Entre cantos ancestrales, giros rituales y una comunidad reunida en torno a la reconciliación, el Cem alevi conserva una de las expresiones espirituales más singulares del islam. Música, danza y ética se entrelazan en una ceremonia que ha sobrevivido siglos de persecución y silencio, ofreciendo una visión distinta de la fe y la vida comunitaria. ¿Qué revela esta tradición sobre el islam? ¿Por qué sigue despertando tanto interés en la actualidad?


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El Cem Alevi: Música, Giro Ritual y Asamblea Sagrada


Entre las montañas de Anatolia central y las llanuras del Éufrates, una tradición religiosa heterodoxa ha preservado durante siglos una de las liturgias más singulares del islam: el Cem alevi. A diferencia de la oración canónica sunní, realizada individualmente y orientada hacia La Meca, el Cem es una ceremonia colectiva, mixta y musical, en la que hombres y mujeres participan juntos en un espacio ritual denominado cemevi. Comprender el Cem exige abandonar las categorías convencionales con las que suele describirse la práctica islámica, pues aquí la música no es adorno sino vehículo teológico, el cuerpo en giro no es espectáculo sino oración encarnada, y la asamblea no es jerárquica sino comunitaria en un sentido casi conciliar.


Orígenes y contexto histórico del alevismo


El alevismo se formó a lo largo de los siglos XIII al XVI en Anatolia, en un proceso de síntesis entre corrientes sufíes heterodoxas, el chiismo duodecimano, restos de cultos preislámicos turcomanos de Asia Central y elementos cristianos anatolios. La figura de Hachi Bektash Veli, místico del siglo XIII venerado como fundador espiritual de la orden bektashí, resulta central para entender la matriz doctrinal alevi, aunque conviene distinguir entre el bektashismo como orden sufí organizada y el alevismo como religiosidad popular rural transmitida por linajes de dedes, los guías espirituales hereditarios. Historiadores como Ahmet Yaşar Ocak han mostrado que este universo religioso se consolidó al margen del islam otomano oficial, adquiriendo con frecuencia connotaciones de disidencia política frente al poder central sunní, especialmente tras el conflicto entre el Imperio otomano y la Persia safávida en el siglo XVI, cuando los alevíes fueron sospechosos de simpatizar con el chiismo persa.

Esta marginalidad estructural explica en buena medida el carácter cerrado y comunitario de la práctica cemita: durante siglos, los Cem se celebraron en secreto, dentro de estructuras de parentesco espiritual estrictamente reguladas, lo que permitió la supervivencia de una liturgia oral, musical y corporal en paralelo, y a menudo en tensión, con el islam institucional.


La estructura ritual del Cem


El Cem no es una ceremonia espontánea, sino un rito profundamente codificado que tradicionalmente comprende doce servicios o hizmet, cada uno asignado a un participante específico: el portador de la luz, el barrendero simbólico del espacio, el encargado del agua, el que recita el nefes, entre otros. Esta distribución de tareas expresa una concepción igualitaria de lo sagrado, donde la autoridad ritual del dede convive con una participación colectiva activa de toda la comunidad, incluidas las mujeres, cuya presencia y protagonismo diferencian radicalmente al alevismo de otras corrientes islámicas.

El Cem se abre habitualmente con una fase de reconciliación comunitaria, el rızalık, en la que los asistentes deben resolver disputas pendientes antes de proceder, pues se considera que ningún individuo enemistado con otro puede participar válidamente en la asamblea. Esta exigencia ética previa revela que el Cem no separa lo religioso de lo social: la comunión ritual presupone la comunión moral de la comunidad, un principio que ha sido documentado extensamente por antropólogos como David Shankland en sus estudios de campo sobre aldeas alevíes de Anatolia central.


La música como teología: el saz y el deyiş


Ningún elemento del Cem resulta tan distintivo como la música, que no funciona como acompañamiento sino como portadora directa de contenido doctrinal. El instrumento central es el bağlama o saz, un laúd de mástil largo cuyas cuerdas dobles y triples producen un timbre penetrante asociado inseparablemente a la voz del zâkir, el músico-cantor que dirige los pasajes cantados. El propio instrumento recibe en la tradición alevi el nombre de “saz sagrado” o incluso “Corán hablante”, una expresión que condensa la convicción de que la música vehicula revelación tanto como el texto escrito.

Los géneros poético-musicales centrales son el deyiş y el nefes, composiciones atribuidas a poetas-místicos históricos como Pir Sultan Abdal, Yunus Emre o Kaygusuz Abdal, transmitidas oralmente durante generaciones antes de su fijación escrita moderna. Estas piezas combinan alabanza a Alí, referencias a los Doce Imanes, exhortaciones éticas y metáforas de amor místico que recuerdan al vocabulario sufí persa, aunque cantadas en turco vernáculo comprensible para toda la comunidad, a diferencia del árabe litúrgico reservado al islam oficial. La musicóloga y orientalista Irène Mélikoff subrayó en sus investigaciones pioneras que esta preferencia por la lengua vernácula constituye en sí misma un gesto teológico de democratización religiosa, pues permite que la revelación sea accesible sin mediación clerical especializada.


El semah: giro, cuerpo y cosmología


El momento culminante del Cem es el semah, una danza ritual circular ejecutada por parejas o grupos mixtos de hombres y mujeres, generalmente doce, en representación simbólica de los Doce Imanes. Lejos de ser una expresión artística secundaria, el semah constituye para la teología alevi una forma de oración corporal equivalente en dignidad a la plegaria formal islámica, articulada en torno al relato del Miraç, el viaje celestial nocturno del profeta Mahoma, durante el cual, según la tradición alevi-bektashí, este habría presenciado una danza extática de derviches que después trasladó a la tierra.

El giro del semah evoca simultáneamente el movimiento de los astros, el vuelo de las grullas —de ahí variantes coreográficas denominadas “danza de la grulla”— y la unificación mística del practicante con lo divino. La coreografía se ejecuta descalza, con los brazos extendidos en posiciones que alternan la apertura hacia el cielo y el recogimiento hacia el pecho, sincronizada estrictamente con la aceleración progresiva de la música del saz. Estudiosos como Krisztina Kehl-Bodrogi han analizado el semah como una tecnología corporal del éxtasis comparable, aunque no idéntica, a las prácticas del sama sufí, con la diferencia crucial de la participación conjunta de ambos sexos, elemento que ha generado tanto fascinación etnográfica como hostilidad histórica por parte de sectores islámicos más conservadores, que llegaron a acusar falsamente a los alevíes de promiscuidad ritual.


El cemevi como espacio sagrado alternativo


La celebración del Cem tiene lugar en el cemevi, una “casa de asamblea” que funciona como equivalente estructural, aunque no reconocido oficialmente por el Estado turco, de la mezquita. Esta falta de reconocimiento legal ha sido objeto de disputas políticas contemporáneas significativas, documentadas por investigadores como Markus Dressler, quien ha analizado cómo la República turca, pese a su laicismo constitucional, ha mantenido una estructura religiosa oficial de matriz sunní que margina institucionalmente a la minoría alevi, estimada entre el diez y el veinte por ciento de la población de Turquía.

El espacio del cemevi carece de mihrab orientado a La Meca y de separación de género, organizándose en cambio en torno a un círculo comunitario presidido por el dede, cuya autoridad deriva de una genealogía espiritual, el ocakzade, que remite idealmente a la familia del profeta a través de Alí. Esta estructura de linaje espiritual hereditario, estudiada en profundidad por la antropología turca contemporánea, otorga al Cem una dimensión de legitimación genealógica ausente en la mayoría de las prácticas congregacionales islámicas.


Relevancia contemporánea


En las últimas décadas, la urbanización masiva de comunidades alevíes rurales hacia Estambul, Ankara y las diásporas europeas —particularmente en Alemania— ha transformado profundamente la práctica del Cem, que ha pasado de celebrarse en aldeas cerradas a organizarse en asociaciones culturales urbanas, con adaptaciones en duración, frecuencia y grado de apertura a observadores externos. Esta transición ha generado un intenso debate interno sobre la autenticidad, la transmisión oral frente a la codificación escrita, y el papel de la música y el semah como marcadores de identidad étnico-religiosa frente a las presiones de asimilación y a las reivindicaciones de reconocimiento legal frente al Estado turco.

El Cem alevi permanece así como testimonio vivo de una modernidad religiosa alternativa dentro del islam: una liturgia que integra música, danza y ética comunitaria en un mismo acto de culto, y que desafía las fronteras convencionales entre lo sagrado y lo corporal, entre lo individual y lo colectivo, entre la ortodoxia textual y la revelación cantada.


Referencias

Mélikoff, I. (1998). Hadji Bektach: Un mythe et ses avatars. Genèse et évolution du soufisme populaire en Turquie. Brill.

Ocak, A. Y. (2000). Türk Sufîliğine Bakışlar. İletişim Yayınları.

Shankland, D. (2003). The Alevis in Turkey: The Emergence of a Secular Islamic Tradition. RoutledgeCurzon.

Kehl-Bodrogi, K. (1988). Die Kızılbaş/Aleviten: Untersuchungen über eine esoterische Glaubensgemeinschaft in Anatolien. Klaus Schwarz Verlag.

Dressler, M. (2013). Writing Religion: The Making of Turkish Alevi Islam. Oxford University Press.

Olsson, T., Özdalga, E., & Raudvere, C. (Eds.). (1998). Alevi Identity: Cultural, Religious and Social Perspectives. Swedish Research Institute in Istanbul.


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