Entre las montañas del este de Ghana sobrevive una lengua que transforma las palabras en experiencias sensoriales. En el siwu, cientos de ideófonos no solo describen sonidos, movimientos o emociones: los representan de forma tan vívida que invitan al oyente a sentirlos. ¿Cómo funciona este extraordinario sistema lingüístico? ¿Qué revela sobre la naturaleza del lenguaje humano?


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Ideófonos en siwu: palabras que pintan sensaciones


En las tierras montañosas del este de Ghana, en la pequeña comunidad de Akpafu-Mempeasem, se habla una lengua que desafía las categorías con las que Occidente suele pensar el lenguaje. El siwu, perteneciente a la familia kwa dentro del grupo de las lenguas Ghana-Togo Mountain, posee un vasto repertorio léxico de más de mil palabras cuya función no es referir objetos ni describir acciones de manera abstracta, sino depictar directamente una experiencia sensorial: un movimiento, un sonido, una textura, un estado emocional. Estas palabras reciben el nombre técnico de ideófonos, y su estudio ha revolucionado buena parte de la lingüística contemporánea gracias, sobre todo, al trabajo de campo del lingüista neerlandés Mark Dingemanse, quien entre 2007 y 2009 documentó minuciosamente este sistema en su tesis doctoral defendida en la Universidad Radboud de Nimega.

Un ideófono no es simplemente una onomatopeya en el sentido restringido que Occidente atribuye a este término. Mientras que las onomatopeyas occidentales suelen limitarse a imitar sonidos, los ideófonos siwu pueden depictar cualquier tipo de percepción sensorial: visual, táctil, cinestésica, emocional o incluso cognitiva. Un ejemplo célebre es la palabra mukumuku, que evoca el movimiento mascullante de una boca al hablar de forma confusa o al masticar sin decoro. Otro caso paradigmático es tagbaraa, un ideófono que significa “largo”, y cuya prolongación vocálica final imita icónicamente la extensión que nombra: el signo lingüístico se estira tanto como el referente que describe. Esta correspondencia entre forma y significado, denominada iconicidad, constituye uno de los rasgos definitorios de la clase ideofónica, aunque Dingemanse ha insistido en que no toda palabra de origen imitativo pertenece a esta categoría gramatical.

Resulta crucial distinguir los ideófonos de otras palabras que, pese a tener un origen igualmente icónico, se comportan sintácticamente como sustantivos ordinarios. Así, kpɔkpɔɔ̀, que significa “pato”, o ìfokofoko, “pulmón”, probablemente surgieron por vías imitativas, pero se han integrado plenamente a la clase nominal y funcionan de manera puramente referencial. En cambio, expresiones como tsɔ̀kwɛtsɔ̀kwɛ, que depicta un movimiento de serrucho, o nyɛ̃kɛ̃nyɛ̃kɛ̃, que intensifica la noción de “dulce en extremo”, pertenecen inequívocamente a la clase abierta de los ideófonos. Esta distinción no es meramente semántica: los ideófonos ocupan una posición morfosintáctica marginal dentro de la oración, apareciendo frecuentemente como adjuntos performativos que se pronuncian con una prosodia particular, a menudo acompañada de gestos, alargamientos vocálicos expresivos o repeticiones que intensifican el matiz depictivo.

La noción de “depicción” resulta central para comprender la propuesta teórica de Dingemanse. Frente a la dicotomía clásica entre descripción (decir algo sobre el mundo mediante proposiciones) e indicación (señalar directamente hacia el mundo), los ideófonos introducirían un tercer modo semiótico: la depicción, entendida como la representación icónica de una experiencia mediante recursos performativos que invitan al oyente a experimentar de forma casi sensorial lo que se está narrando. Cuando un hablante de siwu inserta un ideófono en su discurso, no solo transmite información proposicional, sino que invita a su interlocutor a “sentir” el evento narrado, a revivirlo perceptualmente. Esto explica por qué los ideófonos suelen emplearse en contextos narrativos vívidos, en relatos de cacería, en descripciones de rituales funerarios o en el chismorreo cotidiano, donde la intensidad expresiva cumple una función pragmática determinante.

El sistema ideofónico del siwu también revela una tensión productiva entre expresividad e integración morfosintáctica, tal como argumentó Dingemanse en un influyente artículo publicado en 2017 en la revista STUF-Language Typology and Universals. Cuanto más integrado gramaticalmente se encuentra un ideófono —es decir, cuanto más se comporta como un verbo o un adjetivo convencional, admitiendo morfología flexiva regular—, menor es su carga expresiva y su capacidad de variación prosódica. A la inversa, los ideófonos más libres, menos integrados sintácticamente, permiten una enorme creatividad performativa: pueden alargarse, repetirse, modularse tonalmente e incluso acompañarse de gestos icónicos, precisamente porque no están constreñidos por las exigencias de la conjugación o la concordancia. Este hallazgo, basado en el análisis de conversaciones naturales grabadas en video durante el trabajo de campo, mostró que la variación aparentemente caótica en el uso de los ideófonos no es ruido lingüístico, sino un patrón sistemático que revela las fuerzas estructurales que moldean estos sistemas tanto dentro del siwu como en perspectiva translingüística.

Conviene situar el fenómeno siwu dentro de un panorama más amplio. Las lenguas con sistemas ideofónicos robustos abundan en África occidental y central, en el sudeste asiático y en algunas lenguas amerindias, como el warao hablado en Venezuela, donde investigaciones recientes han encontrado estructuras funcionalmente comparables, aunque con particularidades sintácticas propias. Esta distribución geográfica ha llevado a Dingemanse a proponer el término “ideófono” no como una categoría universal fija, sino como un concepto comparativo, en el sentido que Martin Haspelmath dio a esta noción metodológica: una herramienta analítica flexible que permite comparar fenómenos análogos entre lenguas sin presuponer que todas comparten exactamente la misma estructura gramatical subyacente. De hecho, la región donde se habla el siwu tiene una relevancia histórica particular, pues fue precisamente en esa zona de África occidental donde, hace siglo y medio, los primeros misioneros y lingüistas europeos describieron por vez primera sistemas de palabras expresivas comparables a lo que hoy llamamos ideófonos, sentando las bases de una tradición de estudio que Dingemanse retomaría más de cien años después con herramientas etnográficas y tecnológicas mucho más sofisticadas, incluyendo la transcripción alineada en video mediante el programa ELAN y bases de datos léxicas relacionales construidas con FLEx.

Más allá de su interés puramente descriptivo, el estudio de los ideófonos siwu tiene implicaciones profundas para la teoría lingüística general. Durante buena parte del siglo XX, la lingüística estructuralista y luego la generativista asumieron que la arbitrariedad del signo lingüístico —el principio saussureano según el cual no existe relación natural entre significante y significado— constituía una propiedad universal e inviolable del lenguaje humano. Los sistemas ideofónicos, sin embargo, demuestran que la iconicidad puede convertirse en un principio organizador central de subsistemas léxicos enteros, y no en una mera curiosidad periférica reducible a la onomatopeya infantil. Esto ha alimentado un creciente interés por el papel de la iconicidad en la evolución del lenguaje, en la adquisición infantil y en la cognición multimodal, áreas donde los ideófonos siwu han servido como caso de estudio paradigmático gracias a la riqueza y el rigor con que fueron documentados.

La lengua siwu, hablada hoy por una comunidad relativamente pequeña y multilingüe —muchos de sus hablantes dominan también el ewe, el inglés ghanés o el pidgin—, ofrece así una ventana privilegiada hacia una dimensión del lenguaje humano que las lenguas indoeuropeas dominantes tienden a marginar o a subestimar: la capacidad de las palabras no solo para describir el mundo, sino para pintarlo, para hacerlo sentir en el cuerpo y en el oído de quien escucha. En un mundo lingüístico cada vez más homogeneizado, la preservación y el estudio de sistemas como el ideofónico siwu recuerdan que las lenguas humanas continúan explorando posibilidades expresivas que desafían nuestras categorías más asentadas, y que la depicción sensorial constituye una vía semiótica tan legítima y sofisticada como la descripción proposicional que ha dominado la reflexión lingüística occidental durante siglos.


Referencias

Dingemanse, M. (2011). The Meaning and Use of Ideophones in Siwu [Tesis doctoral, Radboud Universiteit Nijmegen].

Dingemanse, M. (2017). Expressiveness and system integration: On the typology of ideophones, with special reference to Siwu. STUF – Language Typology and Universals, 70(2), 363–385.

Dingemanse, M. (2018). Redrawing the margins of language: Lessons from research on ideophones. Glossa: A Journal of General Linguistics, 3(1), 4.

Dingemanse, M., & Akita, K. (2017). An inverse relation between expressiveness and grammatical integration: On the morphosyntactic typology of ideophones, with special reference to Japanese. Journal of Linguistics, 53(3), 501–532.

Haspelmath, M. (2010). Comparative concepts and descriptive categories in crosslinguistic studies. Language, 86(3), 663–687.


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