Entre los grandes nombres de la historia de la ciencia existe uno que durante décadas permaneció injustamente en la sombra: Hertha Ayrton. Sus investigaciones revolucionaron el estudio del arco eléctrico, abrió camino para las mujeres en la ingeniería y desafió las barreras impuestas por las instituciones científicas de su época. ¿Cómo logró cambiar la ciencia victoriana? ¿Por qué su legado sigue siendo tan relevante en la actualidad?


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Hertha Ayrton: la ingeniera y física que iluminó el arco eléctrico y desafió a la Royal Society


Phoebe Sarah Marks, conocida después como Hertha Ayrton, nació en Portsea, Inglaterra, en 1854, en el seno de una familia judía polaca de origen modesto. Su padre, relojero emigrado, murió cuando ella era niña, dejando a la madre al cuidado de ocho hijos. Este origen humilde marcó en Hertha una conciencia temprana sobre la desigualdad social y económica, elementos que más tarde definirían tanto su carácter combativo como su compromiso con la justicia, anticipando la trayectoria de una de las pioneras de la ingeniería eléctrica victoriana.

Su formación intelectual comenzó gracias a una tía que la acogió en Londres, permitiéndole acceder a una educación que pocas mujeres de su clase social podían imaginar. Ingresó en el Girton College de Cambridge, institución pionera en la educación femenina superior, donde estudió matemáticas bajo la influencia de mentoras como Barbara Bodichon. Aunque Cambridge no otorgaba títulos oficiales a mujeres en aquella época, Hertha aprobó los exámenes Tripos, demostrando una capacidad científica excepcional que desafiaba los prejuicios académicos de su tiempo.

El desarrollo de su pensamiento científico se consolidó cuando comenzó a investigar el fenómeno del arco eléctrico, una tecnología emergente pero inestable, utilizada en iluminación pública y industrial. Casada con el físico William Edward Ayrton, Hertha encontró en el matrimonio un espacio de colaboración intelectual poco común para la época victoriana. Sin embargo, su investigación sobre el arco voltaico fue completamente original, basada en experimentación rigurosa y observación matemática precisa de las oscilaciones eléctricas.

En 1899, Hertha Ayrton publicó su influyente obra “The Electric Arc”, un tratado técnico que explicaba las causas del parpadeo y la inestabilidad del arco eléctrico, ofreciendo soluciones prácticas para su estabilización. Este trabajo se convirtió en referencia obligada para ingenieros eléctricos de la época, consolidando su reputación como una de las primeras mujeres en realizar investigación experimental seria dentro de la física aplicada y la ingeniería eléctrica moderna a nivel internacional.

Un momento decisivo en su carrera llegó cuando, en 1902, fue propuesta para ingresar como miembro de la Royal Society, la institución científica más prestigiosa de Gran Bretaña. Sin embargo, la Royal Society rechazó su candidatura argumentando que, al estar casada, carecía de personalidad jurídica independiente. Esta exclusión, profundamente injusta, evidenció las barreras estructurales que enfrentaban las mujeres científicas, pese a méritos comprobados y contribuciones técnicas significativas al conocimiento eléctrico.

Lejos de rendirse, Hertha Ayrton continuó investigando y, en 1904, se convirtió en la primera mujer en leer personalmente un artículo científico ante la Royal Society, rompiendo un precedente histórico. Posteriormente recibió la Medalla Hughes en 1906, distinción otorgada por sus contribuciones al estudio del arco eléctrico y de las ondas de arena, demostrando que su talento trascendía las limitaciones institucionales impuestas por una sociedad científica todavía profundamente patriarcal y excluyente.

Durante la Primera Guerra Mundial, Hertha aplicó sus conocimientos científicos a un propósito humanitario y militar: inventó el llamado “abanico Ayrton”, un dispositivo destinado a dispersar gases tóxicos en las trincheras, salvando potencialmente numerosas vidas de soldados británicos. Esta invención, surgida del estudio previo sobre vórtices y ondas en la arena, mostró su capacidad para transferir conocimiento científico abstracto hacia soluciones tecnológicas concretas y urgentes en contextos de crisis humanitaria global.

Paralelamente a su labor científica, Hertha Ayrton fue una activa sufragista, comprometida con el movimiento por el voto femenino en Inglaterra. Participó en marchas, financió causas feministas y mantuvo amistad con figuras como Marie Curie, a quien apoyó tras la controversia pública generada por la relación sentimental de la física polaca con Paul Langevin. Esta solidaridad reflejaba su convicción profunda sobre la necesidad de proteger a las mujeres en ciencia frente a juicios morales injustos y desproporcionados.

La relación entre Hertha Ayrton y Marie Curie ejemplifica la solidaridad transnacional entre mujeres científicas de finales del siglo diecinueve y principios del veinte, quienes enfrentaban obstáculos similares pese a pertenecer a contextos nacionales distintos. Ambas compartían la experiencia de ser subestimadas por instituciones académicas dominadas por hombres, lo cual reforzó su determinación mutua para continuar produciendo investigación científica rigurosa, pese a la hostilidad ambiental persistente en círculos universitarios europeos tradicionales.

El legado histórico de Hertha Ayrton trasciende sus descubrimientos técnicos específicos sobre el arco eléctrico o las ondas de arena, situándose como símbolo de la lucha femenina por el reconocimiento científico institucional. Su nombre representa hoy un referente obligado en la historia de las mujeres en ingeniería eléctrica, recordando cómo el talento individual puede desafiar estructuras de poder profundamente arraigadas en instituciones académicas históricamente excluyentes y resistentes al cambio social progresivo.

En la actualidad, diversas instituciones educativas y científicas británicas honran su memoria mediante becas, premios y programas dedicados a fomentar la participación femenina en disciplinas STEM. La Institution of Engineering and Technology, entre otras organizaciones, reconoce su contribución pionera como ingeniera y física experimental, consolidando su figura dentro de la narrativa contemporánea sobre diversidad de género en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas a nivel mundial.

Hertha Ayrton murió en 1923, dejando un legado científico y social que combina investigación experimental rigurosa con activismo político comprometido. Su historia ilustra perfectamente cómo la ciencia victoriana, pese a sus limitaciones estructurales hacia las mujeres, no pudo contener completamente el talento de quienes, como ella, decidieron desafiar abiertamente convenciones sociales restrictivas para abrir camino a futuras generaciones de científicas e ingenieras en todo el mundo.


Referencias bibliográficas:

Mason, J. (1991). Hertha Ayrton (1854-1923): A Memoir. The Institution of Electrical Engineers.

Sharp, E. (1926). Hertha Ayrton: A Memoir. Edward Arnold & Co.

Brock, C. (2008). The Royal Society and the Discovery of Antiquity. Cambridge University Press.

Mozans, H. J. (1913). Woman in Science. D. Appleton and Company.

Pycior, H. M., Slack, N. G., & Abir-Am, P. G. (Eds.). (1996). Creative Couples in the Sciences. Rutgers University Press.


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