Entre el castellano y la escritura árabe surgió una de las expresiones culturales más singulares de la España morisca: la aljamía. Los moriscos escribieron su lengua romance con caracteres árabes, preservando relatos, creencias y conocimientos bajo una creciente presión de asimilación. ¿Por qué eligieron mantener aquella grafía? ¿Qué revela la aljamía sobre identidad, memoria y resistencia cultural?
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El español aljamiado: escritura, identidad y resistencia cultural en la España morisca
El español aljamiado constituye uno de los fenómenos lingüísticos y culturales más complejos de la península ibérica entre los siglos XIV y XVII. La escritura del castellano mediante caracteres árabes por parte de comunidades musulmanas hispanohablantes revela un entramado de estrategias identitarias y negociaciones epistemológicas que desbordan las categorías analíticas tradicionales. La tesis central que aquí se sostiene es que la aljamía morisca no operó como mero expediente funcional de transcripción, sino como un dispositivo cultural de preservación comunitaria y de articulación de una subjetividad híbrida frente a la presión asimilacionista de la Corona.
La contextualización histórica resulta insoslayable para comprender la génesis de la literatura aljamiada. Tras la conquista progresiva de al-Ándalus, las comunidades mudéjares quedaron sometidas a jurisdicción cristiana, conservando inicialmente su lengua árabe y sus prácticas religiosas. Sin embargo, las conversiones forzosas decretadas en Castilla en 1502 y en la Corona de Aragón en 1526 transformaron a aquellos musulmanes en moriscos, sujetos a una vigilancia inquisitorial creciente. La progresiva erosión del árabe como lengua viva forzó la adopción del romance, pero no la renuncia al alfabeto árabe como marcador identitario.
Desde el punto de vista conceptual, el término aljamía proviene del árabe al-ʿaǧamiyya, que designaba originalmente las lenguas no árabes y, por extensión, la escritura de cualquier lengua romance en grafía árabe. Esta definición, aparentemente técnica, encierra una problematización fundamental: la aljamía no es una lengua, sino un sistema de representación gráfica que codifica una relación de poder entre el contenido lingüístico y su envoltura scriptural. El castellano aljamiado no constituye, por tanto, una variedad dialectal, sino una práctica letrada situada en la intersección entre pertenencia religiosa y adscripción lingüística.
El marco teórico que aquí se adopta se nutre de los estudios subalternos y de la noción de hibridez cultural formulada por Homi Bhabha, según la cual los sujetos colonizados producen formas de enunciación que no son ni miméticas ni plenamente autónomas, sino intersticiales. La aljamía morisca puede leerse como un tercer espacio enchaunciano: ni plenamente árabe ni plenamente castellano, sino un territorio escritural donde la comunidad morisca negociaba su existencia. Complementariamente, la categoría de diglosia funcional permite entender la distribución de roles entre el árabe litúrgico y el romance aljamiado de uso cotidiano y devocional.
El debate historiográfico en torno al español aljamiado ha experimentado una transformación sustancial. La tradición filológica inaugurada por Menéndez Pidal y continuada por García Gómez tendió a interpretar los manuscritos aljamiados como testimonios pintorescos de una decadencia cultural, restos fósiles de un arabismo en extinción. Frente a esta lectura residual, investigadores como L. P. Harvey, Ottmar Hegyi y, más recientemente, Gerard Wiegers han propuesto entender la producción aljamiada como una literatura funcional, viva y estratégicamente orientada a la supervivencia comunitaria.
Esta revisión historiográfica implica un desplazamiento epistemológico decisivo: del paradigma de la pérdida al paradigma de la agencia. La literatura aljamiada morisca deja de ser leída como síntoma de aculturación para ser interpretada como acto deliberado de resistencia letrada. López-Morillas, en sus estudios sobre los textos religiosos aljamiados, demostró que la elección del alfabeto árabe no respondía a una inercia mecánica, sino a una decisión consciente de mantener un vínculo visible con la umma y de dificultar la fiscalización inquisitorial de los contenidos doctrinales.
El corpus de manuscritos aljamiados conservados, que supera los doscientos textos catalogados, exhibe una tipología notablemente diversa: tratados de doctrina islámica, compilaciones jurídicas, relatos proféticos, textos médicos, recetas culinarias, poemas narrativos y adaptaciones de materia caballeresca. Esta heterogeneidad desmiente la imagen de una comunidad culturalmente empobrecida y revela, por el contrario, un esfuerzo sistemático por reproducir en romance la totalidad de los saberes necesarios para la vida comunitaria. La aljamía fue, así, una lengua de cultura integral, no un recurso marginal.
El análisis crítico de estos textos exige atender a la dimensión material de la escritura. La caligrafía árabe, con sus ligaduras y su direccionalidad de derecha a izquierda, imponía constricciones gráficas que afectaban la segmentación léxica del castellano y generaban fenómenos de hiposegmentación y aglutinación. Estos rasgos, lejos de ser meros errores, constituyen huellas de una competencia escritural bilingüe que operaba con lógicas propias. El escribano morisco no transliteraba pasivamente: adaptaba, reformulaba y creaba convenciones ortográficas específicas para representar fonemas romances inexistentes en árabe.
La dimensión política de la escritura aljamiada se intensificó tras las pragmáticas de Felipe II en 1567, que prohibieron el uso del árabe hablado y escrito en el reino de Granada. A partir de ese momento, la aljamía se convirtió en un acto de desobediencia implícita: escribir castellano en caracteres árabes era, simultáneamente, acatar la imposición lingüística y subvertirla en su dimensión gráfica. La escritura se transformó en un espacio de clandestinidad relativa, un pliegue donde la norma podía ser habitada sin ser plenamente obedecida.
La expulsión de los moriscos en 1609 marca el horizonte terminal de la producción aljamiada peninsular, pero no su desaparición absoluta. En el norte de África, las comunidades moriscas asentadas en Túnez, Argel y Tetuán continuaron durante décadas utilizando el romance aljamiado como lengua de cohesión interna. Este dato resulta crucial para desmontar la narrativa teleológica que concibe la aljamía como un fenómeno exclusivamente peninsular y la inscribe, en cambio, en una diáspora cultural transmediterránea de mayor alcance temporal y geográfico.
En síntesis crítica, el español aljamiado no puede reducirse a una curiosidad paleográfica ni a un episodio menor de la historia lingüística hispánica. Constituye, antes bien, un caso paradigmático de cómo las comunidades subalternas producen tecnologías de resistencia que operan en el plano de la forma antes que del contenido. La elección del alfabeto árabe para escribir en castellano fue un acto de significación política que convertía la grafía en frontera simbólica, en umbral entre la asimilación y la persistencia identitaria.
El aporte interpretativo que aquí se propone consiste en leer la aljamía morisca no como vestigio de una cultura en disolución, sino como una epistemología de la frontera: un modo de saber y de existir que se constituye precisamente en la tensión entre dos sistemas de representación. El sujeto morisco que escribe en aljamía no es un sujeto dividido ni incompleto, sino un sujeto que produce sentido desde la intersección, que habita la lengua del dominador sin entregarle la totalidad de sus códigos. En esta clave, la literatura aljamiada anticipa problemáticas que la teoría poscolonial solo formularía siglos después.
La relevancia del español aljamiado trasciende, finalmente, el ámbito de la filología especializada y se proyecta sobre debates contemporáneos acerca del multilingüismo, las políticas de la escritura y los derechos lingüísticos de las minorías. Comprender la aljamía como práctica de agencia y no como déficit permite repensar las relaciones entre poder, lengua y escritura en contextos de asimetría estructural. La historia de los moriscos hispanohablantes recuerda que toda imposición lingüística genera, inevitablemente, formas oblicuas de reapropiación que la norma no logra contenter.
Referencias
García Gómez, E. (1952). Poemas arábigos en caracteres latinos. Al-Andalus, 17(1), 1-30.
Harvey, L. P. (1992). Islamic Spain, 1250 to 1500. University of Chicago Press.
López-Morillas, C. (1982). The Qur’an in Sixteenth-Century Spain: Six Morisco Versions of Surah 79. Tamesis Books.
Wiegers, G. A. (2004). Islamic Literature in Spanish and Aljamiado: Yça of Segovia (fl. 1450), His Antecedents and Successors. Brill.
Bhabha, H. K. (2002). El lugar de la cultura. Manantial.
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