Entre lo real y lo virtual existe un territorio filosófico donde las obras de arte, las ideas y las posibilidades adquieren formas propias de existencia. Étienne Souriau desafió las concepciones tradicionales del ser y propuso una ontología plural en la que crear significa también hacer existir. ¿Puede una obra existir antes de estar terminada? ¿Y qué nos revela esa existencia sobre la naturaleza de la realidad?
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Étienne Souriau y la pluralidad de los modos de existencia: la obra de arte entre lo real, lo virtual y lo que aún está por hacer
En 1943, en plena ocupación de Francia, un profesor de estética de la Sorbona publicó un libro breve sobre papel de mala calidad, impuesto por las restricciones de guerra. Ese libro proponía que no existe una única manera de ser. Una obra musical, un átomo, un valor como la solidaridad o un personaje de ficción existen, pero de maneras distintas y con grados distintos de intensidad. La filosofía dominante de aquellos años, dominada por la fenomenología y el existencialismo, parecía haber centrado la discusión en la conciencia y en la oposición entre el ser y la nada. Souriau propuso otra cosa: una pluralidad de modos de existir. Durante décadas su obra quedó casi olvidada. Hoy vuelve a leerse en Francia, en Italia, en Brasil y en el mundo anglosajón, y su influencia se advierte en autores tan distintos como Gilles Deleuze o Bruno Latour. La pregunta que atraviesa este ensayo es la que el propio Souriau planteó: si una obra de arte existe de algún modo, ¿de qué modo existe, y en qué relación está con el resto de lo que existe?
Contexto histórico: una filosofía escrita contra la oscuridad del momento
La primera edición de Les différents modes d’existence apareció en París en 1943, con la editorial Alcan. Las fuentes coinciden en esa fecha y en el lugar de publicación, y señalan también la escasez de papel que caracterizó la edición en tiempos de guerra. No es un detalle menor. El libro se escribió y se publicó en un momento en que la filosofía francesa se debatía en torno a la libertad, la responsabilidad y la condición humana. Ese mismo año apareció L’Être et le néant de Sartre, obra que colocaba la conciencia y la nada en el centro de la reflexión ontológica. Souriau se aparta de ese movimiento. No parte del sujeto que se angustia ante el mundo, sino de la pluralidad de las cosas que son, desde la piedra hasta la melodía.
Conviene recordar también que la estética universitaria francesa de mediados del siglo XX se movía entre la historia del arte, la psicología de la percepción y la fenomenología. Souriau, catedrático de estética en la Sorbona, trabajó en ese cruce, pero su proyecto excede la disciplina. Lo que le interesa es una ontología del arte que tome en serio la diversidad de las existencias.
Orígenes y formación
Souriau nació en 1892 y murió en 1979. Esas fechas están bien establecidas, y la mayoría de las presentaciones de su obra las recoge sin discusión. Sin embargo, las fuentes que pueden consultarse ofrecen pocos detalles sobre sus años de formación, sus maestros y su trayectoria académica temprana. Esa laguna importa, porque una parte de la recuperación de su pensamiento ha dependido de lecturas posteriores que lo sitúan en genealogías ya construidas. Antes de hablar de su influencia conviene reconocer que buena parte de su biografía intelectual sigue poco documentada en la bibliografía accesible.
Lo que sí puede afirmarse con seguridad es que Souriau fue una figura del mundo académico francés de posguerra, que enseñó estética y que, a diferencia de otros pensadores de su generación, no construyó una escuela visible. Su reputación fue la de un profesor influyente en su momento, cuya obra mayor quedó fuera de la conversación pública durante varias décadas.
Les différents modes d’existence: una gramática de la existencia
El libro de 1943 es breve, pero su ambición es considerable. Souriau sostiene que existen modos de existir diferentes y también grados o intensidades de existencia. La distinción fundamental no es entre lo que existe y lo que no existe, sino entre las maneras en que algo llega a existir. Según la presentación de la edición en inglés, el recorrido va desde los fenómenos puros hasta las cosas objetivadas, pasando por lo virtual y por lo que el autor denomina sobreexistente, categoría en la que encajan la obra de arte y el intelecto, e incluso la moral. Existir es, en su formulación, algo polifónico. El mundo resulta así más amplio de lo que la noción ordinaria de existencia permite pensar, porque incluye estados virtuales, transitorios y apenas comenzados que el autor llama, en términos muy citados, interseres o mundos intermedios.
El índice de la traducción inglesa de 2015 muestra que el libro se organiza en torno a una tabla de modos. Un capítulo trata de los modos intensivos, es decir, del devenir y de lo posible como grados de existencia, y de la distinción entre existencia pura y existencia comparada. Otro, dedicado a los modos específicos, aborda la oposición entre existir en sí y existir para sí, la participación en varios tipos de existencia y la pregunta de si la tabla de modos es exhaustiva. La estructura revela un libro que no se limita a enumerar: plantea un método y pone a prueba sus propias categorías.
Souriau mismo describió su libro como una gramática de la existencia, y habló de un arte de existir. La expresión es significativa. Una gramática no dice qué es el mundo, sino cómo se articulan sus formas de ser. Y un arte de existir supone que la existencia no está dada de una vez, sino que requiere un trabajo. Las obras, las ideas, las cosas científicas y hasta una roca o una mesa existen, pero de manera incompleta, a medio camino, como a la luz del crepúsculo. Esta idea de existencia inacabada es clave para entender el resto de su pensamiento.
Los modos y sus elementos
Los elementos con los que se construyen las existencias, según la presentación de la edición española, son los fenoménicos, los réicos (es decir, los que pertenecen al orden de las cosas), los imaginarios, los posibles y los virtuales, junto con los pasos de unos a otros y los acontecimientos. Se trata de una taxonomía que conviene leer con cautela. Souriau no la presenta como un catálogo cerrado de entidades, sino como un conjunto de modos que interactúan. Una partitura, por ejemplo, combina un objeto réico, una sucesión de sonidos posibles y una obra imaginada que aún no ha sido interpretada.
Lo que distingue su propuesta de un inventario de categorías es la idea de tránsito. Un modo no se queda quieto: un fenómeno puede convertirse en cosa, una posibilidad puede actualizarse, un virtual puede insistir hasta volverse real. Por eso el libro habla de existencias y no de entidades. La existencia es un proceso, y la pregunta sobre el modo de existir de una cosa se convierte en la pregunta sobre cómo llega a ser lo que es.
La obra por hacer
Hacia 1956 Souriau pronunció una conferencia titulada, en su versión francesa, De l’œuvre à faire, que luego se publicó junto con el libro de 1943 en la reedición de 2009 y en la traducción inglesa de 2015. El título, De la obra por hacer, indica el centro de su reflexión sobre el arte. La obra de arte no existe como un objeto terminado que el artista simplemente copia o revela. Existe primero como una exigencia, como algo que reclama ser realizado. El artista dialoga con una obra inacabada que, sin embargo, ya existe por sí misma. Esa experiencia es la que le permite a Souriau hablar de un modo de existencia propio de la obra.
La importancia de esta idea es que deshace la oposición simple entre el artista creador y la obra como producto. La obra en gestación tiene su propia consistencia. No se reduce a la intención del autor ni a las condiciones materiales de su ejecución. Por eso Souriau se interesa tanto por el proceso de instauración, término que emplean sus lectores para designar el movimiento por el cual una existencia adquiere forma y consistencia. Una obra se instaura cuando consigue ganar en formalización existencial, cuando deja de ser una potencia dispersa y se convierte en algo que puede encontrarse y juzgarse.
La cosmicidad de la obra
Otro concepto central es el que algunos comentaristas llaman cosmicidad de la obra de arte. Según esta tesis, la obra no es un objeto aislado, sino el centro de un mundo que se extiende a su alrededor. Una obra tiene varios planos de existencia, y cada uno de ellos define un universo propio: el de la materia que la sostiene, el de las formas que la organizan, el del sentido que suscita y el de las relaciones que establece con quien la contempla. La obra irradia, por decirlo así, un mundo en expansión.
Este punto permite ver por qué Souriau se separó de la estética tradicional. Para él, la obra no se agota en su apariencia sensible ni en su valor expresivo. Tampoco puede reducirse a un hecho psicológico en la mente del espectador. Su existencia se distribuye entre varios planos, y en ese reparto la obra de arte existe con una intensidad particular, que el autor relaciona con la noción de sobreexistencia.
Relaciones con otras obras de Souriau
La reflexión sobre los modos de existencia no es un episodio aislado en su trayectoria. En 1950 publicó Les Deux Cent Mille Situations dramatiques, un estudio sobre las situaciones dramáticas en el teatro, en el que se interesó por las formas en que el drama organiza conflictos y personajes. No es evidente cómo se articula ese libro con la ontología de 1943, y las fuentes consultadas no permiten establecer una relación detallada. Lo que puede decirse es que comparte con el resto de su obra el interés por la estructura de las situaciones y por la manera en que una obra organiza una experiencia.
Más directamente vinculada con la estética es La correspondance des arts, de 1969, en la que Souriau sostiene que las artes se relacionan entre sí por correspondencias más profundas que las técnicas o las convenciones históricas. Esta idea encaja con la tesis de los modos de existencia, porque supone que las obras de distintas artes participan de un mismo territorio ontológico, aunque se manifiesten de forma diferente. Por último, el Vocabulaire d’esthétique, publicado en 1990 tras su muerte y preparado junto con su hija, recoge el léxico con el que Souriau pensó la disciplina y sirve de puente entre sus escritos y sus lectores posteriores.
Olvido y recuperación
La recepción de Les différents modes d’existence fue modesta. Algunas fuentes señalan que el libro cayó en un olvido relativo durante décadas, y que su relectura comenzó a finales del siglo XX y se intensificó en los años siguientes. El punto de inflexión suele situarse en la reedición francesa de 2009, en las Presses Universitaires de France, que llevó una introducción de Isabelle Stengers y Bruno Latour. Esa edición permitió que el libro circulara de nuevo entre investigadores de filosofía y de estética.
La traducción inglesa, realizada por Erik Beranek y Tim Howles, apareció en 2015 con la editorial Univocal, en Minneapolis, y también incluyó la conferencia de 1956 junto al texto de 1943. Las presentaciones de esta edición insisten en el carácter pionero de Souriau: lo sitúan entre los pensadores del pluralismo existencial, junto a William James, y lo describen como una figura muy influyente en la posguerra cuya filosofía de la estética empezó a ser redescubierta por pensadores de muy distintas corrientes. La mención de Deleuze es importante. Según la introducción de la edición de 2015, Deleuze reconoció su deuda con Souriau, aunque el alcance de esa deuda es materia de debate entre los comentaristas.
Otro hito de la recuperación es el libro de David Lapoujade Les existences moindres, publicado por Éditions de Minuit en 2017 dentro de la colección Paradoxe. Lapoujade se interesa por las existencias menores, por los virtuales que rodean cada cosa real y por la manera en que estos bordes configuran el mundo. La reseña de la obra en la prensa francesa destaca que Souriau se separa de la fenomenología al prestar atención a los fenómenos antes que a la conciencia. Según la lectura de Lapoujade, las cosas están habitadas por formas de alma no humanas, marcadas por distintos grados de intensidad de existencia. Esta reapropiación, aunque ajena a la ortodoxia académica, muestra cómo el pensamiento de Souriau puede dialogar con preocupaciones contemporáneas.
Latour y la fructífera malinterpretación
El caso más discutido de la recepción de Souriau es su relación con Bruno Latour. Latour tomó la expresión “modos de existencia” para su propio proyecto, desarrollado en Enquête sur les modes d’existence, publicado en Francia en 2012 y traducido al inglés en 2013 con el título An Inquiry into Modes of Existence. En ese libro Latour describe modos como el de la referencia, la ficción, la religión, el derecho o la política, y busca cartografiar la manera en que cada uno de ellos instaura su verdad. La coincidencia terminológica es evidente, pero la distancia entre ambos proyectos también.
Varios estudios recientes han señalado que la relación entre ellos no es de continuidad simple. Un artículo publicado en la revista Aisthesis, de Firenze University Press, habla de una fructífera malinterpretación, en la que la noción de modo de existencia de Souriau sirvió de impulso para el programa de Latour, sin que el segundo se limitara a desarrollar el primero. La distinción importa para evaluar el legado de Souriau. Leerlo solo a través de Latour lo reduce a un antecedente, y releer a Latour a través de Souriau puede imponer a Souriau las preocupaciones ecológicas y antropológicas de su lector. La pregunta sobre cuál de los dos proyectos es más fiel a la ontología del pluralismo sigue abierta.
Lecturas recientes y debates
La historiografía de Souriau ha crecido en los últimos años. Un volumen colectivo editado por Vrin, titulado Étienne Souriau. Une ontologie de l’instauration, trató de sistematizar su pensamiento alrededor del concepto de instauración. Algunos artículos de Aisthesis analizan la relación entre el arte y la existencia, otros examinan la noción de multiplicidad de mundos, y otros más se ocupan de la dimensión retórica de su escritura. Uno de ellos sugiere que la oscuridad de su estilo ha sido interpretada por algunos lectores como un defecto radical, y otro se pregunta si la obra de Souriau puede leerse en clave sofística, es decir, como una reflexión sobre la responsabilidad estética y el poder de la palabra para instaurar lo que nombra.
Estos debates tienen un rasgo común: reconocen que Souriau propone algo nuevo, pero discrepan sobre la naturaleza de esa novedad. Para unos, su aportación es ontológica, y consiste en pensar el ser como plural. Para otros, es sobre todo estética, y consiste en describir cómo las obras de arte ganan realidad. Hay también quien ve en su proyecto una forma de metafísica de la creación, cercana a ciertas tradiciones del pensamiento vitalista.
Perspectiva crítica
Un ensayo sobre Souriau no puede limitarse a celebrarlo. Su propuesta plantea problemas que merecen examen. El primero es la extensión de la tesis. Si todo existe de algún modo, y los modos son múltiples, ¿qué impide que la categoría de existencia se vuelva tan amplia que deje de decir algo preciso? La respuesta de Souriau pasa por la idea de grados y de tránsitos, pero no es evidente que esa respuesta resuelva la cuestión. Hay un riesgo de que la pluralidad se convierta en una forma de vaguedad.
El segundo problema es el de la prueba. Muchas de las afirmaciones de Souriau sobre la obra de arte son descriptivas, pero no siempre están respaldadas por un análisis de casos concretos. Cuando afirma que una obra irradia un mundo o que existe en varios planos, la intuición que recoge el lector es convincente, pero la pregunta de cómo se verifica esa tesis queda en buena medida sin respuesta. Esto no invalida el proyecto, pero obliga a distinguir entre la hipótesis filosófica y la evidencia.
El tercero es el contexto de escritura. Un libro escrito en tiempos de guerra, con papel restringido y en un ambiente de incertidumbre, puede leerse como una afirmación de la pluralidad frente a los absolutismos de la época. Pero también puede interpretarse como una reacción culta frente a la historia, en la que la atención a las formas de existir sirve para no tomar partido directamente. Conviene no atribuir al libro intenciones que no pueden documentarse.
Por último, está la cuestión de la recepción. Que Souriau haya sido olvidado y luego redescubierto no prueba que su obra sea más valiosa de lo que su olvido sugería. Puede que su redescubrimiento responda a preocupaciones actuales, como la crisis de las categorías modernas o la necesidad de pensar lo no humano, y que esa proyección enriquezca su lectura sin reflejar fielmente lo que dijo.
Conclusión
El pensamiento de Étienne Souriau responde a una intuición sencilla y difícil de sostener: que no existimos ni existen las cosas de una sola manera. Una obra de arte existe como objeto, como posibilidad, como exigencia de realización y como mundo que se abre a quien la contempla. Esa multiplicidad no es una confusión, sino el rasgo mismo de lo real. Su libro de 1943 plantea que la existencia es un proceso de instauración, y que las obras, las ideas y las cosas están siempre a medio camino entre lo que son y lo que pueden llegar a ser.
Leer hoy a Souriau permite ver que la discusión sobre la existencia de las obras no se agota en el debate entre realismo y convencionalismo. Permite también comprender por qué su legado ha sido reclamado tanto por la estética como por la antropología, la teoría literaria o la filosofía de la ciencia. Su obra no ofrece respuestas cerradas, pero sí un método para formular mejor la pregunta: qué significa existir cuando hablamos de una melodía, de una pintura o de un personaje que nos acompaña durante años. Esa pregunta, lejos de ser un lujo académico, es la que el arte nos obliga a plantear.
Bibliografía
Souriau, Étienne. Les différents modes d’existence. París: Alcan, 1943. Reedición con introducción de Isabelle Stengers y Bruno Latour, París: Presses Universitaires de France, 2009.
Souriau, Étienne. The Different Modes of Existence. Traducción de Erik Beranek y Tim Howles. Introducción de Isabelle Stengers y Bruno Latour. Minneapolis: Univocal, 2015. Incluye el texto «Del modo de existencia de la obra por hacer» (conferencia de 1956).
Souriau, Étienne. Los diferentes modos de existencia. Del modo de existencia de la obra por hacer. Edición en español. ISBN 978-987-3831-20-1. Editorial Cactus.
Souriau, Étienne. Les Deux Cent Mille Situations dramatiques. París: Flammarion, 1950.
Souriau, Étienne. La correspondance des arts. París: Flammarion, 1969.
Souriau, Étienne, y Anne Souriau (dirs.). Vocabulaire d’esthétique. París: Presses Universitaires de France, 1990.
Latour, Bruno. Enquête sur les modes d’existence. París: La Découverte, 2012. Traducción inglesa: An Inquiry into Modes of Existence. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2013.
Lapoujade, David. Les existences moindres. París: Éditions de Minuit, colección Paradoxe, 2017.
Étienne Souriau. Une ontologie de l’instauration. París: Vrin, volumen colectivo, hacia 2016.
Artículos en Aisthesis (Firenze University Press): «Is Souriau Also Among the Sophists?»; «About a Fruitful Misunderstanding: From Souriau’s Modes of Existence to Latour’s Ecologizing Inquiries»; «Étienne Souriau: dialogue de l’ontologie et de l’esthétique»; «Etienne Souriau et la multiplicité des mondes».
Argumentos. Revista de Filosofia (UFC), artículo sobre la noción de instauración en Étienne Souriau y su relectura por David Lapoujade.
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