Entre el deseo insaciable, la fusión de los cuerpos y la frontera inquietante entre el placer y la destrucción, Oliverio Girondo construye una experiencia poética que desafía las convenciones del amor romántico. Su lenguaje vertiginoso transforma el encuentro erótico en un ciclo de fascinación, violencia simbólica y renacimiento. ¿Puede el deseo borrar los límites entre dos seres? ¿Por qué los amantes vuelven a buscarse después de consumirse?
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Espantapájaros (1932), poema 12. Oliverio Girondo (Buenos Aires, Argentina, 1891-1967).
Poema 12
[Poema – Texto completo.] – Oliverio Girondo
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan
Comentario literario: el amor como encuentro, violencia y disolución del yo
Este poema presenta el encuentro erótico como una sucesión vertiginosa de acciones que conducen a dos cuerpos desde la atracción inicial hasta una experiencia extrema en la que el placer, la violencia, la fusión y la separación se confunden. No hay una narración convencional ni una descripción detenida de los amantes: hay una corriente ininterrumpida de verbos que convierte el lenguaje en una representación física del deseo.
1. La fuerza expresiva de los verbos
La primera característica que llama la atención es la acumulación verbal: «se miran, se presienten, se desean». Desde el comienzo, el poema establece una progresión que va de la percepción al deseo, y del deseo al contacto corporal. Los amantes parecen avanzar por una secuencia de etapas, pero esta no conduce a una conclusión estable. Cada acción impulsa la siguiente, como si el deseo fuera una fuerza autónoma que no admite pausas ni explicaciones.
La repetición del pronombre «se» resulta fundamental. Los verbos están construidos mayoritariamente en forma pronominal y expresan acciones recíprocas: los amantes son simultáneamente sujetos y objetos del deseo. Ninguno ocupa una posición fija de dominio o pasividad. Ambos actúan, reciben, buscan y responden. La gramática se convierte así en una representación de la reciprocidad erótica.
2. El cuerpo como territorio de transformación
El poema no idealiza el amor mediante metáforas delicadas ni lo presenta como una experiencia exclusivamente espiritual. Por el contrario, lo devuelve a su dimensión material: oler, tocar, morder, penetrar, apretar, estremecerse.
Sin embargo, sería insuficiente interpretarlo como una simple enumeración de actos sexuales. El cuerpo aparece como un territorio en el que la identidad individual se transforma. Los amantes se confunden, se acoplan, se disgregan, se sueldan y se calcinan. Estas imágenes llevan el encuentro más allá de la unión física: sugieren el deseo de abolir, aunque sea momentáneamente, la frontera que separa a un individuo del otro.
La intimidad se convierte, por tanto, en una experiencia de transformación recíproca. Los cuerpos dejan de ser realidades completamente separadas y se aproximan a una unidad imposible de mantener de manera permanente.
3. La paradoja central: amar es también destruir
Uno de los aspectos más interesantes del poema es la coexistencia de imágenes placenteras y violentas. Junto a la fascinación, la iluminación y el resplandor aparecen el estrangulamiento, la perforación, el desgarramiento y el asesinato.
Esta alternancia impide reducir el erotismo a una experiencia armoniosa. El deseo aparece como una fuerza ambivalente: atrae y repele, une y separa, vivifica y agota. En el punto culminante de la enumeración, los amantes «se desgarran, se muerden, se asesinan»; pero inmediatamente después «resucitan».
La secuencia es reveladora. La muerte no constituye un desenlace definitivo, sino un momento dentro de un ciclo que vuelve a comenzar. La intensidad del encuentro parece exigir la destrucción simbólica de quienes participan en él, para que puedan reaparecer transformados y volver a buscarse.
Esta violencia debe entenderse, ante todo, dentro de la construcción poética del erotismo. No es necesario leerla como una descripción literal de una relación amorosa, sino como una exageración deliberada de las fuerzas contradictorias que pueden habitar el deseo.
4. El ritmo: una respiración sin descanso
La forma del poema refuerza su contenido. La sucesión de verbos, agrupados generalmente de tres en tres, produce una cadencia insistente y acelerada. La escasez de pausas fuertes genera la impresión de un movimiento que no encuentra reposo.
El lector no contempla la escena desde una distancia tranquila: es arrastrado por la acumulación de acciones. La sintaxis imita el impulso que describe. El poema avanza mediante repeticiones, choques y asociaciones inesperadas, hasta convertir el lenguaje en una especie de coreografía verbal.
Esta técnica revela un rasgo característico de la experimentación vanguardista: la forma no se limita a comunicar una idea, sino que procura reproducir la energía de la experiencia.
5. La estructura circular del deseo
El final resulta especialmente significativo: «se rehuyen, se evaden, y se entregan».
Después de atravesar la aproximación, la fusión, la violencia y la resurrección, los amantes vuelven a encontrarse ante la contradicción fundamental del deseo. Quieren unirse, pero también conservar su independencia; buscan la proximidad, pero pueden experimentar la necesidad de alejarse.
La entrega final no resuelve esa contradicción. La perpetúa. El deseo permanece vivo precisamente porque la unión absoluta nunca llega a consolidarse de manera definitiva. Cada encuentro contiene la posibilidad de una nueva separación y, con ella, de una nueva búsqueda.
Conclusión
La potencia de este poema reside en que convierte el erotismo en algo mucho más complejo que el placer físico. El encuentro entre dos personas aparece como una experiencia extrema en la que intervienen la atracción, la pérdida de identidad, la exaltación, el conflicto y la renovación.
Girondo construye una visión del deseo que no es apacible ni enteramente romántica. Sus amantes se aproximan hasta confundirse, se destruyen simbólicamente y vuelven a buscarse, atrapados en una dinámica que no alcanza una resolución definitiva.
En última instancia, el poema sugiere que el deseo vive de una contradicción esencial: necesita acercar a los amantes hasta borrar sus fronteras, pero también necesita que esas fronteras vuelvan a existir para que puedan desearse nuevamente.
Esa es su intuición más profunda: la unión absoluta supondría la desaparición de la distancia, pero sin distancia no habría búsqueda; y sin búsqueda, el deseo perdería una de las fuerzas que lo mantienen vivo.

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