Entre las celebraciones religiosas más singulares del mundo, Paryushana ocupa un lugar excepcional al transformar el ayuno, la confesión y el perdón en un mismo camino de purificación espiritual. Durante ocho o diez días, millones de jainistas revisan sus acciones, buscan reconciliarse con todos los seres y renuevan su compromiso con la no violencia. ¿Por qué este período es el corazón del calendario jainista? ¿Qué significado tiene pedir perdón incluso a quienes nunca hemos conocido?


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📷 Imagen generada por Dola Al para El Candelabro. © DR

Paryushana: confesión, ayuno y perdón en el calendario jainista


Entre los ciclos rituales que el jainismo ha preservado a lo largo de casi tres milenios, ninguno concentra tan intensamente la arquitectura ética de esta tradición como Paryushana, el período anual de introspección, ayuno y reconciliación que constituye el eje espiritual del calendario jainista. Mientras otras festividades religiosas del subcontinente indio suelen articularse en torno a celebraciones externas, procesiones o conmemoraciones de eventos cósmicos, Paryushana invierte esa lógica: convierte el tiempo sagrado en un espacio de suspensión de la vida ordinaria, donde el cuerpo se disciplina mediante el ayuno, la palabra se depura mediante la confesión pública, y el vínculo social se restaura mediante el perdón mutuo. Comprender este período exige situarlo dentro de la cosmovisión jainista de la ahimsa radical, del karma como sustancia física adherida al alma, y de la liberación entendida como un proceso gradual de purificación que ningún creyente puede posponer indefinidamente.


Origen y ubicación en el calendario jainista


El término Paryushana deriva del sánscrito y alude a la idea de “permanecer” o “morar”, en referencia original a la costumbre de los monjes itinerantes de detener su peregrinaje durante la estación de las lluvias monzónicas. Esta pausa monástica, documentada desde los primeros siglos de la tradición y vinculada a preceptos atribuidos a Mahavira, el vigésimo cuarto tirthankara, respondía inicialmente a razones prácticas y éticas: durante el monzón, los caminos se llenan de formas de vida minúsculas —insectos, larvas, brotes vegetales— cuya destrucción accidental bajo las sandalias de un asceta itinerante violaría el principio de no violencia hacia todo ser sintiente. Los monjes se instalaban entonces en un mismo lugar durante varios meses, dedicándose a la enseñanza, el estudio de las escrituras y la profundización ascética, mientras la comunidad laica aprovechaba su presencia estable para intensificar también su propia práctica religiosa.

Con el tiempo, esta pausa monástica cristalizó en un período ritual concreto dentro del mes de Bhadrapada del calendario lunar hindú, que corresponde aproximadamente a agosto o septiembre del calendario gregoriano. La tradición Svetambara, una de las dos grandes ramas del jainismo, observa Paryushana durante ocho días, mientras que la tradición Digambara, más austera en su interpretación del ascetismo, extiende la observancia a diez días bajo el nombre de Dashalakshana Parva, “el festival de las diez virtudes cardinales”. Esta divergencia no es meramente cronológica: refleja diferencias doctrinales profundas sobre la naturaleza del cuerpo, la posesión material y el camino hacia la liberación que separan a ambas comunidades desde los primeros siglos de nuestra era.


El ayuno como tecnología espiritual


El ayuno durante Paryushana no debe entenderse como una simple restricción alimentaria de carácter simbólico, sino como una tecnología espiritual precisa dentro de la metafísica jainista del karma. Para esta tradición, el karma no es una noción abstracta de causa y efecto moral, sino una sustancia material sutil que se adhiere al alma (jiva) a través de las acciones, palabras y pensamientos impregnados de pasión, apego o aversión. Cada partícula kármica oscurece la naturaleza luminosa y omnisciente del alma, prolongando su encadenamiento al ciclo de renacimientos. El ayuno, al reducir drásticamente la actividad vinculada a la supervivencia biológica —comer, beber, buscar placer sensorial— disminuye las oportunidades de generar nuevo karma y, simultáneamente, mediante la austeridad voluntaria (tapas), quema el karma ya acumulado.

Las modalidades de ayuno practicadas durante estos días varían considerablemente según la capacidad física y el compromiso espiritual de cada practicante. El ayuno más extremo, conocido como Attham, implica abstenerse completamente de alimentos y a veces de agua durante tres días consecutivos. Existe también la práctica del Athai, con variantes de duración distinta, y formas más moderadas como el Ekasana, que permite una única comida al día, o el Biyasana, con dos comidas. Algunos laicos jainistas emprenden ayunos escalonados de creciente dificultad a lo largo de los ocho o diez días, mientras que casos excepcionales de devoción extrema, particularmente entre mujeres laicas de comunidades Svetambara en Gujarat y Rajastán, han llegado a sostener el ayuno completo durante la totalidad del período, una hazaña que la comunidad celebra con procesiones y reconocimiento público al concluir la festividad.

Resulta crucial señalar que este ascetismo alimentario jainista guarda relación directa con una práctica extrema y controvertida: el Sallekhana o Santhara, el ayuno voluntario hasta la muerte que algunos jainistas emprenden al final de su vida o ante una enfermedad terminal, entendido no como suicidio sino como la culminación lógica del desapego hacia el cuerpo. Aunque Paryushana no implica esta práctica límite, el ayuno ritual del período funciona como un entrenamiento progresivo en el desapego corporal que la sustenta doctrinalmente, y ha sido objeto de debates legales en la India contemporánea sobre su compatibilidad con las leyes que prohíben la asistencia al suicidio.


Samvatsari: el día de la confesión y el perdón universal


El punto culminante de Paryushana llega en su jornada final, denominada Samvatsari en la tradición Svetambara, cuando la comunidad entera participa en un ritual de confesión pública y perdón recíproco que constituye, quizás, el elemento más distintivo y humanamente conmovedor de todo el calendario jainista. Durante este día, los practicantes recitan el Samvatsari Pratikramana, una extensa fórmula litúrgica de introspección y arrepentimiento que revisa sistemáticamente las faltas cometidas durante el año transcurrido, ya sea por acción, palabra o pensamiento, y ya sea de manera consciente o inconsciente, contra cualquier ser viviente.

El acto ritual más característico de esta jornada es la pronunciación de la frase “Micchami Dukkadam”, expresión en idioma prácrito que significa aproximadamente “que todo mal cometido resulte en vano” o “perdón por cualquier falta cometida”. Esta fórmula no se limita a un intercambio privado entre allegados: los jainistas la extienden explícitamente a familiares, amigos, socios comerciales, vecinos y, en su formulación más radical, a todos los seres vivientes del universo sin excepción, incluyendo aquellos con quienes nunca han tenido contacto directo. Esta universalización del perdón refleja la doctrina jainista de la interconexión de todas las almas y la convicción de que la verdadera liberación espiritual es incompatible con cualquier resentimiento retenido, por mínimo que sea.

La práctica de Samvatsari revela una concepción del tiempo religioso radicalmente distinta de la que domina en otras tradiciones: no se trata de un perdón condicionado a que la otra parte lo solicite o lo merezca, sino de una disciplina interior que el practicante debe ejecutar independientemente de la respuesta ajena. El jainismo sostiene que retener resentimiento genera karma pasional (kashaya) que ata el alma, de modo que perdonar no constituye un favor hacia el ofensor sino una necesidad soteriológica para el propio ofendido. Esta lógica invierte la intuición común según la cual el perdón beneficia principalmente a quien lo recibe, y coloca el énfasis en la purificación interior de quien perdona.


Confesión, autoexamen y las diez virtudes cardinales


Paralelamente al ayuno corporal, Paryushana articula un riguroso proceso de examen de conciencia estructurado mediante la lectura pública de textos canónicos. Entre estos, el Kalpa Sutra ocupa un lugar central en la tradición Svetambara: este texto, atribuido tradicionalmente a Bhadrabahu, narra las biografías de los tirthankaras, con especial atención a la vida de Mahavira, y se recita ceremonialmente ante la comunidad congregada en los templos y salones de reunión (upashrayas). La lectura pública del Kalpa Sutra no constituye un mero ejercicio devocional sino un recordatorio activo del modelo ético que la comunidad debe emular durante el proceso de autoexamen.

La tradición Digambara, por su parte, estructura sus diez días bajo el marco de las Dashalakshana Dharma, diez virtudes cardinales que se examinan sucesivamente, una por día: perdón (kshama), humildad (mardava), rectitud (arjava), pureza o contento (shaucha), veracidad (satya), autocontrol (samyama), austeridad (tapa), renuncia (tyaga), desapego hacia la posesión (akinchanya) y castidad o continencia (brahmacharya). Este esquema convierte la festividad en un programa pedagógico completo de ética aplicada, donde cada jornada invita al practicante a evaluar concretamente su comportamiento respecto de una virtud específica, en lugar de limitarse a una introspección genérica.


Relevancia contemporánea y dimensión comunitaria


En la India actual, así como en las diásporas jainistas de Norteamérica, Europa oriental y África, Paryushana continúa desempeñando una función de cohesión comunitaria notable, incluso entre practicantes con vidas profesionales seculares y calendarios apretados. Las comunidades jainistas urbanas han adaptado ciertos aspectos logísticos del ayuno y la asistencia a los rituales sin alterar su núcleo doctrinal, y la festividad conserva un peso identitario considerable frente a la asimilación cultural. Asimismo, la práctica de Micchami Dukkadam ha trascendido parcialmente los círculos religiosos estrictos, siendo adoptada como gesto simbólico de reconciliación intercultural en contextos donde conviven comunidades jainistas junto a otras tradiciones del subcontinente indio.

La persistencia de Paryushana a lo largo de veinticinco siglos aproximados de historia jainista testimonia la eficacia de un modelo religioso que articula disciplina corporal, examen ético riguroso y reconciliación social en un ciclo anual coherente. Frente a tradiciones que separan la práctica ascética individual de la vida comunitaria, el jainismo integra ambas dimensiones en un único período ritual, demostrando que la liberación espiritual, tal como la concibe esta tradición milenaria, no puede alcanzarse al margen del tejido de relaciones humanas que cada individuo sostiene con el resto de los seres vivientes.


Conclusión


Paryushana condensa, en un período ritual de ocho a diez días, la totalidad de la propuesta ética y metafísica del jainismo: la convicción de que el karma es una sustancia física que ata el alma, la certeza de que el ascetismo corporal constituye un instrumento legítimo de purificación, y la insistencia en que ninguna liberación individual es concebible sin la reconciliación explícita con todos los seres vivientes. La combinación de ayuno físico, confesión pública y perdón universalizado que caracteriza esta festividad no responde a una yuxtaposición casual de prácticas, sino a una arquitectura doctrinal coherente que articula cuerpo, palabra y vínculo social como dimensiones inseparables del camino espiritual.

En un contexto contemporáneo marcado por la fragmentación de las prácticas religiosas tradicionales, la persistencia vigorosa de Paryushana entre comunidades jainistas dispersas globalmente confirma la vitalidad de un modelo ritual que, lejos de ser una reliquia arcaica, continúa ofreciendo un marco eficaz para la introspección ética y la cohesión comunitaria.


Referencias

Jaini, P. S. (1979). The Jaina Path of Purification. University of California Press.

Dundas, P. (2002). The Jains (2ª ed.). Routledge.

Cort, J. E. (2001). Jains in the World: Religious Values and Ideology in India. Oxford University Press.

Wiley, K. L. (2004). Historical Dictionary of Jainism. Scarecrow Press.

Laidlaw, J. (1995). Riches and Renunciation: Religion, Economy, and Society among the Jains. Oxford University Press.

Babb, L. A. (1996). Absent Lord: Ascetics and Kings in a Jain Ritual Culture. University of California Press.


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