La actividad vikinga en la península Ibérica fue escasa en comparación con otros lugares de Europa, pero igualmente intensa. Por lo general se trató de incursiones esporádicas, pero bastaron para tener efectos importantes sobre el devenir de los reinos hispanos.

Los «vikingos» en España.
Los célebres «vikingos», guerreros escandinavos dedicados a las expediciones marítimas de pillaje, también visitaron la Península Ibérica en la llamada Era Vikinga. En este periodo tuvieron varios choques con las facciones allí presentes entre los que destacan las expediciones de 844 y 858.
La invasión «vikinga» de 844 sobre la península ibérica fue sufrida, en primer lugar, por el Reino de Asturias, con el rey Ramiro I al frente.
Contaba con unos 54 navíos de guerra y otros tantos de transporte cuando llegó a Lisboa tras haber sido repelida en Galicia, donde logró saquear algunas localidades. Varios barcos fueron incendiados y perdieron numerosos hombres.
Fueron derrotados de forma aplastante en Sevilla por Musa ibn Musa –de la familia Banu Qasi, de origen hispano-godo, que se convirtió al Islam–, no sin antes saquear a placer Sevilla y sus alrededores durante días y obligar al ejército de Musa a movilizarse desde la frontera norte. Aunque la expedición siguió su rumbo, sufrió grandes pérdidas y muchos escandinavos fueron esclavizados y vivieron en al-Andalus.
En 858, otra flota atacó Hispania con 62 barcos de guerra, liderada por Bjorn Ragnarson. Esta, una vez más, hizo escala en el norte pero sin incidentes notables –el saqueo de Santiago que se le atribuye es legendario–, continuó hacia el sur y, a pesar de las reforzadas y prevenidas defensas musulmanas, logró saquear un enclave en al-Andalus y otro en el norte de África, para seguir hasta el mediterráneo y dividirse, en el que saquearon enclaves importantes como Luna.
No obstante, lo más curioso es que esta misma flota, a su vuelta, logró llegar hasta Pamplona remontando sus ríos y capturó a su rey, García Íñiguez, además de mayores botines. Obtuvo un gran rescate que incluía a los hijos del regente como rehenes, cuya suerte se desconoce.

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