Entre el ardor de un chile habanero y la caída vertiginosa de una montaña rusa se esconde una de las paradojas más intrigantes de la mente humana: disfrutar sensaciones que el cuerpo interpreta como amenaza. El miedo acelera el corazón, el picante provoca dolor y el frío extremo sacude al organismo, pero la conciencia sabe que está a salvo y transforma la alarma en placer. ¿Por qué buscamos voluntariamente estas experiencias? ¿Qué revela este fenómeno sobre la relación entre cerebro, emoción y supervivencia?
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES

📷 Imagen generada por Dola Al para El Candelabro. © DR
Masoquismo benigno: disfrutar lo que el cuerpo interpreta como amenaza
Entre el ardor de un chile habanero y la caída libre de una montaña rusa existe un territorio psicológico que durante mucho tiempo careció de nombre preciso: el placer derivado de sensaciones que el organismo, en su arquitectura más primitiva, cataloga como peligrosas. El picante quema, el vértigo desestabiliza, el frío extremo duele, y sin embargo millones de personas buscan activamente estas experiencias, pagan por ellas y las recuerdan con satisfacción. Este fenómeno, bautizado por el psicólogo Paul Rozin como “masoquismo benigno”, constituye una de las paradojas más fascinantes de la conducta humana: la capacidad de reinterpretar cognitivamente una señal corporal de amenaza para transformarla en una fuente de disfrute.
El origen conceptual del término
Paul Rozin, profesor de psicología en la Universidad de Pensilvania y una de las figuras centrales en el estudio del asco y las emociones alimentarias, introdujo el concepto a finales de los años ochenta y lo desarrolló con mayor detalle en investigaciones posteriores realizadas junto a su colega Bernstein y, más tarde, junto a Justin Kiley y otros colaboradores durante la primera década del siglo XXI. Rozin observó que ciertos placeres humanos comparten una estructura peculiar: comienzan como una respuesta fisiológica negativa —dolor, miedo, asco o repulsión— que el cerebro, tras verificar que no existe un peligro real, reinterpreta como algo agradable. A este proceso lo llamó “masoquismo benigno” precisamente para distinguirlo del masoquismo clínico o patológico: no hay aquí una búsqueda de daño genuino ni una patología subyacente, sino un juego seguro con los límites de la propia tolerancia corporal.
El término resultó deliberadamente provocador. Rozin quería capturar la paradoja de que actividades aparentemente irracionales —comer algo que quema la boca, ver una película que provoca angustia, sumergirse en agua helada— sean, de hecho, extraordinariamente comunes y hasta buscadas con entusiasmo en casi todas las culturas humanas.
El mecanismo de la “amenaza dominada”
La explicación que propone Rozin, y que ha sido refinada por investigadores posteriores, gira en torno a lo que podría llamarse la “amenaza dominada” o “peligro constatadamente falso”. El cuerpo humano posee sistemas de alarma extremadamente antiguos en términos evolutivos: los receptores TRPV1 que detectan la capsaicina del chile como si fuera calor real, el sistema vestibular que interpreta la caída como una amenaza a la integridad física, o los circuitos del miedo que se activan ante el suspenso narrativo de una película de terror. Estos sistemas no distinguen fácilmente entre un peligro real y uno simulado; reaccionan de la misma manera fisiológica.
Sin embargo, existe una capa cognitiva superior —la corteza prefrontal, el conocimiento consciente de la situación— que verifica constantemente el contexto: “estoy en un restaurante seguro”, “el cinturón de la montaña rusa está asegurado”, “esto es solo una película”. Cuando esta verificación confirma que no hay riesgo real, se produce una experiencia dual: el cuerpo sigue enviando señales de alarma (aceleración cardíaca, sudoración, liberación de adrenalina) mientras la mente sabe que está a salvo. Este contraste entre la activación fisiológica del peligro y la certeza cognitiva de seguridad genera una sensación que muchos describen como intensificación del placer, casi una euforia paradójica. El cuerpo cree estar en peligro; la mente sabe que no lo está, y de esa disonancia surge algo parecido al deleite.
Ejemplos y variantes culturales
Los ejemplos de masoquismo benigno abarcan un espectro notablemente amplio de conductas. El consumo de comida picante es quizás el más estudiado empíricamente: Rozin documentó cómo poblaciones que crecen con dietas cargadas de capsaicina desarrollan una tolerancia y hasta una preferencia activa por la sensación de ardor, algo que resulta contraintuitivo si se piensa en el picante como dolor puro. La montaña rusa y los deportes de riesgo controlado —paracaidismo, puenting, buceo en cuevas— representan la variante relacionada con el vértigo y la caída. El cine de terror y las novelas de suspenso constituyen la variante emocional-narrativa: el espectador experimenta miedo genuino sabiendo que está protegido por la pantalla o la página. Las saunas extremas, los baños de hielo y las duchas frías representan la variante térmica. Incluso el llanto provocado deliberadamente por música triste o películas melodramáticas ha sido incluido por algunos investigadores dentro de esta categoría amplia, ya que involucra la búsqueda voluntaria de una emoción negativa por el placer que produce su resolución o su propia intensidad.
Culturalmente, estas prácticas varían en intensidad y valoración social. En algunas tradiciones gastronómicas del sudeste asiático y de México, el picante extremo se celebra casi como una prueba de carácter o pertenencia cultural. En sociedades escandinavas y bálticas, la inmersión en agua helada tras la sauna forma parte de rituales de bienestar centenarios. Estas variaciones sugieren que, si bien el mecanismo fisiológico parece universal, su expresión cultural y el grado de tolerancia socialmente aceptado dependen de tradiciones específicas.
Relación con otras teorías psicológicas del riesgo
El masoquismo benigno se conecta con otros marcos teóricos previos, en particular con el concepto de “búsqueda de sensaciones” (sensation seeking) desarrollado por Marvin Zuckerman, quien identificó una dimensión estable de personalidad asociada a la preferencia por experiencias intensas, novedosas y variadas, incluso cuando implican cierto riesgo físico o social. Mientras que la teoría de Zuckerman se centra en diferencias individuales de personalidad —hay personas con mayor y menor propensión a buscar sensaciones fuertes—, el marco de Rozin se ocupa más bien del mecanismo cognitivo-afectivo compartido que hace posible el disfrute de esas sensaciones una vez que la persona decide buscarlas.
También resulta relevante la noción de “distancia estética” o “distancia psíquica” proveniente de la estética filosófica del siglo XX, que explica por qué el sufrimiento representado en el arte —una tragedia griega, una pintura de una batalla, una sinfonía en tono menor— puede resultar placentero precisamente por la distancia que separa al espectador del peligro real. El investigador alemán Winfried Menninghaus ha profundizado en esta línea al estudiar por qué las emociones negativas —el asco, la tristeza, el miedo— pueden convertirse en fuentes legítimas de placer estético, un fenómeno que él denomina “paradoja de las emociones negativas en el arte” y que dialoga estrechamente con el masoquismo benigno de Rozin, aunque aplicado al terreno de la experiencia estética más que al de la sensación corporal directa.
Función adaptativa y relevancia contemporánea
Desde una perspectiva evolutiva, se ha propuesto que la capacidad de “practicar” el manejo del miedo y del dolor en condiciones controladas pudo haber tenido valor adaptativo: permite al organismo ensayar respuestas fisiológicas al peligro —regulación del sistema nervioso simpático, gestión del estrés agudo— sin las consecuencias reales de un peligro verdadero. Bajo esta lectura, actividades como los deportes extremos o el consumo de picante no serían meros caprichos culturales, sino formas de entrenamiento emocional que refuerzan la resiliencia psicológica y la tolerancia al malestar.
En el contexto contemporáneo, el masoquismo benigno ha adquirido nueva relevancia en discusiones sobre bienestar y regulación emocional: prácticas como la inmersión en agua fría, popularizadas por figuras como Wim Hof, o el consumo deliberado de contenidos audiovisuales angustiantes, se enmarcan cada vez más dentro de un discurso de “entrenamiento del sistema nervioso” que retoma, sin siempre citarlo explícitamente, el marco teórico que Rozin propuso hace más de tres décadas.
Conclusión
El masoquismo benigno revela algo profundo sobre la arquitectura emocional humana: la posibilidad de que el sufrimiento controlado, verificado como seguro por la conciencia, se transforme en una de las formas más buscadas de placer. Lejos de ser una anomalía, esta capacidad de reinterpretar el peligro simulado parece constituir un rasgo extendido y quizás funcional de la experiencia humana, presente tanto en la mesa como en el cine, en el deporte extremo como en el arte trágico. Comprenderlo no solo ilumina por qué disfrutamos del chile o de una montaña rusa, sino también por qué buscamos, una y otra vez, historias, sonidos e imágenes que nos hacen sufrir voluntariamente.
Referencias
Rozin, P., & Schiller, D. (1980). The nature and acquisition of a preference for chili pepper by humans. Motivation and Emotion, 4(1), 77–101.
Rozin, P., Guillot, L., Fincher, K., Rozin, A., & Tsukayama, E. (2013). Glad to be sad, and other examples of benign masochism. Judgment and Decision Making, 8(4), 439–447.
Zuckerman, M. (1994). Behavioral Expressions and Biosocial Bases of Sensation Seeking. Cambridge University Press.
Menninghaus, W., Wagner, V., Hanich, J., Wassiliwizky, E., Jacobsen, T., & Koelsch, S. (2017). The distancing-embracing model of the enjoyment of negative emotions in art reception. Behavioral and Brain Sciences, 40, e347.
Andrade, E. B., & Cohen, J. B. (2007). On the consumption of negative feelings. Journal of Consumer Research, 34(3), 283–300.
Kerr, J. H., & Mackenzie, S. H. (2012). Multiple motives for participating in adventure sports. Psychology of Sport and Exercise, 13(5), 649–657.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES
MasoquismoBenigno #Psicología #ConductaHumana #PaulRozin #Neurociencia #Emociones #Miedo #Placer #ComidaPicante #MontañaRusa #Terror #Bienestar /.
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

