Entre las llamas de una aldea yoruba arrasada y los salones dorados de Windsor transcurrió la vida de Aina, la niña convertida en Sarah Forbes Bonetta, ahijada de la reina Victoria. Cautiva del reino de Dahomey, ofrecida como presente real y educada después en la aristocracia británica, su historia condensa las tensiones entre esclavitud infantil, colonialismo y afecto cortesano. ¿Cómo logró escapar al sacrificio ritual que la aguardaba en la corte de Ghezo? ¿Qué significó ser princesa africana en el corazón mismo del imperio victoriano?
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Sarah Forbes Bonetta: una vida entre la corte yoruba y la Inglaterra victoriana
Entre el fuego de una aldea yoruba arrasada por los guerreros de Dahomey y los salones dorados de Windsor, se construyó una de las biografías más singulares del siglo XIX: la de una niña llamada Aina, convertida en Sarah Forbes Bonetta, ahijada de la reina Victoria. ¿Cómo pudo una superviviente de la esclavitud infantil llegar a ocupar un lugar en la corte británica? ¿Y qué revela su historia sobre las contradicciones del imperio que la acogió?
En 1848, en el poblado egbado de Oke-Odan, situado en el actual suroeste de Nigeria, tropas del reino de Dahomey, bajo el mando del rey Ghezo, arrasaron la comunidad y asesinaron a los padres de una niña de apenas cinco años llamada Aina. Sobreviviente de aquella masacre, fue retenida en la corte de Dahomey como cautiva de alto estatus, una circunstancia que, según los relatos de la época, la libró de ser vendida a los traficantes de esclavos que operaban en la costa occidental africana.
Dos años más tarde, en 1850, el capitán Frederick E. Forbes, oficial de la Marina Real británica en misión diplomática ante el rey Ghezo, presenció el ritual de sacrificios humanos que marcaba la corte dahomeyana. Entre los cautivos destinados a la muerte se encontraba la pequeña Aina. Forbes intervino y logró que Ghezo se la entregara como obsequio para la reina Victoria, en un gesto descrito entonces como “un presente del rey de los negros para la reina de los blancos”.
De regreso a Inglaterra, la niña recibió el nombre de Sarah Forbes Bonetta, en homenaje al capitán y al barco HMS Bonetta que la trasladó. Presentada ante la reina Victoria en el castillo de Windsor, causó una impresión profunda por su inteligencia precoz y su porte natural. La monarca decidió financiar su educación y convertirse en su protectora, iniciando así una relación de patronazgo real que se prolongaría durante toda la vida de Sarah, un episodio poco común en la historia de la monarquía británica del siglo XIX.
La biografía de Sarah Forbes Bonetta se inscribe en el fenómeno más amplio de la infancia africana esclavizada bajo el colonialismo británico, así como en el papel ambivalente que la Corona desempeñó frente al comercio de personas. Mientras la Marina Real patrullaba las costas de África Occidental combatiendo oficialmente la trata transatlántica, episodios como el de Sarah evidencian cómo la infancia negra continuaba siendo objeto de intercambio simbólico, incluso dentro de gestos presentados como benevolentes o filantrópicos.
Debido a su delicada salud, atribuida por los médicos victorianos al clima frío de Inglaterra, Sarah fue enviada en 1851 a la Female Institution de Freetown, en Sierra Leona, una escuela de la Church Missionary Society donde recibió instrucción formal. Regresó a Inglaterra hacia 1855, cuando la reina Victoria ordenó que quedara bajo el cuidado del matrimonio Schoen en Chatham, retomando así su educación en literatura, música y artes bajo la mirada atenta de la corte.
A lo largo de su adolescencia, Sarah Forbes Bonetta se convirtió en una visitante habitual de Windsor y en una figura reconocida por la prensa británica, que seguía con curiosidad e interés racializado los progresos de la llamada “princesa africana”. Fue invitada a bodas reales, entre ellas la de la princesa Victoria en 1858 y la de la princesa Alicia en 1862, consolidando un vínculo afectivo excepcional con la familia real que trascendía las convenciones sociales de la época.
A los dieciocho años, Sarah recibió una propuesta matrimonial de James Pinson Labulo Davies, un próspero empresario yoruba radicado en Gran Bretaña. Ella rechazó inicialmente la propuesta, según consta en su correspondencia personal, donde expresó su resistencia a que el matrimonio fuera concebido como una transacción de conveniencia. Sin embargo, ante la insistencia de Davies y la aprobación explícita de la reina Victoria, terminó aceptando la unión bajo una fuerte presión social y cortesana.
La boda se celebró el 14 de agosto de 1862 en la iglesia de San Nicolás de Brighton, en una ceremonia que atrajo enorme atención pública. Diez carruajes trasladaron a la comitiva y la prensa local documentó con asombro la composición interracial del cortejo nupcial, describiendo la presencia conjunta de damas blancas con caballeros africanos y damas africanas con caballeros blancos, un hecho inusual para la sociedad victoriana de mediados del siglo XIX.
Tras el matrimonio, la pareja se instaló primero en Sierra Leona y posteriormente en Lagos, donde Sarah ejerció como maestra, aplicando la formación académica recibida en Inglaterra a la educación de niñas africanas. Tuvieron tres hijos: Victoria, nacida en 1863 y ahijada personal de la reina Victoria; Arthur, nacido en 1871; y Stella, nacida en 1873, además de una hija que falleció en la infancia según algunas fuentes biográficas.
La vida de Sarah Forbes Bonetta ilustra con particular claridad las tensiones de la doble pertenencia cultural: educada bajo los códigos de la aristocracia victoriana, mantuvo simultáneamente vínculos con su origen yoruba y con las comunidades africanas de Sierra Leona y Lagos. Esta condición de tránsito permanente entre dos mundos convirtió su existencia en un temprano testimonio de las complejidades identitarias que enfrentarían generaciones posteriores de la diáspora africana en contextos coloniales.
El deterioro de su salud se agravó hacia finales de la década de 1870, cuando le fue diagnosticada tuberculosis. Buscando un clima más benigno para su recuperación, viajó a Funchal, en la isla portuguesa de Madeira, donde falleció el 15 de agosto de 1880, a los treinta y siete años de edad. Su esposo mandó erigir un obelisco de granito en su memoria en el cementerio de Ijon, en Lagos, que aún se conserva como testimonio material de su legado.
La reina Victoria continuó manifestando afecto por la memoria de Sarah a través del sostenido apoyo a su hija Victoria Davies, a quien concedió una anualidad y mantuvo bajo su tutela simbólica. Este gesto reafirma la excepcionalidad del vínculo establecido entre la monarca y su ahijada africana, un lazo que trascendió generaciones y que constituye un caso singular dentro de la historia de la realeza británica decimonónica.
En las últimas décadas, la figura de Sarah Forbes Bonetta ha experimentado una notable revalorización historiográfica y cultural. Exposiciones como “Black Chronicles” en la National Portrait Gallery de Londres, junto con investigaciones académicas recientes, han rescatado su historia del olvido, situándola como referente ineludible para comprender la presencia negra en la Inglaterra victoriana y las complejas dinámicas raciales del imperio británico.
Su legado resulta hoy especialmente relevante para los estudios poscoloniales y la historia social de la esclavitud infantil, al ofrecer un caso documentado con fotografías, cartas y registros oficiales que permiten reconstruir la experiencia subjetiva de una niña africana atrapada entre la violencia colonial y los privilegios excepcionales de la realeza. Su biografía continúa inspirando obras literarias, documentales y debates académicos sobre raza, género e identidad en el siglo XIX británico.
Referencias bibliográficas
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Bressey, C. (2005). Of Africa’s brightest ornaments: A short biography of Sarah Forbes Bonetta. Social & Cultural Geography, 6(2), 253–266.
Elebute, A. (2013). The Life of James Pinson Labulo Davies: A Colossus of Victorian Lagos. Lagos: Prestige Books.
Forbes, F. E. (1851). Dahomey and the Dahomans: Being the Journals of Two Missions to the King of Dahomey and Residence at His Capital in the Years 1849 and 1850. Londres: Longman, Brown, Green, and Longmans.
Myers, W. D. (1999). At Her Majesty’s Request: An African Princess in Victorian England. Nueva York: Scholastic Press.
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