Los jenízaros (del turco Yeniçeri, que significa “nuevas tropas”) eran un cuerpo del Imperio Otomano formado por unidades de infantería adiestradas para custodiar al Sultán y las dependencias del Palacio Real.

La Hermandad de la Cuchara.
Durante 300 años se cubrieron de gloria, sangre y victorias, inicialmente eran esclavos y prisioneros de guerra cristianos. Con el paso de los años se volvieron cultos y disciplinados. Llegando a ser un privilegio formar parte de las filas de jenizaros.
Al ser la guardia de élite dedicada a custodiar y proteger al sultán del imperio otomano, llenaban de orgullo y prestigio a sus familias. Consiguiendo mucho poder e influencia en la vida política.
Su nacimiento como cuerpo de élite se remonta al año 1330, cuando Orhan, el segundo sultán del recién nacido Estado otomano, decidió crear un ejército profesional permanente para reemplazar a las bandas irregulares que conformaban su ejército hasta entonces. La élite de este nuevo cuerpo estaba formada por los llamados jenízaros, en turco yeniçeri, las “nuevas tropas”.
Al implantarse un nuevo sistema de reclutamiento, los futuros jenizaros eran enrolados a través de la Devşirme o tributo de sangre. Niños de territorios cristianos sometidos eran llevados para servir al imperio, ser educados en el Islam y en el uso de las armas.
Jóvenes de entre 8 y 14 años (en mayoría pertenecientes a los balcanes), eran arrancados de sus familias. Debían de tener más hermanos varones, además de ser poseedores de un excelente físico. Se les reunía en grupos de cien e iban vestidos de rojo para impedir cualquier intento de escape.
La devşirme no se hacía todos los años, pues demográficamente hubiera sido insostenible. Siendo el reclutamiento de los pequeñas varones un proceso que se llevaba cada 5 años.
Algunos niños de zonas con extrema pobreza eran entregados de forma voluntaria. Se creía que una vida mejor les esperaba en Estambul. Ya que a pesar de la disciplina y la rigidez del entrenamiento al que eran sometidos, se les enseñaba a leer y escribir, nociones de teología y derecho, ciencias, poesía, tres idiomas, adiestramiento físico y combate cuerpo a cuerpo.
Su educación y entrenamiento se llevaba a cabo en las escuelas llamadas Acemi Oğlani, donde se forjaban fuertes lazos de hermandad entre ellos además de una gran lealtad hacia el sultán. Pues el cuerpo militar era considerado como su familia y el sultán su padre real.
Eran extremadamente buenos con el manejo del arco y la honda, aunque al introducirse las armas de fuego se adaptaron de inmediato y causaron terror entre sus enemigos.
Fueron los primeros en llevar un uniforme y cobrar un sueldo que les permitía conservar una pensión al retirarse. Iban vestidos con una casaca de lana azul, ligera e impermeable, además del Ketche o börk, un sombrero, adornado con una cuchara delante, signo de camaradería y unión entre ellos, así como largas plumas de avestruz que significaban valor.
Con el paso de los años su influencia politica en la corte llegaba al extremo de deponer al sultán si así lo querían o les convendría a sus intereses. Ademas de que sus exigencias económicas aumentaban, no así sus habilidades militares, por lo que el sultán Mahmut II impuso a los jenízaros un nuevo y estricto reglamento. Además, que deberían portar un nuevo uniforme de estilo europeo.
En descontento con las nuevas imposiciones del sultán, los jenizaros volcaron un caldero que siempre llevaban para que les fuera servida su comida (este era un símbolo de rebeldía ante su gobernante), se lanzaron a las calles y trataron de asesinar al gran visir.
La revuelta de los jenizaros fue aplastada sin piedad por el ejército mejor armado del sultán y la población que estaba en contra de la “hermandad de la cuchara”.
La multitud, que estaba a favor de Mahmut II y en contra de los privilegios del antiguo cuerpo de élite, enardecida cubrió de estiércol los calderos y estandartes jenízaros. El cuerpo fue disuelto y sus propiedades demolidas o confiscadas. Los que alcanzaron a escapar eran fácilmente localizados por su característico atuendo.
Ese fue el final de los jenízaros, un cuerpo de élite que legó a ser pieza clave en la caída de Constantinopla y la expansión del imperio otomano.

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