigos no pueden ser vencidos mediante métodos idénticos a los que ellos emplean. Reproducir su violencia significa convertirse en su reflejo y perpetuar el ciclo de destrucción que se pretendía erradicar.

La relevancia contemporánea del Maestro Elegido de los Nueve resulta innegable en un mundo donde la justicia por mano propia amenaza el tejido de las democracias. El grado anticipa con lucidez los dilemas éticos de las sociedades modernas, donde la velocidad de la información puede generar turbas digitales tan destructivas como las físicas. La enseñanza masónica de este grado invita a una pausa reflexiva ante la urgencia de condenar.

Someter los impulsos punitivos al escrutinio de la razón y al marco de la ley es el verdadero legado de esta iniciación. En este sentido, el significado del noveno grado en la masonería trasciende el ámbito iniciático para convertirse en una contribución valiosa al pensamiento político y ético occidental. La historia del maestro elegido de los nueve ilustra la distinción esencial entre el celo constructivo y el fanatismo destructivo.

Joabert poseía sin duda un fervor genuino por la causa de la justicia, pero su incapacidad para modular ese fervor mediante la templanza lo convirtió en transgresor. El grado advierte que el fanatismo, incluso cuando se reviste con las banderas de la verdad, constituye la mayor amenaza para la civilización. La civilización se sostiene sobre el imperio de la ley, la debida diligencia y el debido proceso, no sobre el estallido emocional de las multitudes.

Esta lección adquiere una urgencia particular en épocas de polarización ideológica, donde la tentación de demonizar al adversario puede llevar a justificar violencias que destruyen el orden moral compartido. El simbolismo masónico de la caverna iluminada por una lámpara tenue ofrece una metáfora psicológica profunda sobre el conocimiento de uno mismo.

La caverna representa el inconsciente personal, ese espacio interior donde habitan las sombras y los impulsos no reconocidos. La lámpara, con su luz débil, simboliza la razón aún inmadura que intenta explorar esas profundidades. El encuentro del elegido con el asesino dormido puede leerse como el enfrentamiento del individuo con su propia sombra, ese aspecto oscuro que no puede ser eliminado mediante la negación.

El grado sugiere que la verdadera victoria no consiste en la decapitación del otro, sino en la iluminación de las propias zonas de oscuridad. En la tradición del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, las virtudes asociadas a los nueve elegidos constituyen el antídoto contra las pasiones que corrompen. La desinteresada acción, la cortesía, la devoción, la firmeza, la franqueza, la generosidad, la abnegación, el heroísmo y el patriotismo son presentadas como cualidades indispensables.

Estas nueve virtudes, simbolizadas por las velas amarillas que iluminan el Capítulo, representan la luz solar del conocimiento divino revelado a los elegidos. El candidato aprende así que la fuerza moral no reside en la capacidad de destrucción. Reside en la integridad de carácter que permite resistir la tentación de la venganza y optar por la justicia institucional.

La divisa del grado, “Vincere aut Mori”, lejos de ser un llamado a la violencia, expresa la determinación de servir a la verdad hasta las últimas consecuencias. Esta fórmula no alude a la aniquilación del adversario, sino a la disposición del iniciado para sacrificar sus propios intereses en aras de principios superiores. El noveno grado masónico redefine el concepto de victoria.

No se trata de imponerse al otro mediante la fuerza, sino de vencerse a sí mismo mediante la dominación de las pasiones inferiores. Esta reinterpretación ética convierte al grado en una escuela de autenticidad. Finalmente, el Maestro Elegido de los Nueve nos deja una reflexión perenne sobre la fragilidad de la civilización y la vigilancia que ésta exige.

La leyenda de Joabert nos recuerda que cada individuo porta dentro de sí la posibilidad de convertirse en víctima o en verdugo, en defensor del orden o en agente del caos. La masonería escocesa, a través de este grado, asume la responsabilidad de formar hombres capaces de discernir entre la justicia legítima y la sed de sangre.

En un mundo que oscila entre el autoritarismo y la anomia, la enseñanza del grado 9 REAA permanece como un faro que ilumina la senda de quienes buscan construir una sociedad fundada en la razón, la ley y la compasión.


Referencias 

Pike, A. (1871). Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasonry. Charleston: Supreme Council of the Thirty Third Degree.

Hutchens, R. R. (1988). A Bridge to Light. Washington: Supreme Council, 33°, Southern Jurisdiction.

Cline, J. W. (2020). “Ninth Degree: Elu of the Nine”. Guthrie Scottish Rite College. Recuperado de https://guthriescottishrite.org

Ragon, J. M. (1841). Cours philosophique et interprétatif des initiations anciennes et modernes. París: Collignon.

De Hoyos, A. (2009). Scottish Rite Ritual Monitor and Guide. Washington: Supreme Council, 33°, Southern Jurisdiction.


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