Entre el nacionalismo musical y la vanguardia del siglo XX, Roque Cordero encontró una vía inesperada: utilizar el serialismo, lejos de rechazarlo como lenguaje extranjero, para expresar una identidad panameña propia. Su vida fue también la historia de un hombre que ayudó a construir las instituciones musicales de su país. ¿Cómo llegó un músico de Panamá a estudiar con Ernst Krenek? ¿Puede una técnica universal convertirse en expresión nacional?
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Roque Cordero: el serialismo como afirmación de identidad panameña
Entre los compositores latinoamericanos del siglo XX, pocos encarnaron con tanta coherencia una paradoja aparente: convertir el lenguaje más abstracto y aparentemente “desnacionalizado” de la música occidental —el dodecafonismo— en instrumento para afirmar, y no para disolver, una identidad nacional. Roque Cordero, nacido en la ciudad de Panamá el 16 de agosto de 1917, dedicó buena parte de su carrera a resolver esa tensión, tanto en sus partituras como en sus escritos teóricos, y a construir, casi desde la nada, la infraestructura musical de su país.
Cordero creció en un entorno modesto; su padre era zapatero en el barrio de Santa Ana, y Panamá carecía entonces de programas de educación musical pública, de conservatorio nacional y de orquesta sinfónica estable. Sus primeras nociones técnicas las adquirió con Herbert de Castro y Alfredo de Saint Malo, y hacia 1933 ya tocaba el clarinete en la Banda de Bomberos de la capital, donde también trabajó como copista de partituras. A los veintiún años, en 1938, fundó junto a Herbert de Castro la Orquesta de la Unión Musical, primera agrupación estable del país, que en 1941 se transformaría en la Orquesta Nacional. Ese gesto fundacional —crear la institución antes de que existiera un sistema que la sostuviera— sería una constante en su trayectoria.
El punto de inflexión llegó en 1943, cuando el director Dimitri Mitropoulos conoció la partitura de su Capricho Interiorano (1939) y, impresionado, gestionó que Ernst Krenek lo aceptara como alumno de composición y contrapunto en la Hamline University de Minnesota, además de procurarle una beca. Durante cuatro años, Cordero estudió con Krenek, compositor austriaco emigrado a Estados Unidos y conocedor profundo del método dodecafónico de Arnold Schoenberg; se graduó suma cum laude en 1947. Completó su formación con estudios de dirección orquestal junto a Mitropoulos, Stanley Chapple y Léon Barzin, adquiriendo así una doble competencia —compositiva y directorial— que marcaría el resto de su vida profesional.
Regresó a Panamá en 1950 con la intención declarada de reformar el sistema musical del país, y lo hizo sin concesiones. Al frente del Instituto Nacional de Música, que dirigió entre 1953 y 1964, emprendió lo que biógrafos posteriores han descrito como una auténtica reorganización institucional, apartando a docentes y estudiantes de bajo rendimiento y elevando los estándares de exigencia. Esa firmeza de carácter, documentada por investigadores como Margaret Sarkissian y Marion Labonville, le granjeó tanto reconocimiento como fricciones, pero permitió que Panamá contara por primera vez con una estructura de enseñanza musical comparable a la de otros países de la región. Entre 1964 y 1966 fue además director artístico y titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, cargo desde el cual intentó convertir un conjunto heterogéneo de aficionados y profesionales en una orquesta de nivel internacional.
El episodio que consolidó su reputación continental ocurrió en 1957, cuando compuso su Segunda Sinfonía para el Segundo Festival de Música Latinoamericana de Caracas, obra que obtuvo el Premio Caro de Boesi. En ese encuentro se libró un debate historiográficamente relevante: la conveniencia de abandonar el nacionalismo musical decimonónico en favor de lenguajes compositivos más universales, entre ellos el dodecafonismo. Cordero, lejos de ser un espectador, participó activamente en esa discusión y la trasladó al papel: publicó en la chilena Revista Musical el ensayo “¿Nacionalismo versus dodecafonismo?”, donde defendió una tesis que recorrería toda su producción posterior —que la técnica serial, bien empleada, no borraba el color local de una música, sino que podía convertirse en vehículo para expresarlo de manera más depurada. Investigaciones recientes, como las de Jeremy Orosz y Efraín Cruz, han confirmado además que Cordero no aplicó el serialismo de forma laxa, como llegó a sugerir Gilbert Chase, sino con una disciplina técnica rigurosa que él mismo comprendía y manejaba en profundidad.
Su catálogo, que supera las sesenta obras, incluye cuatro sinfonías, conciertos, cuartetos de cuerda y piezas corales. La Primera Sinfonía recibió mención de honor en Detroit en 1947; la Rapsodia Campesina obtuvo el primer premio en Panamá en 1953; el Concierto para violín y orquesta ganó el Premio Internacional del Disco Koussevitzky en 1974, y el Tercer Cuarteto de Cuerdas fue distinguido en San José de Costa Rica en 1977. A estas obras se suman los Cinco Mensajes Breves, encargados por la Orquesta Cívica de Minneapolis, y un Cuarteto de Cuerdas encomendado por la Fundación Coolidge para el Festival Interamericano de Washington. Especial mención merece la Cantata a la paz, obra de gran aliento que permaneció inédita en escena durante décadas tras su conclusión, un destino compartido por no pocas partituras de compositores latinoamericanos cuyo reconocimiento internacional no siempre se tradujo en oportunidades de estreno.
En 1966 aceptó el puesto de subdirector del Latin American Music Center de la Universidad de Indiana, trasladándose con su esposa, la profesora estadounidense Elizabeth Lee Johnson, especialista en música instrumental, con quien había contraído matrimonio años antes. Desde 1972 y hasta su jubilación fue profesor distinguido emérito de composición en Illinois State University, donde formó a una nueva generación de músicos, entre ellos la compositora panameña Marina Saiz-Salazar. Esta etapa estadounidense, que se extendería durante más de cuarenta años, combinó la docencia con una intensa labor de difusión de la música latinoamericana en el ámbito académico norteamericano.
Entre los reconocimientos recibidos en vida figuran la Beca Guggenheim, el nombramiento como profesor honorario de la Universidad de Chile, el doctorado honorario de Hamline University y, en su país natal, la Gran Cruz de la Orden Vasco Núñez de Balboa, otorgada en 1982. Murió en Dayton, Ohio, el 27 de diciembre de 2008. Su familia decidió trasladar sus restos a Panamá, donde recibieron sepultura en el Jardín de Paz el 16 de agosto de 2012, coincidiendo con el 95 aniversario de su nacimiento; al día siguiente, la Orquesta Sinfónica Nacional le rindió un concierto in memoriam en el Teatro Nacional con piezas como el Adagio Trágico, la Danza en forma de Fuga, el Capricho Interiorano y su Cuarta Sinfonía.
La historiografía musical panameña ha señalado, no sin cierta amargura, que Roque Cordero permanece menos conocido en su país que figuras de menor trascendencia artística homenajeadas en calles y monumentos. Sin embargo, la bibliografía especializada —desde las entradas dedicadas a él en el New Grove Dictionary of Music and Musicians hasta la biografía de Moisés Guevara, construida a partir de entrevistas sostenidas con el propio compositor desde el año 2000— ha ido consolidando su lugar como una de las voces más originales del arte sonoro latinoamericano del siglo XX.
Su legado no reside únicamente en el catálogo de partituras, sino en haber demostrado que la vanguardia técnica y la conciencia nacional no eran, como muchos suponían en su tiempo, términos irreconciliables, sino dos caras de un mismo proyecto artístico e intelectual.
Referencias
Cruz De Gracia, E. (2002). Roque Cordero visto a través de algunas de sus obras [Tesis de maestría, Universidad de Panamá]. Repositorio Institucional Digital UP-RID.
Guevara, M. (2024). Roque Cordero: el hombre, el compositor y su herencia musical panameña. Durbin.
Labonville, M. (2013, noviembre). Panamanian composer’s legacy lives on through Illinois State scholarship. Illinois State University News.
Sarkissian, M. (2000). Cordero, Roque. En S. Sadie (Ed.), The New Grove Dictionary of Music and Musicians (2.ª ed.). Macmillan.
Colegio de Compositores Latinoamericanos de Música de Arte. (s.f.). Roque Cordero: biografía. Recuperado de https://colegiocompositores-la.org/roque-cordero/
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