Entre la austeridad de la lógica y la riqueza del pensamiento humano, Tadeusz Kotarbiński defendió una tesis radical: solo existen cosas concretas. Propiedades, relaciones y entidades abstractas serían, en último término, formas de hablar que merecen un examen riguroso. Su reísmo desafía nuestras intuiciones sobre la realidad, el lenguaje y la ciencia. ¿Podemos describir el mundo sin recurrir a abstracciones? ¿Qué perderíamos si aceptáramos que solo existen cosas?
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📷 Imagen generada por Dola Al para El Candelabro. © DR
Un mundo hecho solo de cosas: Tadeusz Kotarbiński y el reísmo
Tadeusz Kotarbiński creció entre artistas. Su padre, Miłosz, fue pintor, crítico literario, poeta y músico, y su tío Józef dirigió teatros en Varsovia. Kotarbiński fue un filósofo, lógico y especialista en ética polaco, discípulo de Kazimierz Twardowski y una de las figuras más representativas de la escuela de Lwów-Varsovia. Sin embargo, buena parte de su obra sostiene una tesis de apariencia casi ascética: el mundo se compone únicamente de cosas concretas. No hay propiedades, hechos, relaciones ni clases que existan por sí mismos, y el lenguaje solo es legítimo cuando nombra cosas. La paradoja de un pensador de lo concreto formado en un ambiente de imágenes, teatro y música es el punto de partida de este ensayo. Interesa menos como anécdota biográfica que como clave para entender por qué una filosofía tan austera pudo ser, al mismo tiempo, una de las más rigurosas de su siglo y una de las menos recordadas.
El contexto de Lwów y Varsovia
Kotarbiński no puede entenderse fuera de la escuela de Lwów-Varsovia, el grupo de lógicos y filósofos que, tras la recuperación de la independencia polaca en 1918, consolidó una tradición del análisis lógico y lingüístico de notable exigencia. Twardowski, su maestro, había recibido la herencia de Franz Brentano y la transformó en un programa de claridad conceptual y de desconfianza hacia las formulaciones vagas. La escuela no era un bloque homogéneo: en ella convivían ontólogos, lógicos formales, semanticistas y filósofos de la ciencia, unidos sobre todo por un ideal metodológico más que por una doctrina común.
En ese clima, Kotarbiński se propuso un objetivo tan ambicioso como concreto. Quería transformar la lógica en una ciencia tan exacta como la lógica matemática y, para ello, levantar un aparato conceptual capaz de sostenerla. El trabajo analítico que desarrolló entre 1920 y 1935 desbordó ese propósito inicial y terminó por producir un sistema filosófico completo, conocido como reísmo o concretismo. Esta trayectoria explica el carácter de su obra: la ontología no fue un punto de partida metafísico, sino el resultado de una exigencia lógica llevada hasta sus últimas consecuencias.
Elementos de 1929: la tesis del reísmo
El texto fundacional es Elementy teorii poznania, logiki formalnej i metodologii nauk (Elementos de la teoría del conocimiento, la lógica formal y la metodología de las ciencias), publicado en 1929. Aunque se presenta como un manual, su intención era difundir y promover la ontología de Stanisław Leśniewski y, al mismo tiempo, convertirla en una concepción del mundo. La idea del reísmo era transformar la ontología lógica de Leśniewski en una visión metafísica más amplia y aplicarla a distintos ámbitos. El propio Kotarbiński reconoció, quizá con demasiada modestia, que el libro era más un vehículo de divulgación que una exposición original de la lógica de su maestro.
La palabra clave es res, cosa. Kotarbiński acuñó el término reizm para designar la tesis de que la categoría de las cosas es la única categoría ontológica. Su sistema distingue entre cosas, estados de cosas, relaciones y propiedades, y sostiene que solo las primeras poseen una realidad no reducible. El reísmo reduce todas las categorías a la de las cosas, de modo que lo que se llama propiedad, relación o hecho debe entenderse como una manera de hablar sobre cosas y no como una entidad autónoma.
Las dos tesis ontológicas que Kotarbiński formuló son la base del sistema. La primera establece que cada objeto es una cosa, y la segunda, en su versión más característica, que cada objeto es un cuerpo. De ahí procede el nombre de pansomatismo que él mismo utilizó como equivalente. Conviene advertir que esta formulación no fue aceptada sin reservas. El filósofo Kazimierz Ajdukiewicz objetó que la afirmación de que todo objeto es una cosa es, en rigor, una trivialidad: si se define “cosa” como “objeto”, el enunciado no dice nada. Esta crítica obligó a Kotarbiński a precisar el sentido de sus tesis y a distinguir entre planos distintos de su doctrina.
Semántica, onomatoides y el programa de eliminación
El reísmo tiene, además, una dimensión semántica que a menudo se pasa por alto. Según el reísmo semántico, los enunciados significativos deben contener únicamente términos concretos, es decir, nombres de cosas. Kotarbiński llamó onomatoides a los términos que aparentan nombrar algo y que, sin embargo, carecen de referente real. Entre ellos figuran los nombres de entidades abstractas, como propiedades, clases o estados de cosas, así como las hipóstasis que la ciencia y la filosofía han introducido sin justificación suficiente.
El objetivo no era meramente descriptivo. Kotarbiński pretendía purificar el lenguaje científico y filosófico de expresiones que producen la ilusión de objetos inexistentes. Por eso sostuvo que, en el fondo, el reísmo era una interpretación especialmente natural del lenguaje ordinario, que la semántica debía respetar. El problema es que esta purificación no resultaba siempre sencilla de llevar a cabo, y en ello se juega buena parte de la discusión posterior.
Entre Leśniewski y Brentano: precursores y disputas
Kotarbiński no inventó la idea de una ontología de cosas. Reconoció antecesores como Leibniz, Brentano y sus discípulos, así como nominalistas y materialistas anteriores. Pero fue quien le dio sistema y nombre. Su relación con Leśniewski fue decisiva: la teoría de los nombres, o cálculo de nombres, le proporcionó el lenguaje formal en el que expresar la tesis de que solo existen individuos concretos. La versión más desarrollada del reísmo se debe a Kotarbiński, uno de los principales miembros de la escuela de Lwów-Varsovia.
La relación con Brentano es más compleja. Tras la publicación de Elementy, Twardowski señaló a Kotarbiński que un planteamiento ontológico parecido había sido elaborado por Brentano en la última etapa de su vida. Kotarbiński aceptó el paralelo y lo convirtió en argumento de autoridad, pero las diferencias son sustanciales. Brentano sostenía una ontología dualista, en la que las cosas son cuerpos o almas, mientras que Kotarbiński defendió un monismo en el que solo los cuerpos son cosas. La historiografía discute hoy si la atribución de un precursor brentaniano fue exacta o si respondió más a una estrategia de legitimación. Un trabajo reciente sostiene que esa identificación es, como mínimo, cuestionable, y propone situar ambas ontologías dentro de un espectro más amplio de posiciones rivales.
Del reísmo al concretismo: un programa y no una teoría
Con el tiempo, Kotarbiński modificó la forma en que presentaba su doctrina. Hacia el final de su itinerario, consideró el reísmo más un programa que una teoría cerrada del mundo y del lenguaje. Por razones lingüísticas prefirió el término “concretismo”, que le parecía menos cargado de connotaciones que el de “reísmo”, y en sus escritos los tres términos —reísmo, pansomatismo y concretismo— se usan a menudo como equivalentes, con matices que no siempre son fáciles de separar.
Este desplazamiento no es un detalle terminológico. Refleja la tensión entre dos aspiraciones: una tesis ontológica sobre lo que existe y un programa semántico sobre lo que debe decirse. Muchos intérpretes sostienen que el segundo fue siempre el más sólido, porque podía evaluarse por sus resultados en la eliminación de términos aparentes, mientras que la ontología corría el riesgo de quedar en una afirmación difícil de contrastar. La doctrina tuvo también afinidades con el empirismo lógico. Sin embargo, el pansomatismo es anterior al fisicalismo vienés, y Kotarbiński no fue un discípulo de ese movimiento, sino un pensador que llegó a conclusiones parecidas por una vía propia.
Las oraciones psicológicas
Uno de los episodios más reveladores de su trabajo es el análisis de las oraciones psicológicas, en las que aparecen verbos como creer, desear o pensar. El problema es clásico: en estos contextos no se puede sustituir un término por otro coextensivo sin alterar el valor de verdad de la oración. Frege y Russell habían propuesto soluciones distintas, y Kotarbiński formuló otra más radical. Para eliminar del ámbito semántico y ontológico los contenidos de los actos mentales y los supuestos objetos intencionales, inventó una paráfrasis original que reduce estas oraciones a pares de enunciados lógicamente independientes.
La importancia de esta paráfrasis es doble. Por un lado, resuelve el problema de la falta de sustitutividad extensional sin postular entidades mentales. Por otro, aporta una prueba de coherencia para el reísmo: si el mundo solo contiene cosas, también el discurso sobre la mente debe poder reformularse en términos de cosas y relaciones entre enunciados. Algunos comentaristas han comparado esta solución con el análisis paratáctico de Donald Davidson, aunque las diferencias son notables y dependen de concepciones distintas del monismo y de la verdad. Como en otros puntos de su obra, Kotarbiński anticipa debates que la filosofía del lenguaje desarrollaría después con otros instrumentos.
Praxeología y la ética independiente
Kotarbiński es hoy conocido, sobre todo fuera de Polonia, como fundador de la praxeología, la ciencia de la acción eficaz. Esta disciplina, que estudia las condiciones generales de la buena realización de cualquier tarea, fue el campo en el que desarrolló su pensamiento práctico durante décadas, y en ella se refleja un rasgo constante de su filosofía: la preferencia por lo que puede ser comprobado y ejecutado frente a lo que se presupone. Su Traktat o dobrej robocie (Tratado sobre el buen trabajo) y la obra praxeológica que siguió a su traducción inglesa son testimonio de esa orientación.
La misma exigencia se encuentra en su ética independiente, que buscó elaborar una moral sin dependencia de sistemas religiosos o metafísicos. No es posible afirmar aquí que la praxeología y la ética sean una aplicación directa del reísmo; los vínculos son más de estilo y de método que de contenido. Pero ambas comparten una desconfianza hacia las abstracciones que no rinden cuentas de sus efectos. Por eso la obra de Kotarbiński resulta coherente en su conjunto, aunque sus distintas partes respondan a problemas muy diferentes.
Recepción, olvido y redescubrimiento
La recepción inicial del reísmo fue intensa en los círculos lógicos de Polonia. Kotarbiński llevó su doctrina al Congreso Internacional de Filosofía de Oxford en 1930, lo que dio a sus ideas una proyección europea. Pero la guerra, la destrucción de buena parte de las instituciones académicas polacas y el cambio de los centros de gravedad de la filosofía analítica dejaron la escuela en una posición marginal durante décadas. Fuera de Polonia, muchos la conocieron solo a través de Tarski, que fue discípulo filosófico de Kotarbiński y compartió con él su desconfianza hacia la metafísica tradicional, aunque se distanció de su ontología al usar libremente la teoría de conjuntos.
La recuperación de la escuela de Lwów-Varsovia en el ámbito anglófono se debe en buena medida a la labor de historiadores como Jan Woleński, autor de un estudio general sobre la escuela publicado en 1989 y editor, en 1990, de una antología de los escritos de Kotarbiński en la que se reúnen textos de lógica, semántica y ontología. Esa edición permitió que el reísmo volviera a discutirse como parte de la filosofía analítica del siglo XX y no solo como una curiosidad de historia de las ideas. Desde entonces, la figura de Kotarbiński se ha reinterpretado desde perspectivas distintas: como ontólogo, como semanticista, como precursor del nominalismo contemporáneo o como un programa de higiene conceptual.
Interpretaciones y perspectiva crítica
Conviene preguntarse qué parte de la importancia atribuida al reísmo está realmente demostrada. La tesis de que solo existen cosas concretas resulta atractiva por su economía, pero plantea problemas serios. ¿Cómo se trata a los números, a las relaciones matemáticas o a los conjuntos? La respuesta de Kotarbiński, que los reduce a formas de hablar, tiene el mérito de la coherencia, pero deja abierta la cuestión de si esa reducción se sostiene en los casos más exigentes de la matemática y de la ciencia. Y la objeción de Ajdukiewicz sobre el carácter trivial de la fórmula básica sigue siendo un punto de referencia para cualquier lectura crítica.
También conviene matizar la lectura según la cual el reísmo fue una doctrina cerrada y coherente desde el principio. Los propios estudiosos señalan una evolución que va del nominalismo inicial y el pansomatismo a una etapa posterior en la que Kotarbiński introdujo la doctrina de las fases temporales para tratar la verdad de predicaciones contingentes. Esa evolución muestra que el sistema encontró dificultades reales, que su autor fue consciente de ellas y que la coherencia de la obra debe buscarse en el método más que en cada una de las tesis. Por último, la atribución de un precursor brentaniano, la relación exacta con Leśniewski y el alcance de la paráfrasis de las oraciones psicológicas siguen siendo objeto de debate, y cualquier interpretación que los presente como cuestiones cerradas exagera el consenso existente.
Conclusión
El reísmo es, en última instancia, una filosofía de la economía conceptual. Kotarbiński quería que el lenguaje dijera solo lo que puede señalar, y que la ontología no multiplicara entidades sin necesidad. Esa aspiración tiene un valor que va más allá de la historia de la escuela de Lwów-Varsovia: plantea una pregunta que la filosofía contemporánea sigue formulando sobre el estatus de los objetos abstractos, sobre el compromiso ontológico de nuestras teorías y sobre los límites del lenguaje cuando hablamos de la mente, la sociedad o las matemáticas.
Su figura resulta también reveladora por la forma en que combina la austeridad y la imaginación. El hombre que creció entre pintores y actores construyó un sistema en el que los cuadros, los personajes y las representaciones quedaban reducidos a cosas y a relaciones entre cosas. Esa paradoja no invalida la doctrina, pero recuerda que la filosofía del reísmo nació de un ambiente cultural concreto y de una exigencia intelectual muy precisa. Leer hoy a Kotarbiński es enfrentarse a una de las tentativas más serias de decir el mundo sin sobrantes, y medir qué se gana y qué se pierde en ese intento.
Bibliografía
Kotarbiński, T. (1929). Elementy teorii poznania, logiki formalnej i metodologii nauk. Zakład Narodowy im. Ossolińskich.
Kotarbiński, T. (1930). Uwagi na temat reismu. Ruch Filozoficzny, 12, 7–12.
Kotarbiński, T. (1965). Praxiology: The theory of efficient action (O. Wojtasiewicz, Trad.). Pergamon Press.
Woleński, J. (1989). Logic and philosophy in the Lvov-Warsaw school. Kluwer Academic Publishers.
Woleński, J. (Ed.). (1990). Kotarbiński: Logic, semantics and ontology. Kluwer Academic Publishers.
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