Entre los grandes mitos del sudeste asiático, pocos resultan tan fascinantes como el de Bakunawa, el gigantesco dragón marino que intenta devorar la Luna y explica los eclipses dentro de la tradición visaya. Su historia une astronomía, simbolismo, identidad indígena y memoria colectiva en un relato que ha sobrevivido durante siglos y continúa inspirando a Filipinas. ¿Qué representa realmente Bakunawa? ¿Por qué su leyenda sigue vigente?
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📷 Imagen generada por Dola Al para El Candelabro. © DR
Bakunawa: el dragón filipino que intenta devorar la Luna
Entre los relatos cosmológicos del archipiélago filipino, pocos poseen la fuerza simbólica y la persistencia cultural del mito de Bakunawa, la serpiente-dragón que, según la tradición visaya, acecha el cielo nocturno con el propósito de devorar la Luna. Este ser, mitad reptil, mitad dragón marino, condensa en su figura los temores ancestrales ante los eclipses, la fragilidad del orden celeste y la necesidad humana de explicar los fenómenos astronómicos mediante narrativas que vinculan lo cósmico con lo moral y lo comunitario. Comprender a Bakunawa exige adentrarse en la cosmovisión precolonial de las islas Visayas, en sus conexiones con las mitologías náguicas del sudeste asiático y en la manera en que este mito sobrevivió a la cristianización para instalarse hoy como símbolo identitario de la cultura filipina.
La figura de Bakunawa aparece documentada principalmente en los relatos orales de los pueblos visayas, especialmente en Bohol, Capiz y otras regiones centrales del archipiélago. Se le describe como una criatura serpentiforme de proporciones colosales, con branquias, alas membranosas, una boca capaz de engullir astros enteros y ojos que brillan como espejos bajo el agua. Habita en las profundidades marinas o en cuevas submarinas, desde donde emerge periódicamente para intentar devorar a la Luna, considerada en muchas versiones como la última de siete lunas originales creadas por las deidades primordiales.
Según distintas variantes recogidas por folkloristas del siglo XX, existían originalmente siete lunas hermanas que iluminaban el cielo filipino. Bakunawa, fascinado o hambriento ante su belleza, devoró seis de ellas sucesivamente, dejando a la humanidad en semioscuridad perpetua. Alarmados por la pérdida progresiva de los astros, los antiguos habitantes de las islas idearon estrategias para proteger a la última Luna superviviente, entre ellas sembrar bambúes espinosos en las montañas para herir al dragón si intentaba alcanzarla desde la tierra. Este relato etiológico no solo explica la existencia de una sola Luna, sino que articula una memoria colectiva sobre la escasez, la protección comunitaria y la resistencia frente a fuerzas cósmicas percibidas como depredadoras.
El vínculo más evidente entre el mito y la observación astronómica se manifiesta en la interpretación tradicional de los eclipses lunares. Cuando la sombra de la Tierra oscurece progresivamente el disco lunar, las comunidades visayas interpretaban este fenómeno como el instante en que Bakunawa lograba, finalmente, morder o engullir a la Luna. Ante esta amenaza, era costumbre generalizada golpear tambores, gongs, ollas de metal y otros utensilios domésticos, además de gritar y hacer el mayor ruido posible, con el propósito de ahuyentar al monstruo y obligarlo a liberar el astro capturado. Esta práctica ritual, documentada por cronistas coloniales españoles y posteriormente por folkloristas filipinos, revela una estrategia cultural para transformar la pasividad ante un evento astronómico incontrolable en una acción colectiva significativa, capaz de restaurar simbólicamente el orden cósmico mediante la intervención comunitaria.
Resulta especialmente relevante situar a Bakunawa dentro del amplio complejo mitológico de las nagas y serpientes acuáticas que se extiende por el sudeste asiático continental e insular. Aunque el término “naga” proviene de las tradiciones hindú-budistas introducidas en la región mediante rutas comerciales e influencias culturales indianizadas, muchas sociedades austronesias, incluidas las filipinas, desarrollaron paralelamente sus propias figuras serpentiformes asociadas al agua, la fertilidad y los fenómenos celestes antes de cualquier contacto documentado con el subcontinente indio. Bakunawa comparte con estas tradiciones la asociación entre serpiente, agua y poder cósmico, pero conserva rasgos claramente autóctonos, como su vínculo específico con la devoración lunar y su papel en la cosmogonía visaya de las siete lunas, elementos que no encuentran equivalente exacto en las tradiciones nágicas del continente asiático.
El mito de un ser celeste que devora astros no constituye una particularidad exclusivamente filipina, sino que se inscribe en un patrón mitológico de alcance prácticamente universal. En la mitología nórdica, los lobos Sköll y Hati persiguen incansablemente al Sol y a la Luna, y su eventual captura anunciará el Ragnarök. En la tradición china, el perro celestial Tiangou intenta devorar ambos astros durante los eclipses, motivando prácticas rituales de ruido muy similares a las visayas. En Vietnam, la rana Cóc o el sapo celestial cumple una función análoga. Estos paralelismos sugieren que la observación humana de los eclipses generó, de manera independiente en culturas geográficamente distantes, la necesidad narrativa de personificar la sombra devoradora en forma de un depredador cósmico, cuya derrota o expulsión restaura el equilibrio del cielo.
La llegada del colonialismo español al archipiélago filipino en el siglo XVI introdujo el cristianismo como marco religioso dominante, proceso que relegó a numerosas divinidades y criaturas precoloniales, entre ellas Bakunawa, a la categoría de superstición o folclore popular. Sin embargo, a diferencia de otras figuras mitológicas que se diluyeron casi por completo, Bakunawa logró persistir en la memoria colectiva visaya gracias a su vinculación directa con un fenómeno astronómico observable y recurrente: el eclipse lunar. Mientras el fenómeno siguiera ocurriendo, la explicación mítica encontraba constantemente nuevas ocasiones para reactivarse en la práctica ritual y en la transmisión oral intergeneracional, incluso bajo la superficie de una religiosidad oficialmente católica.
Durante el siglo XX, folkloristas e investigadores filipinos como Maximo Ramos y F. Landa Jocano documentaron sistemáticamente estas narrativas, integrándolas dentro de estudios más amplios sobre la mitología filipina de las tierras bajas. Estos trabajos permitieron distinguir a Bakunawa de otras criaturas acuáticas del panteón filipino, como la Sirena o el Bakunawa marino asociado a determinadas variantes regionales, y establecer su lugar específico dentro de la cosmogonía lunar visaya. Gracias a esta labor académica, el mito trascendió su condición de superstición rural para constituirse en objeto legítimo de estudio antropológico y en patrimonio narrativo reconocido dentro de la identidad cultural filipina contemporánea.
En las últimas décadas, Bakunawa ha experimentado una notable revitalización simbólica dentro de la cultura popular filipina contemporánea. Aparece representado en cómics, videojuegos, series animadas, monedas conmemorativas y proyectos artísticos que buscan reivindicar la mitología precolonial frente a siglos de influencia colonial. Esta reapropiación no solo cumple una función estética, sino que constituye un acto de recuperación identitaria: al recuperar a Bakunawa, las nuevas generaciones filipinas reconectan con un sistema simbólico anterior a la colonización, reafirmando la existencia de una cosmovisión propia, rica y compleja, capaz de dialogar con las mitologías comparadas del mundo sin depender exclusivamente de marcos narrativos importados.
El mito de Bakunawa demuestra, en definitiva, la capacidad humana universal para transformar la observación astronómica en relato significativo y en práctica ritual comunitaria. Su persistencia a través de los siglos, pese a la colonización religiosa y cultural, evidencia la resiliencia de las cosmovisiones indígenas filipinas y su capacidad de adaptación simbólica ante los cambios históricos. Como figura que amenaza devorar la Luna y que la humanidad logra repeler mediante el ruido, la unidad y la memoria compartida, Bakunawa continúa ofreciendo una lección profundamente humana sobre la relación entre el miedo cósmico, la acción colectiva y la construcción cultural del sentido frente a lo inexplicable.
Referencias
Ramos, M. D. (1971). Creatures of Philippine Lower Mythology. University of the Philippines Press.
Jocano, F. L. (1969). Outline of Philippine Mythology. Centro Escolar University Research and Development Center.
Eugenio, D. L. (2001). Philippine Folk Literature: The Myths. University of the Philippines Press.
Meñez, H. Q. (1996). Explorations in Philippine Folklore. Ateneo de Manila University Press.
Potet, J.-P. G. (2018). Ancient Beliefs and Customs of the Tagalogs. Lulu Press.
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