Entre templos ancestrales, demonios de papel, calles desiertas y un silencio absoluto, Bali celebra una de las tradiciones más extraordinarias del planeta. Durante veinticuatro horas la isla detiene vuelos, apaga sus luces y transforma el recogimiento en un acto de equilibrio espiritual, social y natural. ¿Cómo nació una costumbre capaz de paralizar una isla entera? ¿Qué significado profundo encierra este día de silencio?


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📷 Imagen generada por Dola Al para El Candelabro. © DR

Nyepi: una isla que guarda silencio durante un día


Existe en el mundo un lugar donde, una vez al año, el ruido se apaga por decreto colectivo. No hay aviones que despeguen, ni motores que circulen, ni luces que se enciendan al caer la noche. Los aeropuertos cierran, las playas se vacían y hasta internet se restringe en buena parte del territorio. Ese lugar es Bali, la isla indonesia célebre por sus templos, sus arrozales en terrazas y su espiritualidad hindú, y ese día se llama Nyepi, el Día del Silencio. Comprender Nyepi exige adentrarse en una cosmovisión donde el silencio no es ausencia, sino una forma activa de purificación, un acto ritual capaz de reordenar el equilibrio entre lo humano, lo natural y lo divino.

Nyepi marca el Año Nuevo según el calendario Saka, un sistema lunisolar de origen indio que los balineses adaptaron a su propia religiosidad. A diferencia del calendario gregoriano, que rige la vida cotidiana y administrativa de la isla, el calendario Saka determina el ritmo de las ceremonias religiosas que estructuran la existencia balinesa. La fecha de Nyepi cae, según los años, entre marzo y abril, coincidiendo con la luna nueva, un momento de oscuridad natural que refuerza simbólicamente la lógica del apagón voluntario. El testimonio histórico más antiguo que documenta esta festividad se encuentra grabado en una inscripción del pilar de Bangli, en el este de Bali, fechada en el año 914 de nuestra era, lo cual sitúa a Nyepi entre las tradiciones vivas más longevas del sudeste asiático, sostenida ininterrumpidamente a través de sucesivas dominaciones políticas, procesos coloniales y la irrupción del turismo masivo del siglo XX.

La cosmovisión que sostiene Nyepi se articula alrededor del concepto de Tri Hita Karana, un principio filosófico del hinduismo balinés que postula la necesidad de mantener la armonía en tres planos simultáneos: la relación del ser humano con lo divino, con la naturaleza y con sus semejantes. Nyepi funciona como el mecanismo ritual que restaura ese equilibrio cuando el desgaste de la vida cotidiana lo ha erosionado. La festividad también encarna la tensión permanente entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, entre el ruido y el silencio, dualidades que el pensamiento balinés no concibe como opuestos irreconciliables, sino como fuerzas complementarias que deben mantenerse en tensión dinámica. Nyepi representa precisamente el punto de inflexión de ese ciclo: el momento en que el caos se transforma deliberadamente en calma.

Antes de que el silencio se imponga, la isla atraviesa un período de intensa actividad ritual que resulta indispensable para comprender la lógica interna de la festividad. Días o incluso semanas antes de Nyepi, se celebra el Melasti, una procesión hacia el mar, los ríos o los manantiales sagrados en la que las comunidades locales, organizadas por banjar o barrios tradicionales, transportan los objetos sagrados de los templos para purificarlos con agua considerada fuente primordial de vida. Esta ceremonia expresa la creencia de que el océano posee la capacidad de disolver las impurezas acumuladas durante el año transcurrido, tanto las de los objetos rituales como las del espíritu colectivo de la comunidad.

Tras el Melasti llega el ritual de Bhuta Yajna, durante el cual se elaboran las célebres Ogoh-ogoh, gigantescas efigies de papel maché y estructura de bambú que representan demonios, espíritus malévolos y fuerzas negativas del cosmos. Estas figuras, que pueden alcanzar entre tres y cinco metros de altura, se construyen con un cuidado artesanal extraordinario: ojos desorbitados, colmillos, cabelleras enmarañadas y garras amenazantes, diseñadas deliberadamente para resultar tan aterradoras como la imaginación popular pueda concebir. La noche anterior a Nyepi, conocida como Ngrupuk o Pengrupukan, estas criaturas desfilan por calles y aldeas al ritmo de tambores, campanas y cánticos, en un despliegue sonoro y visual que constituye el polo opuesto exacto del silencio que vendrá apenas horas después. Al finalizar el recorrido, las Ogoh-ogoh son incendiadas públicamente, un acto que simboliza la expulsión definitiva de los espíritus malignos antes de que amanezca el nuevo año.

Esa lógica de expulsión resulta central para entender por qué el silencio del día siguiente se practica con tanto rigor. La creencia tradicional sostiene que, tras observar el bullicio de los Ogoh-ogoh y su posterior quema, los malos espíritus interpretan que la isla ya está habitada por entidades más poderosas que ellos mismos. Cuando amanece Nyepi, Bali debe parecer completamente deshabitada, silenciosa y a oscuras, para reforzar esa ilusión y convencer a los espíritus errantes de que no hay nada que los retenga allí, de modo que abandonen la isla en paz rumbo a otros territorios.

El día de Nyepi propiamente dicho se rige por las llamadas Catur Brata Penyepian, cuatro prohibiciones espirituales fundamentales que estructuran veinticuatro horas completas de recogimiento. Amati geni prohíbe encender fuego o cualquier fuente de luz artificial, lo que en la práctica contemporánea implica también evitar el uso de electricidad. Amati karya prohíbe trabajar, incluidas las tareas domésticas más elementales. Amati lelungan prohíbe desplazarse fuera del hogar, de manera que templos, calles, playas y comercios permanecen completamente vacíos. Amati lelanguan, finalmente, prohíbe el entretenimiento y las actividades de ocio o placer sensorial, orientando la jornada hacia el ayuno, la meditación y la introspección silenciosa. El conjunto de estas restricciones convierte a Nyepi en un ejercicio colectivo de autocontrol que trasciende lo individual: no se trata solo de que cada persona guarde silencio, sino de que la isla entera, como organismo compartido, entre en un estado de suspensión deliberada.

La observancia de Nyepi no se limita a la población hindú balinesa. Turistas y residentes de otras confesiones que se encuentran en la isla durante esas veinticuatro horas están obligados a respetar las mismas restricciones, permaneciendo en sus hoteles o alojamientos sin salir a la calle, sin encender luces visibles desde el exterior y sin generar ruido que perturbe la quietud general. El aeropuerto internacional de Bali suspende por completo sus operaciones, un cierre casi sin parangón en la aviación comercial mundial, ya que ningún otro territorio detiene voluntariamente su tráfico aéreo por motivos exclusivamente religiosos durante un día entero.

Más allá de su dimensión espiritual, Nyepi ha adquirido en las últimas décadas una relevancia inesperada como fenómeno ecológico. La suspensión total de la actividad humana durante veinticuatro horas reduce de manera drástica el consumo energético, las emisiones contaminantes y la generación de residuos en toda la isla. Investigadores y observadores ambientales han señalado que la calidad del aire y los niveles de contaminación lumínica de Bali experimentan una mejora medible durante ese lapso, lo que ha convertido a Nyepi en un caso de estudio recurrente sobre cómo las prácticas religiosas tradicionales pueden generar, de manera incidental, beneficios ambientales equiparables a los que hoy se promueven bajo el nombre de sostenibilidad. El cielo nocturno de Bali, liberado de la contaminación lumínica habitual, se vuelve durante Nyepi excepcionalmente visible, y numerosos testimonios describen la experiencia de contemplar las estrellas con una nitidez que resulta prácticamente imposible el resto del año.

Al día siguiente de Nyepi se celebra el Ngembak Geni, jornada en que se reanuda el fuego y la actividad cotidiana, y en la que las familias y comunidades se visitan mutuamente para pedir perdón por las faltas cometidas durante el año anterior, en un gesto de reconciliación social que cierra simbólicamente el ciclo iniciado por el silencio. En algunas aldeas al sur de Denpasar se practica además el Omed-omedan, conocido popularmente como el ritual del beso, en el que jóvenes solteros se besan en público mientras son rociados con agua, una costumbre que expresa la renovación vital que sigue al recogimiento del día anterior.

Nyepi, en definitiva, condensa una filosofía profundamente balinesa según la cual el silencio no constituye un vacío ni una ausencia, sino una fuerza activa capaz de restaurar el equilibrio cósmico entre lo humano, lo natural y lo sagrado. La isla que durante trescientos sesenta y cuatro días bulle de actividad turística, religiosa y comercial se transforma, durante una jornada exacta, en un espacio de quietud casi arqueológica, un paréntesis deliberado que ha sobrevivido más de un milenio sin perder su sentido original.

En un mundo saturado de estímulos constantes, la persistencia de Nyepi ofrece una lección que trasciende el contexto balinés: la posibilidad de que una sociedad entera decida, de manera consciente y organizada, detenerse por completo para escuchar únicamente el silencio.


Referencias

Eiseman, F. B. (1990). Bali: Sekala and Niskala. Volume I: Essays on Religion, Ritual, and Art. Periplus Editions.

Geertz, C. (1980). Negara: The Theatre State in Nineteenth-Century Bali. Princeton University Press.

Hobart, A., Ramseyer, U., & Leemann, A. (1996). The Peoples of Bali. Blackwell Publishers.

Howe, L. (2001). Hinduism and Hierarchy in Bali. School of American Research Press.

Lansing, J. S. (1995). The Balinese. Harcourt Brace College Publishers.

Picard, M. (1996). Bali: Cultural Tourism and Touristic Culture. Archipelago Press.


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