«El fin justifica los medios» es una frase hecha que está presente en varios idiomas modernos y que tiene aplicación en la política, los negocios o en cuestiones éticas. Significa que cuando el objetivo final es importante, cualquier medio para lograrlo es válido.

EL FIN ¿JUSTIFICA LOS MEDIOS?
En el mundo actual pareciera que una de las premisas que debe imperar es “el fin justifica los medios”, frase que se ha atribuido a Nicolás Maquiavelo –aún cuando nunca la escribió y al parecer, tampoco la pronunció− dado que en su libro El Príncipe (Gobernante, autoridad, director, jefe y altos ejecutivos) escrita entre los años 1512 y 1513, Maquiavelo expone la idea de que los hombres estando en el poder, deberían ser juzgados por los resultados obtenidos y si al final los resultados deseados se logran, los medios utilizados para alcanzarlos tendrían que ser perdonados.
En consideración a lo anterior, lo más parecido a esta frase se encuentra en la obra El Príncipe, en el capítulo XVIII:
En las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no hay apelación posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse.
Así, el postulado “el fin justifica a los medios” no aparece textualmente en las palabras de Maquiavelo pero se atribuye como conclusión a la idea dada por el escritor en sus narraciones.
Existen historiadores que atribuyen la frase al teólogo alemán Hermmann Busenbaum, extraída del libro “Medulla theologiae moralis”, bajo la frase “Cum finis est licitus, etiam media sunt licita”, que es “Cuando el fin es lícito, también lo son los medios”.
Según otras teorías, indican que Napoleón Bonaparte, en el libro de El Príncipe, anotó una frase con un significado parecido “Triunfad siempre, no importa cómo, y siempre tendréis razón” que lleva al individuo a la misma conclusión.
Esto va en lógica contraposición de lo que expresaría la frase opuesta “el fin no justifica los medios”. Es el divorcio entre la ética y la política.
El hecho fundamental es que la persona que está en una posición de poder, está abocada a escoger cuál de los dos caminos va a seguir, mediante un proceso de libre elección personal, pero teniendo plena conciencia de que la decisión que ponga en práctica, cualquiera que ella sea, tiene un efecto que va más allá de las disposiciones inmediatas que ejecute mientras esté en el cargo.
Igualmente, esas decisiones tendrán importantes consecuencias en el momento en el que la comunidad o sociedad directamente afectada tome plena y total conciencia de las decisiones emprendidas y de los beneficios o perjuicios que se deriven de ellas. Al optar por una u otra decisión, se estará estableciendo la ruta del actuar individual que cada uno debe abordar durante el tiempo en que se esté en un determinado cargo, e imprimirá su sello individual.

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