En Natchez, Mississippi, el recuerdo de Florence Irene Ford, una pequeña que murió el 30 de octubre de 1871 y quien temía a las tormentas, aún conmueve a la comunidad.

Florence Irene Ford murió de fiebre amarilla cuando tenía 10 años. Su tumba sigue siendo visitada en Mississippi.
Los cementerios encierran secretos. Descansan cuerpos que ya no están presentes en el día a día.
El de la ciudad de Natchez, en el condado de Adams, Mississippi (Estados Unidos), es hogar de algunas lápidas inusuales: es la tumba de Florence Irene Ford la que tiene la historia más conmovedora.
El cementerio del condado de Adams tiene la particularidad de esta sepultura con una fuerte historia de amor.
Florence murió de fiebre amarilla a los diez años (1861-1871). Durante su vida, se sentía aterrorizada cada vez que había tormentas eléctricas y necesitaba consuelo de su madre en cada temporal.
Así que cuando ella murió, su madre, devastada por la pérdida, mandó construir un ataúd especial para Florence que contase con una ventana de vidrio para poder ver su cuerpo.
Además, la tumba de la pequeña tiene una serie de escalones de cemento que descienden hasta su ataúd , con una ventana de vidrio bajo tierra. Cada vez que se producía una tormenta eléctrica, la madre de Florence se dirigía al cementerio, bajaba los escalones y allí se sentaba, para consolar el alma de su hija.
La escalera subterránea lleva a una ventana de vidrio desde donde la madre contemplaba a su hija.
A la pequeña Florence le aterrorizaban las tormentas, y cada vez que había una, corría hacia su madre, que la consolaba amorosamente.
Durante años, la tumba no ha cambiado mucho. Por ejemplo, se puede seguir leyendo el epitafio en la tumba: “Una hija tan brillante y afectuosa como Dios la bendijo con su imagen.”
Lo único se modificó es la ventana de cristal, que fue cubierta para evitar posibles actos de vandalismo en los años ’50.
Después de la muerte de la madre de Florence, el vidrio que cubría el ataúd de la pequeña fue recubierto por cemento para evitar el vandalismo. Sin embargo, hasta hoy, los visitantes aún pueden descender los escalones hasta la tumba de Florence.


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