Entre los grandes mitos de la historia de la música existe uno que rara vez se cuestiona: que Mozart dominó sin rival la vida cultural de la Viena del siglo XVIII. Sin embargo, en 1786 un compositor valenciano logró algo extraordinario: cautivar a la corte, a la aristocracia y al pueblo hasta convertir su ópera en un fenómeno social sin precedentes. ¿Quién fue Vicente Martín y Soler? ¿Cómo consiguió eclipsar al propio Mozart en el corazón del Imperio Habsburgo?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Vicente Martín y Soler: el compositor valenciano que eclipsó a Mozart en Viena


El prodigio español en el corazón de Europa

La historia de la música occidental ha consagrado una narrativa hegemónica construida, en gran medida, desde perspectivas germánicas y anglosajonas. En ese relato canónico, el Viena de finales del siglo XVIII aparece dominada de manera casi exclusiva por la figura titánica de Wolfgang Amadeus Mozart. Sin embargo, la evidencia histórica revela una realidad más compleja, plural y fascinante: en 1786, el compositor valenciano Vicente Martín y Soler alcanzó una popularidad en la capital del Imperio Habsburgo que no solo equiparó, sino que momentáneamente superó a la del propio Mozart.

Orígenes y formación de un genio valenciano

Vicente Martín y Soler nació en Valencia en 1754, en el seno de una sociedad ibérica donde la música ocupaba un lugar de privilegio tanto en la liturgia como en la vida cortesana. Su formación temprana transcurrió en la rica tradición musical española, nutrida por influencias italianas y propias del barroco tardío peninsular. Desde joven reveló aptitudes excepcionales que lo llevaron a trasladarse a Italia, escuela imprescindible para cualquier compositor de ópera que aspirase al reconocimiento continental.

En Nápoles y Florencia perfeccionó su dominio del género operístico italiano, asimilando las convenciones del dramma giocoso y la opera buffa con una velocidad y profundidad que sorprendió a sus contemporáneos. Su paso por la península itálica no fue el de un aprendiz anónimo, sino el de un artista en ascenso que empezó a acumular estrenos exitosos antes de llegar a los treinta años. Esta sólida base le permitió presentarse ante los auditorios vieneses como un profesional completamente maduro.

Una cosa rara: la ópera que paralizó Viena

El punto de inflexión decisivo en la trayectoria de Martín y Soler fue el estreno de Una cosa rara, ossia Bellezza ed onestà en el Burgtheater de Viena, el 17 de noviembre de 1786. La obra contaba con un libreto del poeta veneciano Lorenzo da Ponte, colaborador también de Mozart y figura central de la vida cultural vienesa del período. Este detalle no es menor: Da Ponte eligió trabajar con el valenciano en un proyecto de gran ambición justo en el mismo año en que también colaboraba con Mozart en Las bodas de Fígaro.

El éxito de Una cosa rara fue inmediato, arrollador y socialmente transversal. La música del compositor español combinaba una melodiosidad accesible con una sofisticación armónica que seducía tanto al público ilustrado como al burgués. Las crónicas contemporáneas documentan con asombro cómo las melodías principales de la ópera se convirtieron en auténticos fenómenos populares: se cantaban en tabernas, se silbaban en mercados y se interpretaban en los salones más elegantes de la aristocracia.

El fenómeno social de la moda «a la cosa rara»

Uno de los indicadores más elocuentes del impacto cultural de la obra fue su penetración en la moda. Las mujeres vienesas comenzaron a adoptar indumentarias inspiradas en los personajes de la ópera, en lo que los historiadores han denominado la moda «a la cosa rara». Este fenómeno, que hoy reconoceríamos como una respuesta viral ante un producto cultural, evidencia que la obra de Martín y Soler había trascendido los límites del teatro para instalarse en el imaginario colectivo de toda una ciudad.

Esta repercusión social eclipsó considerablemente el estreno de Las bodas de Fígaro, de Mozart, estrenada apenas unos meses antes en el mismo teatro. La comparación no debe interpretarse como una derrota artística de Mozart, sino como evidencia de que Viena era entonces un campo de batalla musical de extraordinaria vitalidad, donde varios genios convivían en competencia fructífera.

El homenaje inmortal de Mozart en Don Giovanni

El reconocimiento más célebre que recibió Martín y Soler provino del propio Mozart, cuya grandeza intelectual le impedía negar el mérito ajeno. En el segundo acto de Don Giovanni, estrenada en 1787, aparece una escena de banquete en la que una orquesta de cámara interpreta fragmentos musicales reconocibles por el público. Mozart incluyó deliberadamente el aria «O quanto un sì bel giubilo», de Una cosa rara, como primera pieza del programa ficticio.

El criado Leporello, al escucharla, exclama con admiración irónica: «¡Exquisita música!». Este guiño constituye uno de los homenajes más elegantes de la historia de la música clásica: un genio universal reconociendo públicamente, ante el público que había encumbrado a su rival, la calidad indiscutible de la obra española. Mozart también incluyó en la misma escena fragmentos de Fra i due litiganti de Giuseppe Sarti, pero la elección de Una cosa rara como pieza de apertura no puede considerarse casual.

La corte de Catalina la Grande: segundo capítulo imperial

Tras consolidar su posición en Viena, Martín y Soler recibió una de las invitaciones más prestigiosas que podía recibir un músico europeo de la época: incorporarse a la corte de la emperatriz Catalina II de Rusia en San Petersburgo. La zarina, conocida por su voracidad intelectual y su determinación de convertir Rusia en una potencia cultural europea, había construido una corte que atraía a los talentos más refinados del continente.

El compositor valenciano se instaló en San Petersburgo, donde estrenó óperas en italiano y también en ruso, contribuyendo al desarrollo de una tradición operística nacional rusa que aún estaba en gestación. Su influencia sobre la música cortesana rusa del período es un capítulo que la musicología contemporánea ha comenzado a valorar con mayor profundidad, reconociendo en su obra una bisagra entre la tradición italiana y las particularidades del gusto eslavo.

El silencio historiográfico y la deuda de la musicología

La pregunta que plantea el legado de Martín y Soler trasciende lo meramente anecdótico: ¿por qué un compositor que eclipsó a Mozart en su propio territorio fue prácticamente borrado del canon musical occidental? La respuesta reside en los mecanismos de construcción del relato histórico. La musicología decimonónica, dominada por tradiciones alemanas y austrohúngaras, articuló una narrativa teleológica que conducía inevitablemente hacia Beethoven y Wagner, con Mozart como antecedente glorioso e imprescindible.

En ese esquema, no había espacio cómodo para un compositor español que interrumpía la linealidad del mito germánico. Las obras de Martín y Soler cayeron en desuso, sus partituras dejaron de interpretarse y su nombre desapareció de los programas de los conservatorios europeos. Solo en las últimas décadas del siglo XX, con el auge de la musicología histórica y la recuperación del repertorio del Settecento, su figura ha comenzado a ser rehabilitada con el rigor que merece.

Recuperación contemporánea y proyección futura

El interés renovado por la música española del siglo XVIII ha situado a Martín y Soler en el centro de un proceso de recuperación académica e interpretativa. Directores como René Jacobs y grupos especializados en interpretación históricamente informada han vuelto a montar Una cosa rara con notable éxito, descubriendo para el público contemporáneo una obra cuya vitalidad permanece intacta.

Desde España, el interés por reivindicar a este compositor valenciano ha crecido, aunque el proceso de integración plena en el canon educativo y cultural sigue siendo una asignatura pendiente. Los conservatorios, instituciones culturales y organismos de difusión del patrimonio musical tienen ante sí la responsabilidad de recuperar y proyectar una figura que constituye un motivo legítimo de orgullo para la tradición musical hispánica.

Un lugar propio en la historia de la música universal

Vicente Martín y Soler no es una curiosidad histórica ni una nota al pie de la biografía mozartiana. Es un compositor de primer orden cuya obra influyó directamente sobre los mayores creadores de su tiempo, cuya popularidad transformó la vida cultural de dos de las cortes más importantes de Europa y cuya música posee, tres siglos después, una frescura y una vitalidad capaces de seducir a cualquier oyente. Reconocerlo como tal no es un ejercicio de localismo cultural, sino una demanda de rigor historiográfico y justicia artística.


  • Conviene señalar que, aunque Vicente Martín y Soler alcanzó una enorme popularidad en la Viena de finales del siglo XVIII, su prestigio se debió principalmente a su talento como compositor de ópera. Mozart, por su parte, destacó no solo por su genio compositivo, sino también como pianista virtuoso, violinista y director. En ese sentido, puede considerarse un músico más versátil y completo, mientras que Martín y Soler sobresalió de manera excepcional en un ámbito más específico: el teatro lírico.

Referencias

Biagi Ravenni, G., & Woodfield, I. (2001). Martín y Soler, Vicente. En S. Sadie (Ed.), The New Grove Dictionary of Music and Musicians (2.ª ed., vol. 15, pp. 891–894). Macmillan.

Da Ponte, L. (1987). Memorie (A. Livingston, Ed. y trad.). Da Capo Press. (Obra original publicada en 1823–1827).

Hunter, M. (1999). The Culture of Opera Buffa in Mozart’s Vienna: A Poetics of Entertainment. Princeton University Press.

Platoff, J. (1992). Musical and dramatic structure in the opera buffa finale. Journal of Musicology, 7(2), 191–230. https://doi.org/10.2307/763911

Tyson, A. (Ed.). (1987). Mozart: Studies of the Autograph Scores. Harvard University Press.


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