Entre los escenarios de la copla, los tablaos flamencos, los certámenes de jota y las aldeas gallegas surgieron voces femeninas que merecen ocupar un lugar destacado en la memoria cultural de España. Algunas conquistaron al público con sus grabaciones; otras conservaron canciones transmitidas durante generaciones. ¿Quiénes fueron estas mujeres? ¿Qué legado musical dejaron a las generaciones posteriores?
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20 cantantes vernáculas de España: voces olvidadas de la copla, el flamenco y la música tradicional
La historia de la música española está poblada de voces que alcanzaron una notable popularidad en su tiempo y que, sin embargo, han quedado relegadas al recuerdo de los aficionados, las hemerotecas y las antiguas grabaciones. Junto a las grandes figuras de la copla y el flamenco existieron intérpretes de enorme personalidad que recorrieron teatros, cafés cantantes, emisoras de radio y escenarios populares, contribuyendo a conservar y transformar las expresiones musicales de sus regiones.
Este recorrido reúne veinte mujeres vinculadas a distintas tradiciones musicales españolas: la copla, el flamenco, la jota aragonesa y el canto popular gallego, entre otras manifestaciones. Algunas desarrollaron carreras profesionales y grabaron discos; otras transmitieron su repertorio en ambientes rurales y comunitarios. Sus historias permiten recuperar una parte valiosa de la memoria musical española y reconocer el trabajo de artistas cuya importancia merece ser conocida más allá de los nombres habituales.
1. Antoñita Peñuela: una voz de copla truncada por la tragedia
Antoñita Peñuela fue una cantante española de copla cuya trayectoria quedó interrumpida prematuramente. Nació en Lorca, Murcia, en 1947, y pasó buena parte de su infancia en Torreperogil, Jaén, localidad vinculada a sus raíces familiares. Desde muy joven mostró inclinación por la canción española y comenzó a abrirse camino en un género que exigía personalidad interpretativa, dominio vocal y una especial capacidad para transmitir emociones. Su nombre quedó asociado a una época en la que la copla seguía ocupando un lugar destacado en los espectáculos populares y en la memoria sentimental de numerosas localidades.
Su carrera profesional comenzó a desarrollarse en escenarios y ambientes musicales donde la canción española mantenía una importante presencia. Su voz y su juventud despertaron interés entre los aficionados, pero su vida quedó marcada por un accidente de circulación ocurrido en mayo de 1975. Falleció el 5 de junio de ese mismo año, cuando tenía solamente veintiocho años. La brevedad de su existencia contribuyó a que su figura quedara rodeada de una memoria especialmente emotiva. Antoñita Peñuela representa a aquellas intérpretes que, pese a no disponer de una carrera prolongada, dejaron una huella reconocible en la historia de la copla.
2. Estrellita de Palma: una voz mallorquina de la canción popular
Estrellita de Palma fue el nombre artístico de Margalida Rodríguez Pérez, cantante nacida en Palma de Mallorca y vinculada a la canción popular española. Su trayectoria constituye un ejemplo de cómo las artistas de las islas también participaron en el panorama musical nacional, aunque muchas veces su recuerdo haya permanecido más próximo a los escenarios y al público de su entorno. Desde niña mostró inclinación por el canto y comenzó a desarrollar sus facultades en un ambiente donde la música popular, las canciones de variedades y los espectáculos de entretenimiento formaban parte de la vida cultural.
Su nombre artístico, asociado a su lugar de origen, permite situarla dentro de una tradición de intérpretes que encontraron en la canción española un medio de expresión y de reconocimiento. Su historia merece atención porque ayuda a ampliar la mirada sobre la música popular más allá de los grandes centros de producción artística. En su caso, los testimonios periodísticos permiten confirmar su identidad y su relación temprana con el canto, aunque no todos los detalles cronológicos de su vida se encuentran suficientemente establecidos. Por esa razón, resulta más riguroso destacar su procedencia, su actividad como cantante y su vinculación con la canción popular sin atribuirle fechas o episodios que no estén acreditados.
3. Niña de Antequera: María Barrús Martínez y el cante andaluz
María Barrús Martínez, conocida artísticamente como Niña de Antequera, fue una cantante española vinculada al flamenco y a la canción andaluza. Aunque su nombre artístico la relaciona con Antequera, nació en Málaga el 1 de marzo de 1921, según la documentación biográfica investigada por las instituciones locales. Su trayectoria se desarrolló en una época en la que el flamenco, la copla y los espectáculos de variedades mantenían una relación estrecha. Las intérpretes podían transitar entre distintos repertorios, adaptándose a los gustos del público y a las oportunidades que ofrecían los teatros, las emisoras y las compañías artísticas.
La Niña de Antequera alcanzó reconocimiento dentro de la canción andaluza y dejó su nombre asociado a una etapa de gran actividad musical. Su apodo artístico no debe confundirse con su lugar de nacimiento: se trata de una denominación profesional que terminó identificándola ante el público. Su historia resulta especialmente interesante porque permite observar cómo las artistas construían una identidad escénica vinculada a una localidad, una tradición o un estilo musical. Recuperar su biografía también significa reconocer la importancia de las mujeres que contribuyeron a difundir el repertorio andaluz durante el siglo XX, en un panorama donde la popularidad no siempre se traducía en una conservación adecuada de sus archivos personales.
4. Pilar Gascón Pueyo: la extraordinaria cantadora de jota aragonesa
Pilar Gascón Pueyo nació en Huesca en 1900 y falleció en Zaragoza en 1930. Fue una de las cantadoras de jota aragonesa más reconocidas de su generación. Aunque nació accidentalmente en Huesca, su familia se trasladó a Zaragoza cuando ella apenas tenía una semana de vida. Durante su infancia emigró con sus padres a Buenos Aires, ciudad donde recibió formación musical relacionada con la jota de la mano de Juanito Pardo y María Blasco, dos intérpretes destacados que también residían entonces en Argentina. Aquella formación contribuyó a desarrollar una voz que acabaría siendo muy apreciada por los aficionados al folclore aragonés.
Regresó a Zaragoza durante su adolescencia y comenzó a destacar en los certámenes oficiales. Obtuvo el Premio Oficial de Jota en 1915, 1919 y 1925, además del Premio Extraordinario en 1929. Su interpretación alcanzó una popularidad notable y fue elegida para acompañar con sus coplas la proyección de la película Nobleza baturra. También realizó grabaciones discográficas, algunas conservadas en los fondos musicales aragoneses. Su muerte prematura, en 1930, truncó una carrera que todavía tenía mucho por ofrecer. La jota aragonesa conserva su recuerdo como una de sus grandes voces femeninas, y una tonada lleva su apellido como homenaje a su legado.
5. Diamantina Rodríguez: la memoria viva de la canción asturiana
Diamantina Rodríguez nació el 14 de septiembre de 1920 en Vil.laxime, en el concejo asturiano de Quirós. Fue una de las voces representativas de la canción tradicional asturiana y dedicó buena parte de su vida a interpretar y difundir un repertorio profundamente ligado a la cultura popular de su tierra. Su trayectoria comenzó en un contexto en el que las canciones tradicionales se transmitían en reuniones familiares, celebraciones y encuentros comunitarios. Con el tiempo, su talento le permitió ampliar ese ámbito y participar en actuaciones que contribuyeron a dar visibilidad a la música asturiana.
Inició su carrera artística en 1948 y publicó su primer disco en 1969, una muestra de que su reconocimiento discográfico llegó después de años de actividad musical. Su repertorio estuvo relacionado con las formas tradicionales del canto asturiano, en las que la interpretación vocal, la memoria oral y el vínculo con el territorio desempeñan un papel fundamental. Su aportación fue reconocida institucionalmente y recibió la Medalla de Asturias en 2002. Diamantina Rodríguez representa una generación de mujeres que mantuvieron vivas las canciones de su región y demostraron que la tradición no era una expresión menor, sino una parte esencial del patrimonio cultural.
6. La Busdonga: Obdulia Álvarez Díaz y la canción asturiana
Obdulia Álvarez Díaz, conocida como La Busdonga, nació en 1896 y murió en 1960. Fue una intérprete asturiana vinculada a la canción popular y a las formas tradicionales del repertorio regional. Su nombre artístico quedó asociado a una época en la que las grabaciones fonográficas comenzaban a desempeñar un papel decisivo en la difusión de la música. Las canciones que antes circulaban principalmente mediante la transmisión oral podían llegar a públicos mucho más amplios gracias a los discos, las actuaciones y los circuitos comerciales. La Busdonga participó de ese proceso y se convirtió en una figura reconocible dentro de la música asturiana.
Su actividad discográfica comenzó a mediados de la década de 1920, cuando las grabaciones de música regional adquirían una importancia creciente. Su repertorio contribuyó a conservar interpretaciones que, de otro modo, habrían quedado limitadas a la memoria de quienes las escuchaban en directo. La Busdonga forma parte de una generación de artistas que ayudó a llevar las expresiones musicales asturianas a otros territorios y a fijarlas en soportes sonoros. Aunque algunos detalles de su biografía presentan discrepancias entre las fuentes consultadas, su identidad como Obdulia Álvarez Díaz y su actividad como cantante están documentadas. Su figura merece un lugar en la historia de la música tradicional del Principado.
7. Isabelita de Jerez: una intérprete del cante flamenco antiguo
Isabelita de Jerez fue el nombre artístico de Isabel Ramos Moreno, nacida en 1895 y fallecida en 1942. Su figura pertenece a una etapa fundamental para comprender la evolución del flamenco durante las primeras décadas del siglo XX. En aquellos años, los cafés cantantes, los teatros y las grabaciones discográficas contribuyeron a transformar la difusión del cante. Las intérpretes femeninas participaron activamente en ese proceso, aunque muchas de sus trayectorias quedaron después oscurecidas por la atención prestada a otras figuras más conocidas. Isabelita de Jerez fue una de esas voces que merecen ser recuperadas.
Entre 1927 y 1931 grabó veintiséis cantes, un dato que permite reconocer la existencia de una actividad discográfica concreta y no solamente una tradición oral transmitida por aficionados. Su repertorio quedó integrado en la historia del flamenco antiguo, un periodo de gran importancia para la conservación de estilos y formas interpretativas. Falleció en 1942 durante una gira en Zamora, lejos de su tierra de origen. Su vida estuvo vinculada a los desplazamientos propios de los artistas de la época, que recorrían distintas ciudades para actuar ante públicos diversos. Isabelita de Jerez constituye un testimonio de la presencia femenina en el flamenco profesional de comienzos del siglo XX.
8. Rosita Ferrer: la canción española en los escenarios del siglo XX
Rosita Ferrer, cuyo nombre era Rosa Ferrer Gracia, nació en Barcelona en 1935 y desarrolló una trayectoria vinculada a la canción española y a los espectáculos populares. Su carrera se desenvolvió en una época en la que la copla, las variedades y los repertorios melódicos ocupaban un lugar destacado en los teatros, las salas de espectáculos y la radio. Barcelona, con su intensa actividad cultural y musical, ofrecía un escenario especialmente dinámico para las intérpretes que buscaban abrirse camino en el mundo artístico. Rosita Ferrer formó parte de ese ambiente y desarrolló una actividad profesional relacionada con la canción popular.
Su nombre aparece vinculado a los escenarios del Paralelo barcelonés y a la difusión radiofónica, dos espacios esenciales para comprender la cultura del espectáculo en aquella época. La radio permitió que las voces de los intérpretes llegaran a hogares que no podían acudir a los teatros, mientras que los discos contribuyeron a prolongar la vida comercial de las canciones. La trayectoria de Rosita Ferrer debe situarse en ese contexto de expansión de la música popular. Aunque su biografía no cuenta con la misma abundancia de estudios institucionales que otras figuras de esta selección, su identidad y su actividad artística están recogidas en referencias biográficas y musicales. Recuperarla permite completar el mapa de las cantantes españolas del siglo XX.
9. Gracia de Triana: una voz andaluza entre el cante y el espectáculo
Gracia de Triana fue el nombre artístico de María Gracia Jiménez Zayas, cantante nacida en Sevilla en 1919 y fallecida en Madrid en 1989. Su trayectoria estuvo relacionada con la canción andaluza, el flamenco y los espectáculos populares que alcanzaron una notable difusión durante el siglo XX. Su nombre artístico evocaba el barrio sevillano de Triana, uno de los espacios más representativos de la cultura flamenca. La adopción de nombres vinculados a lugares concretos era habitual entre los artistas, pues permitía establecer una identidad escénica reconocible y conectar con una tradición musical determinada.
Su carrera se desarrolló en un periodo en el que la canción española encontraba difusión a través de los teatros, el cine, la radio y las grabaciones. Gracia de Triana participó también en el mundo del espectáculo cinematográfico, una actividad que permitió a algunas cantantes ampliar su presencia más allá de los escenarios musicales. Su figura refleja la relación entre el repertorio andaluz y la cultura popular de masas, en la que el cante, la copla y la interpretación dramática podían convivir dentro de un mismo espectáculo. Aunque no pertenece al grupo de las intérpretes completamente desconocidas, su recuerdo merece ser revisado junto al de otras artistas cuya aportación quedó eclipsada por las grandes estrellas de su época.
10. Perlita de Huelva: una voz popular que conquistó al público
Antonia Hernández Peralta, conocida artísticamente como Perlita de Huelva, nació en Huelva en 1939. Su trayectoria se desarrolló dentro de la canción española y del repertorio popular andaluz. Desde joven estuvo vinculada al mundo de la música y comenzó a actuar cuando todavía era muy joven, en una época en la que las emisoras de radio, las compañías discográficas y los espectáculos itinerantes desempeñaban un papel fundamental en la carrera de los cantantes. Su nombre artístico quedó ligado a su provincia natal, aunque su popularidad terminaría extendiéndose por distintos lugares de España.
Uno de los aspectos más conocidos de su historia es que su primer disco, publicado en 1961, pudo realizarse gracias al dinero obtenido con un premio de lotería. A lo largo de su carrera publicó numerosos discos y alcanzó una gran difusión con canciones como Amigo conductor, que se convirtió en una de las piezas más reconocibles de su repertorio. Su trayectoria demuestra la capacidad de la canción popular para conectar con públicos muy diversos, más allá de los círculos especializados. Perlita de Huelva es una de las artistas de esta selección cuya carrera discográfica está mejor documentada y constituye un ejemplo de continuidad profesional dentro de la música española.
11. Adela la Chaqueta: una personalidad singular del flamenco
Adela Fernández Jiménez, conocida como Adela la Chaqueta, nació en Cádiz en 1918 y fue una cantaora flamenca de personalidad artística muy marcada. Su trayectoria comenzó a desarrollarse en una época en la que el flamenco estaba experimentando cambios importantes en sus espacios de representación. Los antiguos cafés cantantes habían dejado paso a teatros, compañías y espectáculos de mayor formato, mientras que las figuras del cante recorrían distintas ciudades para presentar sus repertorios. Adela se incorporó a ese mundo desde joven y consiguió construir una carrera prolongada, caracterizada por su relación con el cante tradicional.
En 1933 debutó en el Teatro Español de Madrid junto a La Argentinita y Pilar López, dos figuras de enorme relevancia en la danza y el espectáculo español. Aquel comienzo permite situar su actividad dentro de un entorno artístico de primer nivel. Su trayectoria se extendió durante décadas y fue reconocida por su conocimiento del repertorio flamenco y por su capacidad interpretativa. Falleció en 1995, después de una vida dedicada al cante. Su historia recuerda que el flamenco no se construyó únicamente alrededor de unas pocas estrellas, sino gracias a numerosas intérpretes que mantuvieron vivos los estilos tradicionales y los transmitieron a nuevas generaciones de aficionados.
12. María Blasco: la reina de la jota aragonesa
María Blasco nació en Zaragoza en 1888 y falleció en Buenos Aires en 1966. Fue una de las grandes cantadoras de jota de su época y alcanzó una reputación que le valió el reconocimiento popular como una de las voces femeninas más importantes del género. Su trayectoria comenzó en una etapa en la que la jota aragonesa se encontraba en plena expansión como expresión musical regional y como espectáculo capaz de atraer públicos de distintos lugares. Los certámenes, las actuaciones teatrales y las giras contribuyeron a consolidar la fama de los cantadores y cantadoras, que se convirtieron en representantes culturales de Aragón.
En 1907 obtuvo un primer premio en un certamen de jota y en 1908 consiguió un premio extraordinario, reconocimientos que ayudaron a impulsar su carrera. En 1910 emigró a Argentina, donde continuó vinculada a la interpretación de la jota y a la difusión de la cultura aragonesa entre las comunidades españolas residentes en América. Su presencia en Buenos Aires fue importante también para la formación de otras cantadoras, entre ellas Pilar Gascón Pueyo. María Blasco representa el papel de las mujeres en la conservación y expansión internacional del folclore aragonés. Su legado no se limita a sus actuaciones: también forma parte de la historia de la transmisión de la jota entre generaciones y territorios.
13. Dora de Aragón: cantante, bailarina y difusora de la jota
Dora de Aragón fue una artista vinculada a la jota aragonesa y a los espectáculos populares de la primera mitad del siglo XX. Su actividad no se limitó al canto, pues también desarrolló facetas relacionadas con el baile y la interpretación escénica. En una época en la que los espectáculos regionales despertaban interés dentro y fuera de España, las artistas que dominaban distintas disciplinas podían participar en compañías y giras que presentaban repertorios folclóricos ante públicos muy diversos. Dora de Aragón formó parte de ese ambiente artístico y contribuyó a difundir la imagen musical de Aragón en escenarios nacionales e internacionales.
La documentación conservada sobre su trayectoria recoge actuaciones y giras, entre ellas una presencia artística en Lima en 1931. También se registran grabaciones discográficas y actividad relacionada con la radio, medios que permitieron extender el alcance de la música regional. Su nombre aparece asociado a una etapa en la que la jota se presentaba tanto como expresión tradicional como espectáculo profesional. No se dispone de fechas exactas y plenamente confirmadas para su nacimiento y fallecimiento, por lo que resulta más prudente no atribuirle años concretos. Lo importante es reconocer su actividad como cantante y artista escénica, así como su participación en la difusión de la cultura musical aragonesa.
14. Gregoria Ciprés: una voz destacada de la jota oscense
Gregoria Ciprés fue una cantadora de jota nacida en Lúsera, localidad de la provincia de Huesca, y fallecida en 2006. Su trayectoria estuvo estrechamente relacionada con la tradición musical aragonesa y con el desarrollo de los grupos de jota durante el siglo XX. Las fuentes biográficas consultadas presentan una discrepancia respecto al año de su nacimiento: algunas referencias señalan 1914 y otras 1917. Por rigor histórico, no conviene fijar una fecha exacta hasta resolver esa diferencia documental. Lo que sí aparece respaldado es su origen oscense y su importancia como intérprete dentro del repertorio de la jota.
Su carrera incluyó actuaciones junto a otras cantadoras reconocidas, entre ellas Camila Gracia, y grabaciones discográficas para la firma Odeón. En 1931 obtuvo un primer premio en un concurso celebrado en el Teatro Price, en Madrid, y posteriormente participó en giras por España, Portugal y Francia. Estos datos muestran que su actividad no quedó limitada al ámbito local, sino que formó parte de los circuitos de difusión de la música regional. Gregoria Ciprés representa a las mujeres que contribuyeron a mantener la jota como género vivo, combinando la tradición popular con los formatos profesionales de actuación y grabación. Su trayectoria merece ser recuperada dentro de la historia de las cantadoras aragonesas.
15. Trinidad Pueyo: Miss Jota y figura de los escenarios aragoneses
Trinidad Pueyo fue una cantadora de jota aragonesa que alcanzó notoriedad durante la década de 1930. Su nombre aparece ligado a los certámenes y agrupaciones musicales que daban visibilidad a las voces más destacadas del folclore regional. En 1933 fue distinguida con el título de Miss Jota, reconocimiento que refleja la popularidad que había alcanzado en aquel momento. También formó parte de Alma Aragonesa, conjunto regional dirigido por Pepe Esteso y considerado uno de los grupos más importantes de su época. La actividad de esta agrupación contribuyó a llevar la jota a diferentes escenarios y a mantener su presencia dentro del espectáculo popular.
La trayectoria de Trinidad Pueyo sufrió una interrupción después del golpe de Estado de 1936 y el comienzo de la Guerra Civil española. Durante un periodo desapareció de la escena artística, una circunstancia que afectó a numerosos músicos y profesionales del espectáculo. Décadas después volvió a aparecer en la actividad musical, esta vez en Barcelona, durante la década de 1960. Su historia refleja cómo los acontecimientos políticos y sociales podían alterar profundamente la vida de los artistas. Aunque no se conocen con precisión todos los datos personales de su biografía, su participación en Alma Aragonesa, su reconocimiento como Miss Jota y las referencias hemerográficas permiten confirmar su importancia dentro de la jota aragonesa.
16. Juana Reyes: una de las primeras figuras femeninas de la jota
Juana Reyes fue una cantadora y bailadora de jota aragonesa cuya actividad se sitúa entre finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX. Su nombre aparece en la documentación dedicada a las intérpretes que participaron en los primeros procesos de popularización escénica de la jota. En aquella época, el folclore regional comenzaba a ocupar espacios más amplios, desde certámenes y fiestas populares hasta representaciones teatrales y espectáculos organizados. Las mujeres desempeñaron un papel fundamental en ese proceso, no solo como intérpretes, sino también como transmisoras de repertorios y estilos que habían circulado durante generaciones.
Juana Reyes formó parte del Orfeón Zaragozano y su debut en Madrid está documentado en torno al año 1900. Su actividad combinaba el canto y el baile, dos expresiones que se complementaban dentro de la representación de la jota tradicional. Aunque no se han establecido con seguridad sus fechas de nacimiento y fallecimiento, las referencias históricas permiten reconocer su presencia en la vida musical aragonesa. Su caso recuerda que muchas de las primeras artistas populares no dejaron biografías extensas ni archivos personales completos. Sin embargo, su aparición en documentos de la época constituye una prueba de su participación en la construcción de una tradición musical que posteriormente alcanzaría una gran difusión.
17. María Pilar de las Heras: maestra y embajadora de la jota
María Pilar de las Heras Dopereiro nació en Zaragoza en 1926 y falleció en 2018. Fue cantadora de jota y profesora de canto, y desarrolló una trayectoria especialmente importante por su doble contribución a la interpretación y a la enseñanza. Desde pequeña estuvo en contacto con la música tradicional aragonesa, aunque sus primeras apariciones públicas estuvieron relacionadas con la recitación poética en la radio. Posteriormente se incorporó a un orfeón que incluía un cuadro de jota y fue acercándose progresivamente al canto. Su formación estuvo vinculada a Pascuala Perié, una de las maestras fundamentales de la tradición jotera zaragozana.
Comenzó su carrera artística en 1939 y obtuvo diversos reconocimientos en certámenes y concursos de jota. A lo largo de su vida realizó numerosas actuaciones y creó su propio grupo folclórico, además de formar parte de agrupaciones como Raza Aragonesa. En 1981 fue nombrada profesora de canto de la Escuela Oficial Municipal de Jota de Zaragoza, donde contribuyó a formar nuevas generaciones de intérpretes. Su labor pedagógica fue tan importante como su trayectoria artística, pues permitió transmitir estilos y conocimientos que podían haberse perdido con el paso del tiempo. María Pilar de las Heras representa la continuidad de la jota aragonesa y el valor de quienes convierten una tradición popular en una enseñanza viva.
18. Eva Castiñeira: una de las voces de la tradición gallega
Eva Castiñeira fue una cantareira y pandeireteira gallega vinculada a la tradición musical de Muxía y a la transmisión oral de canciones populares. Su figura pertenece a un universo cultural distinto del de las cantantes profesionales de copla o de los escenarios comerciales. Las cantareiras eran mujeres que conservaban repertorios aprendidos en el entorno familiar y comunitario, y que interpretaban canciones acompañándose de panderetas y otros instrumentos de percusión tradicionales. Su papel resultó fundamental para preservar melodías, ritmos y formas de expresión que habían pasado de generación en generación sin depender de partituras ni de grabaciones.
Eva Castiñeira destaca también por su relación con la difusión pública de la música tradicional gallega. Se la recuerda entre las pandeireteiras que comenzaron a participar en actuaciones junto a grupos de música folk, contribuyendo a que los cantos de transmisión oral llegaran a escenarios y públicos más amplios. Su presencia en materiales de la Real Academia Galega permite situarla dentro de la historia de las cantareiras gallegas. No debe confundirse su actividad con la de una cantante profesional de carrera discográfica convencional: su importancia reside, sobre todo, en su conocimiento del repertorio tradicional y en su contribución a una cultura musical que durante mucho tiempo fue sostenida por mujeres en el ámbito rural.
19. Adolfina Casás Rama: una cantareira de la tradición rural gallega
Adolfina Casás Rama nació en 1912 y falleció en 2009. Fue una cantareira y pandeireteira de Vila da Igrexa, en el municipio coruñés de Cerceda. Su historia está relacionada con una forma de creación musical profundamente arraigada en la vida comunitaria gallega. Las mujeres de su entorno aprendían canciones dentro de sus familias y las interpretaban durante trabajos colectivos, celebraciones y reuniones populares. La música no constituía necesariamente una profesión ni estaba destinada a los grandes escenarios: formaba parte de la convivencia, del trabajo y de las relaciones sociales de las aldeas. Adolfina fue una de las mujeres que conservaron ese patrimonio.
Junto con su sobrina Rosa Casás Rama y otras vecinas, participó en foliadas y encuentros donde su capacidad para cantar y acompañarse con la pandereta era conocida en la comarca. Su repertorio fue recogido en el trabajo de investigación del Cancioneiro Popular Galego, dirigido por Dorothé Schubarth, una labor fundamental para documentar la música tradicional de Galicia. Adolfina no desarrolló una carrera profesional de espectáculos, y es importante no presentarla como una artista discográfica o una cantante de escenarios comerciales. Su valor histórico reside precisamente en haber conservado una tradición oral que, gracias a la investigación y a la memoria de su familia, pudo llegar a nuevas generaciones.
20. Rosa Casás Rama: la memoria musical de una comunidad gallega
Rosa Casás Rama nació en 1914 y falleció en 2005. Fue una cantareira y pandeireteira de Vila da Igrexa, en Cerceda, y sobrina de Adolfina Casás Rama. Ambas compartieron una infancia y una formación musical vinculadas al ambiente familiar, donde las canciones y los ritmos tradicionales se aprendían mediante la observación y la participación cotidiana. Rosa desarrolló su vida laboral como labradora y lavandera, pero la música ocupó un lugar importante en su entorno. Junto con otras mujeres de la comunidad, participaba en encuentros festivos y trabajos colectivos en los que el canto y la percusión acompañaban la convivencia.
Su repertorio fue recogido por Dorothé Schubarth para el Cancioneiro Popular Galego, una de las grandes iniciativas de documentación de la tradición musical gallega. Rosa emigró a Suiza y posteriormente a Nottingham, en Inglaterra, durante la década de 1960, siguiendo una experiencia compartida por muchas familias gallegas de aquella época. A pesar de sus desplazamientos, su historia permanece unida a la cultura musical de su localidad. Al igual que su tía Adolfina, no fue una cantante profesional de escenarios, sino una depositaria de la tradición oral. Su reconocimiento permite comprender que el patrimonio musical también se conserva gracias a mujeres anónimas cuya aportación fue decisiva para la memoria colectiva.
Conclusión
La recuperación de estas veinte mujeres permite contemplar la música española desde una perspectiva más amplia que la ofrecida por los nombres habitualmente repetidos en los libros y los medios de comunicación. Sus trayectorias muestran la diversidad de un patrimonio en el que conviven la copla, el flamenco, la jota y las expresiones musicales transmitidas en las comunidades rurales. Algunas alcanzaron reconocimiento discográfico y recorrieron escenarios; otras mantuvieron vivas canciones que difícilmente habrían llegado hasta nosotros sin el trabajo de recopiladores, investigadores y familiares.
Recordar sus nombres no significa atribuirles una fama que quizá nunca tuvieron, ni convertir todas sus historias en carreras profesionales semejantes. Significa reconocer el valor de cada una dentro de su contexto y comprender que la historia musical de España también fue construida por mujeres que actuaron lejos de los grandes focos de popularidad. Sus voces, conservadas en discos, documentos, testimonios y recopilaciones de tradición oral, forman parte de una herencia cultural que merece ser estudiada, difundida y transmitida a las nuevas generaciones.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES
1. Real Academia Galega. Letras Galegas 2025: Cantareiras y poesía popular oral. https://academia.gal/
2. Universidad de Zaragoza. Mujeres Aragonesas: biografías y trayectorias. https://mujeresaragonesas.unizar.es/
3. Centro Andaluz de Documentación del Flamenco. Archivo documental del flamenco. https://www.centroandaluzdeflamenco.es/
4. Biblioteca Nacional de España. Colecciones de grabaciones sonoras. https://www.bne.es/es/colecciones/grabaciones-sonoras
5. Dorothé Schubarth y Antón Santamarina. Cancioneiro Popular Galego. Fundación Barrié, 1984-1995.
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