Entre los mecanismos más fascinantes de las lenguas humanas existe uno capaz de señalar dentro del propio verbo quién continúa actuando y cuándo la acción pasa a otro protagonista. La referencia alternante convierte la gramática en una herramienta narrativa que guía al oyente por relatos complejos sin depender de repeticiones ni ambigüedades. Este sistema revela formas extraordinarias en que las culturas organizan el pensamiento y la comunicación. ¿Cómo cambiaría nuestra forma de entender las historias si los verbos ya indicaran quién actúa? ¿Qué otros secretos de la mente humana esconden las lenguas del mundo?
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📷 Imagen generada por Dola Al para El Candelabro. © DR
Referencia alternante: la gramática que distingue quién actúa en la narración
Entre los muchos recursos que las lenguas humanas han desarrollado para organizar el flujo del discurso, pocos resultan tan elegantes y tan poco conocidos fuera de la lingüística especializada como la referencia alternante, conocida en la literatura técnica como switch-reference. Se trata de un sistema gramatical mediante el cual una lengua marca explícitamente, en cada cláusula, si el sujeto de esa cláusula es el mismo que el de la cláusula anterior o si, por el contrario, ha cambiado. Mientras que lenguas como el español o el inglés confían en pronombres, en el contexto discursivo o en la memoria del oyente para rastrear quién hace qué a lo largo de un relato con dos o más protagonistas, ciertas familias lingüísticas resolvieron este problema de manera radicalmente distinta: incorporaron la identidad o el cambio de sujeto directamente en la morfología del verbo. El resultado es una gramática que funciona, en cierto sentido, como un sistema de señalización interno del relato, capaz de guiar al oyente a través de secuencias de acción compartidas por varios agentes sin necesidad de repetir nombres ni de recurrir a pronombres ambiguos.
El fenómeno fue documentado sistemáticamente por primera vez en lenguas indígenas de América del Norte, particularmente en familias como la yuma y la muskogueana, y más tarde se describió con detalle en numerosas lenguas de las tierras altas de Papúa Nueva Guinea, donde alcanza una elaboración especialmente rica. En estas lenguas, cada cláusula no final de una oración compleja lleva un morfema que indica si el sujeto de la siguiente cláusula será el mismo (marca de referencia mantenida, same-subject) o distinto (marca de referencia cambiada, different-subject). Así, una secuencia narrativa que en español requeriría algo como “el cazador salió de su choza, y luego él vio un jabalí, y el jabalí huyó” puede, en una lengua con referencia alternante, prescindir por completo de los pronombres y sustantivos repetidos, porque el propio verbo ya indica en cada paso si seguimos con el mismo actor o si la acción ha pasado a otro participante.
La lingüista Sandra Thompson, junto con investigadores como John Haiman y Pamela Munro, contribuyó de manera decisiva a formalizar el estudio tipológico de este mecanismo durante las décadas de 1970 y 1980, estableciendo distinciones que hoy son estándar en la disciplina: la diferencia entre sistemas de referencia alternante “canónicos”, que operan estrictamente sobre la identidad del sujeto sintáctico, y sistemas más complejos que incorporan también consideraciones de agentividad, animacidad o incluso continuidad temática del discurso, más allá del sujeto gramatical estricto. Esta segunda categoría resulta particularmente interesante porque revela que la referencia alternante no es un mecanismo puramente sintáctico, sino que en muchos casos está profundamente entrelazado con la estructura del discurso narrativo: no solo indica quién es el sujeto, sino que ayuda a segmentar la historia en unidades de acción coherentes, marcando los puntos en que la perspectiva narrativa se desplaza de un protagonista a otro.
Un aspecto que distingue a la referencia alternante de otros mecanismos de seguimiento referencial, como la concordancia de género y número o los sistemas de clasificadores nominales, es su naturaleza inherentemente relacional. No describe una propiedad del referente en sí mismo, sino una relación entre dos cláusulas consecutivas. Esto la convierte en un fenómeno esencialmente narrativo: su razón de ser es la necesidad de encadenar eventos y de mantener al oyente orientado respecto a quién realiza cada acción en una secuencia que puede extenderse durante muchas cláusulas antes de llegar a un verbo final independiente. En lenguas como el kiowa o varias lenguas yuma de California y Arizona, las cadenas de cláusulas medializadas mediante marcas de referencia alternante pueden prolongarse considerablemente, formando lo que los lingüistas denominan “cadenas de cláusulas” (clause chains), estructuras en las que una única oración compleja narra toda una secuencia de eventos encadenados, cada uno señalado morfológicamente respecto al anterior.
Desde una perspectiva cognitiva, la referencia alternante plantea preguntas fascinantes sobre cómo los hablantes construyen y actualizan modelos mentales de los participantes de un relato. La psicolingüística del procesamiento del discurso ha mostrado, en lenguas sin este recurso morfológico, que rastrear la identidad de los protagonistas exige un esfuerzo cognitivo considerable, resuelto mediante inferencias basadas en la saliencia, la posición sintáctica o la continuidad temática. Las lenguas con referencia alternante, en cambio, externalizan buena parte de ese trabajo inferencial en la propia gramática, reduciendo la ambigüedad referencial de manera sistemática. Esto ha llevado a algunos investigadores a proponer que estos sistemas constituyen una suerte de “andamiaje gramatical” para la cohesión narrativa, comparable funcionalmente, aunque no formalmente, a los sistemas de tiempo y aspecto que organizan la secuencia temporal de los eventos.
La diversidad tipológica del fenómeno es notable. En algunas lenguas, como varias del área de las tierras altas de Nueva Guinea, la referencia alternante se combina con marcas de tiempo relativo, de modo que el verbo medial no solo indica si el sujeto cambia, sino también si la acción es simultánea o secuencial respecto a la cláusula siguiente, generando sistemas morfológicos de considerable complejidad. En otras lenguas, el sistema se extiende más allá del sujeto estricto para abarcar lo que se ha denominado “referencia alternante de objeto” o combinaciones con jerarquías de persona y animacidad, donde el cambio de un participante no sujeto también puede desencadenar marcación. Esta variabilidad ha alimentado un debate tipológico persistente sobre si conviene tratar la referencia alternante como una categoría gramatical unificada y universalmente comparable, o más bien como una etiqueta que agrupa fenómenos funcionalmente emparentados pero estructuralmente heterogéneos según la lengua.
Resulta pertinente señalar que este tipo de mecanismos no es exclusivo de lenguas geográficamente distantes entre sí; se ha documentado también, en menor grado de gramaticalización, en ciertas lenguas australianas y en algunas lenguas del Cáucaso, lo que sugiere que la necesidad comunicativa que resuelve —el seguimiento eficiente de protagonistas en el discurso narrado— es una presión universal sobre el diseño de las lenguas humanas, aunque las soluciones gramaticales concretas adoptadas varíen enormemente. En lenguas sin marcación morfológica dedicada, esa misma necesidad se resuelve mediante estrategias sintácticas, como el orden de palabras, la elección entre pronombre y sustantivo pleno, o estructuras de topicalización que mantienen a un protagonista como sujeto discursivo dominante a lo largo de varias oraciones.
El estudio de la referencia alternante también ha tenido implicaciones prácticas para la documentación y revitalización de lenguas en peligro, dado que muchas de las lenguas donde este sistema alcanza su mayor elaboración —numerosas lenguas de Papúa Nueva Guinea, varias lenguas yuma norteamericanas, algunas lenguas sudamericanas de la familia pano— se encuentran hoy con un número reducido de hablantes. Comprender cómo opera la referencia alternante resulta esencial no solo para la descripción gramatical, sino para la traducción fiel de narraciones orales tradicionales, cuya cohesión interna depende en buena medida de este recurso: perder de vista las marcas de referencia alternante al traducir puede desdibujar precisamente la arquitectura que permite a la historia original distinguir con claridad quién hace qué en cada momento del relato.
En síntesis, la referencia alternante constituye uno de los ejemplos más claros de cómo la gramática de una lengua puede estar modelada directamente por las exigencias de la narración oral. Lejos de ser una curiosidad tipológica marginal, este mecanismo ilumina una pregunta fundamental de la lingüística: hasta qué punto las estructuras gramaticales de una lengua reflejan, cristalizan o incluso determinan las estrategias cognitivas mediante las cuales los seres humanos organizamos y comunicamos secuencias de eventos protagonizados por múltiples agentes. Su estudio continúa aportando evidencia valiosa sobre la extraordinaria variedad de soluciones que las lenguas del mundo han encontrado para un problema comunicativo compartido por todas: mantener claro, a través del tiempo del relato, quién es quién.
La referencia alternante es una de las muchas estrategias que las lenguas humanas han desarrollado para organizar información compleja. Otro ejemplo extremo de esta creatividad gramatical puede encontrarse en el kayardild, una lengua australiana donde los sustantivos pueden acumular varias capas de información gramatical mediante el apilamiento de casos.
Referencias
Haiman, J., y Munro, P. (Eds.). (1983). Switch-reference and universal grammar. John Benjamins Publishing Company.
Roberts, J. R. (1997). Switch-reference in Papua New Guinea: A preliminary survey. En A. Pawley (Ed.), Papers in Papuan Linguistics No. 3 (pp. 101-241). Pacific Linguistics.
Stirling, L. (1993). Switch-reference and discourse representation. Cambridge University Press.
Munro, P. (1980). Studies of switch-reference. UCLA Papers in Syntax, Department of Linguistics, University of California, Los Angeles.
Comrie, B. (1983). Switch-reference in Huichol: A typological study. En J. Haiman y P. Munro (Eds.), Switch-reference and universal grammar (pp. 17-37). John Benjamins Publishing Company.
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