Entre los límites del lenguaje y las contradicciones de la experiencia humana, Cora Diamond nos invita a cuestionar aquello que creemos comprender. Su lectura de Wittgenstein transforma nuestra manera de pensar la realidad, la ética y el sufrimiento animal. ¿Qué sucede cuando nuestros conceptos dejan de explicar lo que tenemos delante? ¿Podemos comprender verdaderamente a otros seres sin revisar nuestras propias certezas?


El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES
Imagen generada por Meta AI para El Candelabro © Derechos reservados.

Cora Diamond: cuando la realidad desborda nuestros conceptos


Introducción: un concepto que se pierde

Hay momentos en los que una palabra que hemos usado toda la vida deja de servirnos. Ante un acto de crueldad extrema, ante el sufrimiento de un animal encerrado en una granja industrial o ante una situación moral que no encaja en las categorías habituales, el lenguaje parece quedarse corto, o peor, parece traicionar aquello que intenta nombrar. Cora Diamond, filósofa estadounidense formada en la tradición de Ludwig Wittgenstein, ha dedicado buena parte de su obra a esa experiencia. Su pregunta de fondo podría formularse así: ¿qué le ocurre a nuestro pensamiento cuando la realidad resiste los marcos conceptuales con los que la tratamos?

El título de su ensayo más citado sobre el tema, “Losing your concepts” (1988), ya plantea la paradoja. Perder un concepto no equivale a olvidar una definición. Significa descubrir que aquello que creíamos comprender no estaba tan firmemente anclado como suponíamos, y que la realidad, en ciertos casos, nos obliga a pensar de otro modo o a reconocer que no sabemos pensar. Ese desbordamiento es, para Diamond, una de las experiencias filosóficas más reveladoras, y también una de las más incómodas para la filosofía académica.

Este ensayo recorre la trayectoria de Diamond, sus conceptos clave, el contexto intelectual en el que se formó y las controversias que su obra ha suscitado. El objetivo es comprender por qué una pensadora relativamente discreta, que nunca buscó el protagonismo mediático, ha tenido una influencia tan decisiva en la manera en que se lee a Wittgenstein en el mundo angloparlante y en la discusión contemporánea sobre ética animal.


El contexto: la filosofía analítica en tensión


Para entender a Diamond hay que situarla en la filosofía anglosajona de la segunda mitad del siglo XX. El punto de partida es la herencia de Frege y del primer Wittgenstein, cuyo Tractatus Logico-Philosophicus (1921) había propuesto una concepción rigurosa del lenguaje como figuración de hechos y había dejado en sus últimas páginas la célebre advertencia de que lo que no puede decirse debe callarse. Esa idea fue leída por el positivismo lógico como una validación de la división tajante entre proposiciones con sentido, susceptibles de verificación empírica o lógica, y el resto, que se consideraba carente de sentido: la metafísica, la ética, la estética y la teología.

A partir de los años cuarenta y cincuenta, el Wittgenstein tardío de las Investigaciones filosóficas (publicadas póstumamente en 1953) desplazó ese modelo. Su idea del significado como uso dentro de «juegos de lenguaje» abrió la puerta a una filosofía más atenta a la vida cotidiana, a las prácticas y a la diversidad de maneras en que hablamos. La llamada filosofía del lenguaje ordinario, con figuras como J. L. Austin o Gilbert Ryle en Oxford, desarrolló esa línea, aunque no sin críticas.

La interpretación de Wittgenstein se dividió con el tiempo en dos grandes corrientes. La primera, a menudo denominada «Old Wittgenstein» en el debate posterior, entendió su obra como una crítica terapéutica de los errores filosóficos que, sin embargo, conservaba una concepción relativamente firme de lo que puede y no puede decirse. La segunda, que se conoce como «New Wittgenstein» o lectura resuelta, propuso que el Tractatus debía leerse de manera que sus propias proposiciones fueran, en último término, dispensables: escaleras que se arrojan después de haber subido por ellas. Diamond es una de las figuras centrales de esta segunda lectura, y su trabajo sobre los dos Wittgenstein, el temprano y el tardío, es precisamente lo que la convirtió en referencia.

Hay que señalar que el debate no es solo exegético. Para los lectores de la tradición analítica, la pregunta sobre cómo leer a Wittgenstein tiene consecuencias sobre qué es la filosofía, sobre si debe aspirar a dar teorías o a disolver confusiones, y sobre si existe un espacio legítimo para la reflexión ética que no se someta a los criterios de la argumentación deductiva.


Orígenes y formación


Los datos biográficos de Diamond son relativamente bien documentados, aunque algunas fuentes presentan diferencias de detalle que conviene señalar. Nacida en 1937 en Nueva York, según las semblanzas biográficas disponibles, se graduó en matemáticas en el Swarthmore College en 1957. Una de las semblanzas más detalladas, publicada en un medio de divulgación, sostiene que antes de iniciar sus estudios de filosofía trabajó como programadora en IBM y que cursó después algunos estudios de economía en el MIT, aunque esta información procede de fuentes secundarias y no se ha confirmado con documentos académicos de primera mano. Lo que sí parece claro es que su vocación filosófica se consolidó en Oxford, donde obtuvo el título de B.Phil. en el St Hugh’s College en 1961.

Esa trayectoria tiene algo de atípico. Diamond nunca cursó un doctorado tradicional, circunstancia que se ha comentado a menudo en relación con Wittgenstein, quien tampoco siguió los cauces académicos convencionales. Más allá de la anécdota, la ausencia de un doctorado coincidió con una formación sólida en lógica y matemáticas, que más tarde se revelaría decisiva para su lectura de Frege y de los problemas de la filosofía de las matemáticas.

El Oxford de los años sesenta era un lugar donde la herencia de Wittgenstein se discutía de forma intensa. Elizabeth Anscombe, discípula directa del filósofo y traductora de sus obras, y Iris Murdoch, novelista y filósofa, se encontraban entre las figuras cuya influencia sería clave en la formación de Diamond. La primera le transmitió una manera de leer a Wittgenstein que no separaba la filosofía de la gramática de la vida moral; la segunda le ofreció un modelo de atención moral que resistía las simplificaciones de las teorías utilitaristas y kantianas.


Primeros años de docencia y el giro hacia Wittgenstein


Tras el B.Phil., Diamond enseñó en la Universidad de Swansea (1961–1962), en la de Sussex (1962–1963) y después en la de Aberdeen (1963–1971). Esos años en el Reino Unido, en universidades periféricas respecto a los grandes centros de Oxford y Cambridge, la expusieron a una variedad de tradiciones y dieron forma a su estilo, más atento a la discusión concreta que a la construcción de sistemas.

En 1969 pasó un año como profesora visitante en la Universidad de Virginia. Las fuentes no coinciden del todo en la cronología de su incorporación: algunas indican una estancia visitante entre 1969 y 1970 y una contratación plena en 1971, mientras que la página del departamento de la propia universidad menciona su contratación en septiembre de 1969 y su jubilación en enero de 2002. Es una discrepancia menor, pero muestra cómo incluso los datos institucionales requieren verificación cruzada. En cualquier caso, Virginia se convirtió en su hogar académico durante más de tres décadas y allí desarrolló la mayor parte de su obra.

Su primera contribución de relieve al debate sobre Wittgenstein fue el ensayo “Secondary Sense” (1966), según lo referencia la reseña de la Harvard Review of Philosophy, que lo considera el punto de partida de la trayectoria posterior. Pero su gran aportación temprana fue “What Nonsense Might Be” (Philosophy, 1981), un texto que se ha convertido en referencia obligada. En él, Diamond critica la manera en que el positivismo lógico concibía el sinsentido, al tomar como modelo las distinciones fregeanas de una forma que confunde el uso filosófico de los conceptos con errores categoriales de tipo lógico. Su argumento sostiene que la noción de sinsentido no puede reducirse a un defecto formal de la sintaxis, sino que depende de cómo usamos las palabras en contextos reales, lo que vuelve el problema mucho más complejo de lo que el positivismo suponía.


El trabajo sobre los Fundamentos de las matemáticas


Antes de dedicarse de lleno a la ética, Diamond realizó un trabajo editorial de gran importancia. Entre 1973 y 1976 compiló y editó las Lecciones sobre los fundamentos de las matemáticas de Wittgenstein, impartidas en Cambridge en 1939 y reconstruidas a partir de los apuntes de algunos de sus alumnos, entre ellos Norman Malcolm, Rush Rhees, Yorick Smythies y R. G. Bosanquet. La edición apareció en la Universidad de Chicago en 1976 con el título Wittgenstein’s Lectures on the Foundations of Mathematics, Cambridge 1939.

Este trabajo no es una simple labor de transcripción. Editar notas de clase de otros estudiantes exige decidir qué se conserva, cómo se ordena y qué se atribuye al maestro y qué al apunte. Diamond se enfrentó a textos fragmentarios, con repeticiones y vacilaciones, y su edición ha sido objeto de discusión por la manera en que presenta la voz de Wittgenstein frente a la de sus interlocutores. El ejercicio le enseñó a leer a Wittgenstein como un pensador en movimiento, no como un autor de doctrinas cerradas, y esa lección atraviesa todo su trabajo posterior.

Desde el punto de vista historiográfico, la edición tiene una doble importancia. Por un lado, fijó un texto de referencia para una generación de lectores. Por otro, situó a Diamond dentro de las discusiones sobre la filosofía de las matemáticas, un terreno en el que defendió una lectura del Wittgenstein tardío menos interesada en el platonismo y más atenta a las prácticas de cálculo y demostración.


El espíritu realista


El concepto más característico de Diamond es el de «espíritu realista» (realistic spirit), que da título a su colección de ensayos The Realistic Spirit: Wittgenstein, Philosophy, and the Mind (MIT Press, 1991). La expresión es deliberadamente modesta. No designa una doctrina metafísica sobre la realidad, sino una actitud hacia la filosofía misma: la disposición a mirar sin mitologías las coherencias, los compromisos y las conexiones que son propias de la mente y del lenguaje.

Ese espíritu se opone a dos tentaciones. La primera es la del realismo metafísico tradicional, que pretende establecer de antemano cómo debe ser el mundo y qué estructuras debe tener el pensamiento para que sea verdadero. La segunda es la del antirrealismo que, al negar esas pretensiones, cae a menudo en otra forma de dogmatismo, al postular que todo queda reducido a convenciones o construcciones. Diamond sostiene que ambas posiciones comparten un error: suponen que la filosofía debe explicar desde fuera lo que es el pensamiento o la realidad, en lugar de atender a lo que hacemos cuando pensamos y hablamos.

Su lectura de Wittgenstein se apoya en esa idea. Para ella, el Tractatus no ofrece una teoría del mundo que luego se abandonaría en favor de otra teoría; su propósito es mostrar cómo las pretensiones de decir lo que no puede decirse producen confusiones, y esa tarea terapéutica exige un espíritu realista que no se deje seducir por la idea de que la filosofía ha de alcanzar una verdad última sobre la estructura del mundo.

Se trata de una posición sutil, y a menudo malinterpretada. Diamond no niega que haya una realidad independiente del lenguaje ni que nuestras palabras puedan fallar en describirla. Lo que niega es que podamos saber de antemano, desde la filosofía, qué forma debe tener esa relación. La realidad puede resistirse a nuestros conceptos, y esa resistencia no es un defecto que la teoría deba corregir, sino un hecho que la filosofía debe aprender a reconocer.


La ética y la dificultad de la realidad


El giro de Diamond hacia la ética no fue una ruptura con su trabajo sobre Wittgenstein, sino una consecuencia de él. Los cinco últimos ensayos de The Realistic Spirit se ocupan explícitamente de problemas éticos: la ética animal, la relación entre ética y literatura y el papel de la argumentación en la reflexión moral. Como señaló una reseña publicada en la Harvard Review of Philosophy, todos ellos están en deuda de modos sutiles con Wittgenstein, y mostrar cómo lo están es precisamente uno de los proyectos del libro.

Uno de sus textos más influyentes en este terreno es “Eating Meat and Eating People” (Philosophy, 1978). El ensayo parte de la comparación, presente en la tradición de la sátira, entre comer animales y comer personas, para examinar qué tipo de razonamiento sostiene la distinción habitual entre ambos casos. Diamond no busca demostrar con un silogismo que comer carne sea incorrecto. Su interés está en cómo pensamos sobre los animales, en la dificultad de imaginar sus vidas y en la manera en que los argumentos filosóficos pueden servir para evitar, más que para afrontar, la realidad de lo que está en juego.

Ese punto se vuelve central en “Losing your concepts” (Ethics, 1988), probablemente su ensayo más citado en ética. Diamond examina la posibilidad de que nuestros conceptos morales se pierdan, es decir, de que dejemos de tener recursos para comprender ciertas realidades. El argumento no supone que la moral sea arbitraria. Sugiere, más bien, que la experiencia moral incluye momentos en los que el concepto que usábamos se revela insuficiente, y que la pérdida de ese concepto puede ser tanto una pérdida como un avance hacia una comprensión más honesta. El ensayo también discute el concepto de ser humano y las distorsiones que puede producir cuando se trata como una categoría abstracta, separada de las vidas concretas de personas y animales.

La noción de desbordamiento que da título a este ensayo aparece de manera implícita en esa reflexión. La realidad de la crueldad, del sufrimiento o de la vida animal no se deja capturar del todo por las categorías con las que solemos evaluarla, y la filosofía, en lugar de imponer esas categorías, debe aprender a sostener la tensión.

Otros textos refuerzan esta línea. “Throwing Away the Ladder” (Philosophy, 1988) se ocupa de la idea de que las proposiciones filosóficas pueden funcionar como escaleras que se abandonan una vez cumplido su propósito. “The Importance of Being Human” (Proceedings of the Royal Institute of Philosophy, Supplement, 1991) discute qué significa pertenecer a la especie humana y cómo esa pertenencia debería o no cambiar nuestra relación con otras formas de vida. En estos textos se ve con claridad la estrategia de Diamond: no ofrecer una teoría de la ética sino examinar las dificultades que aparecen cuando intentamos pensar bien sobre lo que nos importa.


La recepción de la ética animal


Los trabajos de Diamond sobre animales se han leído en dos direcciones opuestas. Para algunos lectores, aportaron una perspectiva valiosa frente a la ética utilitarista de autores como Peter Singer, cuyo Animal Liberation (1975) había sistematizado la defensa moral de los animales a partir del principio de igual consideración de intereses. Para estos lectores, Diamond mostró que la discusión ética no puede reducirse a cálculos de placer y dolor, y que la imaginación, la atención y la experiencia de la alteridad son parte esencial del juicio moral.

Para otros, en cambio, su aproximación resultó demasiado elusiva. Críticos de la filosofía de inspiración analítica han sostenido que el rechazo de la argumentación como método central deja sin herramientas suficientes para orientar la práctica, y que el énfasis en la dificultad de la realidad puede servir, en ocasiones, para eludir compromisos concretos. Es una objeción seria, y Diamond no la ignora: su respuesta consiste en sostener que la argumentación es valiosa, pero que no agota el campo de la reflexión moral, y que una lectura empobrecedora de la argumentación ha producido precisamente los vacíos que ella pretende señalar.

La presencia del escritor sudafricano J. M. Coetzee en el debate ha sido decisiva. Su obra The Lives of Animals (publicada en 1999 con la forma de conferencias Tanner, en las que una novelista ficticia, Elizabeth Costello, reflexiona sobre la relación entre humanos y animales) ha sido leída en paralelo con las ideas de Diamond. Ambas tratan la dificultad de pensar en los animales desde un espacio que no se reduce a la teoría. La compilación Philosophy and Animal Life (Columbia University Press, 2008), con contribuciones de Stanley Cavell, John McDowell, Ian Hacking, Cary Wolfe y la propia Diamond, dio forma a ese diálogo y se convirtió en referencia para la ética animal de inspiración humanista.

Conviene señalar que este uso de Diamond no siempre coincide con su propia intención. Algunos autores han querido convertir su posición en una defensa de principios morales claros sobre la cuestión animal, mientras que ella parece más interesada en mostrar lo que ocurre en nuestro pensamiento cuando intentamos hacerlo. Esa tensión es parte del legado y de la dificultad de su obra.


Murdoch, Anscombe y la tradición de la ética de la atención


Diamond ha dedicado también una atención especial a Murdoch, cuyo concepto de atención moral aparece en obras como The Sovereignty of Good (1970) como una manera de ver el mundo con honestidad, sin deformaciones del ego. Su ensayo “Murdoch the Explorer” (Philosophical Topics, 2010) examina la figura de la novelista como una exploradora del territorio moral, alguien que se adentra en lo que no conocemos para ampliar nuestra comprensión. Diamond la lee como una pensadora que, como Wittgenstein, desconfió de las teorías generales y prefirió la descripción atenta de la vida concreta.

Su relación con Anscombe es, si cabe, todavía más decisiva. Anscombe publicó en 1958 el artículo “Modern Moral Philosophy” (Philosophy), en el que criticaba la ética que se había vuelto dependiente de conceptos como «obligación» y «deber» sin una psicología adecuada que los sostuviera, y reclamaba una vuelta a la reflexión sobre la virtud. Diamond ha seguido esa crítica con interés, y su libro Reading Wittgenstein with Anscombe, Going on to Ethics (Harvard University Press, 2019) reconstruye la relación intelectual entre ambas y el modo en que la lectura de Wittgenstein de Anscombe conduce hacia una ética que no se deja reducir a principios.

En ese libro, Diamond muestra cómo la gramática de los conceptos morales no puede separarse de las prácticas en que se usan. Esta idea, que tiene raíces en las Investigaciones, se convierte en una herramienta para pensar la ética sin caer en el relativismo ni en el dogmatismo. La moral no es un conjunto de reglas aplicables a casos, sino una forma de vida que se comprende en sus manifestaciones concretas.


El debate historiográfico: la lectura resuelta


La influencia de Diamond en el debate sobre Wittgenstein ha sido controvertida. Su defensa de la lectura resuelta del Tractatus, desarrollada en colaboración con James Conant, ha suscitado objeciones de algunos de los más destacados especialistas. Entre ellos, P. M. S. Hacker, en Wittgenstein’s Place in Twentieth-Century Analytic Philosophy (Blackwell, 1996), cuestionó que la lectura resuelta pudiera hacer justicia a la continuidad entre el Tractatus y las Investigaciones y que atribuyera al autor una posición demasiado distante de la teoría del significado que él mismo había formulado. Hans-Johann Glock, por su parte, ha defendido en diversos trabajos una lectura más sistemática de Wittgenstein, que concede a sus escritos una dimensión teórica más firme.

El debate tiene implicaciones que van más allá de la exégesis. Si la lectura resuelta tiene razón, entonces la filosofía de Wittgenstein no ofrece tesis que haya que aceptar, sino un método para deshacer confusiones; si la lectura sistemática es la correcta, entonces hay una teoría del lenguaje que puede evaluarse y criticarse. Diamond se sitúa del lado de la primera interpretación y defiende que el valor de Wittgenstein está en su capacidad para mostrar cómo se producen las confusiones y cómo pueden disolverse, no en la formulación de doctrinas.

Desde un punto de vista historiográfico, hay que reconocer que la lectura de Diamond ha tenido una influencia enorme en la configuración del llamado «New Wittgenstein», término que fijó la compilación de Alice Crary y Rupert Read, The New Wittgenstein (Routledge, 2000). En ese volumen aparece su ensayo “Ethics, Imagination and the Method of Wittgenstein’s Tractatus”, en el que vincula la lectura del Tractatus con la imaginación moral. El libro marcó el inicio de una nueva forma de leer a Wittgenstein en el mundo angloparlante, y Diamond es, junto con Conant y Crary, una de sus figuras principales.

Sin embargo, la fortuna de una interpretación no garantiza su verdad. Las objeciones de Hacker y Glock son serias, y cualquier evaluación de Diamond debe tenerlas en cuenta. El riesgo de la lectura resuelta es que, al enfatizar el carácter terapéutico de la filosofía, pueda minimizar la existencia de tesis que sí son sostenibles en Wittgenstein, o que pueda convertir la filosofía en un ejercicio de autoexplicación que renuncia a la pretensión de decir algo verdadero sobre el mundo. Diamond ha respondido a esas críticas afirmando que su lectura no niega que haya verdades, sino que rechaza la idea de que la filosofía deba ofrecer verdades de un tipo particular, las de una teoría general del lenguaje o de la mente.


Lo que la realidad desborda: un balance crítico


Llegados a este punto, conviene preguntarse qué parte de la importancia de Diamond está realmente demostrada y qué elementos pueden haber sido exagerados por la recepción posterior. La respuesta no es simple.

Es indudable que su trabajo ha transformado la manera en que se lee a Wittgenstein. Su capacidad para ver en el Tractatus algo más que una teoría superada, y en las Investigaciones algo más que una crítica del lenguaje, ha abierto caminos que antes parecían cerrados. Su edición de las lecciones de 1939 es un trabajo de referencia, y su crítica del positivismo lógico en “What Nonsense Might Be” sigue siendo una lectura obligada. En ética, su aportación al debate sobre la dificultad de pensar a los animales y sobre el papel de la imaginación moral ha tenido un efecto real en autores de distintas procedencias.

Lo que resulta más discutible es la medida en que su posición puede generalizarse. Su rechazo de la argumentación como método central en ética es atractivo para quienes desconfían de los sistemas morales, pero deja abierta la pregunta de cómo se decide entre posiciones en conflicto cuando la experiencia no basta. Diamond ha defendido que la experiencia moral no es menos rigurosa que el razonamiento, pero esa afirmación necesita una elaboración que no siempre se ha dado de manera sistemática. Del mismo modo, su insistencia en la dificultad de la realidad puede resultar iluminadora, pero también corre el riesgo de convertir cada incomodidad en un motivo para no pensar, algo que ella misma rechazaría.

Hay también una cuestión de prejuicios. Diamond ha trabajado durante décadas en una disciplina que, en su tradición anglosajona, ha sido históricamente masculina, y ha escrito sobre temas, como la experiencia de los animales o la sensibilidad moral, que la filosofía académica ha tendido a considerar secundarios. Su reconocimiento tardío, en relación con otros filósofos de su generación, puede explicarse en parte por esas resistencias, aunque la evidencia para afirmarlo de forma concluyente es limitada, y conviene no convertir la hipótesis en certeza.


Conclusión: la filosofía como aprendizaje de la dificultad


La obra de Cora Diamond ofrece una respuesta singular a la pregunta de qué puede hacer la filosofía cuando la realidad desborda nuestros conceptos. Su respuesta no consiste en construir un nuevo marco teórico que resuelva la tensión, sino en aprender a sostenerla. Perder un concepto puede ser doloroso, pero también puede ser el punto de partida para una comprensión más honesta de lo que nos rodea, tanto de los seres humanos como de los animales, y de los límites de nuestro propio pensamiento.

Esta perspectiva tiene algo de modesto, y esa modestia es parte de su fuerza. Frente a una filosofía que se presenta como la disciplina que dará las respuestas últimas, Diamond propone una filosofía que reconoce sus limitaciones y que encuentra en la atención a lo concreto un recurso más fiable que la especulación. Su espíritu realista no es un dogma sino una disciplina: la de mirar sin mitologías, la de no exigirle a la realidad que se acomode a nuestras categorías, la de aceptar que a veces lo que debemos cambiar son las categorías.

En un tiempo en que los debates morales se polarizan y se resuelven con frecuencia en consignas, la insistencia de Diamond en la dificultad tiene un valor particular. Nos recuerda que comprender a otros seres, humanos o no, exige algo más que aplicar principios: requiere imaginación, atención y disposición a perder lo que creíamos saber. Esa lección es, quizá, el legado más perdurable de una filosofa que ha dedicado su vida a mostrar que pensar bien es, sobre todo, aprender a no engañarse.


Bibliografía

Obras de Cora Diamond

Diamond, C. (1966). “Secondary Sense”. Proceedings of the Aristotelian Society (referencia citada en la reseña de la Harvard Review of Philosophy).

Diamond, C. (1978). “Eating Meat and Eating People”. Philosophy, 53(206), 465–479.

Diamond, C. (1981). “What Nonsense Might Be”. Philosophy, 56(215), 5–22.

Diamond, C. (1988). “Losing Your Concepts”. Ethics, 98(2), 255–277.

Diamond, C. (1988). “Throwing Away the Ladder”. Philosophy, 63(243), 5–27.

Diamond, C. (1991). The Realistic Spirit: Wittgenstein, Philosophy, and the Mind. Cambridge, MA: MIT Press.

Diamond, C. (1991). “The Importance of Being Human”. Proceedings of the Royal Institute of Philosophy, Supplement 29, 35–62.

Diamond, C. (2000). “Ethics, Imagination and the Method of Wittgenstein’s Tractatus”. En A. Crary y R. Read (eds.), The New Wittgenstein. Londres: Routledge.

Diamond, C. (2008). “Philosophy and Animal Life” (con S. Cavell, J. McDowell, I. Hacking y C. Wolfe). Nueva York: Columbia University Press.

Diamond, C. (2010). “Murdoch the Explorer”. Philosophical Topics, 38(1), 51–58.

Diamond, C. (2019). Reading Wittgenstein with Anscombe, Going on to Ethics. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Diamond, C. (ed.) (1976). Wittgenstein’s Lectures on the Foundations of Mathematics, Cambridge 1939. Chicago: University of Chicago Press.

Obras de Wittgenstein

Wittgenstein, L. (1921/1922). Tractatus Logico-Philosophicus.

Wittgenstein, L. (1953). Philosophical Investigations (Investigaciones filosóficas, trad. al español en varias ediciones).

Estudios sobre Diamond y la interpretación de Wittgenstein

Conant, J. y Diamond, C. (2004). “On Reading the Tractatus Resolutely”. En M. Kölbel y B. Weiss (eds.), Wittgenstein’s Lasting Significance. Londres: Routledge.

Crary, A. (ed.) (2007). Wittgenstein and the Moral Life: Essays in Honor of Cora Diamond. Cambridge, MA: MIT Press.

Crary, A. y Read, R. (eds.) (2000). The New Wittgenstein. Londres: Routledge.

Glock, H.-J. (ed.) (2001). Wittgenstein: A Critical Reader. Oxford: Blackwell.

Hacker, P. M. S. (1996). Wittgenstein’s Place in Twentieth-Century Analytic Philosophy. Oxford: Blackwell.

Otras referencias citadas

Anscombe, G. E. M. (1958). “Modern Moral Philosophy”. Philosophy, 33(124), 1–19.

Ayer, A. J. (1936). Language, Truth and Logic. Londres: Gollancz.

Cavell, S. (1969). Must We Mean What We Say? Nueva York: Scribner.

Coetzee, J. M. (1999). The Lives of Animals. Princeton: Princeton University Press.

Frege, G. (1892). “Über Sinn und Bedeutung”. Zeitschrift für Philosophie und philosophische Kritik, 100, 25–50.

Murdoch, I. (1970). The Sovereignty of Good. Londres: Routledge & Kegan Paul.

Singer, P. (1975). Animal Liberation. Nueva York: New York Review / Random House.


Nota sobre las fuentes: las fechas de publicación y los datos bibliográficos de las obras de Diamond se han contrastado con catálogos especializados y listados de PhilPapers. Algunos datos biográficos, en particular los relativos a su formación previa a Oxford y a la cronología exacta de su contratación en Virginia, proceden de fuentes secundarias y no se han confirmado con documentación institucional de primera mano.


El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES

#CoraDiamond #Wittgenstein #FilosofiaAnalitica #EticaAnimal #FilosofiaContemporanea #PensamientoCritico #EspirituRealista #ImaginacionMoral #FilosofiaDelLenguaje #IrisMurdoch #EticaFilosofica #NewWittgenstein /.


Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.