Entre la imaginación literaria y la sabiduría popular, Julie Sopetrán, escritora y amiga de nuestra comunidad de WordPress, nos ofrece un cuento inspirado en Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, donde ratones y gatos protagonizan una historia de amistad, humildad y justicia social. A través de sus versos, la autora nos invita a descubrir que la verdadera riqueza no siempre se encuentra en la abundancia material, sino en la nobleza del corazón. ¿Puede la sencillez hacernos más felices? ¿Es la amistad más valiosa que cualquier riqueza?
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📷 Imagen generada por Meta AI para El Candelabro. © DR
Un cuento inventado inspirado en Juan Ruíz – Archipreste de Hita
UN SUEÑO DEL ARCIPRESTE DE HITA
(Autor del libro de EL BUEN AMOR)
Cuando en Hita vivía, alegre y pensador
Revisando su obra de loco y buen amor…
Sería por el año mil trescientos cuarenta
Cuando había ratones en palacios y ventas.
Juan Ruiz, el Arcipreste de la villa de Hita
Un hombre campechano que a meditar invita,
Nos contó aquella historia del ratón que al mercado
Fue de Guadalajara un lunes a Mohernando.
El ratón campesino con barba larga y serio
Le invitó a un haba fresca para su refrigerio.
Su cueva era muy pobre, su voluntad muy buena
Que el ser amable vale mucho más que una cena.
El de Guadalajara, se preció de invitado
E invitó al de Mohernando un martes al mercado.
El campesino andando llegó a la capital
Alegre, campechano y de aspecto vital.
Su amigo le esperaba con buen queso y tocino
Carne, manteca y panes tostados con buen vino…
El ratón de Mohernando, jamás había visto
Tanta opulencia expuesta a gusto y apetito.
Le dejó sorprendido tal derroche de masa
La pechuga de pollo y el lujo de la casa.
Comparó su pobreza con aquellos primores
Y se chupó los dedos con todos los sabores.
Agradeció a su amigo tanta delicadeza
De mantel y comida entre tanta riqueza…
Cuando estaba comiendo, una puerta se oyó
Y un temblor en el cuerpo nuestro amigo sintió.
Era el miedo que a fuga incitaba nervioso
Había que correr y no ser perezoso.
La dueña de la casa entraba al comedor
Los amigos huyeron con pánico y temor.
El de Guadalajara su agujero tenía
Pero el pobre invitado corre que sí corría…
Se refugió en la sombra de un rincón solitario
Su corazón latía igual que un campanario.
La dueña de la casa se fue por otra puerta
Y el ratón aldeano a respirar no acierta.
Su amigo le consuela mostrándole los dulces
«turrón de miel» -le dice- que oro es lo que reluce.
Desconfía el paleto de tan brillantes luces
«tener miedo no es bueno» piensa haciéndose cruces.
Prefiero mis garbanzos y mi comida pobre
A tanto despilfarro. Es mejor que no sobre.
Extrañó la paz dulce de sus campos sencillos
Y decidió irse a casa a respirar tomillos,
Sin más en el estómago, vacíos sus bolsillos,
El mundo es engañoso y está lleno de pillos.
Así aprendió el ratón que la pobreza es rica
Si la vives conforme, siempre te dignifica.
Y así aprendemos todos que es de mucho talento
Armonizar las cosas que nos dan el sustento.
II parte Un Sueño que tuvo el Arcipreste
En la Villa de Hita, en su casa-balcón
Dormía el Arcipreste sin más preocupación.
Había terminado la historia del ratón
Y buscaba descanso su gloriosa obsesión.
Juan Ruiz, que meditaba su agitada soñera
Soñó que él era Gato en casa placentera:
Un gato astuto y sabio exento de quimera
Que comía pescado y la mejor ternera.
Vivía en el palacio donde acudió invitado
Por ratón campesino, sanote y muy honrado;
Conocía los trucos del «mur» que estaba en casa
Altivo y vivaracho como el rayo que pasa…
Con su festín soñaba tranquilo y sonriente
Para él, un sólo paso, sería suficiente,
Y a golpe de zarpazo, caería en su diente
Todo dependería de una espera paciente.
El gato religioso, con su rabo estirado
Las orejas alertas y el bigote arreglado,
Conocía el momento de asegurar su presa
Sin lanzarse de golpe encima de la mesa.
Pisando muy despacio las baldosas marrones
Saltando silencioso almendras y turrones,
Llegó «sin ser notado» hasta los dos zampones
Y se quedaron muertos del susto los ratones.
Con sus patazas negras de micifuz soltero
El ratón aldeano fue el que cayó primero,
El de ciudad, astuto, corrió hasta su agujero
Pero !oh! sorpresa, el Gato, le cortó su sendero.
-¿Adónde vas? -le dijo- con prisa tan ligera
¿Te olvidas del amigo cuando acaso te espera
para ser escondido allí en tu ratonera?
Porque es de bien criado querer a quien te quiera.
Ratón sofisticado que piensas en ti mismo.
Hay mercados de gatos que saben tu egoísmo
Y aldeanos muy sabios sin mesa y catecismo
Que te echan una mano y practican civismo.
Son hijos de la tierra y del libre pensar
Atesoran costumbres: lo que tienen, lo dan,
Salen para que tú entres a su humilde pajar
Y el queso no lo prueban, pero se hacen su pan.
Caminas más ligero que tu amigo aldeano
Pero ya te aseguro que no eres más humano;
La amistad se demuestra igual que el ser cristiano
Vete, dile a tu amigo que quieres ser su hermano.
El ratón estirado, asombrado y doliente
Secaba los sudores que inundaban su frente.
Se sintió tan pequeño junto al Gato-Arcipreste
Que en busca de su amigo fue a llorar penitente.
El ratón aldeano escuchó aquel sermón
Fue en busca de su amigo transido de emoción;
Se abrazaron muy fuerte, tanto, que el corazón
De aquellos dos amigos, resonó en el balcón.
Juan Ruiz se despertó: pesadilla bendita
Del gato que al Amor y la Amistad invitan.
Un gallo en el corral, canta, repite, grita…
Y vuelve a amanecer en la Villa de Hita.
Dicen, que desde entonces, por pueblos y ciudades
En la ratonaría ya no hay clases sociales;
Amigos de los gatos y con sus credenciales
Los ratones vivieron muchas felicidades.
Y firmaron acuerdos de paz, gato y ratones
Y hasta comieron juntos en las celebraciones.
Escrito por Julie Sopetrán imitando La Cuaderna Vía. Para el Cuentacuentos de Guadalajara, España. En sus primeros comienzos.
Análisis literario de Un sueño del Arcipreste de Hita, de Julie Sopetrán
El cuento de Julie Sopetrán constituye una recreación literaria en verso que toma como referencia el universo narrativo de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, y su célebre Libro de buen amor. A través de dos relatos enlazados, la autora recupera el carácter didáctico de la tradición medieval para abordar cuestiones que siguen vigentes: las diferencias sociales, la falsa apariencia de la riqueza, el egoísmo, la amistad y la dignidad de una vida sencilla.
En la primera parte, el encuentro entre dos ratones de procedencias diferentes establece el conflicto central. El ratón campesino representa la modestia, la hospitalidad y la generosidad espontánea; el ratón urbano, por su parte, dispone de alimentos abundantes y comodidades que deslumbran inicialmente a su invitado. Sin embargo, la irrupción de la dueña de la casa transforma el banquete en una experiencia de miedo y peligro. La abundancia, que parecía garantizar el bienestar, revela su fragilidad cuando la seguridad desaparece. Frente a ella, la pobreza del campo adquiere un nuevo significado: no es necesariamente una desgracia cuando se acompaña de tranquilidad, autonomía y conformidad con lo que se tiene.
La autora no se limita, por tanto, a contraponer riqueza y pobreza. Su reflexión apunta a la diferencia entre poseer mucho y vivir bien. El ratón campesino descubre que los placeres materiales pierden su atractivo cuando están asociados con la inseguridad, mientras que la sencillez puede ofrecer una forma más estable de felicidad. No obstante, el relato también permite observar que la pobreza no constituye por sí misma una virtud: lo que la dignifica es la actitud humana con la que se vive.
La segunda parte introduce un cambio significativo de perspectiva. El Arcipreste sueña que se convierte en gato y contempla a los ratones desde una posición de poder. Este recurso permite invertir la situación anterior y someter a los personajes a una nueva prueba moral. El gato no representa únicamente una amenaza física; se convierte también en una voz crítica que denuncia el egoísmo del ratón urbano y le recuerda su deuda de amistad con el compañero campesino. El episodio adquiere así un carácter alegórico: los animales encarnan conductas humanas y sirven para examinar la responsabilidad que cada individuo tiene hacia los demás.
Uno de los aspectos más interesantes de esta segunda parte es que la enseñanza moral no queda reducida a la oposición entre un personaje bueno y otro malo. El ratón urbano puede rectificar, reconocer sus errores y buscar la reconciliación. La amistad aparece entonces como una relación que exige generosidad, lealtad y capacidad de reconocer al otro como un igual. La reconciliación final representa la superación simbólica de las diferencias sociales y la posibilidad de construir una convivencia basada en el respeto mutuo.
Desde el punto de vista literario, Julie Sopetrán utiliza animales antropomorfizados, situaciones cómicas, contrastes y diálogos con intención moralizadora. El verso narrativo, la presencia de una enseñanza final y la crítica de los comportamientos humanos evocan recursos característicos de la literatura didáctica medieval. La referencia al Arcipreste de Hita resulta especialmente pertinente por la dimensión satírica y moral del relato, aunque esta obra debe entenderse como una creación contemporánea inspirada en aquella tradición, no como un texto medieval ni como parte del Libro de buen amor.
También merece atención el desenlace, en el que gatos y ratones llegan a acuerdos de paz y comparten celebraciones. La escena introduce una nota idealista: frente a la desconfianza y la competencia, la autora imagina una comunidad capaz de resolver sus diferencias mediante la cooperación. El final no describe tanto una realidad habitual como una aspiración ética: que las diferencias de condición no impidan la amistad ni la convivencia.
En definitiva, el cuento de Julie Sopetrán propone una reflexión sobre la riqueza, el poder y las relaciones humanas. Su mensaje principal es que el bienestar no puede medirse exclusivamente por los bienes materiales y que la verdadera superioridad moral no procede de la posición social, sino de la generosidad, la humildad y la capacidad de reconocer los propios errores. Con una narración accesible y un tono humorístico, la autora recupera la tradición de los relatos ejemplares para recordarnos que la amistad y la solidaridad pueden valer más que cualquier banquete.
Breve biografía de Julie Sopetrán

Julie Sopetrán: una vida entre la poesía, la cultura y el encuentro entre los pueblos
Julie Sopetrán (1943- ) es una poeta, escritora, periodista y promotora cultural española cuya trayectoria está marcada por la poesía, la memoria de sus raíces y una profunda curiosidad por las culturas del mundo.
Nacida el 16 de junio de 1943 en Mohernando, un municipio de la provincia de Guadalajara, España, Julie Sopetrán ha construido una trayectoria literaria en la que se entrelazan la experiencia personal, el paisaje castellano, los viajes y el interés por las distintas formas de expresión humana. Su nombre literario encierra, además, dos capítulos importantes de su vida: Julie, relacionado con sus años de residencia en Estados Unidos, y Sopetrán, vinculado al monasterio homónimo que su padre adquirió y al que ella llegó cuando tenía doce años.
Aquel lugar, cargado de historia y rodeado de antiguas ruinas, dejó una huella profunda en su sensibilidad. Fue precisamente allí donde comenzó a escribir sus primeros versos. El paisaje, el silencio y la presencia del pasado se convirtieron en parte de una experiencia que, con el tiempo, encontraría su expresión en la literatura.
Una escritora abierta al mundo
Aunque la poesía ocupa un lugar central en su obra, Julie Sopetrán no ha limitado su actividad a la creación de versos. Su formación periodística en California y su prolongada estancia en Estados Unidos ampliaron sus horizontes y le permitieron acercarse a otras realidades culturales. A lo largo de su carrera ha combinado la escritura literaria con el reportaje, la investigación y la divulgación cultural.
Su trabajo periodístico ha mantenido una relación estrecha con Guadalajara y con las comunidades hispanas de Estados Unidos. Colaboró durante aproximadamente veinticinco años con el periódico Nueva Alcarria, donde desarrolló entrevistas, artículos, ensayos y reportajes, además de ejercer como corresponsal en California. También trabajó para publicaciones como El Visitante Dominical, de San Antonio, Texas; la revista Tamaulipas, de México; y El Observador, de San José, California. Desde 1986 figura asimismo como corresponsal de La Oferta Review, publicación de San José, California, según la biografía de referencia.
Esta diversidad de experiencias ha contribuido a una obra que no se encierra en un solo género. Para Julie, la literatura también es una manera de observar a las personas, comprender sus costumbres y recoger las historias que dan sentido a la vida cotidiana.
Una obra poética reconocida
Sus primeras publicaciones muestran una vocación literaria que comenzó a consolidarse durante la década de 1970. Entre ellas se encuentran Amorismos, Un siglo en Atherton y Polvo luminoso, aparecidas en Barcelona y Guadalajara en 1974 y 1975, respectivamente. Anteriormente había obtenido un primer premio por su novela corta Miscelánea campesina, en San Sebastián, en 1969.
En los años posteriores continuó desarrollando una obra diversa, con libros como Silvas de mi selva en ocaso, publicado por Torremozas en Madrid en 1986, y De Fontanar a Copernal cruzando el Henares, editado en 1992 por la Diputación Provincial de Guadalajara. En sus publicaciones, la memoria del territorio y la relación entre las personas y su entorno ocupan un lugar destacado.
Su trayectoria también ha recibido reconocimientos literarios. Entre los títulos mencionados en su bibliografía figuran Los dioses y el ánfora, distinguido con el Premio Carmen Conde de Poesía de Mujeres, y En Hita hoy es otoño y se oye el mar, asociado al Premio Ramón de Garciasol. En 1997, El tiempo habitado obtuvo el premio Letras de Oro en la categoría de poesía, concedido en el ámbito del North-South Center de la Universidad de Miami.
Otro proyecto significativo es Canción de tierra para el amor dormido, una propuesta artística que integra poesía, música, danza, canto y artes plásticas. Concebida y dirigida por la propia autora, esta obra muestra su interés por superar las fronteras entre las distintas disciplinas y convertir la palabra poética en una experiencia compartida.
A esta faceta creativa se suma Luminosidades, publicado en el año 2000 por el Ayuntamiento de Solanillos del Extremo. Este trabajo, de carácter histórico y antropológico, estudia la vida de una comunidad y refleja el interés de la escritora por conservar las tradiciones, las experiencias y la memoria de los pueblos.
México: las tradiciones como fuente de conocimiento
Uno de los campos que han despertado especialmente su interés es la cultura mexicana. Julie Sopetrán ha participado en investigaciones relacionadas con la celebración del Día de Muertos, colaborando con la fotógrafa Mary Andrade en cinco libros bilingües dedicados a esta tradición. Los viajes realizados para conocerla de cerca le han permitido acercarse a una celebración en la que la memoria familiar, las expresiones artísticas y las creencias populares se encuentran profundamente entrelazadas.
México representa, dentro de sus intereses, mucho más que un destino de viaje. Es un espacio de observación cultural, de descubrimiento de costumbres y de reflexión sobre las maneras en que cada pueblo comprende la vida, la muerte y el vínculo con sus antepasados.
Su curiosidad también la ha llevado a viajar por países como Ecuador, Israel, Turquía, Francia, Inglaterra y Holanda, además de Estados Unidos y México. De esas experiencias ha extraído materiales para reportajes, ensayos, historias y poemas, manteniendo una mirada abierta a la diversidad cultural.
El compromiso con la cultura y la humanidad
Julie Sopetrán también creó y dirigió AZB, una revista dedicada a la cultura internacional. Esta iniciativa refleja una inquietud constante en su trayectoria: facilitar el encuentro entre ideas, expresiones artísticas y personas procedentes de distintos lugares.
Entre sus principales intereses se encuentran la poesía, la música, el arte, la historia, la antropología, la espiritualidad y la comunicación. Pero, por encima de las disciplinas, destaca su preocupación por el ser humano, la convivencia pacífica y la posibilidad de construir relaciones más respetuosas entre las personas y los pueblos.
Sus proyectos sobre las costumbres y las prácticas mágicas de México, así como su trabajo bilingüe relacionado con las artes plásticas y la poesía, responden a esa misma voluntad de explorar nuevos caminos de expresión y diálogo cultural.
La poesía como forma de habitar el mundo
La trayectoria de Julie Sopetrán permite acercarse a una escritora que ha combinado la creación poética con el periodismo, la investigación cultural y la colaboración artística. Sus raíces castellanas, sus años en Estados Unidos y sus viajes por diferentes países han ampliado el horizonte de una obra interesada tanto en la intimidad humana como en las tradiciones colectivas.
Su historia recuerda que la literatura no nace únicamente de los libros: también se alimenta de los lugares donde vivimos, de las personas que conocemos, de las preguntas que nos acompañan y de las culturas que descubrimos a lo largo del camino.
En Julie Sopetrán, la poesía aparece como una forma de mirar el mundo con atención y sensibilidad. Una manera de conservar la memoria, acercarse a otras realidades y encontrar, en la diversidad de la experiencia humana, motivos para seguir escribiendo.
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