Morrigan, también conocida como Morrigu, es la diosa celta de la muerte y la destrucción. Se la representa generalmente con armadura y armas. Morrigan está presente en todas las guerras, tomando la forma de cuervo o corneja, entre algunas de sus habilidades cabe destacar el uso de la magia negra.

MITOLOGÍA CELTA
Morrigan, Diosa de la Guerra.
Morrigan es una de las diosas celtas más conocidas. Es la diosa de la guerra, de la muerte y la destrucción.
Su nombre de traduce como ‘la gran reina’, y no es para menos, ya que Morrigan tiene el poder de la vida y la muerte sobre todos nosotros.
Morrigan tiene el aspecto de una mujer preciosa, vestida normalmente con armadura y casi siempre va armada.
Como diosa de la guerra, de la muerte y la destrucción, Morrigan acude allí dónde haya una batalla, para presenciar el enfrentamiento, siempre en forma de cuervo. Cuando los celtas iban a la guerra y veían un cuervo en el campo de batalla, sabían que Morrigan estaba allí, dispuesta a darle valor, ira y fuerza a los guerreros más valientes, pues aunque sea la diosa de la muerte, es una diosa que ilumina en la desesperación, dando fuerzas para seguir hacia adelante cuando todo parece estar en contra.
Morrigan también representa la renovación, ser diosa de la muerte no es del todo oscuro.
Los celtas creían firmemente en la reencarnación tras la muerte, de modo que Morrigan también simboliza la luz a una nueva vida, así como el amor y el deseo sexual que lo hace posible.
Morrigan es diosa, madre y amante, y dominante en las artes de la magia oscura, pues conoce todos los secretos del mundo esotérico.
Esta diosa pertenece a los Tuatha Dé Danann, los seres mágicos que habitaron Irlanda antes que los irlandeses actuales.
Fue amante de reyes y dioses tales como Dagda, una de las deidades más influyentes del Tuatha Dé Dunann.
No obstante, otro de sus amores fue el que tuvo hacia un guerrero llamado Cuchulainn.
Aunque parezca increíble, Cuchulainn se resistió a los encantos de Morrigan, incluso batallaron en contra en varios campos de batalla, hasta llegar a vencerla sin importar las formas que adquiría la diosa.
Sin embargo, el valiente guerrero fue herido durante una batalla. Agonizando, pasó sus últimos momentos de vida en un árbol.
Morrigan se acercó a él para consolarle y acompañarle, haciendo que desapareciera su dolor y llevándoselo consigo para siempre.

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