Entre miles de rostros de porcelana que observan en silencio desde estanterías sagradas, Japón conserva una tradición única dedicada a despedir muñecas rotas o envejecidas con ceremonias religiosas. Lejos de ser una simple curiosidad folclórica, el ningyo kuyo refleja una profunda visión espiritual sobre la relación entre las personas y los objetos que las acompañan durante años. ¿Por qué una muñeca merece un funeral? ¿Qué revela esta práctica sobre la cultura japonesa y el valor de las cosas que dejamos?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Los hospitales para muñecas en el Japón antiguo: rituales de consuelo espiritual en el santuario Awashima


La tradición de consagrar muñecas rotas o envejecidas en santuarios japoneses, conocida como ningyo kuyo, representa una práctica espiritual única que ha perdurado desde el siglo VIII hasta nuestros días. Estos lugares, a los que a menudo se denomina hospitales para muñecas, no son centros de reparación física, sino espacios sagrados donde se realiza una ceremonia funeraria para objetos que, según la cosmovisión sintoísta, han adquirido un alma propia. El más famoso de estos recintos es el Awashima Shrine en Wakayama, un lugar que atrae a miles de visitantes cada año para depositar muñecas Hina, peluches y otras figuras que ya no se usan. Esta práctica, lejos de ser una simple superstición, cuenta con una lógica espiritual documentada por etnólogos y antropólogos, quienes han analizado cómo el sintoísmo concibe la relación entre humanos y objetos.

El origen de los santuarios para muñecas rotas se remonta a los rituales de purificación del periodo Heian (794-1185), cuando los sacerdotes sintoístas utilizaban figuras humanas de papel o madera llamadas hitogata. Estas efigies se frotaban sobre el cuerpo para absorber impurezas y desgracias, y luego se arrojaban a un río o al mar en una ceremonia conocida como nagashibina. Este acto, documentado ya en el siglo VIII, estableció el precedente conceptual para los futuros cementerios de muñecas. Con el tiempo, la práctica evolucionó de un ritual de purificación personal a una ceremonia de agradecimiento y despedida para muñecas queridas, especialmente aquellas utilizadas en el Hinamatsuri o Festival de las Niñas.

La lógica espiritual detrás de estos rituales funerarios para muñecas se fundamenta en la creencia sintoísta del tsukumogami, según la cual los objetos que han sido utilizados durante mucho tiempo pueden adquirir una esencia espiritual o kami. Las muñecas, al estar hechas a imagen humana y haber acompañado a sus dueños durante años, son particularmente propensas a desarrollar este tipo de alma. Por ello, deshacerse de ellas tirándolas a la basura se considera un acto de falta de respeto que podría acarrear mala suerte o incluso la venganza del espíritu abandonado. El concepto japonés de mottainai, que expresa el pesar por el desperdicio de algo valioso, refuerza esta actitud de gratitud hacia los objetos.

El Awashima Shrine, también conocido como el “Santuario de las Muñecas”, alberga actualmente más de veinte mil figuras depositadas por familias de todo Japón. Cada año, el 3 de marzo, coincidiendo con el Hinamatsuri, se celebra la ceremonia más importante: el Hina Nagashi o “Flotación de Muñecas”. En este evento, cientos de muñecas son cargadas en pequeños barcos de madera y remolcadas mar adentro tras una ceremonia sintoísta de purificación. Este acto público simboliza el envío de los espíritus acumulados y las oraciones de los dueños al más allá. La práctica contemporánea de consolar muñecas demuestra que las antiguas creencias animistas siguen siendo relevantes en el Japón moderno, ofreciendo un cierre emocional a quienes no soportan la idea de simplemente desechar a sus acompañantes mudos.

Los etnólogos han señalado que los hospitales para muñecas en Japón funcionan como un mecanismo cultural sofisticado para gestionar el duelo por objetos materiales. En una sociedad de consumo donde los objetos se desechan rápidamente, estos rituales proporcionan una estructura colectiva y sagrada para una emoción que de otro modo sería privada y difícil de nombrar. La investigadora Gyfi documenta cómo el ningyo kuyo moderno adquirió su forma actual a principios del siglo XX, coincidiendo con la popularización de las muñecas Hina como objetos de exposición doméstica. Hoy en día, no solo el Awashima Shrine realiza estas ceremonias; muchos templos budistas y santuarios sintoístas menores ofrecen servicios similares, lo que indica una necesidad cultural generalizada.

La relevancia actual de estos santuarios para muñecas rotas trasciende lo puramente religioso y entra en el ámbito del turismo cultural y la gestión emocional del desperdicio. Cada año, miles de personas envían por correo o llevan personalmente sus muñecas al Awashima Shrine, pagando una tarifa por la ceremonia de consuelo. Esta práctica ofrece una alternativa espiritual y ambientalmente consciente a los vertederos, especialmente para muñecas elaboradas con materiales no biodegradables. Además, el santuario se ha convertido en un destino de turismo religioso en Japón, atrayendo a visitantes fascinados por la atmósfera única donde decenas de miles de rostros de porcelana y tela miran en silencio, esperando su liberación ritual.

Los hospitales para muñecas en el Japón antiguo y su continuación en el Awashima Shrine representan una tradición viva que combina el animismo sintoísta, la gestión del duelo y el respeto por los objetos. Esta ceremonia funeraria para muñecas nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con las cosas materiales y sobre la necesidad humana universal de despedirnos adecuadamente de aquello que ha sido parte de nuestras vidas. Lejos de ser una rareza folclórica, el ningyo kuyo ofrece una lección profunda sobre la gratitud, el desapego y el reconocimiento de que, en un sentido espiritual, incluso una muñeca rota merece un final digno.


Referencias bibliográficas

· Gygi, F. (2022). The Great Heisei Doll Massacre: Disposal and the Production of Ignorance in Contemporary Japan. En T. Brox & E. Williams-Oerberg (Eds.), Buddhism and Waste: The Excess, Discard, and Afterlife of Buddhist Consumption (pp. 103-124). Londres: Bloomsbury.

· Espino de Valdivia, I. (2008). Dolls in Japan: Rituals, Celebrations and Festivals. Pittsburgh: Chatham University.

· Piggott, J. R. (1997). The Emergence of Japanese Kingship. Stanford: Stanford University Press.

· Ishizawa, S. (2015). Awashima Gannin y el origen del Hina Nagashi. Revista de Estudios Japoneses, 42(1), 87-105.

· Foster, M. D. (2009). Pandemonium and Parade: Japanese Monsters and the Culture of Yōkai. Berkeley: University of California Press. [Capítulo sobre tsukumogami y objetos animados].


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