La filosofía es, según su etimología, el amor a la sabiduría (viene del griego filos: amor y sophia: sabiduría). Es el estudio de problemáticas diversas como son el conocimiento, la mente, la consciencia, la ética, el lenguaje, la belleza, la moral.



¿Qué significa filosofar?


Filosofar es comenzar una búsqueda de conocimiento sobre cuestiones profundas. Algunas personas, por ejemplo, preguntan muchas cosas durante su niñez, siendo la pregunta sobre el origen del universo o la razón de existir algunas de ellas.

El filósofo Blaise Pascal se preguntaba por ejemplo: “Me encuentro ligado a un rincón de esta extensión del universo sin saber por qué estoy colocado en este lugar y no en otro, ni que sepa tampoco por qué me fue asignado este preciso momento del tiempo para vivir y no otro, habiendo toda una eternidad que me precede y toda una eternidad que me sigue”.

En nuestra infancia, una respuesta habitual que recibimos de muchos adultos es que Dios fue el creador de todo y dio a cada uno una misión o motivo para existir; pero esto no debe ser un obstáculo que nos impida seguir investigando la causa real sobre el origen de la vida, del universo, o sobre otras cuestiones.

Desde siempre, los filósofos han puesto en tela de juicio algunas creencias populares y han tenido en común el intento de buscar y ofrecer respuestas racionales a distintas cuestiones. Pero filosofar, dudar y someter a prueba las afirmaciones, no es la tendencia común de muchas personas.

Hoy en día, se cultiva mucho más la adhesión acrítica a una ideología religiosa, mística o política que el propio pensamiento crítico, porque son muchas las personas que prefieren creer en algo y tienen una gran necesidad de respuesta antes que reconocer su ignorancia sobre muchas cuestiones y someter toda afirmación y creencia a un examen crítico.

Desde la antigüedad, al ser humano siempre le resultó incómodo dudar y no tener una respuesta sobre la causa de muchos hechos, y por eso ha preferido crear mitos y religiones para inventarles una causa.

Pero no podemos hacer una búsqueda crítica del conocimiento sin abrir la mente y reconocer dos cuestiones: nuestra ignorancia en muchas cosas y la posibilidad de que muchas creencias puedan ser falsas.

Buscamos conocimiento a partir de algo en concreto, sabiendo lo que vamos a buscar, y lo hacemos porque somos conscientes que desconocemos algo acerca de sus causas o funcionamiento, o porque sospechamos que nuestra idea sobre eso puede estar equivocada.

Y en esa búsqueda formulamos preguntas o hipótesis que van a guiar nuestra investigación. Pero queremos obtener un conocimiento libre de errores, y para eso necesitamos averiguar sobre cómo evitarlos.

Los misterios sobre la naturaleza de especies muy extrañas, sobre fenómenos físicos extraordinarios, sobre el origen del universo y lo que habrá en otras galaxias, o sobre lo que pasará después de la muerte, siempre han provocado curiosidad en el ser humano.

El filósofo griego Aristóteles (384-322 a.C), decía: “… los hombres comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo (…), por ejemplo, ante las peculiaridades de la luna, las del sol y los astros, y ante el origen de todo” (libro I, 982b-15).

Pero no sólo buscamos conocimiento por el sólo interés de conocer algún aspecto de la realidad, sino que también lo buscamos para aplicarlo en algo práctico. Sabemos, por ejemplo, que hay soluciones que nos ayudan a resolver problemas que afectan la calidad de vida humana, y que pueden aplicarse por ejemplo en cuestiones médicas o sanitarias.

Según Aristóteles, el filósofo Tales de Mileto (VII-VI a.C.) pudo predecir que iba a darse una buena cosecha de aceitunas a través de sus conocimientos en astronomía. Y mucho antes de que su predicción se cumpliera, alquiló todas las prensas de aceite de Quíos y Mileto a bajo precio.

Y se enriqueció cuando los campesinos necesitaron prensar sus olivas, ya que debieron pagarle a Tales el alquiler de esas prensas. Con esto, dice Aristóteles, Tales demostró que la filosofía no era una cosa inútil (Política, libro I, 1259a-9).



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