Entre la herencia europea y las voces profundas de América surgió el pensamiento de Rodolfo Kusch, un filósofo que buscó comprender el continente desde sus propios símbolos, territorios y formas de existencia. Su concepto de estar-siendo desafió las categorías occidentales tradicionales y abrió un camino para una filosofía latinoamericana arraigada en la cultura popular y originaria. ¿Cómo transformó Kusch nuestra manera de entender América? ¿Por qué su obra sigue siendo fundamental hoy?


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📷 Imagen generada por Dola Al para El Candelabro. © DR

Rodolfo Kusch: filosofía americana, estar-siendo y pensamiento situado en América Latina


Rodolfo Kusch nació en Buenos Aires en 1922, hijo de inmigrantes alemanes que se instalaron en Argentina durante las primeras décadas del siglo XX. Creció en una ciudad que se pensaba a sí misma como extensión de Europa, cosmopolita y orgullosa de su modernidad, pero also atravesada por tensiones profundas entre esa aspiración europeizante y las realidades culturales del interior americano. Ese contraste, apenas perceptible en su infancia, terminaría convirtiéndose en el eje que organizaría toda su obra filosófica posterior.

Su formación intelectual comenzó en la Universidad de Buenos Aires, donde estudió filosofía en un ambiente dominado por el existencialismo europeo, la fenomenología y las lecturas de Heidegger, Jaspers y Sartre. Sin embargo, Kusch pronto advirtió que esas categorías, pensadas desde la experiencia histórica europea, resultaban insuficientes para comprender la vida cotidiana, las creencias y los modos de habitar el mundo propios de los pueblos originarios y mestizos de América. Esa incomodidad epistemológica marcó el inicio de su búsqueda.

A partir de la década de 1950, Kusch emprendió numerosos viajes al altiplano boliviano y al norte argentino, donde convivió con comunidades aymaras y quechuas. Estas experiencias de campo, más antropológicas que estrictamente filosóficas en su método, le permitieron observar de cerca formas de vida organizadas no en torno al progreso o la individualidad, sino en torno a la permanencia, el ritual y la relación con la tierra. Ese contacto directo se convirtió en la materia prima de su filosofía.

De esas indagaciones surgió su concepto más célebre: la distinción entre “ser” y “estar”. Mientras la filosofía occidental moderna privilegia el ser como afirmación activa, proyecto y dominio sobre el mundo, Kusch identificó en la cultura popular americana un modo distinto de existencia, el estar-siendo, vinculado a la quietud, a la aceptación del entorno y a una temporalidad cíclica antes que lineal. Esta categoría, expuesta principalmente en su obra América profunda, de 1962, se convirtió en el núcleo de su pensamiento situado.

Kusch sostenía que Latinoamérica no debía pensarse a través de categorías importadas sino desde su propia “geocultura”, es decir, desde la relación concreta entre el pueblo, el paisaje y las creencias heredadas de las civilizaciones prehispánicas. Esta perspectiva lo acercó, sin proponérselo del todo, a corrientes posteriores como la filosofía de la liberación y el pensamiento decolonial latinoamericano, que reconocerían en sus intuiciones un antecedente fundamental para repensar la identidad cultural del continente.

Uno de los momentos decisivos de su trayectoria fue la publicación de El pensamiento indígena y popular en América, en 1970, donde profundizó su análisis sobre la lógica no occidental presente en los mitos, los rituales y las prácticas cotidianas de los pueblos andinos. En esta obra Kusch propuso que la racionalidad occidental basada en la causalidad y el progreso convivía en América con otra lógica, más simbólica y afectiva, que él denominó “lógica de la negación afirmante”, capaz de sostener contradicciones sin resolverlas mediante la exclusión.

Su vida académica, sin embargo, transcurrió en gran medida al margen de las instituciones filosóficas centrales de Argentina. Kusch trabajó como profesor secundario, investigador independiente y docente en universidades del interior, alejado durante buena parte de su vida de los grandes centros de prestigio porteño. Esta posición marginal, lejos de debilitar su obra, le permitió sostener una mirada crítica frente al eurocentrismo académico dominante en la filosofía argentina de mediados del siglo XX.

Otro episodio relevante en su biografía fue su relación con el mundo del teatro y la escritura ensayística, disciplinas que combinó con la reflexión filosófica para expresar ideas difíciles de encapsular en el lenguaje académico tradicional. Su estilo, marcado por la observación etnográfica y la prosa ensayística, contribuyó a que su pensamiento circulara también fuera de los círculos estrictamente filosóficos, alcanzando a antropólogos, teólogos y educadores populares interesados en la cultura latinoamericana.

Durante los años setenta, en medio de un clima político convulsionado en Argentina, Kusch continuó desarrollando su obra con relativa discreción pública, alejado de los debates ideológicos más ruidosos de la época. Su interés se mantuvo centrado en comprender la espiritualidad popular, la religiosidad mestiza y las formas de resistencia cultural silenciosa que sobrevivían en las comunidades rurales, más allá de las coyunturas políticas inmediatas que atravesaban al país.

Rodolfo Kusch murió en 1979, en Buenos Aires, sin haber alcanzado en vida el reconocimiento amplio que su obra merecería décadas después. Su fallecimiento, relativamente temprano, dejó inconclusas varias líneas de investigación que exploraba sobre la relación entre mito, religiosidad andina y estructuras simbólicas americanas, aunque su producción escrita ya era, para entonces, suficientemente sólida como para constituir un corpus filosófico coherente y original.

El legado de Kusch fue redescubierto progresivamente a partir de la década de 1990, cuando filósofos vinculados a la filosofía de la liberación, los estudios decoloniales y la antropología filosófica latinoamericana comenzaron a revisar sistemáticamente su obra. Autores como Enrique Dussel y Walter Mignolo reconocieron en sus categorías, especialmente en la noción de estar-siendo, una herramienta conceptual valiosa para pensar la identidad americana por fuera de los marcos eurocéntricos tradicionales.

Hoy, la obra de Rodolfo Kusch es objeto de estudio en programas universitarios de filosofía latinoamericana, antropología cultural y estudios decoloniales en distintos países de la región y también en Europa y Estados Unidos. Su distinción entre ser y estar continúa siendo citada como una de las contribuciones más originales de la filosofía argentina del siglo XX, y su método de trabajo de campo combinado con reflexión filosófica sigue inspirando investigaciones sobre culturas originarias y saberes populares.

La actualidad de Kusch radica precisamente en su insistencia en pensar América desde sus propias categorías, sin subordinarse a modelos filosóficos externos. En un contexto contemporáneo donde los debates sobre identidad cultural, colonialidad del saber y epistemologías del sur ocupan un lugar central en las ciencias sociales, su obra se presenta como un antecedente imprescindible para comprender la especificidad del pensamiento latinoamericano frente a la tradición filosófica occidental hegemónica.


Referencias

Kusch, R. (1962). América profunda. Editorial Hachette.

Kusch, R. (1970). El pensamiento indígena y popular en América. Instituto de Cultura Indoamericana.

Dussel, E. (1994). 1492: El encubrimiento del otro. Hacia el origen del “mito de la modernidad”. Plural Editores.

Cabrera, D. (2004). Rodolfo Kusch: un pensador de nuestra América. Fundación Ross.

Mignolo, W. (2000). Local Histories/Global Designs: Coloniality, Subaltern Knowledges, and Border Thinking. Princeton University Press.


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