Helena, a veces conocida como Helena de Troya o Helena de Esparta, es un personaje de la mitología griega cuyo nombre tiene el significado de «tea» o «antorcha». Casi todos los mitógrafos clásicos aluden a su mito. Era considerada hija de Zeus y pretendida por muchos héroes debido a su gran belleza.
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HELENA DE ESPARTA, DE TROYA Y DE EGIPTO.
VISIONES TRADICIONALES Y ALTERNATIVAS DE UN MITO CON MÚLTIPLES INTERPRETACIONES.
No hay quien no conozca, con más o menos detalles, el origen de la contienda entre griegos y troyanos, motivada por el rapto de Helena, reina de Esparta, como consecuencia de la rivalidad entre tres diosas y el juicio del joven Paris al respecto.
Célebre, aclamada y denigrada, Helena ha protagonizado mitos, obras literarias desde la antigüedad hasta nuestros días y ha sido representada innumerables veces en las artes plásticas durante más de 2000 años.
El personaje de Helena ha sido abordado de diversas maneras, resultando finalmente reducida, en la mayoría de los casos, a una especie de “mujer fatal”, incombustible e irresistible que trae la desgracia a cuantos la conocen.
Esta visión de Helena, es a la vez atrayente y detestable.
Su belleza la convierte en el objeto de deseo de todos los hombres y su nefasta influencia deja solas y desposeídas al resto de las mujeres, que, como lo expresa su gemela Clitemnestra, admiran en ella la capacidad de actuar como agente del destino, haciendo justicia sobre la crueldad y ambición masculinas, pero por su causa pierden a sus padres, hermanos, esposos e hijos en la empresa de recuperar a una mujer que se deja llevar por sus impulsos sin ninguna moderación.
Helena, cuyo nombre, asociado al fuego y a la luz, significa “la que resplandece” o “la que brilla”, por su radiante belleza, enciende las hogueras de las pasiones y de la guerra y en su nombre naufragan naves, arden ciudades y corre la sangre de los héroes.
A pesar del deseo y la admiración que despierta, todos odian a Helena. Esta es la idea habitual.
Pero veamos a Helena con perspectiva.
HELENA EN LOS MITOS Y TEXTOS TRADICIONALES
En primer lugar, y pese a la imagen que de ella dan la Ilíada y la Odisea, hay que saber que no es una mujer común. Es una diosa, o semidiosa.
Sabemos, por datos escasos, pero fiables, que Helena fue adorada en época muy antigua como una diosa en Creta, algunas partes del Sur de Italia y principalmente en Esparta, que según los mitos griegos es su patria. En Terapne, ciudad de Laconia, hay un templo, el Menelaion, donde se dice que están enterrados Menelao y su esposa Helena y donde ambos recibían culto.
Su genealogía en los mitos es confusa.
Los Cantos Ciprios la hacen hija de Zeus y Némesis, metamorfoseados en cisne blanco y oca. La idea de la maternidad de Némesis, la venganza, no resulta extraña, ya que Helena es una especie de “azote”, que, como se dijo anteriormente, hace justicia a la arbitrariedad masculina, pero también sume en el sufrimiento a las mujeres. El huevo de Némesis fue cuidado por la reina Leda y de él nace Helena.
La versión del mito que se impone en general es la de su nacimiento como fruto de la unión de Zeus y Leda. La imagen del cisne blanco y el huevo se mantienen, pero con una variante interesante, ya que se produce un doble nacimiento de gemelos, los Dióscuros, Cástor y Pólux por un lado y Helena y Clitemnestra por otro. En el santuario espartano de las Leucípides, esposas de los Dióscuros, existía un huevo colgado del techo que, según la tradición, fue del que nació Helena.
Tanto Tindáreo como Leda asumen amorosamente esta doble concepción humana y divina, que, sin embargo, supondrá muchas complicaciones y situaciones extraordinarias, como suele suceder cuando los humanos son tocados por los dioses.
Este nacimiento, especialmente prodigioso, que reúne la idea del huevo y de la doble concepción, nos lleva a pensar en los mitos de carácter iniciático y las interpretaciones alquímicas de los símbolos de dualidad, que aquí se expresa desde todos los puntos de vista, unión de madre mortal y padre divino, doble concepción en un huevo de dos padres, el divino y el humano y nacimiento doble de dos naturalezas expresadas en los dos géneros.
A partir de aquí entra en juego la literatura en sus diversas expresiones y todo comienza a cambiar, apareciendo, según las versiones de algunos poetas y trágicos, otra Helena, una Helena que nunca traicionó, que incluso no llegó a ir a Troya, una Helena doble, entrando en juego el concepto del “eidolon” o “doble”. La idea de dualidad aumenta y se multiplica en más planos.
Helena parece haber nacido para ser raptada, ya que en su primera juventud es robada por Teseo y Piritoo, que se la echan a suertes. Gana Teseo y acto seguido bajan al Hades a raptar nada menos que a Perséfone, para Piritoo, pero sin éxito. Se trata de nuevo de un rapto doble. Al volver, los gemelos Dióscuros, hermanos de Helena, la habían rescatado y llevado de vuelta a Esparta, donde se convoca a los aqueos más nobles para competir por la mano de Helena y el reino de Esparta.
Este hecho de por sí ya habría podido desencadenar una guerra, pero Tindáreo, padre de Helena, afortunadamente siguió el consejo de Odiseo, que propuso que los perdedores se comprometieran bajo juramento a ayudar al ganador en caso de que la reina fuese víctima de un nuevo rapto. Gracias a esta inteligente idea, Odiseo consiguió casarse con la prudente Penélope, prima de Helena, cuya mente brillante seducía mucho más a este héroe, de características distintas a los demás.
Ya en la Ilíada asistimos a alguna escena, en especial después del combate entre Menelao y Paris, en la que Helena no parece muy convencida de su preferencia por el príncipe troyano, añorando de alguna manera a su anterior esposo que es, todo hay que decirlo, un dechado de belleza, valor y nobleza. Afrodita en persona, responsable en gran parte de la guerra, al haber hechizado a Helena para entregársela sin resistencia a Paris, debe intervenir de manera amenazante para que la bella espartana, asustada, se una a su nuevo esposo bárbaro:
“¡No me irrites, desgraciada! No sea que, enojándome, te desampare; te aborrezca de modo tan extraordinario como hasta aquí te amé; ponga funestos odios entre troyanos y dánaos, y tú perezcas de mala muerte.” (Ilíada, Canto III)
Según los mitos, cuando gracias al engaño del caballo, los aqueos penetran en Troya, Menelao busca a su reina con intención de matarla. Pero al verla de nuevo, deslumbrado, desiste de su idea y la conduce a la nave para volver juntos a Esparta. Desde ahí varias de las naves que acompañan a la del rey llegan a buen puerto, pero la suya sufre las consecuencias de temporales y tormentas, tardando siete años en regresar, tras visitar varias tierras y pasar una larga temporada en Egipto.
Hay un divertido pasaje de Aristófanes en su “Lisístrata” en que la espartana Lampitó relata el reencuentro de Helena con Menelao y como éste vuelve a enamorarse de su esposa con solo verla:
“Menelao, al menos, cuando, de soslayo, a los membrillos de Helena desnuda echó una mirada, si no me equivoco, la espada tiró.”
En la Odisea volvemos a encontrar a Helena, con motivo de la visita de Telémaco a Menelao, para pedir noticias de su desaparecido padre Odiseo. Helena, que es descrita como “semejante a Afrodita, la de rueca de oro”, aparece en el papel de esposa apacible y hospitalaria. Se hace referencia a su estancia en “Tebas la de Egipto”, junto a Menelao, de donde trajeron hermosos regalos y Helena aprendió el arte de las pociones.
HELENA EN LAS VERSIONES ALTERNATIVAS DE LA ANTIGÜEDAD. HELENA EN EGIPTO Y EL “DOBLE” DE HELENA
Otra versión del mito del rapto, menos conocida y que llegó a hacerse muy popular en Grecia, es la que niega la llegada de Helena a Troya.
Según algunas versiones Paris raptó a la reina y llegó con ella a Egipto, donde el rey Proteo (que es también una divinidad marina) al conocer la identidad de los viajeros, acoge a Helena, despidiendo a Paris que vuelve a Troya solo. Para entonces los griegos ya han acudido a buscar a la esposa de Menelao y pese a que los troyanos les aclaran en varias ocasiones que Helena no se encuentra allí, Troya termina siendo finalmente conquistada y destruida.
La primera versión alternativa del viaje de Helena se la debemos a un antiguo poeta siciliano, Estesícoro de Hímera, a caballo entre el siglo VII y el VI a.C. y considerado un innovador. Estesícoro hace un uso libre y creativo de los mitos y de los grandes temas homéricos y los traslada a escenarios más románticos, haciendo cambios sustanciales en las tramas y los personajes. Entre sus obras nos interesa especialmente una titulada “Palinodia de Helena”, en la que se plantea una curiosa situación. Según la información que nos llega desde la Antigüedad a través de Platón y Pausanias, el poeta escribió un primer libro en el que acusa a Helena de ser la causante, por su indecente conducta, de la Guerra de Troya. Helena, que aquí tiene rango divino, ofendida lo castiga privándolo de la vista. Entonces Estesícoro, consciente de su error, realiza un escrito expiatorio, “La Palinodia”, en el que se revela que en realidad Helena nunca fue a Troya. De este modo retractándose y cantando las virtudes de la incomprendida esposa de Menelao, Estesícoro recupera la vista. Este escrito, del que conservamos muy poco, es fundamental, ya que se trata del primer ejemplo del género de “palinodia” de la historia de la literatura.
Otra versión, la más fantástica y mágica de todas ellas, dice que Helena fue arrebatada por los aires y conducida por Hermes a Egipto, donde permaneció durante toda la guerra y lo que acompañó a Paris a Troya fue un doble suyo, una imagen o “eidolon” fabricado por Hera, molesta por la elección del príncipe troyano y la victoria de Afrodita.
Eurípides, en su obra teatral “Helena”, considerada por algunos críticos como una bazofia y por otros como una genialidad revolucionaria, que inaugura el concepto del teatro moderno, ya que se aleja de la tragedia y de la comedia convencionales y presenta un nuevo modelo melodramático, describe así el encuentro de la verdadera Helena con Menelao, que ha llegado a Egipto con el “doble” de su esposa:
“HELENA. — Mírame. ¿Qué más quieres? ¿Quién me conoce mejor que tú?
MENELAO. — Mucho te pareces. Eso no lo puedo negar.
HELENA. — ¿Quién te lo hará saber mejor que tus ojos?
MENELAO. — Mi problema es que tengo otra esposa.
HELENA. — Yo nunca fui a la Tróade; era mi imagen.
MENELAO. —Pero, ¿quién puede producir imágenes vivas?
HELENA. — El éter, del que un dios formó a la mujer que posees.
MENELAO. — ¿Cuál de los dioses? Dices cosas increíbles.
HELENA. — Hera, sustituyéndome para que Paris no me poseyese.
MENELAO. — ¿Cómo, pues, estabas aquí y en Troya al mismo tiempo?
HELENA. — El nombre puede estar en muchos lugares; el cuerpo, no.”
(Helena. Eurípides)
Hay que decir que el planteamiento de versiones alternativas a las antiguas historias tradicionales en realidad no es nada raro en el panorama griego y romano, ya que los poetas y dramaturgos a menudo fantasean con estos temas tan familiares a todos, sin que esto supusiese ningún problema para el auditorio, que más bien gustaba de maravillarse con nuevos planteamientos y desenlaces diferentes.
Entrando un poco más a fondo en la idea del “doble” o “eidolon”, esta aparece generalmente en la literatura asociada con los espíritus de los difuntos, tanto espectros como apariciones en sueños, que tienen un aspecto muy real pero que no pueden tocarse ni abrazarse porque no tienen consistencia. El “eidolon” tiene un carácter marcadamente funerario. Cuando por alguna circunstancia, como una muerte producida en el mar, por ejemplo, no se contaba con el cuerpo físico del difunto, para rendirle tributo se colocaba una piedra clavada en el suelo, que hacía las veces de conector entre el mundo de los muertos y el de los vivos. En esa piedra literalmente estaba presente el difunto, y se le podía invocar y hacer ofrendas y libaciones en su honor.
También era común en Grecia la realización de “kolossoi”, imágenes que representan a personas y que generalmente eran usadas en rituales de magia negra y amarres amorosos. También podían realizarse kolossoi para evocar la energía de un dios en los rituales de teúrgia o para mantener a raya a un espíritu molesto.
Entre los Pitagóricos, según las interpretaciones que nos han llegado en textos tardíos, el “eidolon” corresponde al cuerpo astral.
Lo realmente mágico, romántico y diferente del texto de la “Helena” de Eurípides es que este “doble”, de apariencia y consistencia tan reales, se desvanece en el preciso momento en que Menelao encuentra a la Helena real, la que se quedó en Egipto y nunca fue a Troya con Paris, lo que da a entender que se trata del reencuentro de dos almas destinadas a amarse incondicionalmente.
HELENA EN LA ESPIRITUALIDAD, LA FILOSOFÍA Y LA METAFÍSICA
Junto a la idea de la Helena seductora y fatal, esta visión tan espiritual del asunto se mantuvo en el pensamiento de místicos, filósofos, poetas y artistas.
Durante los inicios del Cristianismo el samaritano Simón el Mago, personaje de gran crédito y popularidad en su momento y que profesaba una doctrina espiritual ecléctica y gnóstica, se presentaba acompañado de una bellísima mujer llamada Helena, que había rescatado de un burdel de Tiro.
Simón el Mago aseguraba que se trataba de la reencarnación de Helena de Troya, el sagrado femenino que desde siempre fue víctima de vejación y maltrato por parte de la humanidad y de fuerzas celestes usurpadoras. Posteriormente poetas, como Goethe en su Fausto, hacen referencia a ella y en textos metafísicos del S. XX es identificada con el poder divino en clave femenina.
Uno de estos textos, popularizado en el S. XX por el movimiento Teosófico, es el Kybalion, atribuído a Hermes Trimegistos. En el Kybalion se recogen las Siete Leyes Herméticas que rigen el Universo. La última de ellas es la “Ley de Generación”:
“El género está en todo; todo tiene sus principios masculino y femenino; el género se manifiesta en todos los planos.”
Esta Ley en el plano físico es sexualidad y tiene su correspondencia a todos los niveles. Desde el punto de vista mental se establecen dos principios que son complementarios. Uno es activo, con capacidad de voluntad y con ideas originales que proceden de su conexión con la Mente Universal. El otro, pasivo, está hecho de deseo, imaginación, fantasía, fertilidad y capacidad creativa. En este principio residen las cualidades, el carácter, las tendencias, los gustos, los deseos y nos pone en conexión con la Materia. El primero necesita del segundo para asentarse, realizar y tomar cuerpo. El segundo necesita del primero para ponerse en movimiento de una manera orientada.
Un Ser Humano completo es el que celebra la Boda de estos dos principios, haciendo posible la realización de su voluntad y sus ideas originales.
Cuando una persona no une en su mente estos principios corre el riesgo de que otra, con una voluntad más potente, se apodere de su capacidad de realización y la ponga a su propio servicio. Esto es el rapto.
Helena es bella, poderosa y posee riquezas y un reino. Quien posee a Helena tiene poder, abundancia y éxito. Por eso es raptada continuamente. Y por eso, como muy bien supo ver Eurípides, pese al rapto, sólo pertenece a su esposo Menelao, que es su principio gemelo. La Helena que acompañó a Paris a Troya, ese doble engañoso e inconsistente, se desvanece en el momento en que la Helena real y Menelao se unen, del mismo modo que nosotros, al tomar contacto con nuestra voluntad y nuestros códigos de vida, nos convertimos en seres humanos sólidos, dejando de ser autómatas al servicio de las ideas de otros.
Estamos aquí para llevar a la práctica las ideas que nos conectan con nuestro Origen. Y si seguimos la idea de un Guía o Maestro, es importante verificar que nos hace vibrar y que no entra en contradicción con nuestros principios y nuestro Deseo Profundo.
Estar vivos es hacer aquello que amamos y nos hace sentir felices, que nos convierte en personas constructivas, aunque las circunstancias a veces parezcan estar en contra.
Que nuestra belleza interior, riqueza y recursos estén siempre dispuestos a recibir la semilla de la Idea que nos conecta con el Plan del Universo, con aquello para lo que somos únicos, especiales y elegidos.
Que la Boda de Helena y Menelao se renueve en nosotros cada día.
Texto Diana E. Martín Herrero
Imágenes :
1.- Cerámica griega con el rapto de Helena muy joven por Teseo.
2.- El Menelaion de Terapne, en Esparta, donde se dice que fueron enterrados Menelao y Helena y donde recibieron culto.
3, 4, 5, 6 y 7.- Cerámicas griegas con escenas de Paris y Helena, Helena y Afrodita y Menelao reencontrandose con Helena.
8 y 9.- Dos Kolossoi, pequeñas imágenes usadas como dobles para prácticas mágicas.
10.- Helena, Gustavo Moreau
11.- Sophia Schlieman luciendo parte de las piezas del llamado “Tesoro de Priamo” encontrado en Troya II











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